jueves 9 de julio de 2009

Convidados

Por aquí dejo un trozo de la estupenda entrevista que me hizo mi querido Cristóbal Cervantes el otro día en el programa Convidados, de Sevilla TV. En realidad no es una entrevista, sino una conversación entre dos amigos.

martes 7 de julio de 2009

Crónica radiofónica

Por aquí dejo esta crónica radiofónica, con entrevista incluida del escritor Gregorio León para Onda Regional de Murcia, del Premio Ateneo de Novela de Sevilla.

lunes 6 de julio de 2009

Un largo recorrido

En Mauthausen también se hablaba castellano
Andrés Pérez Domínguez da voz a los españoles del lager en su última novela, premio Ateneo

JUAN JOSÉ TÉLLEZ - PÚBLICO
Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) vio a la pareja al amanecer, en una estación del metro de Viena: "Bailaban un vals sin música, como si nada de lo que les rodeara existiera. Me puse a escarbar a partir de esa imagen y surgió una novela. Pensé que no era Viena ni comienzos del siglo XXI, que podía ser París, mayo de 194o, cuando los alemanes invadían la ciudad. Que él es un republicano español, que se llama Rubén; que ella es francesa, Anna; que a él se lo llevan a Mauthassen y la mujer va a colaborar con los servicios secretos aliados, y también imaginé a Franz Müller, un violinista alemán, un bohemio, con el que entablan un triángulo amoroso que nos llevará hasta el Berlín del 45, nada más concluir la Segunda Guerra Mundial".
Ese es el argumento de El violinista de Mauthassen, la novela que acaba de ser galardonada por absoluta unanimidad por el jurado del Premio Ateneo de Sevilla. Cuando Pérez Domínguez se pone a escribir, no sólo le interesa un argumento o un lenguaje, sino una atmósfera. Así que no extraña que antes de ponerse manos al ordenador, recorriese los campos de Auschwitz, Buchenwald y Mauthassen, donde subió y bajó la terrible y famosa escalera que supuso una tortura añadida para los prisioneros.
"Todos los campos me producen la misma sensación. Todos están en un lugar muy idílico; el de Mauthassen, por ejemplo, en una llanura preciosa de Austria explica. Pero nada más entrar, los contrastes son terribles por esa sensación tan tétrica que supone enterarte de los terribles sucesos que han ocurrido en un lugar de tanta belleza. En Mauthassen hubo 7.500 españoles que siguen olvidados. Cuando hablamos del holocausto, se nos vienen a la memoria los judíos, pero no nos damos cuenta de que los españoles también estuvieron ahí".

Un largo recorrido
No es la primera vez que Pérez Domínguez se adentra en tales entresijos, como demuestran sus anteriores títulos, La Clave Pinner y El factor Einstein: "La Segunda Guerra, la guerra fría, supone un mundo muy novelesco. Pero con independencia de que sea una época muy interesante, a mí lo que me interesan son las pasiones que mueven a los personajes".
Y por eso los analiza meticulosamente: "El mundo de los años treinta y cuarenta, con todas sus convulsiones políticas, económicas y militares, pone a los personajes en una situación cuyos comportamientos me encanta explorar. Eran hombres y mujeres dados a la lealtad, al sacrificio, al honor, a una serie de conceptos que forman parte de mi universo literario", reflexiona Pérez Domínguez.
Su segunda novela aunque apareció impresa en tercer lugar se tituló El síndrome de Mowgli y su argumento escapa de dicha secuencia histórica: "Creo que voy a dejar la Segunda Guerra Mundial aparcada durante un tiempo. En el trabajo del escritor tiene que entrar el riesgo. Si no, no escribiría cuentos. Yo no quiero que la Segunda Guerra Mundial termine siendo un subgénero que decida mi carrera literaria o mi destino".

