El síndrome de Mowgli

En junio empecé el primer borrador de una nueva novela. Cada escritor podrá contar la película como le venga, pero para mí el primer borrador es el que más disciplina exige. No es que en los siguientes borradores llueva sobre mojado, que tampoco, pero al trabajar en el primer borrador de una novela, por muchos esbozos que hayas pergeñado previamente, siempre me afectan dos sensaciones encontradas: por un lado, la ilusión de empezar una historia nueva, y, por otro, la incertidumbre sobre si el estilo será el adecuado, si el tono el que más convendrá a la historia, si los personajes estarán los suficientemente bien trazados y las motivaciones que dirigen sus actos serán lo bastante claras, si la historia será coherente. A mí me gusta que las historias que leo sean sólidas y abiertas al mismo tiempo, esto es, que el autor haya explorado todas la opciones hasta encontrar el mejor de todos los caminos posibles, pero también que no me lo den todo hecho, que me hagan pensar, que me dejen espacio para poder completar la historia por mí mismo. Pero bueno, sobre gustos, colores.
Desde el viernes estoy de vacaciones. He completado aproximadamente un tercio del primer borrador, en la radio me han dicho que hasta septiembre los oyentes pueden pasarse sin mis recomendaciones literarias y sin las separatas de cada semana, y mañana, muy temprano, me largo para Austria. Hay unos cuantos sitios que quiero visitar y que tal vez aproveche para esta novela que estoy escribiendo o para alguna historia del futuro. Los viajes son como las lecturas, como las vivencias: es cuestión de ir acumulándolas porque al final siempre puedes tirar de ellas.
Para finales de año me gustaría tener lista esta novela que empecé el mes pasado, pero no sé si será posible. Escribir una novela es un trabajo que requiere mucha concentración y mucha constancia, y aunque en enero he publicado El factor Einstein, en septiembre estará en las librerías otra novela mía, El síndrome de Mowgli, y entonces comenzará otra fase del trabajo literario en forma de presentaciones, entrevistas y promoción. Y eso cuesta mucho compaginarlo con el día a día de la creación literaria. Pero lo intentaré de todos modos. De mis tres novelas publicadas en editoriales comerciales (La clave Pinner, El factor Einstein y El síndrome de Mowgli), tal vez sea El síndrome de Mowgli la que más ilusión me hace ver editada. La escribí justo después de La clave Pinner e inmediatamente antes de El factor Einstein. La editorial que me había publicado La clave Pinner no la quiso. A pesar de que me lo explicaron nunca he llegado a entender muy bien por qué. Seguramente esperaban otra novela con espías, como La clave Pinner, pero yo soy muy cabezota y me había empeñado en hacer algo diferente. Con la negativa todavía fresca y la lección aprendida de que los editores no son como los diamantes -es decir, que no son para siempre- me sumergí en la escritura de El factor Einstein, y, mientras tanto, El síndrome de Mowgli estuvo rozando algunos premios hasta que al final encontró su lugar en el Luis Berenguer. Casi tres años después de que la terminase, en septiembre llegará a las librerías, como he dicho un poco más arriba. Hay una razón para que cuente todo esto: esta mañana me han mandado de Algaida un ejemplar, para que pueda verlo antes de irme de viaje (muchas gracias, Charo). Lo tengo aquí, en mi mesa. Como cada libro, verlo publicado es el resultado de mucho esfuerzo y de mucha paciencia, pero, ya digo, éste para mí es especial. Espero que a los lectores les guste. Claro que sí: a todos los escritores nos pasa lo mismo, lo que queremos es que nos lean. Es la historia de un ex boxeador que ejerce de guardaespaldas, portero de club de alterne y cobrador de deudas imposibles hasta que un día toma la decisión de cambiar de vida. Para ello habrá de buscar a una mujer de la que estuvo enamorado veinte años atrás, cuando era una firma promesa del boxeo, y fugarse con ella a Lisboa mientras el pasado no dejará de perseguirlos hasta el final. No hay espías en esta historia, pero estoy seguro de que quienes hayan leído mis otros libros se darán cuenta de que El síndrome de Mowgli se apoya en los mismos pilares que mis otras dos novelas: el pasado que se proyecta sobre el presente, el amor, la amistad, la traición, la responsabilidad o el sacrificio. Tal vez son estos los temas que me obsesionan. Que el protagonista sea un espía o un ex boxeador es lo de menos. Lo importante, como siempre, son los sentimientos de los personajes. Ya me dirán ustedes.

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2008

Comentarios

  1. NIÑOOOO QUE TENGO MUCHAS GANAS DE TENERLO EN MIS MANOS!!!! ME ALEGRA MUCHO QUE VUELVAS A SACAR OTRO LIBRO Y QUE SIGAS TENIENDO LA ILUSION DE QUE LA GENTE LO LEA. SABES QUE SOY FIEL SEGUIDORA TUYA Y QUE NO LOS LEO POR COMPROMISO. UN BESAZO
    MARIA BUSTILLO

    ResponderEliminar
  2. Hola, María. Pues sí, la ilusión espero no perderla nunca. Y este libro para mí es especial, por razones literarias y extraliterarias. Además, un capítulo enterito sucede en mi querida Sanlúcar de Barrameda, que, como sabes, es lo más parecido que tengo a una segunda casa.
    Un beso grande,
    Andrés

    ResponderEliminar
  3. Al estar recomendado por el blog de José Luis Muñoz, seguramente El síndrome... vale la pena. Voy a tratar de conseguirlo en México.

    ResponderEliminar
  4. Pues será un placer tenerle como lector, Carlos.
    Un saludo,

    ResponderEliminar
  5. Soy un seguidor del boxeo ,mis idolos fuerón Muhamaad Alí y José Legrá y ahora Pernell Whytaker y Sugar Ray Leonard y por supuesto de la literatura y de las mujeres bonitas ,me encantaria leer este libro haber si lo consigo.

    ResponderEliminar
  6. Estimado amigo: pues bienvenido a mi blog, y encantado de tenerlo como lector.
    Un saludo,

    ResponderEliminar
  7. Your blog keeps getting better and better! Your older articles are not as good as newer ones you have a lot more creativity and originality now keep it up!

    ResponderEliminar
  8. Thank you, Anónimo: this was written one year and a half ago. Maybe I am even better now...:)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

François Cluzet