Entradas

Mostrando entradas de 2006

Orgasmo global

o sé si fue a esta misma hora, Fernando, pero bueno. El otro día ya lo hablamos Cristóbal y yo. Algunos teníamos la disculpa de estar haciendo un programa de radio, pero aunque a pesar de las buenas intenciones el mundo sigue más o menos igual, al menos, qué quieres que te diga: a quien no le haya tocado el Gordo de Navidad que no se preocupe, porque el viernes pasado, 22 de diciembre, día del solsticio de invierno, era el que había elegido una asociación pacifista de Estados Unidos para convocar un orgasmo a escala mundial, a ver si la energía positiva del sexo global era capaz de acabar con las guerras del planeta. Estoy seguro de que a más de uno el argumento le pareció poco serio, pero a mí me hizo mucha gracia, la verdad, cuando pienso en millones de personas arrejuntadas a la misma hora para lo mismo... Ya me en-tiendes. Las calles vacías, los televisores apagados y los teléfonos móviles en silencio para el buen desarrollo de la cópula. Igual no sirvió para nada, pero seguro …

Coincidencias

Bueno, Cristóbal, pues ya se nos ha ido otro, y aunque cada cierto tiempo siempre surge algún cantamañanas que empieza a dar órdenes en un país sin pedir permiso a sus ciudadanos, ahora que se nos ha ido Pinochet y que a Fidel Castro parece que le falta poco para que le den la extremaunción, me da la sensación de que cada vez van quedando menos dictadores, al menos dictadores de esos que llevan uniforme y que, para desesperación de sus enemigos, tienen la mala costumbre de morirse en la cama.
 o de Pinochet es bastante curioso, fíjate. Seguía en Chile con no sé qué estatus especial después de que se convocasen elecciones libres, hasta que un día el juez Garzón lo trincó en Londres con la guardia baja. Y se barruntaba que se iba a morir, querido amigo, no había más que verlo, mareando la perdiz de un lado para otro mientras iban pasando los años, se descubría la fortuna en lingotes de oro que había sacado del país y los represaliados por su régimen trataban de hacer tripas corazón en ar…

Esos apellidos tan raros

Cristóbal, no hace mucho ha habido elecciones en Ecuador, pe-ro lo que más me ha llamado la atención de ese país ha sido un reportaje que leí hace poco en un periódico. Resulta que en Chone, un pueblo del interior de Ecuador, la gente se llama de una manera muy peculiar. Verás, querido amigo. Allí lo normal no es llamarse Cristóbal Cervantes o Andrés PérezDomínguez, sino que por alguna extraña razón, una buena parte de su población, como si estuviese aquejada por una rara enfermedad, tiene nombres de pila tan llamativos como AdolfHitler, AlíBabá, o BurgerKing. Ya sabes, AlíBabáSánchezRodríguez, o BurgerKingLópezGonzález. Como lo oyes. Es como cuando en España algún padre fanático de Operación Triunfo quiso bautizar a su recién nacido con el nombre de David Bustamante, así, todo junto, como un nombre compuesto. En fin.
sta manera de bautizar a los críos en este pueblo de Ecuador, por lo visto responde al interés o a la admiración de los padres por cier-tos personajes o a la influencia d…

Gilipolleces navideñas

Mira, Cristóbal. Te juro que había escrito otra separata. De ver-dad, y que cuando me enteré de la noticia el otro día me eché el freno y me dije: déjalo, Andrés, si al final nadie te va a hacer caso. Pero aquí me tienes, querido amigo, faltando a mi palabra, levantando la voz porque en un colegio de Zaragoza han prohibido la Navidad, y lo peor es que, una vez que se ha abierto la caja de Pandora de la estupidez, resulta que hay más de un colegio en España que también tiene intención de hacer lo mismo. Como te he dicho alguna vez, querido amigo, hay veces que la separata te la dan escrita, que te sientas delante del ordenador y los dedos vuelan tan deprisa sobre el teclado que casi no tienes que pensar lo que vas escribir para leerlo luego delante del micrófono.
amos a ver, hombre, que me hierve la sangre: yo he estudiado en un colegio de curas, no voy a misa desde que hice la primera Comunión y sólo visito las iglesias por una cuestión de placer artístico, pero suprimir la Navidad e…