jueves 2 de julio de 2009

Los grandes olvidados

Andrés Pérez Domínguez gana el Ateneo de novela
Alejandro Luque, El Correo de Andalucía
Y el XLI premio Ateneo de novela se quedó en Sevilla. El escritor hispalense Andrés Pérez Domínguez se alzó con el galardón por su novela El violinista de Mauthausen, una obra ambientada en la convulsa Europa de la II Guerra Mundial. El madrileño Lorenzo Luengo resultó ganador del Ateneo Joven por Amérika. “Estoy muy contento por el reconocimiento a la novela, por el prestigio del premio, y doblemente contento porque además soy de aquí”. Así acogía Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) la noticia de que un jurado formado, entre otros, por Félix J. Palma, Eugenia Rico, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Miguel Ángel Matellanes, había designado la suya como la mejor de entre las obras finalistas. Según él mismo explicó, El violinista de Mauthausen “sucede en tres lugares y tiempos diferentes: el París ocupado por los alemanes, el Berlín de la posguerra y el campo de concentración de Mauthausen”, explica. “También los protagonistas son tres: una es Anna, una francesa a punto de casarse con Rubén, republicano español del que tendrá que separarse. Los nazis se lo llevan a Mauthausen y ella colaborará con los aliados para intentar salvarle. Y el tercero es el violinista que da título al libro, un bohemio que terminará cooperando a su pesar con los alemanes”, agrega.Andrés Pérez Domínguez, autor de relatos como los recogidos recientemente en el volumen El centro de la tierra, y de novelas como La clave Pinner, El factor Einstein y El síndrome de Mowgli, repara en que esta nueva narración será la tercera de las suyas relacionada con la II Guerra Mundial, una época que ha tenido recientemente un notable auge en las librerías, aunque el sevillano asegura intentar ir por libre. “Será que de jovencito leí mucho a Graham Greene, y me influyó mucho su manera de dibujar personajes”, comentó. “La II Guerra Mundial es especialmente interesante porque entonces se dio mucho un sentimiento que me apetece mucho explorar, el de la traición. Por otra parte, también me atrae mucho de los años 30 el hecho de que todavía hubiera cierto idealismo, que algo de inocencia siguiera estando presente en la sociedad”, agrega Pérez Domínguez.
No obstante, en las páginas de El violinista de Mauthausen hay también una decidida voluntad por llamar la atención de algunas injusticias históricas. “Me interesaba sobre todo hablar de los republicanos españoles en el campo de Mauthausen, los grandes olvidados de aquel drama. Fue una historia muy triste, el gobierno español se desentendió completamente de ellos”, concluyó el autor.
Pérez Domínguez añade desde el Ateneo de Sevilla a una larga lista de premios como el Luis Berenguer de novela, el Max Aub, Elena Soriano, Ángel María de Lera, José Calderón Escalada y Gaceta de Salamanca de cuentos, o el José Luis Castillo-Puche y Tierras de León de Novela Corta, entre otros galardones.

