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Mostrando entradas de 2007

De conejos y corderos

Bueno, pues el año se nos va el lunes, y la verdad, aunque uno quiere ser optimista, si mira los números la cosa no está como para tirar cohetes. Los números de la cesta de la compra, quiero decir, que estas Navidades se nos ha ido por las nubes. La culpa será de los biocombustibles, de Zapatero o de Rajoy, a mí la verdad es que me da igual, pero el caso es que cada vez cuesta más dinero darse un homenaje por estas fiestas, ni siquiera aunque sustituyamos el cordero por conejo. Y eso que España está en la ChampionLeague de la economía, según el presidente, incluso ahora parece que estamos por encima de los italianos y todo, pero yo, cuando miro a mi alrededor, me da un poco de risa, la verdad. Y lo de cambiar cordero por conejo, en fin, qué quieren que les diga, aunque es una frase que estoy seguro que se ha dicho con buena voluntad, no es más que un reflejo de lo que pasa, que cuando miro los números me da la sensación de que nos despeñamos cuesta abajo y sin frenos. Que cenemos cone…

Papá Noel trepador

Bueno, Cristóbal, otra Navidad, pero porque ya ha empezado a hacer frío, como corresponde en diciembre, y no porque los mantecados estén en los supermercados, porque, lo que se dice estar, están desde octubre. Sin embargo, desde hace una o dos Navidades hay algo que indica que se acercan las fiestas. Yo, la primera vez que vi uno, te aseguro que estuve a punto de llamar a la policía. Me quedé parado delante de una fachada, diciendo, anda, pero qué es eso, si parece que acabo de ver a un tío vestido de Papá Noel colándose por una ventana. Luego caí en que no, Cristóbal, que no se trata más que de una ocurrencia que se ha puesto de moda, una correncia, y que me perdone quien no piense lo mismo, querido amigo, que me parece bastante hortera, qué quieres que te diga. Hace poco, Cristóbal, en Zaragoza, en la misma plaza del Pilar, vi un edificio donde, de cada balcón colgaba un engendro de estos, una invasión de enanos trepa-dores, docenas de muñecos colgados de los barrotes, así, con un p…

El escritor persistente

Que no, Cristóbal, que aunque a veces nos creamos superiores, la verdad es que no está todo inventado. Te lo digo como lo pienso. Siempre hay alguien que se descuelga con una idea de lo más original, como el escritor canadiense YannMartel que se ha tomado muy en serio el encomiable trabajo de enviar cada semana un libro al primer ministro de su país con la intención de que se vuelva una persona menos cerril a través de la lectura. O una persona de mejor talante, ya que estamos. El escritor le ha mandado ya al primer ministro de Canadá libros como Crónica de una muerte anunciada o El principito, y los acompaña de una nota, además, en la que destaca los valores de las obras que regala semanalmente a su presidente. No tengo ni idea de cómo será el primer ministro de Canadá, Cristóbal, de hecho, te lo confieso, ni siquiera sé cómo se llama, pero me parece muy bien eso de mandar libros a los políticos. Aquí, en España, quedan tres me-ses mal contados para las elecciones, conque tal vez no …

Internet

Cristóbal, ya sabes que tú y yo nos comunicamos mucho por correo electrónico, o vía mail, como dicen los modernos o los cursis, que la mayoría de las veces viene a ser lo mismo: lo de modernos y cursis, quiero decir. La verdad es que esto del correo electrónico facilita mucho las cosas, igual que Internet es una herramienta estupenda si uno la sabe utilizar. Lo que ocurre, querido Cristóbal, es que la palabra escrita adquiere casi siempre un valor incuestionable, y la red, qué quieres que te diga, a veces me da la sensación de que es una viña sin vallar, un saco en el que todo cabe, y donde como te digo, la información, por el hecho de estar escrita adquiere algo así como un valor de Ley que a veces no se corresponde con la realidad. Y a veces me hace gracia, Cristóbal, cuando veo al dependiente de unos grandes almacenes suspirar resignado cuando le llega un cliente que se ha empapado por Internet del aparato que quiere comprar, o a los pobres médicos en las consultas, hasta el gorro …