Saber decir que no

La verdad es que no estoy seguro de si ya sabía la verdadera razón, Cristóbal, o quizá intuía el meollo del asunto pero, como siempre ando con la nariz metida entre libros, no acababa de darme cuenta. Será que a lo mejor me he acostumbrado a ver el telediario o abrir el periódico y enterarme de que un niñato de catorce o quince años le ha pegado a su profesor, a su padre, a su madre o un compañero de clase por el simple placer de grabar el recuerdo en el teléfono móvil. Pero la clave de todo esto me la dio el otro día una profesora: resulta que muchas veces la primera vez que un chaval escucha la palabra “no” en boca de un adulto no es en su casa, sino en el colegio, a un desconocido que se desgañita delante de la pizarra para meterles cosas valiosas en la mollera mientras les pide por favor que tengan apagados los teléfonos móviles.
Y, fíjate, querido amigo, yo estoy convencido de que los niños siempre han sido ―siempre hemos sido―, igual de malos y de salvajes, porque en los niños y …

Que no me toquen a Mortadelo

Yo, Cristóbal, para que te voy a mentir a estas alturas. Ya hemos compartido unas cuantas temporadas de micrófonos y sabes que cuando tengo la alcachofa delante casi siempre me salen dos vertientes, la sensible o la cínica, y hoy, antes de empezar a hablar, querido amigo, ya sé que estoy deseando meterme con unos cuantos mentecatos, aunque les pese a los políticamente correctos. Porque yo no sé quién habrá inventado eso de la corrección política, pero a mí me parece que casi siempre, lo políticamente correcto, no es más que un eufemismo para disfrazar la estupidez.
Y es que ahora la han tomado con Mortadelo, Cristóbal, con mi querido Mortadelo, al que le tengo tanto cariño como a un viejo amigo con el que he compartido muchos ratos de felicidad desde que aprendí a leer. Un amigo fiel con el que, literalmente, me ha dolido, y me duele, la boca de la risa. Y, mira, aunque te parezca que te estoy hablando en broma pocas veces me habrás escuchado tan serio. Lo que jamás se las ocurrido …

Los que siempre ganan

Cristóbal, ya sé que este es un programa que se emite para Sevilla y provincia, y que las elecciones catalanas nos quedan un poco lejos y que tal vez no sea asunto nuestro, pero lo bueno que tienen estas cosas ―las elecciones, la condición humana― es que siempre son extrapolables a cualquier ámbito de la vida o a cualquier punto geográfico. Por-que en Cataluña o en Andalucía, en Asturias o en Canarias, yo no sé cómo se las arreglan los políticos, pero es que el día después de las elecciones, los escucha uno hablar y mira, parece que todos han gana-do. Aunque no les hayan votado más que sus amigos y sus novias, pero el caso es que todos nos regalan esa sonrisa ensayada, hacen de tripas corazón y nos quieren vender la moto de que ha sido un éxito. Artur Mas ahora se ha descolgado con que el tripartito es una alianza de perdedores y Montilla, el de SOE de Cataluña, a pesar de haber perdido cinco escaños dice que es el PP de Piqué el que debería preocuparse, por no sé qué asunto porcentua…

