De succiones genuflexas

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No me voy a andar por las ramas. Creo que la ocasión lo merece. Al que le guste, bien, y al que no, pues nada, me alegro. No tenía ni idea de la polémica que se había desatado. Bastantes cosas tengo a mi alrededor, y bastante más importantes, como para andar pendiente de según qué asuntos. Pero esta mañana me he enterado de que Javier Tebas, presidente de la liga española, había pedido perdón a los chinos. En chino. Así que me he puesto a escarbar un poco, por pura curiosidad.  A estas alturas ya sabréis lo ocurrido, pero por si acaso, os lo cuento. Parece que Mbappé, el jugador del Real Madrid, durante una entrevista recordó un meme en el que aparecía su cara sobre la imagen de Mao Zedong (yo sigo prefiriendo Mao Tse-tung, pero allá cada cual con sus gustos). Al comentar el montaje dijo que se trataba de un tipo que creía que era un dictador chino. Ni siquiera pronunció su nombre, igual hasta ni lo sabía. Contó también que utilizaba la imagen para bromear con sus amigos. Como cu...

La felicidad

Pues sí, Cristóbal, el otro día leí una noticia que me llamó la atención y enseguida me puse a reflexionar sobre ello. Resulta que, igual que podemos aprender a leer o a escribir, igual que podemos aprender a conducir o a hablar con un micrófono delante sin que se nos note el vértigo porque al otro lado hay unos cuantos miles de oyentes, también podemos aprender a ser felices y, además, no afrontando la felicidad como algo abstracto, sino como una asignatura, con sus apuntes, sus clases teóricas, incluso con exámenes y todo. Ya sé que te puede sonar un poco a broma todo esto, Cristóbal, pero en la Universidad de Harvard no piensan lo mismo. Si te soy sincero, a mí también me sonaba un poco a cachondeo, pero, ya te digo, cuando he leído detenidamente la noticia y me he puesto a reflexionar sobre ello no me ha parecido tan raro, y eso que, fíjate, hace un par de semanas me preguntabas en el programa por una palabra que me gustase mucho, y yo elegí la palabra alegría porque, como te dije, la felicidad me parecía demasiado pretenciosa o efímera como para poder aspirar a ella. Llamémosla como queramos, alegría o felicidad, el caso es que a todos nos puede tocar algo de ella a poco que pongamos de nuestra parte, porque la felicidad, según dicen en Harvard, tiene más que ver con lo que hay dentro de nosotros que con lo que está fuera, la felicidad, o la alegría, tiene más que ver con nuestro estado de ánimo y con nuestra visión del mundo que con el número de ceros de nuestra cuenta corriente o de cuántos coches tenemos aparcados en el garaje. Ya sé que todo esto parece tan obvio que ni siquiera debería comentarse, pero es que, Cristóbal, las cosas más sencillas son las más importantes y las que uno, por alguna razón extraña o retorcida, más tarda en aprender. Y es curioso que en una universidad como Harvard, que lleva décadas formando a prestigiosos abogados, economistas o médicos, haya puesto en marcha una asignatura para enseñar a sus alumnos a ser felices, una asignatura, que según he podido saber, ha tenido tanto éxito que no queda un sitio libre en las aulas. Y es que resulta, Cristóbal, que, al cabo, ser felices es lo que todos queremos. Y hasta los dueños de las mentes más preclaras, los estudiantes de Harvard, se han dado cuenta, y parece que se han dado cuenta a tiempo, de que tan importante es ganar un premio Nóbel como ser feliz, mejor dicho: seguro que es más importante ser feliz que ganar un premio Nóbel. Tal vez ser feliz, o estar alegre, Cristóbal, sea simplemente cuestión de levantarse cada mañana con una sonrisa, alegrarse de lo que uno tiene en lugar de lamentarse por lo que no tiene. Uno piensa en estas cosas y al final se da cuenta de lo poco que hace falta para sentirse bien.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2006



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