Primos segundos
Supongo —o, mejor dicho, espero— que a estas alturas nadie dudará ante el hecho más que evidente de que el hombre desciende del mono. O, para ser más exactos, que los humanos y los monos tenemos un antepasado común que debío de patearse las tierras de África hace unos cuantos millones de años. A Darwin se le echaron encima los pensadores más rancios de su época cuando publicó El origen de las especies en el siglo XIX y me temo que, en pleno siglo XXI, a más de uno aún le gustaría pensar que el hombre no desciende del mono —o que no tiene un antepasado común—, que estamos aquí porque una varita mágica nos ha rozado para insuflarnos vida e inteligencia. Discusiones teológicas aparte —porque no voy por ahí—, basta con mirar las caras de algunos para asumir nuestros nuestros orígenes y basta también con mirar algunas jaulas del zoo para que quienes están al otro lado de los barrotes se den cuenta de cómo han evolucionado, o mejor, de cómo han degenerado en sólo unos pocos millones de años....