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Mostrando entradas de febrero, 2003

Cámaras

Cámaras


Todos lo hemos hecho alguna vez: después de pasar la tarjeta de crédito por la ranura, se ha abierto la puerta del vestíbulo del banco y, antes de introducir el rectángulo de plástico en el cajero automático nos hemos quedado mirando la cámara que nos observa, impasible, como un ojo electrónico, indiferente, o hemos sacado la lengua al mirar nuestra propia imagen vista desde arriba en el monitor que nos advierte o nos recuerda que estamos siendo grabados.
Nuestros movimientos quedan inmortalizados por las cámaras más veces de las que nos damos cuenta. O de las que queremos darnos cuenta, porque si uno se para a pensar cuántas veces al cabo del día sus movimientos son grabados, observados, analizados por alguien, puede que se encerrase en casa bajo llave, se tapase con una manta gruesa y ocultase la cabeza bajo la almohada sin tener todavía la certeza de estar a salvo, temiendo que alguien que ponga el empeño suficiente para encontrarlo, podría averiguar en qué lugar exacto de su…

Karate y Literatura

Karate y Literatura


Como todos los que me soportáis cada miércoles sabéis, me dedico a escribir. A escribir cuentos, a escribir novelas, a escribir estos artículos con los que Óscar Gómez me deja que os castigue el oído cada semana.
Pero hoy no voy a utilizar este micrófono para hablar de libros o para comentar la actualidad desde una perspectiva literaria. Hoy quiero hablaros de artes marciales. En realidad, os voy a hablar del único arte marcial que conozco un poco. Hoy os voy a hablar del karate. Porque resulta que, ser escritor en ciernes y ser karateca aficionado es bastante parecido. Sí, no arruguéis el entrecejo todavía, que ahora mismo cuento por qué: para la mayoría de quienes no escriben, la idea de un escritor es la de un ser ausente, un ser distante, un ratón de biblioteca con telarañas colgándole como guedejas de las patillas de las gafas con las que mantiene a raya su miopía. Cuando se es escritor —o cuando uno se encuentra en el camino de tratar de serlo, como es mi caso—…

Esos objetos del deseo

En una estupenda película de Anthony Mann, Winchester 73, un famoso y preciso rifle se convertía en la obsesión de sus protagonistas: el rifle, como las falsas monedas, pasaba de mano en mano, de las de James Stewart a las de un bandolero, a las de un jefe indio interpretado por un insólito Rock Hudson. A todos les sucedía lo mismo: la obsesión por conseguir el magnífico Winchester 73 les llevaba a robar, a matar, a traicionar con tal de conservar el rifle. Algo muy similar, ahora que lo pienso, a lo que les ocurre a los personajes de la trilogía de Tolkien con el anillo. Todos los que lo ven, todos los que lo tocan, todos los que se encuentran cerca de él o saben que existe caen bajo su influjo sin remedio y no cejarán hasta apoderarse de él.
Resulta fascinante el poder que ciertos objetos ejercen sobre nosotros: un jarrón, un tocadiscos antiguo, un disco de vinilo, la primera edición de una novela de nuestro autor favorito, una decicatoria, un autógrafo, un trofeo, la copa donde beb…

La guerra chica

Durante varias semanas se han celebrado en el municipio sevillano de Tocina unas jornadas sobre el exilio y la posguerra: Jornadas de investigación y debate sobre represión, exilio y posguerra, ha sido su nombre exacto. Mañana se clausuran y, no sólo me gustaría enterarme de que la asistencia ha sido masiva, sino que me alegraría mucho saber que la experiencia se va a repetir en muchos más sitios. Durante la Transición —de hecho, hasta hace muy poco— hubo un pacto de silencio que relegó al olvido a la mayoría de quienes gastaron su vida en el monte, a escondidas, como bandoleros, y luego en la cárcel, o, los más afortunados, en el extranjero. Yo me acerqué hasta Tocina para tener la oportunidad de ver a algunos de ellos: José Murillo, el comandante Ríos, es un cordobés casi octogenario que aguantó 9 años en el monte y después otros 15 en las cárceles. Habló el comandante Ríos de las cinco balas que lleva como recuerdo en un hombro. Esas balas que cuando estuvo preso no se las quisiero…