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Mostrando entradas de septiembre, 2002

Norfolk

Quería comprarse un ordenador. No sabía nada de informática, pero quería comprarse un ordenador. El deseo era tan fuerte que más de una vez se había sorprendido delante del escaparate de unos grandes almacenes, como si le hubiesen clavado los pies los pies al suelo, extasiado ante el reflejo azulado de las pantallas extraplanas en el cristal como un brochazo luminoso, los teclados ergonómicos y esos pequeños artilugios fusiformes a los que llaman ratones.Se trataba de la misma sensación que padeció de niño, cuando deseaba la televisión en color más que ninguna otra cosa en el mundo, y luego, siendo ya un adolescente, el vídeo. Pocos años antes, ya adulto, había vuelto a sentir el gusanillo de la tecnología al ver a tanta gente hablando en la calle por un teléfono móvil. Se compró uno, uno de ésos tan grandes como un ladrillo que ahora le daba vergüenza sacar delante de sus compañeros, y ya hacía mucho que tenía claro que pronto lo cambiaría por otro más pequeño, más moderno, repleto d…