Las braguitas de Heidi

Oye, Cristóbal: hoy te voy a confesar una cosa, hombre. Me da vergüenza y todo, pero bueno, en la radio tenemos que decir la verdad: soy un pervertido. Sí, Cristóbal, te lo digo de verdad: un pervertido, pero no ahora, sino desde hace muchos años, desde que era muy pequeño. Si hago memoria, tal vez el problema empezó antes incluso de hacer la Primera Comunión. Pero no me acabo de dar cuenta hasta ahora, fíjate, treinta años después, y ha sido la corrección política de los turcos lo que me ha abierto los ojos. Porque estoy seguro de que sabes que en Turquía han censurado las braguitas de Heidi, para que los escolares no las vean. Ya sabes, Cristóbal, Heidi, la niña de la caritaredonda y el pelo corto, con dos mofletes como dos manzanas coloradas que corría por las montañas de Suiza con Pedro, el abuelito y la cabra. Y menos mal, Cristóbal, porque la censura de los turcos me ha quitado un peso de encima. La mar de aliviado que me siento porque los niños turcos se van a librar del trauma…

Entrevista en La Voz de Cádiz

La España de Cuéntame

Cristóbal, no sé si te he contado alguna vez que hay una serie de televisión que a mí me gusta mucho. Se trata de Cuéntame, que, pese a sus detractores, me parece una mirada más que lúcida sobre el pasado reciente. Las tribulaciones de la familia Alcántara, que lucha por salir adelante durante los últimos años de la Dictadura. En los últimos episodios la serie está ambientada en noviembre de 1975, ya sabes, cuando Franco se murió. Yo era muy pequeño para acordarme, pero seguro que mucha gente recuerda la angustia de aquellos días, cuando la gente se dividía entre los que querían que el dictador se muriese de una vez y aquellos que hubieran cambiado años de su vida para que Franco durase eternamente.
Y me da la sensación, Cristóbal, que los españoles no hemos cambiado demasiado desde entonces. A veces veo con tristeza que seguimos atrincherados en dos bandos antagónicos, que la ultraderecha está viviendo uno de sus momentos más dulces en nuestro país, que cada vez hay más descerebrados …

Hugo Chávez

uerido Cristóbal: mira, a mí algunos personajes hasta me hacen gracia. Te lo di-go de verdad. Que sí, hombre. A ciertos tiranos, si los miras como unos personajes aca-ban haciéndote gracia, a pesar de que hayan sido unos asesinos: con un poco de imagi-nación, Fidel Castro parece entrañable, haciendo flexiones con su chándal en La Haba-na, como un jubilado cualquiera que está de vacaciones con el Inserso. Pero lo de Hugo Chávez, será porque todavía le quedan muchos años para tener ese aire apacible de ju-bilado, no lo trago. Vamos, que pienso en que en España tuviéramos que zamparnos uno de esos programas en los que está ocho horas dándole la tabarra a los espectadores y la verdad es que me dan ganas de exiliarme.
Y ahora, de vuelta en su país, cuando le han preguntado por la intervención del rey Juan Carlos en la cumbre del otro día, no se le ha ocurrido otra cosa que sacarse de la manga quinientos años de genocidio, de tener que callarse la boca delante de los re-yes españoles. Y es …

Huelga de guionistas

Cristóbal, hoy me voy a poner corporativista, sí, corporativista, aunque me pille muy lejos y aunque yo no sea guionista. Y es que, querido amigo, esto de juntar letras es mucho más esforzado de lo que parece, y los que escriben en Estados Unidos, los que escriben guiones para el cine, para las series o para los programas de televisión, han dicho hasta aquí hemos llegado y han tumbado los lápices. Y hasta que no han protestado, Cristóbal, la gente no parece haberse enterado muy bien de lo importantes que son quienes se ponen a pensar, a imaginar historias, a crear personajes y diálogos que luego los actores darán vida. Tan importantes son, Cristóbal, que parece que se avecina una catástrofe si el asunto no se arregla, porque, sin guión, como sabes, no hay película ni programa que resista. Y en España el nivel de los que escriben para el cine o para las series de la tele es bastante bueno, pero el otro día, en un programa, Cristóbal, cuando me enteré de lo que cobraba un guionista cua…

Esperanza de vida

Oye, Cristóbal, no veas lo contento que me he puesto. Me he enterado esta semana de que la media de vida de los españoles acaba de subir hasta los ochenta años, fíjate, para los hombres, y algunos más para las mujeres. Ochenta primaveras, que se dicen pronto. Y, ya te digo, me he puesto contento, y seguro que los oyentes y tú también, Cristóbal, porque, qué quieres, a medida uno va cumpliendo años se alegra de que la esperanza de vida se vaya alargando un poco, para poder arañar algún tiempecito más a esta puñetera existencia, que a pesar de las cosas malas que tiene, que son muchas, nos gusta tanto.
Pero, si te digo la verdad, querido amigo, estoy seguro de que los que más contentos se tienen que haber puesto con esto de que se alargue un poco la esperanza de vida son los bancos. Sí, Cristóbal, los bancos, los de siempre. Con los pisos cada vez más caros y las hipotecas cada vez más desorbitadas, los treinta o los cuarenta años que necesitamos para pagar nuestra vivienda, si aumenta l…

