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Mostrando entradas de abril, 2002

Los inocentes

Hoy se cumple un triste aniversario: hace sesenta y cinco años, por la tarde, comenzaba el bombardeo de Guernica. Los aviadores alemanes de la Legión Cóndor, acompañados de tres cazas italianos que se sumaron a la fiesta, dejaron caer sobre la ciudad vizcaína su carga letal. A pesar del tiempo que ha pasado, los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto al número de víctimas: al principio hablaban de miles, ahora de poco más de un centenar. Pero en las guerras, en los bombardeos traicioneros dirigidos con asepsia desde el cómodo sillón de una oficina, no debería importar mucho cuántos sino quiénes. Han pasado más de sesenta años desde aquella tarde trágica que se convirtió en símbolo de la infame guerra española pero a pesar de ello han caído demasiadas bombas, cada vez más sofisticadas, desde el cielo. Han pasado más de sesenta años, una conflagración mundial y un sinfín de conflictos locales que parecen las espitas por las que escapa el gas en una olla a presión que de otro mod…

El principio de Peter

Del mismo modo que la Ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, al final saldrá mal, el corolario de Peter afirma que, con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por alguien absolutamente incompetente para desempeñar sus funciones. No hace mucho leí un reportaje sobre la trayectoria de Ariel Sharon: a los 20 años ya demostraba su habilidad innata para el arte de la guerra en la primera guerra Árabe-Israelí, a los 28 era uno de los coroneles más laureados a las órdenes del tuerto Moshe Dayan, a los 39 se convirtió en uno de los artífices de la victoria de la guerra de los Seis Días y a los 44 se superó a si mismo en el Yom Kippur. Pese a sus demostradas dotes para los asuntos militares, en Sharon parece cumplirse la máxima de Peter: ha pasado de militar capaz a gobernante incompetente, un puesto en el que día a día se supera a sí mismo para demostrar sus escasas dotes políticas. Pero lo peor no es percatarse de algo que hasta el menos lúcido habría previsto, sino darse cuent…