Hijos de puta en prácticas
Hay que ver lo modernos que nos estamos volviendo. No me canso de repetirlo: en el periódico, en la Radio, cada vez que alguien comete la insensatez de dejar que exponga mis razonamientos. Nos estamos volviendo de un moderno que es la leche, de un moderno modernísimo, vamos, de un moderno que asusta, de un moderno que a veces me dan arcadas.Pero no vayan a pensar que me niego a ser (a que seamos) modernos. Ni mucho menos. Me fascinan los avances de la medicina, y la comodidad del mando a distancia y, aunque jamás he podido leer entero un libro de instrucciones, me descubro ante la sencillez horripilante de un microondas o los mensajes de Internet que vuelan por el planeta como por arte de magia. La modernidad, sin embargo, lleva aparejada otras enfermedades antes desconocidas o, por lo menos, no tan conocidas como para ser tenidas en cuenta: el estrés, la ansiedad, el insomnio crónico. Ya digo, el resultado del ajetreo moderno.Por desgracia, en estos tiempos tan modernos, algo que llam...