El hombre tras la cortina

Pues sí, Cristóbal. La semana pasada te quise haber hablado de esto, pero me acosté tarde por la cena del Premio Ateneo de Novela y ya había dicho el jueves a los oyentes que al día siguiente dedicaría mi separata a la ministra de Igualdad. Y bien es cierto que esta semana también podía hablar de la Eurocopa. Que me perdone César, nuestro técnico, a quien le dije que hablaría de fútbol antes de que terminase la competición, pero hoy, aunque ayer ya hablamos de libros, voy a repetir el asunto, y te voy a contar, a ti y a los oyentes, que el jueves de la semana pasada, mientras muchos de los que estábamos cenando en los Reales Alcázares teníamos una oreja puesta en los auriculares de las radios y otra en la voz de la cantante Clara Montes que iba deshojando la margarita del premio que se fallaba esa noche -ya sabes cómo son estas cenas, porque tú has asistido a unas cuantas-, había un amigo mío que debería de andar por ahí mordiéndose las uñas, a lo mejor también por el partido, pero sobre todo porque su novela era una de las que se iban agarrando hasta la última criba. Y aquel día, querido amigo, España le ganó la semifinal de la Eurocopa a Rusia, pero en el Premio Ateneo de Novela de Sevilla también ganó la buena literatura.
Yo a Félix J. Palma lo conocí hace ya muchos años, cuando llevaba ya tiempo escribiendo y todavía no creía mucho en eso de que presentarse a premios literarios podía servir para algo. Él me demostró que sí era posible, y me aseguró que yo también podía vivir de las historias que me imaginaba si seguía escribiendo y concursando. Casi una década después aquí me tienes, Cristóbal. Tú ya me conoces, así que, tranquilo, que no te voy a aburrir hoy hablando de mí, sino de Félix J. Palma. Su nombre te va a sonar mucho a partir de ahora porque su novela El mapa del tiempo se adjudicó el otro día el Premio Ateneo de Novela de Sevilla. A muy poca gente con la que he estado debatiendo sobre la narrativa breve en España no la he animado a que lea algún cuento de Félix J. Palma. Su libro de relatos El vigilante de la salamandra es una de esas pepitas de oro que se encuentran muy de tarde en tarde buscando en las estanterías de las librerías. Yo he disfrutado mucho con sus cuentos -tiene otros tres libros de relatos publicados, y un par de novelas también-, alguno con argumentos tan originales como un hombre que se va vivir al campo y cuya única ocupación es vigilar los movimientos de un reptil; un tipo que una mañana se mira al espejo y se encuentra el reflejo de una mujer estupenda; o un oficinista que con un leve parpadeo es capaz de viajar en un tren eléctrico mágico para darle la vuelta al mundo. Yo, Cristóbal, alguna vez me he referido a Félix cariñosamente como El hombre tras la cortina, el título de un relato suyo en el que una familia se va a vivir a un piso donde hay un hombre viviendo tras la cortina del salón. Y es que a mí Félix J. Palma siempre me ha parecido un poco como su hombre tras la cortina: un tipo que está ahí, sin hacer mucho ruido, pero pendiente de esos detalles que sólo alguien con la mirada muy afilada puede convertir en buena literatura. Aún no he leído su novela ganadora del Ateneo, El mapa del tiempo, pero él me ha contado que trata sobre una empresa que organiza viajes en el tiempo en la Inglaterra Victoriana, una historia en la que salen H. G. Wells, Jack el Destripador o El hombre Elefante. Después del verano la podrá leer mucha gente, y el nombre de Félix J. Palma va a ser uno de los que va sonar con insistencia entre la nómina de los que nos dedicamos a inventar historias. Ya te digo, para quienes no lo conocen todavía va a ser como descorrer la cortina para descubrir a un escritor con un talento enorme.

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2008

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