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Mostrando entradas de octubre, 2006

La cura contra la vanidad

Yo no sé si será por la lluvia, querido Cristóbal, pero a lo mejor es por eso por lo que unas veces me pongo melancólico y otras veces, cuando parpadeo por culpa de las gotas que se me cuelan en los ojos, siento que de repente me he dado cuenta de algo en lo que no había pensado antes. Y el caso es que, como ahora tengo la oportunidad de contarlo, a ti y a los oyentes, he decidido hoy reflexionar un poco, si me dejas, sobre esto.
Se trata de la vanidad, Cristóbal, ese engolamiento que me molesta tanto y que casi todos padecemos. Un mal más que habitual en el gremio de los escritores, los que nos dedicamos a juntar letras con la esperanza o sin ella de que los lectores nos dediquen un poco de su precioso tiempo. Estoy convencido, y lo sé por experiencia también, querido amigo, que la vanidad no sólo es un mal endémico de los escritores, si-no, como te digo, también es la rémora de muchas profesiones, porque, al cabo, la vanidad tiene más que ver con la personalidad que con el trabajo qu…

Mantecados en octubre

No no me lo creía hasta el otro día Cristóbal, de verdad. Ahora es más fácil porque esta semana ha empezado a llover y han bajado las temperaturas, pero hasta el fin de semana pasado pensé: ¿mira que si este año los grandes almacenes se han olvidado y nos van a dar una tregua, sólo una poquita, hasta que de verdad lo marque el calendario? Pero era una ilusión en vano, querido amigo. Hace pocos días, cuando hacía tanto calor que todavía apetecía ir a la playa para darse un chapuzón y tomar el sol, de pronto, en una tienda, me encuentro con los mantecados y los adornos navideños, así como quien no quiere la cosa, a mediados de octubre, con la señal del bañador todavía marcándome los muslos y el ceño fruncido porque el reloj interno que tengo se me rebela y me pregunta que de qué va todo esto, los mantecados y los mazapanes, con tanto calor, si todavía lo que a uno le apetece es un buen gazpacho.
Y te juro que siempre me coge por sorpresa, ahora y dentro de unos meses, cuando todavía teng…

Los nuevos conquistadores

Fíjate, Cristóbal, cómo pasa el tiempo. Así, a lo tonto, han pasa-do catorce años desde que terminó la Expo, y, si nos remontamos algo más atrás, otros cinco siglos desde que las botas de Cristóbal Colón dejaran sus huellas en una playa del Caribe y el mundo ya no pudiera ser nunca más igual que antes. El otro día vi una calabera atracada en Sevilla, un barquito que parece tan rudimentario y tan frágil que uno no puede dejar de imaginar cómo debería de ser atravesar el océano en uno de ellos, igual que un marinero del siglo XV, pasando las noches al raso en cubierta, sin poder conciliar el sueño tal vez porque no está seguro de que no sean ciertas esas historias que hablan de monstruos marinos gigantescos que salen de las profundidades o de que al final del trayecto, justo donde se pone el sol, hay una catarata enorme por la que se despeñan los barcos que se atreven a desafiar las leyes de la naturaleza y se dirigen al fin del mundo.
Pero si abro el periódico o enciendo la tele, Cristó…

Los niños de la tele

Que no, Cristóbal, que no me lo explico. Y mira que tiene que ser fácil de entender, pero a estas alturas todavía no soy capaz de enterarme de qué va la película, que el mundo se despeña cuesta abajo y sin frenos y yo que no me quiero dar cuenta. En un programa de radio escucho a una periodista de eso que se llama prensa del corazón contar a los oyentes cuánto engorda la cuenta de Belén Este-ban cada mes por castigar a quienes enciendan la tele a determinadas horas en un programa de televisión. Ya sabes, Cristóbal: Belén Esteban, la ex del eximio Jesulín de Ubrique, madre de su primogénita, connovia de la Campanario, y paradigma de la educación y las buenos modales donde los haya. Resulta que por enseñar en el careto en la pantalla se lleva al mes unos cuantos millones de las antiguas pesetas. Sí, unos cuantos millones, Cristóbal, que no me equivocado, y sabes que además no tengo por costumbre empinar el codo.
 so por enseñar el careto, porque por enseñar las tetas operadas en una revi…