Cobardes

Pues sí, Cristóbal, yo también he visto las imágenes del vagón del tren en Barcelona donde un malnacido golpea a una muchacha por ser ecuatoriana. El motivo, a estas alturas, la verdad es que incluso resulta irrelevante. El caso es que la golpea, le da una patada, la insulta, el valiente. Pero por desgracia, querido amigo, estamos ya tan acostumbrados a ver estas cosas que la violencia ha dejado de resultarnos ajena, y lo que más inquieta, fíjate, es lo que se veía en una esquinita de la imagen, un tipo serio, sentado muy recto en su asiento, mirando para otro lado mientras el energúmeno le daba de tortas a la muchacha. Este chaval, Cristóbal, estaba a lo suyo, como si no pasara nada y, ya te digo, es su miedo lo que más me inquieta. Uno no sabe hasta qué punto el instinto de supervivencia puede empujarnos a la cobardía, pero lo cierto es que me preocupa pensar que en un momento dado podamos llegar a ser tan cobardes: yo, tú, cual-quiera de los oyentes.
 o de que el otro, el agresor, a…

Apocalipsis

Bueno, Cristóbal, pues no, parece que no ha llegado el apocalipsis, ni por lo de las banderas la semana pasada, ni porque hayan quemado fotos del Rey o de CarodRovira. Fíjate, ni siquiera se ha parado el mundo porque a BorisIzaguirre le tocara el otro día la pedrea en el Premio Planeta. Cosas más raras se han visto, aunque tampoco muchas, la verdad. Lo que quiero decirte, querido amigo, es que al final, aunque algunos periodistas se empeñen en querer convencernos de lo contrario, las cosas no están tan mal. Que porque a unos energúmenos descerebrados ―que lo son, y ya lo he dije hace un par de separatas, creo― les haya dado por poner un mechero debajo de las fotos del rey España no corre peligro de desintegrase; y porque otros pocos idiotas ―la imbecilidad no en-tiende de idelogías― hayan hecho lo mismo con las fotos de CarodRovira no vamos a pensar que todos los españoles somos anticatalanes. Vamos a poner las cosas en su sitio, hombre, porque el problema Cristóbal, es que hay muchos…

Correos

Querido Cristóbal: el otro día vi un reportaje en un telediario que me llamó mucho la atención. Una cámara de televisión seguía durante varios días el recorrido de una carta, desde el mismo momento en que una mujer la escribía, sentada a la mesa de su salón, el camino hasta el buzón, el cartero que la recogía, cómo se almacenaba en Correos, cómo se entregaba a su destinatario ―el hermano de esta señora―, que abría el sobre con ilusión y la leía. Y, lo curioso, Cristóbal, y lo triste también, es que mandar una carta sea noticia. Parece, Cristóbal, que ya casi lo único que se manda por correo son extractos bancarios, publicidad, citaciones judiciales o malas noticias. Nos hemos acostumbrado al correo electrónico, que es más rápido, más cómodo. Basta con apretar un botón para enviarte desde mi despacho las separatas que sabes que me gusta que tengas antes que los oyentes, y eso, aunque está muy bien, nos ha vuelto más perezosos, querido amigo. Tengo claro que se trata de una batalla perd…

Las fotos del Rey

Cristóbal, si te digo la verdad, yo no sé adónde nos va a llevar esto, lo de esta moda de quemar fotos del rey para reivindicar no sé que ofensa que han hecho los Borbones a Cataluña desde hace unos cuantos siglos. No te digo a corto plazo, que supongo que aparte de por unos energúmenos incultos, no hay que preocuparse por mucho más, pero a largo plazo, Cristóbal, la verdad es que no sé qué decirte. Algunos políticos y algunos periodistas tienen mucha mala leche y muy poca memoria, tanto que hasta el rey ha tenido que recordarlo el otro día y decir, oye, parece que no os acordáis, des-agradecidos. A mí, Cristóbal, el fervor monárquico nunca me ha salido por las orejas, pero las cosas como son: estoy seguro de que sin el rey las cosas no hubieran sido las mismas en España en los últimos treinta años. No hay más que mirar atrás. Pero, ya te digo, hay gente que parece tener muy poca memoria o que espera atrapar algún pez en este río revuelto de las elecciones que se avecinan.
 Y es que a…

