La crónica especializada (CEADE)

ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ
Escritor
Escrito por Patricia Lomas

“Me gustaría ser un escritor invisible”
Prefiere desaparecer detrás de las historias y que la novela deje de pertenecerle en manos de sus lectores. Sonriente y en pose relajada, se muestra humilde y entusiasmado al hablar de su trabajo. Tres éxitos en las librerías y multitud de premios acompañan a un sevillano que escribe sin dejarse condicionar por el mercado literario
Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969), comenzó a ganar conciencia en sí mismo como escritor tras participar en diversos concursos literarios de los que resultó premiado. Es el autor de las novelas El síndrome de Mowgli (Premio Luis Berenguer, 2008), El factor Einstein, La clave Pinner, las novelas cortas Los mejores años (Premio José Luis Castillo-Puche, 2002) y Duarte (Premio Tierras de León, 2002), la colección de cuentos Estado provisional (Premio Ciudad de Coria, 2001), y el relato Ojos Tristes (Premio Internacional de Cuentos Max Aub, 2001). Además, conduce el espacio "La biblioteca de Protagonistas", en Protagonistas Sevilla, que dirige y presenta Cristóbal Cervantes en Punto Radio, donde también se emite un artículo suyo cada semana, "La separata".
Pregunta. ¿Qué le impulsó a comenzar a escribir?
Respuesta. La escritura es una continuación del placer de la lectura. Nadie llega a ser escritor sin haber sido un lector compulsivo. Entonces llega un momento en que uno no tiene bastante con eso y quiere estar al otro lado de la barrera. Es la necesidad de contar algo, de ofrecer tu visión del mundo a los demás. Yo escribo para mí mismo, es decir, supongo que alguien me va a leer, pero yo no estoy condicionado por eso. Creo que estar condicionado en este sentido es malo ya que para escribir tienes que tener total libertad.
P. ¿Fueron difíciles sus primeras andaduras por el mundo literario?
R. (Sonríe) Yo tengo cartas de rechazo como para empapelar una habitación de editoriales que no han querido publicarme. Incluso después de haber publicado te pueden rechazar igualmente. Te la juegas en cada libro. Publicar te permite una cosa muy importante que es ganar conciencia en ti mismo y ver que lo que estás haciendo puede interesarle a los demás. Es como una bola de nieve que cada vez se va haciendo más grande. Para escribir hay que tener una paciencia refractaria al desánimo.

P. Hay muchas críticas en torno a la justicia de los certámenes literarios… ¿qué opinión tiene al respecto?

R. Hay mucho desconocimiento y mucha mitología, pero después te das cuenta de que no es así y de que la mayoría de las veces, sobre todo en certámenes sin interés comercial, en el noventa y nueve coma nueve por ciento, no hay trampa ni cartón, que son premios limpios y que gana la mejor obra. No quiero decir que los otros no sean limpios, lo único es que a veces están condicionados a determinados aspectos comerciales que desde fuera pueden ser un poco difíciles de entender.

P. ¿Qué es lo que más le molesta de las personas con las que has tenido que tratar?

R. En el mundo literario hay mucha presunción y mucha vanidad. Eso me molesta. A mí me gusta pasar desapercibido, aunque parezca un poco paradójico, porque en esta profesión tienes que aparecer en los medios, hacer entrevistas… pero todo ello forma parte de tu trabajo. Me gustaría ser un escritor invisible, pero eso es imposible.

P. Sus novelas… ¿son más fruto del trabajo duro o de la inspiración?

R. Siempre digo esa frase tan manida de Picasso de “cuando venga la inspiración que me encuentre trabajando”. Supongo que la poesía es diferente, pero la escritura de novela sobre todo es mucho trabajo. Escribir una novela es como correr una maratón… muchos kilómetros. Son muchos meses y muchas horas hasta que al final ve la luz. Mucha gente se desanima porque al principio uno empieza estimulado por los personajes que ha creado o por la idea tan bonita que se le ha ocurrido, pero pasar de la página tres es muy complicado. Es un trabajo de mucha constancia.

“Me gusta la gente que es tan buena en su trabajo que no necesita demostrarlo”
P. Sobre todo porque su trabajo tiene una importante fuente documental…
R. Soy muy escrupuloso. De las tres novelas que he publicado, dos giran en torno a la Segunda Guerra Mundial. Una novela así tiene que ser verosímil, tiene que ser creíble, y para eso tienes que documentarte mucho, leer mucho, visitar lugares… tienes que entender cómo piensan los personajes que tú estás creando. En la novela sólo se ve la punta del iceberg, pero lo que está debajo es muy importante.
P. En líneas generales… ¿cómo definiría usted mismo su obra?