martes 30 de junio de 2009

Espaldarazo editorial

Andrés Pérez Domínguez obtiene el Ateneo con El violinista de Mauthausen
El sevillano recibe un "espaldarazo" editorial gracias a una novela ambientada de nuevo en la Segunda Guerra Mundial y en la que se cruzan tramas sentimentales y de intriga sobre personas en "situaciones extremas"
Francisco Camero / Diario de SEVILLA
Una imagen desató en el interior de Andrés Pérez Domínguez una catarata de estampas evocadoras que acabaron finalmente dando forma a El violinista de Mauthausen, la obra que le valió ayer el Premio de Novela Ateneo de Sevilla y que será publicada por Algaida el próximo mes de septiembre. Esa imagen se produjo en una estación de metro, una mañana, muy temprano; una pareja de enamorados bailaba un vals en el andén, "ajenos al resto del mundo, silenciosamente, sin música", recuerda el escritor sevillano, nacido en 1969, ganador ya de varios galardones, entre ellos el Luis Berenguer y el Max Aub, y autor de El síndrome de Mowgli, El centro de la Tierra, y La clave Pinner, el título con el que dio en 2004 un salto de público que con mucha probabilidad reforzará el Ateneo. Pérez Domínguez imaginó esa manaña en el andén de metro qué tipo de pareja habría danzado así en el París ocupado por los nazis de los años 40; y habría sido, o al menos así lo cuenta en su novela, una pareja en trance de separarse trágicamente: él, Rubén, un español que acabaría dando con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen; ella, Anna, una francesa que se convertiría poco después en agente al servicio de los aliados. Y junto a ellos comparte protagonismo un tercer personaje, Franz Müller, un músico alemán que se verá obligado a colaborar con los demenciales propósitos del III Reich "a su pesar". "Sus vidas entrelazadas a lo largo del tiempo, y en otros escenarios, como el Berlín de 1945", explica el autor, tejen las tramas de una obra con la que el sevillano vuelve a la Segunda Guerra Mundial, una época que le seduce notablemente porque "de alguna manera en ella se formó el mundo como es ahora".
También le estimula ese periodo crucial y definitivo del siglo XX, continúa, porque lo ha investigado "mucho" y porque le interesa "el comportamiento de las personas en situaciones extremas". Para empaparse de la atmósfera que quería dar al libro, el escritor viajó a los lugares que aparecen en la novela. "Es un poco como localizar exteriores", añade el sevillano, al que le encantaría ver sus historias en el cine. "Pero no depende de mí, entre otros motivos porque, por la época en que suceden, serían producciones un poco caras. Ojalá. Y además atraería a más lectores", dice.
Pérez Domínguez recibió ayer el galardón, patrocinado por Cajasur y dotado con 36.000 euros, con "una ilusión especial", por el aspecto "sentimental" de recibir un premio que se otorga en su ciudad natal. "Es el más grande que he recibido hasta ahora, y aparte de ser un espaldarazo, también va a ser un acicate para seguir trabajando en la escritura con ilusión", dice el autor, cuyo "afán principal" pasa siempre por conseguir que "el entretenimiento y la calidad no sean términos antagónicos". Algo que para Enrique Barrero, Francisco Prior, Eugenia Rico, Félix J. Palma, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Carlos Muñiz, miembros del jurado, ha conseguido en El violinista de Mauthausen.

sábado 27 de junio de 2009

Triángulo amoroso en la II Guerra Mundial

Triángulo amoroso en plena II Guerra Mundial
Pérez Domínguez, premio Ateneo con una novela sobre Mauthausen

