En la esquina, el paraíso
Empieza agosto y desde mi ventana veo las colas de coches que se dirigen por la autovía en busca de la playa. Empieza agosto y nosotros, unos cuantos tipos raros, nos quedamos aquí, de guardia, para hacer el verano más agradable. Pero déjenme que les diga una cosa. Si no tuviera que estar hablando delante de un micrófono tampoco creo que me encontrase metido en uno de esos coches que veo desde mi ventana. No creo que fuera uno de los millones de personas que empiezan hoy con ilusión sus vacaciones, uno de esos que tal vez aguanta con resignación las horas de coche que le quedan para disfrutar del paraíso veraniego. Y es que resulta que el paraíso no tiene por qué encontrarse al final de la autopista, o colgado en el escaparate de una agencia de viajes, en forma de palmera, playa de arena blanca y agua transparante. Como en el título de la última novela de Mario Vargas Llosa, El paraíso en la otra esquina, el paraíso puede estar tan cerca que tal vez por eso no nos damos cuenta de que l...