R. Hay unos elementos comunes en mi obra que son la traición, el sacrificio, la amistad y la responsabilidad. La mayoría de mis personajes principales no se han portado muy bien en el pasado y la vida les brinda una segunda oportunidad para redimirse. Creo que eso de la traición viene -porque me lo han dicho muchas veces – como eje central del espionaje, pero yo no creo que mis novelas sean de espías. Para mí lo importante de las novelas son los sentimientos, los personajes. Lo que pasa es que el espionaje me viene muy bien para desarrollar diversos aspectos. Hay a quien le recuerda esto un poco a las novelas de John le Carré o Graham Greene. Este último es uno de mis autores favoritos y como era uno de los que leía mucho cuando era muy jovencito puede que el tema de la traición me venga por ahí, ya que es algo que a él le obsesionaba mucho.

P. ¿Podría hablarme de su próximo proyecto?

R. Tengo varias recopilaciones de cuentos que me gustaría publicar y creo que será lo próximo que publique, pero no lo se. También tengo una novela corta que terminé el año pasado y, además, estoy ahora mismo en la recta final de una novela en la que vuelvo otra vez a la Segunda Guerra Mundial. Supongo que la tendré terminada en un mes y medio aproximadamente. Una de las cosas que he aprendido con el tiempo es a seguir trabajando independientemente de saber si vas a publicar o no…ya vendrá la oportunidad.

P. Ha mencionado a John Le Carré y a Graham Greene… ¿los considera referentes en su trabajo?

R. Las novelas que tienen que ver con el espionaje son referentes. Y estos autores, sobre todo, porque se les está considerando con el tiempo grandes autores de novelas del siglo XX. Eso me parece estupendo sobre todo porque son escritores que exploran el alma humana, que es lo que a mí me interesa.

P. Tras publicar la primera novela… ¿nota que el público es más benevolente o más exigente?

R. Creo que siempre es más exigente. A veces me preguntan si, después de haber publicado y haber tenido cierto éxito, se relaja uno más. Creo que no. El que piense que va sobrado… va por mal camino y tiene todas las posibilidades de estrellarse. Lo que sí es que la responsabilidad es mucho mayor, pero hay que intentar no perder la frescura. Por ello lo que decía antes de intentar no pensar en los lectores. Hay que seguir siendo uno mismo y hacer lo que te apetezca. Una de las cosas que tuve muy claras cuando me metí en este mundo es que iba a escribir como me diera la gana y lo que yo quisiera. Cuando publiqué mi primera novela, La Clave Pinner, mis editores querían que la siguiente tuviera las mismas características. Sin embargo, escribí El Síndrome de Mowgli, que no tiene nada que ver. Gracias a eso, aunque tardó algo más en publicarse, ganó premios y tiene éxito. Cuando escribes un libro ocurre algo maravilloso, y es que el libro deja de pertenecerte. Cada lector empieza a verlo de una manera distinta y empieza a ver cosas que tú ni siquiera habías querido poner en la novela. Eso es bonito y tienes que dejar que suceda, pero el libro lo tienes que escribir tú sin dejarte condicionar por eso.

“Para escribir hay que tener una paciencia refractaria al desánimo”
P. ¿Alguna vez ha coincidido con algún desconocido que estaba leyendo su libro?
R. (Se ríe) Sí, me ha ocurrido una vez.

P. ¿Qué sensación tuvo?

R. Es un placer, pero procuro no decir nada porque soy muy respetuoso con los lectores. El autor tiene que desaparecer, hasta cierto punto, detrás de las historias. Prefiero que sean ellos los que se acerquen a mí por una cuestión de respeto. Es curioso (sonríe), porque hace poco me contó una persona conocida que vio a alguien leyendo mi libro en París. Era un ejemplar de El Factor Einstein y la verdad es que me hizo mucha ilusión.

P. Dígame una frase muy suya.

R. Hay una frase que no es mía, es de Winston Churchill, pero la aplico cada vez que tengo ocasión o cada vez que me flaquea el ánimo: nunca, nunca, nunca abandones. Además se puede aplicar a todo. Si no hubiera dejado tirados a los españoles durante la II República, Churchill hubiera sido uno de los hombres a los que más admiración tendría porque era muy inteligente y luchador.

P. Le da mucha importancia a los sentimientos dentro de sus novelas, pero en la vida real… ¿cree se puede vivir sin amor?

