El camino de los ingleses

Como voy cumpliendo años y cada vez quedan menos cines de los antiguos, con viejas butacas tan grandes, donde casi puedes acostarte para dormir la siesta en verano, olor a madera apolillada y a sótano fresquito, lámparas enormes que recuerdan a los espectadores que una vez, hace mucho tiempo, en ese mismo sitio había un teatro, como un sonajero gigante de cristal que amenaza con caer encima de sus cabezas, me he dado cuenta de que me he aficionado mucho a ver el cine en mi casa. No me gustan las salas multicines, qué le voy a hacer, conque me mantengo con la cuota exagerada de Canal Satélite y las películas que voy grabando y que se me van acumulando en la estantería, junto a los libros que tengo pendientes de leer. Con El camino de los ingleses me ha pasado lo mismo que con otras películas: por la razón que fuera no la vi cuando se estrenó, pasó el tiempo, la pusieron en Canal Satélite, la grabé y la coloqué en la tarrina de los deuvedés pendientes de ver.
Como tengo la misma afición por las playas bulliciosas que por los multicines, cuando llega el viernes dejo el manuscrito que me ocupa -lo de manuscrito no es una cursilería: me gusta escribir a mano el primer borrador de las novelas-, enciendo el aire acondicionado, por la tarde -antes de que empiecen a protestar los guardianes de la Ecología les pediría que se dieran una vuelta por Sevilla en verano, a la hora de la siesta- y me pongo una película. Ayer le tocó a El camino de los ingleses. No había leído el libro de Antonio Soler, así que iba sin saber lo que me iba a encontrar, y sin ningún estúpido prejuicio literario. Cuando alguien me pregunta si me gustó más el libro o la película siempre recurro al chiste manido de las dos cabras que se están comiendo un pedazo de celuloide y una le dice a la otra: pues a mí me gustó más el libro...
A lo mejor porque uno se dedica a inventarse historias que se publican en papel mucha gente piensa que por alguna especie de corporativismo te vas a poner enseguida del lado de los escritores. Pero bueno: quien piense eso es que no conoce, por suerte para él, el mundillo de los escritores, donde el corporativismo no suele ser el valor más destacado. Es más, creo que muchos escritores ni siquiera saben lo que significa.
A lo que iba: que no he leído la novela de Antonio Soler, pero ahora, después de ver la película, me han entrado ganas, porque he disfrutado mucho con ella. Al principio me parecía un poco rara, pero cuando la terminé de ver me afectaba esa cosa tan extraña que es haber disfrutado mucho de algo sin saber muy bien por qué. Aunque, ahora que lo pienso (o que lo escribo), tampoco tiene uno que ponerse a pensar por qué le gusta algo: lo disfrutas y ya está. El camino de los ingleses es una película llena de sensibilidad, de sugerencia. Es la frontera que muchos hemos tenido que atravesar alguna vez para cambiar de vida, para ser otro, para andar por una vereda que no estaba trillada y que no era la que estaba dispuesta para nosotros.
Ya, ya sé que hace mucho que se estrenó, pero bueno, qué importa eso. Al que todavía no le haya vaciado los bolsillos la crisis puñetera y pueda permiterse la cuota de Canal Satélite que se entere de cuándo la ponen otra vez. Y el que no, que se la compre en deuvedé, o que la alquile, o que la robe. Merece la pena el riesgo de cometer un delito para verla.

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2008

Comentarios

  1. Andres, hay un cine como el que describes en Murcia capital, es la filmoteca. Es una sala amplia, huele a humedad y los techos son altos y oscuros. Ir a ver una pelicula alli es puro placer para alguien que ame el cine. Como echo de menos Spain! Un saludo. Emma

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  2. Hola, Emma. En Sevilla también queda alguno, que se mantiene firme, todavía, frente al avance de los multicines. Cuando vaya por Murcia me pasaré por esa sala que dices.
    Un saludo,

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  3. Querido amigo y colega, en ese orden, tampoco he visto "El camino de los ingleses" ni he leído el libro, pero ahora, después de tu artículo, se ha convertido en una asignatura pendiente para mí. Prometo contarte qué me pareció.
    Cierto lo que cuentas, todo lo que dices en tu texto. En este mundillo nuestro se echa en falta el corporativismo, y más aún la alegría y esas reuniones que antes se "llevaban" con levita, sin un duro y un puñado de ilusiones en el bolsillo y, por supuesto, como tú bien describes, pergeñando historias a pluma y papel. Mientras el café de puchero y el pan duro acompañaba la creación de historias.
    El mundo cambia, la vida se deja llevar por el tiempo, pero a lo que los escritores, los auténticos escritores, no nos acostumbraremos nunca es a esa falta de duende que acompaña a algunas gentes y algunos trabajos.
    Te entiendo...
    Antonia J Corrales

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  4. Querida Antonia: a mí la película me encantó. Rebosa sensibilidad, sugerencia, y estas son dos cualidades que valoro mucho en una historia (en papel o en pantalla). Y, como por una de esas casualidades del destino, en Sevilla llevamos unos días donde fuertes tormentas nos sorprenden por las tardes, como en la película, cuyo título para el mercado anglosajó es, no sé si lo sabes, Summer rain.
    Un beso,

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