Cámaras
Cámaras Todos lo hemos hecho alguna vez: después de pasar la tarjeta de crédito por la ranura, se ha abierto la puerta del vestíbulo del banco y, antes de introducir el rectángulo de plástico en el cajero automático nos hemos quedado mirando la cámara que nos observa, impasible, como un ojo electrónico, indiferente, o hemos sacado la lengua al mirar nuestra propia imagen vista desde arriba en el monitor que nos advierte o nos recuerda que estamos siendo grabados. Nuestros movimientos quedan inmortalizados por las cámaras más veces de las que nos damos cuenta. O de las que queremos darnos cuenta, porque si uno se para a pensar cuántas veces al cabo del día sus movimientos son grabados, observados, analizados por alguien, puede que se encerrase en casa bajo llave, se tapase con una manta gruesa y ocultase la cabeza bajo la almohada sin tener todavía la certeza de estar a salvo, temiendo que alguien que ponga el empeño suficiente para encontrarlo, podría averiguar en qué lugar exacto de s...