La cura contra la vanidad

Yo no sé si será por la lluvia, querido Cristóbal, pero a lo mejor es por eso por lo que unas veces me pongo melancólico y otras veces, cuando parpadeo por culpa de las gotas que se me cuelan en los ojos, siento que de repente me he dado cuenta de algo en lo que no había pensado antes. Y el caso es que, como ahora tengo la oportunidad de contarlo, a ti y a los oyentes, he decidido hoy reflexionar un poco, si me dejas, sobre esto.
Se trata de la vanidad, Cristóbal, ese engolamiento que me molesta tanto y que casi todos padecemos. Un mal más que habitual en el gremio de los escritores, los que nos dedicamos a juntar letras con la esperanza o sin ella de que los lectores nos dediquen un poco de su precioso tiempo. Estoy convencido, y lo sé por experiencia también, querido amigo, que la vanidad no sólo es un mal endémico de los escritores, si-no, como te digo, también es la rémora de muchas profesiones, porque, al cabo, la vanidad tiene más que ver con la personalidad que con el trabajo qu…

Mantecados en octubre

No no me lo creía hasta el otro día Cristóbal, de verdad. Ahora es más fácil porque esta semana ha empezado a llover y han bajado las temperaturas, pero hasta el fin de semana pasado pensé: ¿mira que si este año los grandes almacenes se han olvidado y nos van a dar una tregua, sólo una poquita, hasta que de verdad lo marque el calendario? Pero era una ilusión en vano, querido amigo. Hace pocos días, cuando hacía tanto calor que todavía apetecía ir a la playa para darse un chapuzón y tomar el sol, de pronto, en una tienda, me encuentro con los mantecados y los adornos navideños, así como quien no quiere la cosa, a mediados de octubre, con la señal del bañador todavía marcándome los muslos y el ceño fruncido porque el reloj interno que tengo se me rebela y me pregunta que de qué va todo esto, los mantecados y los mazapanes, con tanto calor, si todavía lo que a uno le apetece es un buen gazpacho.
Y te juro que siempre me coge por sorpresa, ahora y dentro de unos meses, cuando todavía teng…

Los nuevos conquistadores

Fíjate, Cristóbal, cómo pasa el tiempo. Así, a lo tonto, han pasa-do catorce años desde que terminó la Expo, y, si nos remontamos algo más atrás, otros cinco siglos desde que las botas de Cristóbal Colón dejaran sus huellas en una playa del Caribe y el mundo ya no pudiera ser nunca más igual que antes. El otro día vi una calabera atracada en Sevilla, un barquito que parece tan rudimentario y tan frágil que uno no puede dejar de imaginar cómo debería de ser atravesar el océano en uno de ellos, igual que un marinero del siglo XV, pasando las noches al raso en cubierta, sin poder conciliar el sueño tal vez porque no está seguro de que no sean ciertas esas historias que hablan de monstruos marinos gigantescos que salen de las profundidades o de que al final del trayecto, justo donde se pone el sol, hay una catarata enorme por la que se despeñan los barcos que se atreven a desafiar las leyes de la naturaleza y se dirigen al fin del mundo.
Pero si abro el periódico o enciendo la tele, Cristó…

Los niños de la tele

Que no, Cristóbal, que no me lo explico. Y mira que tiene que ser fácil de entender, pero a estas alturas todavía no soy capaz de enterarme de qué va la película, que el mundo se despeña cuesta abajo y sin frenos y yo que no me quiero dar cuenta. En un programa de radio escucho a una periodista de eso que se llama prensa del corazón contar a los oyentes cuánto engorda la cuenta de Belén Este-ban cada mes por castigar a quienes enciendan la tele a determinadas horas en un programa de televisión. Ya sabes, Cristóbal: Belén Esteban, la ex del eximio Jesulín de Ubrique, madre de su primogénita, connovia de la Campanario, y paradigma de la educación y las buenos modales donde los haya. Resulta que por enseñar en el careto en la pantalla se lleva al mes unos cuantos millones de las antiguas pesetas. Sí, unos cuantos millones, Cristóbal, que no me equivocado, y sabes que además no tengo por costumbre empinar el codo.
 so por enseñar el careto, porque por enseñar las tetas operadas en una revi…