Eva Díaz Pérez (El Mundo)
Foto: EFE
El París ocupado por los nazis, el Berlín de la posguerra y uno de los campos más atroces del exterminio nazi son los tres escenarios en los que se desarrolla la novela El violinista de Mauthausen con la que el escritor Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) obtuvo ayer el Premio Ateneo de Sevilla.
Pérez Domínguez, que recibió el galardón en el transcurso de una cena literaria celebrada en los Alcázares, confesó que tenía una doble ilusión. «Primero por el prestigio de un premio como éste, y segundo por ser sevillano, ya que creo que desde que Antonio Burgos lo ganó en 1978 con Las cabañuelas de agosto, no lo había obtenido un autor de la ciudad que otorga el premio», explicó ayer emocionado.
El jurado del premio, que está dotado con 36.000 euros, estaba compuesto por Enrique Barrero, Francisco Prior, Eugenia Rico, Félix J. Palma -ganador de la edición del año pasado-, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Carlos Muñiz.
Por otro lado, el escritor madrileño Lorenzo Luengo (Madrid, 1974) obtuvo el Premio de Novela Ateneo Joven con la novela Amerika, una historia que se desarrolla en Nueva Yok y que plantea una historia sobre desapariciones y dobles a partir de una película de Jacques Tourneur nunca filmada. Luengo, traductor de los Diarios de Lord Byron, ha obtenido recientemente el premio Juan March Cencillo de novela corta por su obra El quinto peregrino.
No es la primera vez que Pérez Domínguez se interna en la Segunda Guerra Mundial como fondo histórico de sus novelas como demuestró en La clave Pinner (2004) o El factor Einstein (2008). «Los años treinta y cuarenta fueron una época fascinante donde los ideales estaban marcados. Quien era de izquierda lo era de verdad y lo mismo ocurría con la gente de derechas. Con la perspectiva del tiempo, quizás podamos pensar que existía aún cierta ingenuidad, pero todo esa autenticidad se ha perdido».
Premios literarios
Pérez Domínguez, que el año pasado publicó las novelas El factor Einstein y El síndrome de Mowgli (Premio Luis Berenguer 2008) y que acaba de editar el libro de relatos El centro de la Tierra con la recién estrenada editorial Paréntesis, ha obtenido numerosos premios a lo largo de su intensa trayectoria literaria.
Con El violinista de Mauthausen, que se presentó al concurso con el título provisional de Otoño en Berlín, indaga en una de las épocas en las que se siente más a gusto para escribir. En esta ocasión, reivindica además un asunto olvidado e injustamente poco asumido como parte de nuestra Historia oficial: el sufrimiento de los españoles en los campos de concentración, sobre todo en Mauthausen, que fue donde padecieron el horror y la muerte miles de exiliados republicanos.
«Son los grandes olvidados, porque allí murieron hasta 7.500 republicanos, los sin patria. Afortunadamente aún hay algunos que viven. En el imaginario colectivo tenemos la idea de que fueron los judíos, pero no fueron sólo ellos los que sufrieron. Allí estuvieron muchos españoles que además lucharon en la Segunda Guerra Mundial», apunta.
El violinista de Mauthausen, que publicará en el mes de octubre Algaida Editores, relata la historia de Anna, una joven francesa que está a punto de casarse con Rubén, un republicano exiliado en París. Pero los alemanes ocupan París y él es deportado a Mauthausen. Anna se convertirá en una agente al servicio de los Aliados para poder salvar la vida de su prometido. «Hay un tercer personaje, Franz Müller, un bohemio violinista alemán que al final terminará, a su pesar, colaborando con los nazis. La novela cuenta el triángulo amoroso entre estos personajes en París, Berlín y Mauthausen».
Como ocurre en sus anteriores novelas, Andrés Pérez Domínguez introduce una intriga de espionaje. «Me interesa el espionaje como elemento novelesco, pero al modo de Graham Greene, como introspección del personaje, para desvelar la condición humana: la traición, la lealtad, los sentimientos, en fin».

jueves 25 de junio de 2009

De violines y cuentos

No es mi intención agobiar a los lectores de este humilde blog con las noticias sobre mis libros, pero como es lo más cómodo para poner lo que aparece en la prensa sobre mí, no me queda otro remedio. Así que aquí va esta estupenda entrevista que me hizo mi tocayo González Barba el otro día en ABC.
La belleza de la llanura de Mauthausen no te impide pensar en todo el horror que se vivió allí
POR ANDRÉS GONZÁLEZ-BARBA. ABC SEVILLA
Viernes, 19-06-09



