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Mostrando entradas de noviembre, 2008

La vida es sueño

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Cristóbal, no sé si te has enterado, pero por lo visto este mundo en el que vivimos no es un mundo real, sino más bien un reflejo burdo de otro mundo perfecto que habita en las pantallas de los ordenadores y en los cables del teléfono por donde navega la información; un mundo que podemos construir a nuestra medida, como queramos, un lugar, querido amigo, donde la gente puede inventarse una existencia a la carta en la que no quepan las miserias del mundo en el que todavía nos empeñamos en vivir mucha gente, los que todavía pensamos que hay vida a este lado de la pantalla del ordenador.
Yo nunca he entrado en Second Life, pero parece ser que es como una película en la que cada uno puede elegir el papel que quiera interpretar. Con sólo mover los dedos sobre el teclado, uno puede salir de compras, ligarse a una a tía de esas de las que quita el aliento sólo con imaginarla o ponerse al volante de un Ferrari sin tener que rehipotecar la casa o el futuro de tus hijos. Y, como en una historia…

La impunidad

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Pues sí, Cristóbal. Ya te lo he contado más de una vez. La última, hace pocas semanas. A mí los tipos que llevan uniforme con tres tallas más pequeñas de las que les corresponde me dan cada vez más asco. Tres gorilas de estos -y cuando digo gorila no me refiero tanto a sus músculos como a su capacidad cerebral- se cargaron a un chaval de 18 años el otro día en Madrid. Un empujón, una tontería, y bueno, ya sabemos todos lo que ha pasado y no voy a contarlo yo otra vez. Prefiero quedarme con el gesto silencioso de sus compañeros de clase el otro día, tan sensatos, tan jóvenes y tan lúcidos, que me hace pensar querido amigo, que, a pesar de todo, a lo mejor el futuro que nos espera no es tan malo, que a pesar de la mierda de mundo que les vamos a dejar en herencia a estos chavales es posible que al final sean capaces de apretar los dientes y tirar para adelante, como todos hemos tenido que hacer en un momento dado.
Pero, como te digo, estoy harto de hijos de puta nazis a los que les babea…

Biografías por encargo

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Cristóbal, hay mucha gente que asegura que esto de escribir es un don, pero yo no estoy de acuerdo. Aunque, para llevarme la contraria yo mismo -ya ves, también me gusta contradecirme a mí mismo-, también te diré lo que le digo siempre a quienes me preguntan cómo lo hago: que a escribir no se puede enseñar, pero tal vez sí se pueda aprender. En fin querido amigo, que yo creo que lo hago igual que camino, de la misma forma que me tomo un café o me duermo una siesta: me sale de una forma natural aunque al mismo tiempo hay que trabajar mucho para sacar un folio adelante. Una cosa muy rara.
Pero no es de escritura creativa de lo que quiero hablarte hoy. Viene esto a colación porque he visto en las noticias que hay una empresa a la que puedes llevar viejas fotografías de tus abuelos, por ejemplo, y después de que les cuentes la historia de su vida te fabrican una biografía ilustrada, con lo que la vida de cualquier persona de la calle puede convertirse en un libro, con una prosa digna y fo…

El síndrome de Mowgli en Fondo de catálogo

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Andrés Pérez Domínguez: "Una buena novela debe dejar un poso después de leerla". Tras irrumpir en el mercado literario nacional con dos novelas ambientadas en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el sevillano Andrés Pérez Domínguez acaba de ver publicada la obra con la que se erigió vencedor de la edición 2007 del Premio Luis Berenguer de novela. El Síndrome de Mowgli (Algaida '08) es su título y encuentra su acción en la España actual, en la que un ex boxeador metido a matón, verá como su vida da un giro con la reaparición de un viejo amor, que le llevará tomar una serie de decisiones que pueden acabar con su vida. Una novela de ambiente negro, pero con la pasión y la redención como principales motores de su historia.(Fotos: Susana Alfonso)
El Síndrome de Mowgli me ha parecido, por su estructura, una especie de juego en el que proporciona al principio las mínimas pistas para que el lector, junto al protagonista, no conozca la imagen completa hasta el final.
Sí. Al pr…

El síndrome de Mowgli en El Libro Andaluz

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Es esta una novela en gris marengo. No puede llamarse negra porque hasta la página 193 no aparecen los golpes, nunca gratuitos ni excesivos a lo largo de la obra. El libro de Andrés Pérez Domínguez tiene sin embargo un tono nocturno, de alcohol y violencia contenida donde quien gana en realidad –y eso no llegamos a saberlo– es un perdedor que se nos hace inmensamente simpático desde el principio.
Pero hay varios detalles más que anotar en la vida de este superwelter que incluso en edad y hechuras no anda muy lejos del aspecto físico del autor. Uno que, sin saberlo o sí, se desmenuza en los personajes que pudo ser, como hizo Pessoa, y en este caso en el tipo canalla y dulce de un boxeador fracasado que mantiene un corazón más puro de lo que él mismo imagina, y con el que el lector intima enseguida. La belleza de la derrota bien ganada a pulso.
Formalmente, la novela tiene una consistencia sin costuras. Pérez Domínguez es narrador de un tirón, como hay que serlo, sin forzar el verbo ni re…

El nuevo inquilino del Despacho Oval

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Cristóbal, este mes de noviembre ha traído dos cosas que yo llevaba mucho tiempo esperando: el frío, menos mal, conque ya puedo ponerme una buena cazadora y darme un paseo mientras el aire me hiela la cara, y un nuevo inquilino en la Casa Blanca. No es que la llegada de Obama me vaya a reducir el recibo de la luz o que cuando llene el depósito del coche vaya a tener que pagar la mitad, qué va. Ni siquiera me va a costar menos dinero la comida de Navidad -ya sabes: antes pavo, luego conejo, y este año no quiero ni pensarlo- o mis novelas se van a convertir de la noche a la mañana en eso que los entendidos llaman best sellers internacionales. Pero el caso es que aunque a la postre tal vez Obama no sea más que el mismo perro pero con distinto collar, hacía falta un soplo de aire fresco en la Casa Blanca. Creo que es la primera vez, Cristóbal, en que la gente, ganase el candidato republicano o el demócrata, iba a mirar el futuro con ilusión porque lo que más importa no es quien se va a se…