Las dos Españas

Cristóbal, no sé si viste a nuestro presidente, a Rodríguez Zapatero, el otro día, sonriendo del brazo de Emilio Botín, el banquero. Los dos trajeados y muy contentos, porque a Zapatero le pasa lo mismo que Aznar, aunque no lo diga de la misma manera: que piensa que España, a pesar de todo, va tan bien que no entiende por qué la gente se queja tanto. Será por vicio, supondrá nuestro presidente. Y es que las familias españolas, Cristóbal, según nuestro presidente, no van a tener ningún problema en afrontar la subida del euribor porque nuestro nivel de renta es, ya te digo, según nuestro presiden-te, cada vez mayor y no lo vamos a notar. Y yo, Cristóbal, no sé muy bien a qué España se refiere Zapatero, tal vez a una España virtual, o a un país que se llama igual que el mío pero habita en una realidad paralela, en otra dimensión, como en esas novelas de ciencia ficción que me gustan tanto. La misma España, será, supongo, en la que los cafés cuestan ochenta céntimos.
 Y aturdido estaba por…

Perros

Cristóbal, os escuchaba el lunes en el programa contar que en Nueva York hay un programa de radio de varias horas diarias en el que sólo emiten música para mascotas. Y, si te digo la verdad, hace dos o tres semanas habría fruncido el ceño, estupefacto al pensar que se trataba de una broma, pero después de lo de la herencia de Leona Helsmley, lo del programa de radio para mascotas ya no puede sorprenderme. Qué quieres que te diga. La señora Helsmely, que se ha ido al otro barrio el mes pasado sin poder llevarse su fortuna de más de cinco mil millones de dólares ―que aunque ahora el cambio favorezca al euro todavía sigue siendo mucho dinero― ha dejado sin un centavo a dos nietos avariciosos pero le ha dejado a su perrito doce millones de dólares para que pueda pagar la luz en su fabuloso apartamento de Manhattan. Fíjate, Cristóbal, este perro ni siquiera va a tener que aprender a rellenar los boletos de la primitiva, como ese del anuncio de la tele que me hace tanta gracia. Yo me lo ima…

Guarros

Cristóbal, hoy, para despedir la temporada, voy a dedicarle esta separata a unos cuantos ignorantes. Bueno, unos cuantos no: por desgracia son muchos más que unos cuantos. Pero bueno, como siempre tengo la esperanza de que alguno de ellos me escuche cuando estoy hablando delante del micrófono, a lo mejor lo que digo no cae en saco roto. Lo que yo quiero explicarles a estos ignorantes, Cristóbal, es que hay unos cubos con unas bolsas de plástico dentro y unos armatostes verdes, de plástico también, que sirven para echar basura. Que las papeleras y los contenedores no son la última obra de un artista de esos tan raros, y que no están de adorno en la calle. Que los coches tienen una pequeña bandeja, más o menos a la altura de la palanca de cambios, que se llama cenicero, y que sirve para echar las colillas, el envoltorio de un chicle, o el mismo chicle, fíjate, cuando ya se ha quedado sin sabor de tanto masticarlo. Y que estas bandejitas, los ceniceros, quiero decir, las puede uno vaciar…

George y el sexo

Querido Cristóbal: como ya te dije hace un par de semanas, a mí me gustan mucho los documentales, y todo eso de los animales y la naturaleza me emociona, así que te puedes imaginar que ando preocupado estos días por la tortuga George. La tortuga George, si no sabes quién es, yo te lo explico ahora mismo. Verás, Cristóbal, George no es una tortuga, sino un tortugo, o como quiera que se llamen los machos de la tortuga, bueno, una tortuga macho de los de toda la vida, ya sabes, bañándose en las islas Galápagos a sus ochenta primaveras, que si hay que ver el calor que da el caparazón y todo eso, y los biólogos preocupados porque el pobre animal no se quiere aparear, Cristóbal, ni a la de tres. Y no es porque haber llegado a los ochenta años le suponga un problema, que eso para una tortuga que todavía puede vivir otros doscientos años más no es excusa, sino porque aunque le pongan a una hembra sin caparazón delante, el animal no se arranca. Pero nada Cristóbal, que a la tortuga ―o al tortu…