A pesar de su juventud, Pérez Domínguez posee una carrera literaria muy reputada desde que ganó en 2000 el Premio Internacional de Cuentos Max Aub. Tras publicar «La clave Pinner» (2004), «El factor Einstein» (2008) o «El síndrome de Mowgli» (2008), Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) ganó anoche el XLI Premio de Novela Ateneo de Sevilla por su obra «El violinista de Mauthausen», dotado con 36.000 euros. A su vez, Lorenzo Luengo ganó el Ateneo Joven por su obra «Amerika». Ambas obras saldrán publicadas por la editorial Algaida en octubre.
-Antes que nada, ¿qué supone para usted este premio tan prestigioso?
-Es una alegría tremenda porque lo han ganado escritores tan prestigiosos como Juan Marsé o Eslava Galán. Además soy de Sevilla, y eso es un valor añadido.
-¿Cuáles son las claves de «El violinista de Mauthausen»?
-Es una novela que se desarrolla en tres escenarios distintos. El París ocupado por los nazis, el Berlín de la posguerra -año 1945- y el campo de concentración de Mauthausen. Anna es una francesa que se va a casar con un republicano español, Rubén, que vive exiliado en París y que se lo llevan a Mauthausen tras la invasión nazi. A partir de ahí ella se convertirá en una agente al servicio de los aliados para poder salvar la vida de su prometido. El tercer personaje protagonista es el violinista de Mauthausen, un alemán que muy a su pesar tendrá que colaborar con los nazis. La novela transcurre en un tiempo que va de 1940 a 1945.
-¿Por qué cree que esta época en concreto que usted describe fascina tanto en la literatura y en el cine?
-Hay muchas fotos y documentos de aquella época que están en el imaginario colectivo de las personas. Pero por ese mismo motivo también hay que documentarse muy bien porque hay mucha información. Cuando escribí «El factor Einstein» fui a Nueva York y estuve en la casa en donde residió Einstein y desde donde le mandó la carta a Roosevelt persuadiéndole para que se fabricara la bomba atómica. Con esta novela he hecho viajes a Berlín, a París y al campo de concentración de Mauthausen, en donde murieron más de 7.500 republicanos españoles, desentendiéndose de ellos completamente el entonces ministro Serrano Súñer.
-¿Qué sensaciones tuvo cuando visitó el campo de concentración de Mauthausen?
-Yo ya he visitado varios y reconozco que siempre he vivido sensaciones contradictorias. Cuando uno viaja a Auswitchz antes pasa por unos bosques muy hermosos, y Mauthausen está en una llanura preciosa de Austria, pero cuando uno está allí no puede dejar de pensar en todo el horror que hubo. Todo ese contraste lo ves cuando viajas por Centro Europa.
-¿La literatura española no había tratado antes este tema?
-En la ficción española este tema se ha tratado poco, pero pienso que la ficción es muy importante para contar la historia. Hay que contar las cosas de forma amena. Yo por mi parte he visto muchos documentales y he leído muchos libros sobre supervivientes de campos de concentración
-¿Cómo es el personaje del violinista?
-Mi novela trata también el tema de la música. En nuestro imaginario colectivo se asocia siempre el violín a aquellos años de la guerra. Este personaje no está de acuerdo con lo que hacen los nazis, pero se ve obligado a colaborar con ellos para salir adelante.
-¿Por qué le atrae el tema de la II Guerra Mundial?
-Es la tercera novela que ambiento en torno a esta época, pero no es que me interesa la guerra por algo concreto, lo que sí me atrae es que fue una época en donde se pudo explorar muy bien los sentimientos del ser humano -la traición, el honor, el deber-. Fueron personas normales que vivieron situaciones límites. Además un héroe puede ser cualquiera pero sin saberlo.
-Tanto en sus cuentos como es sus novelas siempre hay una mezcla de diversos sentimientos y estados de ánimos: la desesperación, la bondad, la soledad....
-Mis personajes están al borde del abismo y de la ética, y siempre acaban redimiéndose. En el cuento es muy importante la sugerencia, que sea algo abierto. Cuando escribo novelas me pasa igual, siempre sugiero cosas. Eso sí, el recurso de la sugerencia hay que saberlo manejar, no te puedes quedar corto ni pasarte. Eso lo agradece el lector inteligente.
-Usted acaba de publicar también una colección de diez cuentos, «El centro de la tierra» (Paréntesis). ¿Por qué le atrae tanto este género?
-Es un género con sus propios códigos, es un género de precisión en donde no sobra ni falta nada. La novela es muy distinta porque tiene caminos secundarios por donde se va desarrollando la trama, por eso se puede hablar de esfuerzos distintos. Hay escritores que son muy buenos en cuentos, otros en novelas, pero yo creo que soy un autor todoterreno al que le gustan los dos géneros.
-¿Por qué en nuestro país no triunfa el cuento como lo hace la novela?
-En España hay autores que cultivan y defienden este género. El lector de cuentos es más exquisito y exigente. Hay personas a las que no les gusta cambiar de una historia a otra, pero yo lo veo algo muy atractivo.
-¿Qué maestros ha seguido dentro del relato?
-En los relatos hay dos vertientes. Por un lado, está la de Julio Cortázar, por otro, la de Carver y Chéjov. Yo me baso más en Carver, y me gusta decantarme por los sentimientos y la emoción contenida.
-¿Qué opina del éxito de la saga «Millenium» de Stieg Larsson?
-Responde al gran auge de la novela negra porque explica muy bien la realidad. Nunca se sabe por qué hay libros que tienen éxito. Todo depende de cómo los acepte el público. «El niño con el pijama de rayas» no alcanzó el éxito inmediato, pero al final el boca a boca hizo mucho.