Emigrantes españoles

Querido amigo:
ace poco veía en un periódico la fotografía de un barco atestado de emigrantes españoles que habían cruzado el Atlántico en un viejo barco de vela, desde Canarias hasta Venezuela, para buscarse la vida por las bravas. Eran tipos flacos, con los pómulos afilados, las púas de las barbas asomándoles en los mentones sin afeitar, de pie en la cubierta de una precaria embarcación que todavía nadie llamabacayuco. Calculo que la fotografía debería de tener unos cincuenta años, y lo cierto es que no hace tanto, y todavía hace mucho menos que una de las palabras que primero aprendíamos en el colegio era la palabra emigrante ―los que salían de su lugar de origen en busca de mejor fortuna―, los españoles que hacían las maletas y subían a un tren que los llevaba a trabajar a una fábrica de Alemania o que subían a un barco como el de la foto que te cuento para buscarse la vida en Suramérica. Sin embargo, fíjate, cuando yo iba al colegio la palabra inmigrante no era más que eso, una pa…

Lisístrata en Colombia

Querido Cristóbal, llevo toda la vida escuchando a los que se supone que en-tienden que es el dinero lo que mueve el mundo, y que si uno hurga un poco en la llaga de las guerras más tarde o más temprano acabará dándose cuenta de que el motivo principal por el que estas suceden es por el dinero, por el dinero puñetero. Pero lo cierto es que no me gustan las teorías conspirativas, y enseguida desconfío del que me habla del petróleo de Iraq o de otros intereses ocultos que motivan las guerras, y aunque no niego que estas teorías pueden llegar a tener algo de verdad no me gustaría ser tan ingenuo como para pensar que el dinero, sólo el dinero, pueda ser la causa de tanta destrucción y tanta miseria.
 demás, según he podido comprobar estos días, ya no es el dinero lo que mueve mundo, sino que tal vez lo que haga avanzar este planeta sea lo mismo que lo haya hecho avanzar siempre, querido amigo. El sexo, Cristóbal. Tal vez sea ésta una cuestión interesante para que la tratéis en la sección d…

El siglo XXI

Pues ya ves, querido Cristóbal: el lunes, cuando se cumplió el quinto aniversario de lo de las Torres Gemelas, de pronto me acordé de cuando de niño mi madre me hablaba del día que mataron a Kennedy. Me contaba mi madre que se acordaba perfectamente de lo que estaba haciendo aquel 23 de noviembre de 1963 cuando una bala reventó la cabeza de uno de los presidentes más carismáticos de toda la Historia de Estados Unidos. Con el tiempo, Cristóbal, descubrí que no sólo mi madre, sino que mucha gente también se acordaba de lo que estaba haciendo el día de la muerte de JohnFitzgeraldKennedy, de lo que hacía en el preciso instante tal vez. Y es que quizá aquel día, Cristóbal, hace ya cuarenta y tres años, fue como si el mundo, la gente, de pronto hubiera perdido la inocencia.
Pensamos, querido amigo, y lo pensamos de una manera equivocada, que lo tenemos todo bajo control, que si el sol se levanta cada mañana y el otoño sucede al verano y a aquél lo sigue el invierno nada podrá hacernos daño, …

Todo sigue igual

Bueno, Cristóbal, ya estamos aquí otra vez con las separatas. Hace poco más de un mes que castigué a los oyentes con la última, y me da la sensación de que, si hubiese tardado un poco más de tiempo en ponerme delante del micrófono, tal vez el mundo habría cambiado tanto que hasta nos costaría trabajo reconocernos. Te lo digo porque, según dicen los expertos, el verano ahora dura doce días más que antes ―lo que para quienes nos pasamos el día mirando el cielo deseando que llueva no es una buena noticia―, y, para colmo, hemos apeado a Plutón del rango planetario. Será lo que tiene la distancia: quizá estar tan lejos del sol tenga la culpa de que a uno no lo tengan en cuenta.
Eso en cuanto a la astronomía, porque, no nos engañemos, nada más bajarnos un poco de las nubes nos percatamos de que por aquí todo sigue más o menos igual: los árboles que arden en verano y los inmigrantes que llegan a las costas de Canarias mientras en Bruselas miran para otro lado. Será que las fotos junto a los s…