Superguay

Cristóbal, qué quieres que te diga. Pues te voy a decir la verdad. A mí, a estas alturas, me duelen los oído ya. Y estoy harto, te lo tengo que contar, querido amigo, porque voy a reventar, de la palabra super, de la palabra guay, y de la gente que está todo el día con el puñeterosúper en la boca, cansado de la gente que la única manera de expresar su admiración por algo es con la palabrita guay, y, bueno, espérate, que hay mucha gente, seguro que tú también te toparás con más de una docena cada día, cuya máxima expresión de felicidad es, superguay.
 Yo antes creía que era por los planes de estudio, ya sabes, por esos libros de texto que ahora parecen tebeos y que dado como hablan los jóvenes no deben de servir para mucho. Pero será que me voy haciendo viejo y cada vez me estoy volviendo más cascarrabias, Cristóbal, porque hay gente no tan joven, gente con estudios y con trabajos envidiables que ha olvidado que se puede decir el muy de toda la vida para matizar que algo es más que boni…

Cazadores

Cristóbal, yo soy de esas pocas personas que dicen que prefieren los documentales de la 2 antes que El Tomate, y que además los ven. No sé si será por algún trauma infantil o por alguna vieja ilusión frustrada, pero me siento delante de la tele y se me pasan las horas viendo a los leones y a los tigres, a los elefantes y a las cebras, a los osos polares y a los pinguinos emperador, que recorren las planicies antárticas con flema digna de nobleza británica. Y cuando una cámara se mete debajo del agua y contemplo cómo una ballena se mece sobre el fondo de mar para buscar comida, te aseguro que me emociono igual que si fuera yo mismo el que estuviera bajo el agua con unas gafas de buzo y una botella de oxígeno a la espalda, algo que, como sabes, también me gusta mucho.
 Y el otro día, entre documental y documental, medio dormido viendo las noticias, me topé de bruces con un reportaje sobre la caza en África. Ya sabes, tipos con mucho dinero y mucho tiempo libre, con sombreritos ridículos …

La última jornada

uerido Cristóbal: esto se acaba. No te creas que me he vuelto apocalíptico por culpa del calor, qué va. Me refiero a la Liga. Este domingo va a ser el desenlace y, como en las buenas historias de intriga, el campeonato no se va a resolver hasta el último momento. Y no se va a resolver, Cristóbal, ni por arriba ni por debajo. El Sevilla todavía puede ganar el campeonato si se produce alguna carambola, y el Betis puede salvarse sólo con ganar el partido. Yo creo que el Betis tiene más fácil salvarse que el Sevilla ganar la Liga, pero nunca se sabe.
 Mientras tanto, querido amigo, el espectáculo es divertido: media ciudad deseando que su equipo se salve y la otra media esperando que pinchen el Barça y el Madrid y que su equipo le gane al Villarreal. Hasta yo, que nunca he sido demasiado futbolero, conectaba la radio el pasado fin de semana mientras conducía, y este domingo pienso volver a hacerlo. Y es que a veces te sorprendes a ti mismo haciendo estas cosas, Cristóbal, mirando las págin…

Los nuevos piratas

Oye, Cristóbal, la semana pasada se estrenó la película Piratas del Caribe III, y los dueños de las salas de cine, los distribuidores y los productores deben de andar frotándose las manos y contando los doblones que les van a reportar las aventuras del ambiguo JohnnyDepp, el blandengue Orlando Bloom, y la escuálida pero bellísimaKeiraKnigthley. Pero mientras esto sucede, querido amigo, unos piratas del siglo XXI, más avispados y con menos escrúpulos, nos han birlado cerca del Estrecho un fabuloso teso-ro que llevaba siglos esperando en el fondo del mar hasta que los GPS y la tecnología pudieran ponerse al servicio de los nuevos piratas.
 Y a mí, los piratas, Cristóbal, fíjate, históricamente siempre me cayeron simpáticos. Pero bueno, eso me pasa por haber leído de muy niño La isla del tesoro. Me gustaban esos sinvergüenzas de toda la vida, los de pata de palo, pañuelo en la cabeza y parche en el ojo, esos que pilotaban barcos en cuyo palo mayor ondeaba una bandera que con sólo imaginar…

Libros de Historia

o que te digo siempre, Cristóbal: que no salgo de mi asombro. Será porque yo, hasta el otro día, no me había molestado nunca en mirar los libros de texto con los que estudian los chavales de ahora y pensaba, ingenuo de mí, que los estudiantes todavía iban al instituto cargados con esas maletas tan pesadas, con libros de 400 o 500 páginas el que menos. Pero mi sobrino, con dieciséis primaveras recién cumplidas, me sacó la otra tarde de mi imperdonable error: me enseñó su libro de Historia, y te juro que estuve a punto de echarle una bronca por haberle arrancado las páginas. Pero que va, Cristóbal: el chaval me aclaró el asunto. Su libro de historia tiene apenas 150 páginas mal contadas, con letra grande y con ilustraciones, y como sabes que, cuando de escritura se trata, soy un gran admirador de la brevedad, lo primero que se me pasó por la cabeza fue elogiar el esfuerzo de las editoriales de libros de texto por sintetizar en 150 páginas lo que antes se contaba en 400.
Perdóname, queri…

