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Mostrando entradas de junio, 2008

Democracia

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Yo no sé quién dijo aquello de que la democracia no era perfecta pero que al menos era el menos malo de los sistemas políticos. Es una frase que cualquiera de los que estudiábamos EGB durante la Transición tuvimos que escucharla más de una vez. Habían sido cerca de cuarenta años de veneración a Franco, así que los últimos años setenta la gente no debía de tener muy claro todavía qué significaba aquella palabra que a todo el mundo le colmaba la boca, como el sabor de un dulce recién descubierto, si era tan bueno como decían o si al final se nos iba a cortar la digestión. Lo que sí parecía era que la democracia nos dejaba a todos a la misma altura, nos hacía iguales, y por fin podíamos votar. Yo todavía era un niño, pero bueno, no hay más que asomarse de vez en cuando por los capítulos de Cuéntame.
Con el tiempo uno ha ido cumpliendo años, como todo el mundo, y ha podido votar unas cuantas veces, y ha comprobado también que es verdad, que, al cabo, la democracia no es perfecta, pero sí q…

El ministerio de la gilipollez

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Oye, Cristóbal, vamos a ver cómo te lo digo. Yo quería dejar correr el asunto de que tenemos una ministra cuya imaginación parece inversamente proporcional a su cultura -no hace falta que te explique por dónde se inclina la balanza-, y como estas semanas han sucedido algunas cosas que me han tocado más la fibra sensible -o cínica, si lo prefieres- se me pasó el arroz con ese asunto de los miembros y las miembras. Pero es que ahora me he enterado de que BibianaAído, la pizpireta ministra de Igualdad, ha anunciado un proyecto de creación de bibliotecas sólo para mujeres. En fin, querido amigo, como me he quedado bloqueado después de enterarme no he podido leer la noticia completa, y aquí me tienes, sin saber si el proyecto en cuestión significa que se van a construir unas bibliotecas donde sólo puedan entrar mujeres o si de una biblioteca donde sólo puedan encontrarse libros escritos por mujeres. Aunque, como me voy haciendo mayor, cada vez me extraño de menos cosas, y pueden ser ambas …

Niños de tiza

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Niños de tiza
David Torres
Editorial Algaida
XXX Premio Tigre Juan de Novela


El regreso de Roberto Esteban



Ocurre con algunos libros. No con la mayoría, por desgracia; pero sí con unos cuantos, por suerte. Llegan a tus manos por esa cosa tan rara que es el azar, o la suerte, o como se quiera llamar. De pronto los abres, sólo por curiosidad, y cuando te has zampado la primera página ya sabes que ése sí va a ser uno de los libros que te van a gustar, uno de los que que nada más empezarlos ya estás seguro de que lo vas a terminar. Con El gran silencio, la novela de David Torres que resultó finalista del premio Nadal en 2003, me sucedió lo que acabo de decir, y a uno, que siempre le ha gustado la atmósfera única del mundo del boxeo y el aroma a fracaso de los perdedores románticos, no le quedó otra que contar entonces, a quien quisiera escucharlo, que acababa de descubrir a un escritor de Madrid que iba a dar mucho que hablar, y bien, en el futuro. Cinco años después uno tiene la fortuna de po…

Uniformes y malos modales

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No voy a ponerme cursi y a decir que el mundo sería mucho mejor sin soldados, sin policías o sin leyes que nos repriman porque eso no me parece más que el mensaje trasnochado de ciertos utópicos pasados de moda hace ya tres o cuatro décadas por lo menos, pero tampoco me voy a reprimir de contar que odio los uniformes, la prepotencia y los malos modales, y que cuando estas tres cosas se juntan -y por desgracia se juntan muchas veces- el resultado es lo más parecido a lo que debía de ser este país cuando en las escuelas todavía se cantaba por las mañanas el Cara al sol, la gente no podía decir lo que pensaba, podían detenerte si estabas reunido en la calle con cuatro o cinco amigos y quienes se adornaban la cabeza con un tricornio parecían poco menos que la guardia pretoriana del Régimen.
El botón de muestra es ir paseando por la calle, por ejemplo, y encontrarte en un fregado en el que un agente del orden te pide el carnet de identidad y resulta que, como vas andando y te has dejado la…

Rafa Nadal

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Pues sí, Cristóbal, Rafa Nadal se ha traído otro RolandGarros en la mochila, y después de haberlo visto repetir la hazaña cuatro veces puede parecer incluso fácil ganar el torneo de tierra batida en París. Pero no es de eso de lo que quiero hablarte, querido amigo, al menos no de eso exactamente. Verás, Cristóbal, yo no he jugado en mi vida al tenis y no entiendo muy bien esas palabras que usan los comentaristas que retransmiten los partidos -que si drive, que si volea, que si tal o que si cual- pero hay algo en este chaval que me deja boquiabierto. Me refiero a su educación, a sus modales. A sus veintidós primaveras recién cumplidas y después de estar dos horas dando raquetazos bajo el sol es capaz de dar una lección de comportamiento, de elegancia, de saber estar o como se diga. Si perder con dignidad es difícil, Cristóbal, mantener las formas al ganar, si además has humillado al adversario, es mucho más complicado. Yo no te voy a contar ahora -ni a ti ni a los oyentes- lo que pasó…

Querido Roosevelt

Esto decía Pedro Domene el otro día sobre El factor Einstein:
Cuadernos del Sur, Diario de Córdoba, 12 de junio de 2008 QUERIDO ROOSEVELT

La obra de Andrés PérezDominguez (Sevilla, 1969) se distingue por ofrecer historias de una austeridad sorprendente y se alejan de todo tipo de efectismos porque, entre otras muchas de sus características, tanto en su temática como en su estructura, carece de ese tipo de elementos superfluos que pudieran relegar estos textos a un tipo de escritura de consumo: el denostado best-seller. Lo apuntábamos en una anterior entrega, La clave Pinner (2004), novela de intriga, misterio o espionaje en la que PérezDomínguez, alumno aventajado de Greene o Le Carré, ensayaba un tipo de relato poco habitual en la narrativa contemporánea. Sus logros hasta el momento van por ese camino: acción, aventura, una trama dinámica, intriga, además de crear personajes dotados de ese profundo sentido de humanidad con que se pueden medir las pasiones de las mujeres…

El niño que leía El Guerrero del Antifaz

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Cristóbal, el otro día vi en las noticias que en Valladolid se ha inaugurado una exposición para homenajear a Manuel Gago. Manuel Gago: su nombre tal vez no te suene mucho, a ti y a los oyentes, pero este señor es el creador de uno de los héroes de mi niñez, y puede que también de la tuya y de la de muchos de quienes ahora mismo me están escuchando hablar por la radio. Me refiero al Guerrero del Antifaz. Porque los tebeos del Guerrero del Antifaz -entonces se llamaban así, tebeos- empezaron a publicarse en los años cuarenta pero se reeditaron continuamente durante varias décadas, con diferentes formatos. Los que yo tuve eran de los setenta, en color, y mi padre me los traía cada viernes. Nunca se lo agradeceré lo bastante. Todavía conservo algunos, y te aseguro que después de haber visto las noticias el otro día ganas me dan de ir a Valladolid para visitar la exposición. Y es que El Guerrero del Antifaz, querido Cristóbal, es uno de nuestros héroes más olvidados por no sé que prejuici…