El socorrido lenguaje

Querido Cristóbal: la verdad es que esto del lenguaje es la mar de socorrido. Y cuando digo esto no me refiero a que una gran parte de mi trabajo tenga que ver con el manejo de esta lengua tan hermosa con la que nos comunicamos, y que todavía se mantiene a pesar de los mensajes de los móviles y las faltas de ortografía con la que algunas veces nos golpean en la cara los titulares de los periódicos. En fin, que esto tener soltura a la hora de hablar, quería decirte, es la mar de socorrido cuando uno quiere sacudirse las pulgas, escaquearse o endosarle el muerto a otro, vaya. En esto, tenemos que reconocer, querido amigo, que los políticos nos llevan ventaja. Yo no sé si ese talento ―el de usar el lenguaje para escurrir el bulto― lo van adquiriendo los políticos al mismo tiempo que se van acomodando al cargo o es que les viene de fábrica y ya de pequeñitos eran esos niños que en el recreo siempre estaban dispuesto a señalar a otro cuando se rompía un cristal o un balón perdido se estrel…

La selección mestiza

Bueno, Cristóbal, el Mundial termina el domingo, y, como ves, le he cogido el gusto a esto de hablar de fútbol ―ya sabes, que si Manolo el del bombo, que si la ilusión del próximo campeonato el otro día―, aunque no tanto como para dejar de hablar de libros la próxima temporada y pedirte que me des una sección en ProtagonistasSevilla en la que ponga al día a nuestros oyentes de los fichajes del Betis y del Sevilla. De momento prefiero seguir con los libros y con estas separatas con las que me dejas que castigue cada viernes a quienes nos escuchan.
El caso, Cristóbal, es que tengo la manía de ver cosas raras cuando me pongo a mirar un partido en la tele, y a poco que me descuide me despisto tanto que ya no soy capaz de estar pendiente del juego, sino de asuntos que no tienen mucho que ver con lo que está pasando en el campo, o que sí la tienen, y mucho, según se mire. Me he estado fijando estos días en la selección de Francia, Cristóbal, esa que nuestros aguerridos futbolistas se iban a …

La ilusión, de nuevo

Siempre nos pasa lo mismo, Cristóbal. Cada dos años, en la Eurocopa o en los Mundiales. Empieza el verano y la selección de vuelta a casa, derretidas las pinturas de las mejillas de los aficionados, desechas las banderas rojas y amarillas que sólo se enarbolan sin rubor cuando juega la selección, quebradas las gargantas de los periodistas que han retransmitido el último partido, retransmitiendo la última crónica frente a una cámara que nos muestra lo más parecido que recordamos a una batalla perdida, el césped des-brozado, las gradas en silencio, los operarios recogiendo los trastos, y el presentador de televisión diciendo que otra vez lo mismo, que otra vez qué pena; Manolo el del Bombo, ¿te acuerdas, Cristóbal?, de él hablamos el otro día, con la piel del tambor hecha trizas, la chapela descolgada y el brazo sin fuerzas ya después de otro mundial que nos volvemos con las manos vacías. Es lo que pasa cuando nos hacemos ilusiones, que al final el revés de la derrota es más fuerte y má…

Ricos y devaluados

Oye, Cristóbal, fíjate que bien. Me he enterado hace un par de días que los españoles somos cada vez más ricos, y la verdad es que me ha dado un poco de vergüenza saber-lo, Cristóbal, quiero decir, descubrir de repente que somos cada vez más ricos y yo, que algunas veces me da por presumir de que soy muy observador, tener que reconocer que no me había dado cuenta. Ciñéndonos a las frías cifras del informe, te diré que el número de ricos de nuestro país ha aumentado el último año nada menos que un 5,7%, lo que no sé si será mucho o poco, pero por lo visto es lo no va más del progreso. Claro que, luego te enteras que eso de ser rico es muy relativo, que basta con tener un patrimonio, aparte de la primera vivienda y bienes tangibles, de un millón de dólares, y eso, si echamos un vis-tazo a nuestro alrededor, con tantas obras y tantas grúas y tantos precios exagerados, tampoco es como para presumir de millonario, digo yo. Pero bueno, también hay españoles ultrarricos, o sea, millonarios p…