Paris Hilton

ira, Cristóbal: como desde lo de la Pantoja me he aficionado a las noticias de la prensa rosa, he terminado enterándome de que a ParisHilton, la heredera pizpireta del imperio hotelero, la van a meter 45 días en prisión. Por lo visto a la muchacha la han pillado conduciendo con el carnet caducado y va a dar con sus tiernos huesecitos en la cárcel. Resulta que el año pasado también la sorprendieron conduciendo borracha y la condenaron a año y medio de libertad condicional, que por lo visto ahora ha violado al tener el carnet de conducir ca-ducado.
 Y, la verdad, querido amigo, te voy a decir una cosa: Estados Unidos, a pesar de todos sus defectos ―que son muchos, y sabes bien que yo soy el primero en alzar la voz―, a veces me parece un país admirable. Me lo parece por estas cosas, porque alguien que se salte las leyes, por muy ParisHilton que sea, pueda ir a la cárcel. En España, cualquier conductor borracho puede saltarse un semáforo y atropellar a un peatón y dormir tranquilamente en…

El ayuno de Julián Muñoz

Oye, Cristóbal: estoy que no vivo desde que JuliánMuñoz se ha puesto en huelga de hambre. Preocupado me tiene el hombre. El exacalde de Marbella, empeñado en imitar a De JuanaChaos, ha dejado de comer, el pobre, y no veas la ternura que me despierta. Igual que cuando lo veo en esas imágenes que han puesto estos días en la tele, dándose un baño de masas cuando era alcalde, estrechando la mano de los marbellíes y diciendo ―te lo juro, Cristóbal, cada vez que lo veo me quedo clavado en el sillón―: “Los golfos a la cárcel, los golfos a la cárcel”, como si la corrupción, los chanchullos o el dinero desaparecido no tuvieran nada que ver con él.
 La verdad es que si uno no tiene nada mejor que hacer a la hora de la siesta, me vas a permirtir, querido amigo, que recomiende a los oyentes que vean el Tomate. De verdad, pones la tele por la tarde y es más interesante que el telediario. Es más, ¿sabes lo que te digo?: que como siga el asunto de Marbella dando guerra me da la sensación de que la ge…

Darwin

Querido Cristóbal: me he estado acordando estos días de una vieja película que me gustó mucho cuando la vi, hace años: La herencia del viento. No sé si la habrás visto. Tal vez sí, o, si no, seguro que alguno de los oyentes sí. Era la historia ―la historia real, por cierto― de un profesor de Biología de Tennessi, al que, en las primeras décadas del siglo XX, llevaron a los tribunales por enseñar a sus alumnos la Teoría de la Evolución de Darwin en lugar de acomodarse a referir a sus pupilos lo mismo que la Biblia nos venía contando durante los últimos veinte siglos.
 Y a veces uno cree, Cristóbal, que las cosas han cambiado. Y no lo digo porque ahora tengamos teléfonos móviles e Internet, sino porque hace un par de semanas leí con gran felicidad la noticia de que mirando el cielo los astrofísicos han descubierto un planeta que se parece bastante a la tierra y en el que podría haber vida incluso. Uno piensa, querido amigo, que si el hombre ya es capaz buscar un planeta como el nuestro e…

Los antitaurinos

Querido Cristóbal: como sabes, a mí ni el fervor religioso, ni las procesiones, ni siquiera los farolillos de la Feria me encienden el alma, pero hoy voy a romper una lanza a favor de los toros, fíjate, de las corridas. Ya sabes que el ánimo está un poco revuelto estos días, con la temporada en su punto más alto en la Maestranza y los antitaurinos con pancartas en el Paseo Colón. Que si más Cultura y menos tortura, o algo así. Yo mismo lo vi el viernes pasado. No eran muchos la verdad, y se comportaban con bastante civismo.
 Y el caso es que yo voy de vez en cuando a la Maestranza para ver una corrida, Cristóbal, y te aseguro que, desde la primera vez que fui, cada vez que me asomo a la arena de la plaza siento la misma felicidad al ver el albero naranja, el colorido del tendido, la misma emoción al escuchar al toro inmenso, majestuoso, resoplar en mitad de la plaza y un nudo en la garganta cuando suena la música en mitad de una buena faena. Yo no sé si tendrá valor lo que digo, querid…

