El pronunciamiento

Te lo vuelvo a decir, Cristóbal, y tal vez a estas alturas te va a sonar a cachondeo, pero te doy mi palabra que quiero hablar un día de la Ley Antitabaco. Pero es que no me dejan, fíjate: la se-mana pasada se me cruzaron los cables al enterarme de las protestas de unos y otros por la conmemoración de la toma de Granada, y el viernes pasado, hay que ver qué casualidad, el mismo día que yo estaba aquí contándoles a los oyentes lo que pensaba, un general nos transmitía a todos el malestar que el Estatuto de Cataluña estaba causando entre los militares. Y mira, Cristóbal, te diré, aunque te suene a cachondeo, que hay cosas que uno debe tragárselas aunque le pongan un micrófono delante el mismísimo Día de los Inocentes. Sobre todo si se lleva uniforme y se es, según tengo entendido el segundo o el tercero en el escalafón por debajo del ministro de Defensa. Y ya ha empezado la demagogia, como has visto, a tirarse piedras: los que dicen que el general tiene razón y los que aseguran que ya empieza a escucharse el sonido escalofriante que hacen al desenvainarse los sables en los cuarteles; los nostálgicos rancios que enarbolaban el domingo pancartas en los estadios de fútbol diciendo que estaban con el general y los que, tan seguros como si lo vieran en una bola de cristal, estaban convencidos de que pronto los tanques fascistas desfilarían por la Diagonal, como en enero del 39. Hombre, vamos a poner un poco de cordura, vamos a no sacar las cosas de quicio: sugerir, en un país como España, que los militares tienen la mosca detrás de la oreja es como mentar la soga en casa del ahorcado. Con ciertas cosas no se debe jugar, ni siquiera las insinuaciones son admisibles. Todo lo demás es marear la perdiz. Y el que no esté de acuerdo conmigo que eche un vistazo a los libros de Historia. A mí, los que más me preocupan, te lo he dicho hace un momento, Cristóbal, son los demagogos y los cantamañanas, que en un bando y en otro abundan, queriendo exprimir el asunto del pronunciamiento del general para sacar jugo a sus tesis. Pero lo peor es darme cuenta de que estoy hablando de dos bandos, de pronunciamientos, diciendo palabras que jamás deberían volver a ser usadas en el contexto en el que las hemos usado en nuestra Historia reciente. Bandos enfrenta-dos, pronunciamientos, Cristóbal. Qué miedo, la verdad. Bueno, mejor no sigo: no puedo prometerte nada porque no me gusta faltar a mi palabra, pero trataré de hacer propósito de enmienda, a ver si la próxima semana soy capaz de hablar de la Ley Antitabaco, que ―y te lo digo con toda honestidad― me hubiera gustado hacerlo hoy. Mientras tanto, como dice un amigo mío, sin fumar espero.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2006


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