Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2002

Hijos de puta en prácticas

Hay que ver lo modernos que nos estamos volviendo. No me canso de repetirlo: en el periódico, en la Radio, cada vez que alguien comete la insensatez de dejar que exponga mis razonamientos. Nos estamos volviendo de un moderno que es la leche, de un moderno modernísimo, vamos, de un moderno que asusta, de un moderno que a veces me dan arcadas.Pero no vayan a pensar que me niego a ser (a que seamos) modernos. Ni mucho menos. Me fascinan los avances de la medicina, y la comodidad del mando a distancia y, aunque jamás he podido leer entero un libro de instrucciones, me descubro ante la sencillez horripilante de un microondas o los mensajes de Internet que vuelan por el planeta como por arte de magia. La modernidad, sin embargo, lleva aparejada otras enfermedades antes desconocidas o, por lo menos, no tan conocidas como para ser tenidas en cuenta: el estrés, la ansiedad, el insomnio crónico. Ya digo, el resultado del ajetreo moderno.Por desgracia, en estos tiempos tan modernos, algo que lla…

Un apellido maldito

Ya hace algún tiempo que leí la espléndida biografía de Hitler, escrita por Ian Kershaw y publicada ahora en edición de bolsillo por la editorial Quinteto. Dos tomos de más de mil páginas cada uno que hurgan en la personalidad y en el tiempo que rodeó al fanático más desgraciadamente famoso de la historia. Al principio del primer tomo se muestra el árbol genealógico de la familia del dictador nazi: su padre era hijo ilegítimo de una mujer que trabajó durante años para una rica familia judía. Se ha especulado mucho con la posibilidad —más que morbosa, desde luego— de que una cuarta parte de la sangre que corría por las venas de Adolf Hitler fuese la misma clase de sangre que derramaron más de seis millones de inocentes exterminados. Pero, como digo, hasta ahora, no se ha podido demostrar.En el árbol genealógico de la familia Hitler que aparece en el libro de Kershaw observo unos espacios en blanco, en la descendencia de su hermano mayor, unos huecos inquietantes que alguien acaba de re…

Los pilares de la tierra

Este verano se les ha preguntado a los oyentes de Onda Cero cuál es su libro favorito. Con las lecturas favoritas de cada uno, pasa lo mismo que con las opiniones, lo mismo que con las narices o con las manías: cada uno tiene la suya. Uno puede hablar de su ciudad favorita, de su tabaco preferido o de la marca de güisqui que le alegra el gaznate sin ningún rubor, pero a la hora de hablar de sus libros favoritos, sobre todo si uno es escritor o se encuentra en el camino de serlo, contiene la respiración y se lo piensa unos segundos antes de responder.Es poco habitual encontrar entre los diez libros favoritos de un escritor una novela popular, y cuando digo popular quiero decir una novela que haya arrastrado a millones de lectores. Demasiadas veces ver el canon de las novelas preferidas de un escritor supone descifrar un extraño jeroglífico que nos resulta ajeno y nos convierte, a pesar de que hayamos trasegado páginas de muchos libros, en unos ignorantes supremos. Yo no sé si todos los…

El pescador

El pescador ahora tiene tiempo para ver la televisión. Todo el tiempo del mundo. No hace mucho, sólo la veía un rato por la noche, con los párpados recordándole sin miramiento que tenía que madrugar para ir a faenar, igual que esa mañana, igual que todas la mañanas desde que era un muchacho. Pero ahora hace tiempo que no madruga. A su mujer le dice que no se levanta tan temprano porque ya no puede salir a pescar, pero lo cierto es que no lo hace porque el sueño se le ha vuelto escurridizo, se le escapa cada noche entre calada y calada a un cigarrillo, los ojos enrojecidos de cansancio y de rabia, los ojos enrojecidos de impotencia y desesperación.No es un hombre al que le guste peregrinar de bar en bar, como un jubilado prematuro, así que prefiere guardar la rabia de puertas para adentro, la televisión encendida para ver alguna serie divertida, algún programa que le muestre el lado más amable de la vida que a él se le ha puesto de espaldas. Se alegra de que ahora empiece la Liga, y de…

Morir por nada

Este fin de semana es uno de los más peligros del verano, tanto o más que la mayoría de los puentes que jalonan el calendario a lo largo del año. Este fin de semana es el fin de semana de la operación retorno, y millones de vehículos —cada vez son más— atravesarán el país de punta a punta. Por desgracia, algunos de los que están ahora mismo apurando las últimas horas de sol, refrescándose el gaznate con un tinto de verano en un chiringuito o, simplemente, tumbados en el sofá con la única y dulce ocupación de no hacer nada, pasarán a formar parte de una estadística macabra el lunes por la mañana.Cuando pienso en la muerte, una de las cosas que enseguida se me vienen a la cabeza es lo inesperado del suceso. Me refiero a la muerte por accidente, claro está. Nunca piensas que te pueda pasar a ti, o a lo mejor lo piensas pero te esfuerzas en olvidarlo, en ocultar el pensamiento siniestro en algún lugar donde no te afecte demasiado. Procurar no pensar en lo malo forma parte de la naturaleza…

La doctora de Axe

Hoy no pensaba meterme con nadie. Lo juro. No iba a hablar de la boda de Jesulín y Campanario, ni de las cartas que se pierden en el limbo del servicio de Correos. Durante el mes de agosto me he propuesto comentar la actualidad a la vez que, si puedo, recomiendo alguna película o un libro. Porque el verano debe ser un tiempo de descanso, de relajación, y también, por qué no, un espacio para ver las películas atrasadas, para fatigar las páginas de los libros que tenemos apilados en la estantería durante el invierno.Hoy pensaba hablar de los anuncios. Todos los años se emite un programa delicioso en el que, durante un par de horas, podemos disfrutar de esas pequeñas joyas que se emiten en todo el mundo y que no siempre tenemos la suerte de poder ver en España. No sé ustedes, pero yo soy un devorador de anuncios. Algunos, los que más me gustan, he de verlos dos o tres veces para entenderlos, y a lo mejor, puesto que muchas veces no soy capaz de darme cuenta a la primera, no me he percata…

El hombre de Atapuerca

La semana pasada fue una de las más calurosas del año, lo normal en la segunda quincena de julio, cuarenta, cuarenta y cinco grados a la sombra. Ni siquiera el aire acondicionado del coche a tope puede consolarlo a uno de la canícula. A las tres de la tarde de un sábado ardiente de julio lo normal es estar en la playa o en la piscina, quien pueda, o buscar una sombra o un bar fresquito: ésa es la razón de que las tardes de verano las calles suelan encontrarse más desiertas que una madrugada de invierno. Por eso me sorprendió el atasco, y el bullicio, y los fotógrafos, y las vallas, y los guardias de seguridad, y los municipales, y los curiosos, todos al sol, a las tres de la tarde del último sábado de julio. Resulta que vivo en el mismo pueblo donde se ha casado Jesulín, y la entrada vetada a los mortales del Hotel Hacienda Benazuza se había convertido en un hormiguero de vecinos y de periodistas ávidos de conseguir la foto o la declaración del famoso de turno.La expectación suscitada…