Carta a un malnacido

Querido Cristóbal: hoy no te voy a contar esta separata a ti, ni a los oyentes. No. La carta de hoy se la voy a dedicar al malnacido que me adelantó la otra noche, en una curva, como si la línea continua no existiera o como si las luces del coche que venía de frente no fueran más que un espejismo. Como pude frené y me hice a un lado, conteniendo la respiración, mientras el conductor que venía de frente giró bruscamente para no toparse con el valiente al que, no te voy a mentir querido amigo, no le deseo nada bueno.
 Así que este comentario de hoy se lo brindo a él, Cristóbal, que a lo mejor nos está escuchando. Se lo dedico a quienes son como él: a los que adelantan en los cambios de rasante, a los que no tienen reparos en ponerse al volante de un coche estando borrachos, a los impacientes que no pueden esperar a que los semáforos se pongan en verde para atravesar un cruce, a los que te dan ráfagas en la autopista, pegados al culo como si les fuera la vida en llegar cinco minutos ante…

El mundo de los políticos

Querido Cristóbal: como sabes bien, después de tanto tiempo compartiendo micrófono, a mí los políticos me interesan bien poco. De hecho, procuro no guardar en la memoria los nombres de los ministros y me esfuerzo en no aprenderme los nombres de los concejales ni de los diputados. Siempre he pensado que los políticos, gobiernen o no, viven en un mundo y nosotros ―tú, yo, los oyentes que nos escuchan ahora― en otro que no tiene demasiado que ver.
 Te cuento esto, querido amigo, porque el otro día estuve viendo en la tele al presidente sometido a las preguntas de la gente. No sé si lo habrá hecho porque su valor o su inconsciencia son admirables o porque no le ha quedado más remedio que comparecer ante las cámaras y con los ciudadanos, con la que está cayendo. Y ver el programa ha confirmado mi teoría, Cristóbal, que los políticos parecen vivir en otra dimensión, como si se hubieran colado a bordo de una nave espacial en uno de esos agujeros negros del espacio y se hubieran instalado en u…

El castillo de Drácula

Querido Cristóbal: ya sabes que en los tiempos que corren no es fácil que los mitos puedan sostenerse con la misma fuerza que antes, que con tanta telebasura y tanto famosillo advenedizo en la tele es difícil que uno tenga referentes a los que admirar. Y ahora que me he enterado de que el castillo de Drácula se ha puesto a la venta en Rumanía me ha dado por pensar que no es que se nos estén cayendo los mitos, sino que al mismísimo conde transilvano se le han empezado a caer los colmillos sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo.
 La cuestión es, Cristóbal, que el actual propietario del castillo de Bran, que así se llama el castillo de VladDracul, aquel al que le gustaba almorzar viendo a sus enemigos empalados en el patio, lo ha puesto a la venta porque no puede hacer frente a los gastos de mantemiento de las 56 habitaciones con las que cuenta la fortaleza. Parece que la calefacción no funciona, querido amigo, y uno no puede dejar de pensar en Christopher Lee o en GaryOldman tirita…

Las víctimas

Cristóbal, ahora que el etarra De Juana está por fin en su tierra y parece que por fin se alimenta de tortilla, parece que a algunos presos les ha dado por imitar su gesto y dejar de comer, a ver si el gobierno tiene con ellos la misma buena voluntad que con el vasco. Y, la verdad, Cristóbal, como me da la sensación que hablar del asunto de De JuanaChaos es como caminar descalzo haciendo equilibrios por el filo de una navaja, y sé que se puedo ofender a más de uno, he preferido levantar un poco la vista y mirar un poco más allá, a los políticos, Cristóbal, a los que con la nariz tapada o mirando para otro lado defienden su excarcelación o a los que han animado a los españoles a salir a la calle. Y lo cierto es que en medio de unos y de otros, aunque hayan apoyado uno de los dos bandos, Cristóbal, yo creo que se han quedado las víctimas, en tierra de nadie, porque, ¿sabes lo que pienso, querido amigo?, que en todo lo que está pasando quizá lo que menos les importe a muchos políticos se…

Las hordas españolas

No te vayas a creer que se me ha puesto en rojo el cuentarevoluciones del sentimiento patriótico porque antesdeayercelabramos el día de Andalucía, Cristóbal, que va. Con tantos conceptos, ya sabes: que si patria, nación o realidad nacional, si te digo la verdad, ya empiezo a estar un poco harto del asunto. Al menos yo, lo que tengo claro, Cristóbal, es que soy español, vamos, eso es lo que dice mi DNI. Y sin que el fervor patriótico me quite el sueño, querido amigo, hoy le voy a cantar las cuarenta, o las que hagan falta, al presidente de los gabachos, o sea, de los franceses, al señor Chirac, que hace pocos días se mostraba muy orgulloso de no haber participado en los fastos del 92 porque a él la conquista de América por parte de nuestros aguerridos ancestros le parece de lo más brutal que se ha visto en los últimos quinientos años, por lo menos. Si me dejaras tiempo, Cristóbal, me podría llevar un rato de aquí hablando de la Historia, de las circunstancias tan diferentes en las que …

