Los tontos del i phone

Cristóbal, no sé cómo decírtelo sin ofender a nadie, pero bueno, que no me guste ofender a nadie tampoco significa que no te vaya a decir lo que me parecen las cosas, y, como estamos todos locos o somos tontos, según parece, lo más normal es querer ser siempre el primero en llegar a cualquier parte o en estar a la última. De tanto ver una cola y apuntarnos, sin saber siquiera qué están repartiendo, nos estamos volviendo unos borregos. Me pasa siempre que veo las noticias manidas del telediario cuando hablan de las rebajas cada enero -por cierto: a ver si algún informativo nos sorprende un día con algo diferente-, con la gente que sonríe a la cámara tras toda una noche pasando frío en la puerta del Bernabéu para ser el primero en tener la entrada de un Madrid Barça, o enseña orgullosa la papeleta para asistir a la primera proyección mundial de la última entrega de La guerra de las galaxias -sí, qué pasa: yo todavía soy de los que dicen La guerra de las galaxias y no Star wars-, y ahora, con tanta crisis y con tanto calor, te aseguro que me entran ganas de apagar la tele cuando veo a tanta gente haciendo cola para gastarse trescientos euros en ese cacharro que debe de ser tan maravilloso y que yo, como soy tan torpe y de pueblo, no sabía que existía hasta el otro día, cuando los compradores se daban de tortas por gastarse diez mil duretes de los de antes para llevarse el iphone ese a casa. Ya te digo, querido amigo: o no hay crisis o es que a muchos el calor del puñetero verano les ha desgraciado los circuitos del cerebro. Yo es que si no, no me lo explico, Cristóbal. Ni lo de las ventajas del aparato ni la razón de las colas, como si en lugar de tener que soltar trescientos euros uno detrás de otro los iphones los despacharan con cupones de una cartilla de racionamiento. En fin, querido amigo: yo no sé si tú tienes uno o también has hecho cola para comprártelo. Si es sí, a ver si me puedes explicar cuando terminenos el programa para qué sirve este cacharro por el que la gente suelta tanta pasta y hace cola. O, si no, que llame algún oyente, por favor, y me saque de la duda, Cristóbal, porque estoy que no duermo, de verdad, pensando en cómo reunir trescientos euros antes de irme de vacaciones, tratando de fortalecer mi mente para pasarme un día haciendo cola, con este calor, en la puerta de unos grandes almacenes.

© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2008

Comentarios

  1. Ya lo dijo Gracián: "Son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen". Sin duda una litaratura sabia, la del Barroco.
    Felices vacaciones, querido amigo...

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  2. Muy sabia, y muy certera. A Cela, cuando le preguntaban cuál de los escritores jóvenes para él merecía la pena, contestaba que el joven Quevedo...
    Igualmente, querido amigo: que lo pases bien, y supongo y espero que sigamos largando fiesta los dos por la radio la próxima temporada.
    Un abrazo,

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  3. Hace unos años, creo que tres, se me estropeó el teléfono móvil. Llevaba con una goma en la tapa bastante tiempo y, a pesar del aspecto que daba, yo iba orgullosa con mi teléfono. Pero, la pantalla dejó de funcionar y,muy a mi pesar, tuve que comprarme otro. Acudí a un establecimiento macro, porque allí eran más baratos. Le comuniqué al dependiente, un chico amabilísimo y guapísimo, lo que quería: un teléfono que me permitiese llamar y recibir llamadas, sin más variantes en cuanto a la acepción de teléfono que el poder enviar mensajes de texto. Él, pausado y con un aire de asombro y escepticismo ante mi requerimiento, me dijo:
    -señora, esas cosas no las hacen, lo más normal que tenemos es éste...
    Ni contarte quiero como era ése. Le faltaba una parabólica para piratear el TDT. Aún no he conseguido utilizar la mayoría de las funciones que tiene.
    Quizás, Andrés, nosotros estemos descatalogados, o, tal vez, seamos de esas pocas personas que piensan que:
    "Uno no es feliz por lo que tiene sino por lo que necesita"
    Besos gordos,
    Antonia J Corrales

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  4. me da un poco de repelús que mi vida entera dependa de un cacharro tan chico, ahora tiene que estar curioso cuanto menos el artilugio, recien llego a este blog y me gusta, volveré....

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  5. Querida Antonia: yo le tengo manía a los móviles. Casi siempre suelo tenerlo apagado o en silencio. Son útiles, pero creo que se han convertido en una cosa tan normal que hemos terminado dándole prioridad a una llamada que nos interrumpe que a una conversación que estemos teniendo en ese momento, cara a cara, con otra persona. A veces me parece una falta de respeto. Yo también quiero un aparato sencillo, sin cámara ni nada, pero cuando el vendedor te mira después de que se lo preguntes, sí, parece que esté mirando al hombre de Atapuerca
    Un beso,

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  6. Pues nada, amigo canónigo alberico: bienvenido a mi blog. Será usted bien recibido cada vez que quiera pasarse.
    Un saludo,

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