Actos asimétricos de guerra

Querido Cristóbal: hay veces que la separata me la encuentro hecha. Palabra. Y no te quiero decir con esto que un negro me escriba los artículos mientras estoy viendo los partidos de los mundiales, qué va. Por cierto, lo de negro no lo digo por ser políticamente incorrecto, sino porque en argot literario se llama así a quien te hace el trabajo mientras tú te llevas los laureles. Bueno, a lo que iba: que a veces me encuentro este artículo hecho. Leí el otro día las declaraciones del contraalmirante de la marina estadounidense HarryHarris para justificar el suicidio de tres presos en Guantánamo y todavía estaría dolíendome la barriga de la risa si no fuera porque hay ciertas cosas de las que uno no debe reírse. Según el retórico almirante, el suicidio de tres presos no fue un hecho de desesperación sino un acto de guerra asimétrico en contra de Estados Unidos. Fíjate, Cristóbal, lo maleducados que son algunos presos: les das de comer durante cuatro años y al final se suicidan para chinc…

Los puntos del carnet

Parece que funciona, Cristóbal. Fíjate. No es que me quiera poner ahora a lanzar las campanas al vuelo antes de tiempo, pero me da en la nariz que nos vamos a llevar una sorpresa cuando acabe el verano y leamos el número de accidentes de tráfico y los comparemos con los del año pasado. El fin de semana pasado parece que se redujo el número de accidentes, y aunque puede que sólo sea un dato estadístico frío y engañoso al que los números de este fin de semana puedan dar un vuelco, yo quiero pensar que esto del carnet por puntos funciona. Y funciona aunque les pese a mucha gente que no haya hecho otra cosa sino protestar por la severidad con la que ahora se pueden aplicar las normas de tráfico, que están, entre otras cosas, no nos olvidemos, para cumplirlas. Y es que me a mí me gusta Cristóbal, cuando llegan estas fechas ―tú lo sabes porque ya llevamos algunas temporadas compartiendo micrófono―, hablar del tráfico, de las carreteras, de los accidentes de tráfico. Cada vez que hay una cam…

Manolo el del bombo

Esta tarde empieza el mundial, Cristóbal, y los españoles, aunque tengamos la mala costumbre de estar tirándonos siempre los trastos a la cabeza parece que por fin estamos todos de acuerdo: casi nadie confía en que los nuestros vayan a resolver la fase final del campeonato del mundo con dignidad. Aunque lo bueno que tiene la costumbre de nuestros jugadores de hacer las maletas antes de tiempo es que, después de dos o tres mundiales la ilusión termina por desaparecer y lo único que te queda es cierto escepticismo guasón cuando escuchas a los periodistas deportivos decir que esta vez, que esta vez vamos a pasar de cuartos de final. Sin embargo yo, como casi todo el mundo, albergo alguna esperanza de que la selección haga algo grande, aunque no me atreva a decirlo en voz alta, y como Zapatero el otro día, procuro no mojarme en público.
Desde que mi memoria alcanza, Cristóbal, cada vez que veo un partido de la selección he visto a un tipo que da cachiporrazos a un tambor, un hombre incomb…

