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Mostrando entradas de octubre, 2000

Justicia poética

Para un escritor que empieza o que cuenta con la ambición utópica, aunque también legítima y descabellada, de poder vivir, o al menos comer, de las letras, vender cinco mil o sólo dos mil ejemplares de su primer libro puede resultarle tan increíble y azaroso como cuando uno ve por televisión o lee en los periódicos las noticias acerca de esas gentes afortunadas sobre las que recae el Gordo de Navidad.
Publicar, y por supuesto vender libros, aunque difícil, no es imposible: aparte del talento, o como quiera llamársele, se necesitan buenas dosis de paciencia, de trabajo, de años de lecturas y de folios arrugados de pura desesperación en la papelera y una voluntad férrea, refractaria al desaliento. Me decía una vez un amigo escritor que lo verdaderamente difícil de escribir no era la escritura en sí misma, sino soportar a pulso las toneladas de frustración que la construcción agotadora de una historia supone. Yo creo que escribir es un placer, aunque algunos lo asumen como un oficio torme…