martes 23 de junio de 2009

Abrazos que no se rompen

El jueves pasado, cuando me bajé del estrado donde recogí el Premio Ateneo de Novela, hubo unos cuantos amigos que estaban ahí, esperando su turno para felicitarme. Yo ya tenía ganas de hablar de tres de ellos en este blog, los primeros que me dieron un abrazo. Mientras decía unas palabras de agradecimiento los intuía ahí, de pie, aplaudiendo. Sé que ellos se alegraron mucho porque este año el Ateneo fuese para mí.
El primer abrazo me lo dio mi gran amigo Cristóbal Cervantes, con quien hasta marzo he compartido siete temporadas de radio, en dos cadenas diferentes. Una de las voces más elegantes que se pueden escuchar al encender la radio. El mejor profesional con el que nunca he trabajado. Sin duda. No ha habido una sola vez que no le haya pedido algo y que él no haya hecho cuanto estaba en su mano por ayudarme.
El segundo abrazo fue de mi querido Óscar Gómez. Óscar fue quien me dio la oportunidad, este verano hará siete años, de ponerme por primera vez delante de un micrófono. Él sabe que la radio me cambió la vida, en muchas cosas que no se pueden contar aquí, y nunca se lo agradeceré lo suficiente. Juntos hicimos un programa mágico en el verano de 2003, La ínsula Barataria. Todavía se acuerda mucha gente de eso. Quienes hayan leído El síndrome de Mowgli habrán reconocido a Óscar Gómez en los primeros capítulos de la novela puesto que sale con su nombre y apellidos.
El tercero es del fenómeno Fernando García Haldón, que ahora es una estrella de la tele, pero hasta hace muy poco también era un compañero de la radio. Yo creo que Fernando es el tío con el que más me he reído en un estudio de radio, y fuera del estudio también.
Me hizo muy feliz verlos a los tres allí, compartir aquel momento con ellos. Sólo hay que ver el vídeo para darse cuenta de que digo la verdad. Ojalá podamos a compartir algún espacio de radio los cuatro en el futuro.
Luego está Juliana López, la presentadora del acto. Que me hizo una entrevista fantástica hace poco más de cuatro años por La clave Pinner en la Calle Betis. Ahora también es una estrella de la televisión. La única persona que, en la gala del Ateneo, firmó autógrafos. Con un par.
Y el último que aparece en el vídeo es mi amigo Félix G. Modroño. El autor de La sangre de los crucificados y Muerte dulce también estaba allí esperando para felicitarme. Fue uno de los primeros. Hubo muchos más abrazos que no se grabaron en vídeo, pero yo los conservaré siempre en la memoria.