Rocío Jurado

Fíjate, Cristóbal, si te digo la verdad, yo jamás habría imaginado que escribiría una separata algún día que se títulase Rocío Jurado, porque a mí, con todos los respetos, el mundo de la copla en general y la cantante de Chipiona en particular, me han interesado siempre bastante poco, por no decirte que nada. Y que su retoña, Rociíto, se haya aprovechado del nombre de su famosa madre para montárselo por el morro me parecía tan vergonzante que se me había quedado la boca seca de pregonarlo cada vez que tenía una oportunidad. Y de su ex marido, el ex guardia civil, mejor no hablamos. Quiero decirte con esto, Cristóbal, que a mí las gente que acostumbra a rellenar las páginas de las revistas del corazón por tener el mismo apellido de un famoso me merece tan poco respeto que no he tenido nunca reparo en decirlo. Pero no es eso de lo que quiero hablar hoy, Cristóbal, sino de respeto, porque lo cierto es que a nadie le deseo la que se ha montado en la puerta de la casa de Rocío Jurado: más …

Eutanasia

Ya ves, Cristóbal, ha vuelto a pasar, y el caso es que pasa de vez en cuando. No me refiero al escándalo de la filatelia, que eso lo dejaremos para otra separata, un día que me apetezca hablar de estafadores, de sinvergüenzas o de piratas, sino que estoy hablando de Jorge León, que aunque no se ha hecho tan famoso como Ramón Sampedro, también ha tenido que acabar con su vida a escondidas, urdiendo una telaraña que emborrone el nombre de la persona que le ha ayudado a terminar con todo. Y es que, nos guste o no, lo cierto es que hay mucha gente que vive amarrada a un cuerpo del que no puede desprendese porque sus músculos no le obedecen, y no me cabe duda de que el dra-ma es mucho más intenso que las historias que nos han contado en el cine Alejandro Amenábar o Clint Eastwood. Yo, qué quieres que te diga, te voy a decir la verdad, aunque no le guste a muchos oyentes: a mí me parece muy triste que una persona, en pleno uso de sus facultades mentales, no pueda decidir por ella misma lo q…

La felicidad

Pues sí, Cristóbal, el otro día leí una noticia que me llamó la atención y enseguida me puse a reflexionar sobre ello. Resulta que, igual que podemos aprender a leer o a escribir, igual que podemos aprender a conducir o a hablar con un micrófono delante sin que se nos note el vértigo porque al otro lado hay unos cuantos miles de oyentes, también podemos aprender a ser felices y, además, no afrontando la felicidad como algo abstracto, sino como una asignatura, con sus apuntes, sus clases teóricas, incluso con exámenes y todo. Ya sé que te puede sonar un poco a broma todo esto, Cristóbal, pero en la Universidad de Harvard no piensan lo mismo. Si te soy sincero, a mí también me sonaba un poco a cachondeo, pero, ya te digo, cuando he leído detenidamente la noticia y me he puesto a reflexionar sobre ello no me ha parecido tan raro, y eso que, fíjate, hace un par de semanas me preguntabas en el programa por una palabra que me gustase mucho, y yo elegí la palabra alegría porque, como te dije…

Premonición macabra

Parecía que no, Cristóbal, pero al final ha sido que sí. Me refiero a las víctimas del tráfico durante la Semana Santa. Llevábamos semanas viendo esos anuncios en los que una telefonista anticipaba que iba a haber cien víctimas y, si te digo la verdad, hasta me había creído que al final serían menos, que con la advertencia de los ciento cinco muertos del año pasado que hemos visto en los carteles electrónicos de las autopistas, este año la cifra se reduciría, aunque fuera sólo un poquito. Pero no. Lo que me pasa es que soy un iluso, y no pierdo la inocencia aunque al conducir por una autovía se me pegue al culo un tipo con mucha prisa, dándome ráfagas con las luces como si le fuera la vida en llegar cinco minutos antes. Ya te digo, un iluso a pesar de ver adelantamientos en cambio de rasante, en línea continua, al tiempo que el conductor está hablando por el móvil. Yo no sé a ti, Cristóbal, pero a mí no me parecen todas las víctimas iguales, es más, muchos de los que han caído tal vez…