La abstención

Bueno, Cristóbal, pues ya se ha votado el estatuto de Andalucía, y, yo no sé cómo lo verás tú, pero desde mi humilde punto de vista, la cosa está, literalmente, para partirse de risa. Apenas treinta y seis de cada cien andaluces han metido la papeleta en la urna el domingo pasado, y aunque algunos periódicos y políticos se empeñan en decir que el sí ha ganado de manera abruma-dora ―por cierto, que ya hay que tener cara para decir algo así― a mí, como te acabo de decir, todo esto me suena a cachondeo. No sé tú, Cristóbal, ni los oyentes, y no lo voy a preguntar, pero yo he sido de los que no se molestó el domingo en ir a votar. He escuchado a algún político decir, antes y después del referendum, que nuestra obligación como ciudadanos era ir a las urnas. Alguno lo ha defendido con muchas ganas desde estos mismos micrófonos, Cristóbal. Pero, ¿sabes una cosa?. Consignas políticas aparte, que a mí me resbalan bastante, si te digo la verdad, te voy a decir una cosa: no ir a votar es también…

Lo frágiles que somos

o sé si te lo he contado alguna vez, querido Cristóbal, pero una de mis principales inquietudes cuando comienza la semana es pensar algo interesante con lo que castigar a los oyentes de Protagonistas, y a ti, en la separata de los viernes. Y esta semana la actualidad se presentaba jugosa: desde el bochorno que nos hacen pasar los dirigentes del Betis y del Sevilla hasta la huelga de hambre del etarra De JuanaChaos y la gente que se empeña en convencernos de que se trata del presidente de una ONG en lugar de un terrorista, pasando por el desfile del flamante y musculado novio de la Obregón en la pasarela Cibeles. En eso andaba el lunes por la mañana, como te digo, sin acabar de decidirme por hincarle el diente a ningún tema porque todos consiguen que la adrenalina me fluya por igual, cuando la tierra empezó a temblar, los cristales a moverse y las paredes a sacudirse, como si en lugar de en mi despacho estuviese dentro de una atracción de la Calle del Infierno. Después he sabido que e…

La cumbre de la OTAN

Otra vez me ha pillado, Cristóbal, otra vez por sorpresa. Mira que en junio hará cinco años que pasó, pero otra vez he vuelto a tropezar en la misma piedra. Todo me pasa porque, a pesar de que soy colaborador de un medio de comunicación, no presto atención a las noticias como debería. El viernes pasa-do me pilló el primer atasco, como a miles de personas, al venir a Sevilla desde el Aljarafe. Si no teníamos bastante con la lluvia, las obras del metro o los accidentes por culpa de los impacientes que se te pegan al culo en el carril izquierdo dándote ráfagas con las luces, a los ministros de los países de la OTAN no se les ha ocurrido nada mejor que reunirse en Sevilla, y ahora las carreteras se han llenado de guardias civiles con las pirulas encendidas y las metralletas colgadas al hombro, mirándote desde el pasamontañas con desconfianza.
Pues eso, lo que te decía al principio, querido amigo, que éramos pocos y parió la abuela. Que esta gente, los jerifaltes de la OTAN, se reúnan en Se…

Elecciones

Todavía no ha empezado oficialmente la campaña electoral, Cristóbal, pero con tanta fotos y tantos tira y afloja ya empiezo a estar harto. Yo no sé a los oyentes, o a ti, Cristóbal, pero a mí, la verdad es que cada vez me cuesta más diferenciar a unos candidatos de otros. Todavía no hay carteles en la ciudad, pero los veo en la tele o en los periódicos, querido amigo, a los candidatos que de pronto parecen haber perdido el sentido del ridículo y me parecen todos iguales: tan repeinados, las sonrisas de niños buenos, las expresiones de aparente determinación, la parafernalia y el esfuerzo destinados a caernos bien, a convencernos de que les votemos, y me parecen todos iguales. Los miro y me recuerdan a esos niños caprichosos que conceden una tregua a sus padres y se portan bien durante un rato para conseguir lo que quieren, a esos maridos infieles que prometen no volver a faltar a sus deberes conyugales para conseguir un beso o una caricia. Será que cada vez soy más escéptico, más desc…