La ilusión, de nuevo
Siempre nos pasa lo mismo, Cristóbal. Cada dos años, en la Eurocopa o en los Mundiales. Empieza el verano y la selección de vuelta a casa, derretidas las pinturas de las mejillas de los aficionados, desechas las banderas rojas y amarillas que sólo se enar bolan sin rubor cuando juega la selección, quebradas las gargantas de los periodistas que han retransmitido el último partido, retransmitiendo la última crónica frente a una cáma ra que nos muestra lo más parecido que recordamos a una batalla perdida, el césped des-brozado, las gradas en silencio, los operarios recogiendo los trastos, y el presentador de televisión diciendo que otra vez lo mismo, que otra vez qué pena; Manolo el del Bombo, ¿te acuerdas, Cristóbal?, de él hablamos el otro día, con la piel del tambor hecha trizas, la chapela descolgada y el brazo sin fuerzas ya después de otro mundial que nos volvemos con las manos vacías. Es lo que pasa cuando nos hacemos ilusiones, que al final el revés de la derrota es más fuerte...