domingo 21 de junio de 2009

Un par de amigos

No son sólo un par, sino muchos más los amigos que me están dedicando estos días algún recuerdo cariñoso por haber ganado el Ateneo. Quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que me habéis llamado o me habéis escrito. Seguro que he olvidado responder a alguno. Disculpadme si es así. No ha sido mala intención, sino que me ha resultado imposible atender a todos.
Haber ganado el Premio Ateneo de Novela de Sevilla tiene muchas cosas buenas que aún no soy capaz de avizorar, pero hasta ahora lo mejor ha sido el cariño de la gente, por la calle, en mi teléfono, en mi correo, en este blog o en Facebook. Todos tienen el mismo valor, pero quiero reproducir aquí dos textos que ayer me emocionaron cuando los leí.
Uno es de mi querido Antonio García Barbeito, columnista de ABC, la voz más rotunda que se puede escuchar al encender la radio. Lleva años iluminando el magazine de Carlos Herrera con sus reflexiones. No hace muchos años, cuando yo era colaborador de Onda Cero y salía de viaje, era raro que la gente no me preguntase si conocía a Antonio García Barbeito. Mi querido Barbeito el viernes por la mañana despertó a los oyentes de Onda Cero con estas palabras que me permito reproducir aquí:
"Y me quedo, por amistad y por pasión lectora, con el nombre de Andrés Pérez Domínguez, que acaba de ganar en Sevilla el Premio Ateneo de novela con su obra El violinista de Mathausen. Un gran escritor que, a su manera, también deja lo mejor de él en los demás. Así que nada mejor que la memoria del santo Vicente y las páginas milagrosas de Andrés para que el fin de semana no me lo estropee la errata de un político."
Y el sábado lo volvió a hacer en su columna de ABC:
"... Decidió no vender puertas sino abrirlas, abrírnoslas. Sabía que tenía el duro en esa facilidad suya para inventar historias partiendo de la realidad o partiendo de su mágica fábrica de situaciones, personajes, sucesos. Andaba metido en El centro de la tierra que me había dejado su autor, Andrés Pérez Domínguez, y cuando le había cogido a Valdivia todo el asco que tú metiste en ese autobús, Andrés, cuando había admirado los redaños que le echó González a su jefe, me entero de que te han dado el Premio Ateneo de novela por El violinista de Mauthausen. Enhorabuena. Bendita sea tu mano derecha, Andrés. Con préstamo de Víctor, nada como tus novelas para esquivar la mediocridad y el aburrimiento. Gracias, amigos".


La otra alegría me la dio ayer mi colega y amigo Pedro de Paz, en su blog, que me consta que tiene una legión de seguidores. Pedro, además de autor superventas por su estupenda El documento Saldaña, es un tipo entrañable. Escribió una entrada en su blog que me permito copiar aquí:
"NO PUEDE SER DE OTRA MANERA
Lo conocí —supe de él, más bien— cuando, hace años, me birló el premio Max Aub de relatos con su excepcional cuento Ojos Tristes. Nos encontramos en persona en la pasada edición de Getafe Negro donde tuvimos ocasión de compartir mesa redonda, unas cervezas y una animada charla. Y confirmé lo que ya había intuido en la distancia a través de varios correos electrónicos entrecruzados: que es buena gente. Leí su Clave Pinner y su Síndrome de Mowgli y entendí por qué me había birlado el Max Aub: porque, además de buena gente, es un escritor brillante.
Ahora Andrés Pérez Dominguez se ha erigido en ganador del premio Ateneo de Sevilla con una —no me cabe la menor duda— excelente novela titulada El violinista de Mauthausen. Y yo me alegro muchísimo. Me alegro de que, poco a poco y a base de constancia y trabajo, se vayan reconociendo los méritos de un auténtico narrador, de alguien para el que la escritura es algo más que juntar una palabra tras otra, de alguien que pone el alma en cada texto que escribe.
Enhorabuena, Andrés. No me cabe la menor duda que éste será uno más a añadir a la larga lista de éxitos que te esperan. No puede ser de otra manera."
Este oficio de contador de historias es jodido muchas veces, pero te recompensa con creces encontrarte en tu camino con tipos como estos, tan generosos y tan buena gente. Yo no sé si merezco sus palabras, pero ellos sí merecen que les muestre públicamente mi agradecimiento y mi amistad.

sábado 20 de junio de 2009

El vídeo

Por aquí dejo el vídeo de la entrega del premio Ateneo. Pocas palabras hoy. Aún estoy cansado.
En la columna de la derecha, un poco más abajo, hay un enlace a Facebook donde están apareciendo bastantes fotos del acto.