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Mostrando entradas de abril, 2001

Espíderman

Espíderman


Que no se asusten los puristas al ver el título. No se me ha olvidado la lengua de Shakespeare. La e y el acento en la i son para que no haya equívocos. La otra noche, apoltronado en la butaca del cine mientras disfrutaba de los tráilers, me retrepé en el asiento al ver el traje rojo y azul con la araña plantada en la espalda. Por fin estaba aquí la nueva versión del hombre araña. Pero a pesar de las imágenes prometedoras se me arrugó el entrecejo al enterarme del nombre, Spiderman, o sea, espáiderman, pronunciado en inglés. Independientemente del don de lenguas de cada uno, este carismático héroe de la Marvel ha sido espíderman para todos los que echamos los dientes leyendo tebeos en los setenta, espíderman con acento en la i, aunque lo escribamos Spiderman.
Siento como si a todos los lectores del héroe creado por Stan Lee nos hubieran dado un tajo en la memoria, en nuestros recuerdos infantiles. Supongo que la película tendrá un éxito enorme, y seguro que habrá secuelas. Ta…

La Europa de Babel

Desde los tiempos de Carlomagno, bien sea mediante la conquista militar o bien mediante la homogeneidad de mercado, no se recuerda un espíritu común europeo por parte de los dirigentes del continente como el de los últimos años. Parece que Europa, a trancas y barrancas, camina por fin unida ante en busca del bienestar de sus ciudadanos. Primero el Mercado Común, luego la Comunidad Europea, ahora la Unión Europea, se trata siempre del mismo perro pero con distinto collar.
Debe de ser estupendo, no voy a negarlo, una alianza de países europeos, pero hay veces que me pregunto si el precio que hay que pagar en el camino no es demasiado alto, si el peaje para convertirnos en un país civilizado (parece como si los españoles tuviésemos un complejo carpetovetónico de lo contrario) supone la pérdida del sentido de la existencia por parte de una generación de pescadores, ganaderos o agricultores que sacuden la cabeza resignados mientras se preguntan qué puede reportarles de bueno la Un…

Palabras huecas

Cuando uno empieza a estudiar una carrera tiene la esperanza legítima de trabajar en algo que le ilusione, que le ayude a formarse como persona, y emociona ver a la gente que acaba de licenciarse —o diplomarse— llegar a su primer día de trabajo, con la ilusión de lo aprendido, dispuesto a aportar su granito de arena a una profesión y, de paso, si es posible, cambiar el Mundo. Por desgracia, la mayoría de las veces no es así, y una vez que el deslumbramiento de los primeros momentos en un puesto para el que se ha dejado las pestañas estudiando deja paso a la rutina, se va descubriendo la triste realidad, poco a poco, al principio sin querer reconocerlo, pero después no queda otro remedio que rendirse a la evidencia y mirar para otro lado con el riesgo de convertirse en algo que nunca habíamos querido ser, o tal vez, los más osados, apretar los dientes, liarse la manta a la cabeza y buscarse la vida en otro oficio, en otro gremio, con los dedos cruzados esperando que no sea …