R. No. De hecho creo que nadie vive sin amor de una manera u otra. Otra cosa es que lo confiese.

P. Dígame una palabra cuyo significado deteste

R. Hay varias. La envidia, la mentira, la prepotencia, la soberbia… Me molestan mucho los malos modales… ¡lo odio! Cualquiera que me lea y, sobre todo, que siga mis artículos en los medios se dará cuenta de que esas palabras no me gustan.
P. ¿Y una palabra por la que sienta un respeto absoluto?
R. Más que por una palabra, siento un absoluto respeto por la gente que se esfuerza en hacer bien su trabajo. Y sobre todo me gusta la gente que es tan buena en su trabajo que no necesita demostrarlo.

Comentarios

  1. Bueno, bueno, varias cosas se me ocurren:
    1. Has sido entrevistado, querido Andrés, por la gran Paty Lomas. Si el éxito en una profesión lo garantiza la cabezonería, esta chica llegará lejos. Tiene también un punto de locura que le sienta muy bien. ¿Se nota que la conozco y la quiero? Como entrará por aquí a bichear, le envío un beso.
    2. Antonia J Corrales me dijo lo mismo que dices aquí: hay que escribir para uno mismo como lector, sin pensar que en el futuro pueden ser otros los lectores. No sé muy bien por qué lo hice, pero a raíz de eso di de lado a unas setenta páginas que llevaba de lo que será, ay, una novela que, como en la copla, de mano en mano irá y ninguno se la quedará. En fin, comencé de nuevo.
    3. Soy de los que no se rinden. Por ese lado estoy tranquilo.
    4. A lo mejor es una herejía lo que voy a decir y, desde luego, García Márquez no tiene nada que demostrar a estas alturas. Pero he pensado en él cuando has dicho eso de que "no hay que ir de sobrado". Cuando lei "Memoria de mis putas tristes" pensé: esta novela la escribo yo, mejor, con mi mano derecha (soy zurdo). Supongo que tras haber escrito varias obras maestras puede hacer lo que le venga en gana. En fin, será mi envidia.
    5. Hace años me presentaron (esas redes de las amistades comunes) a un escritor más o menos de nuestra edad, columnista, con cierto prestigio, de quien obvio el nombre aquí. Llegaron a preséntarmelo en tres ocasiones distintas porque él, algo endiosado, no se acordaba de una vez para otra. Quiso el azar que, estando yo en Santa Justa leyendo su columna en el periódico que publicaba, se sentó a mi lado (una vez más, lo juro, sin reconocerme). Noté que él se dio cuenta de que yo lo estaba leyendo y me dio por hacer gestos de desaprobación. No me dijo nada. A lo mejor cayó en la cuenta de las copas que habíamos tomado juntos. No sé, me cae mal y no me gusta cómo escribe. Será, nuevamente, la envidia.
    6. En fin, me gustó mucho la entrevista. ¿Sigue Paty Lomas tan guapa como siempre?
    7. Y nada más, sólo que parece que puedo confirmar que los Reyes Magos vienen con libros de Andrés Pérez Domínguez. Ya te contaré.

    Un abrazo.

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  2. Querido Juanma:
    1. Un beso, también de mi parte, para Patricia si se pasa por aquí.
    2. Es este uno de los asuntos más complicados. No es que no haya que pensar en los lectores, sino que no hay que dejar que eso te condicione. A medida que vas publicando libros el riesgo de no querer defraudar a quienes te van a leer es mayor, y yo estoy convencido de que hay que luchar contra eso. Yo pienso en mí mismo como lector, y yo como lector soy muy exigente (seguramente me preocupan cosas que a otros lectores no, y viceversa, pero cada persona es un mundo). La única solución a esto es procurar hacer tu trabajo mejor posible.
    3. Eso es lo más importante, sí: la voluntad. Y cierta cabezonería tampoco es mala para ser escritor.
    4. No he leído las putas tristes, aunque la tengo en mi estantería. Para mí el mejor García Márquez es el de los cuentos. Conozco a colegas que lo idolatran, pero a mí, aunque reconozco que es un grandísimo escritor, nunca ha terminado de convencerme. Para gustos, colores. Ya sabes.
    5. No sé a quién te refieres, pero es imposible, por desgracia, separar al escritor de la persona una vez que lo has conocido. Yo soy incapaz de leer a un escritor que me cae mal como persona. No debería ser así, pero en mi caso lo es. Qué le voy a hacer.
    6. Es una buena entrevista. Y es guapa Patricia, sí.
    7. Bueno, pues ya me contarás. Si te gustan, pues adelante, y si no, pues no dudes dejarlos de lado ni un segundo. Ni te cuento cuántos libros empiezo y no los termino.
    Un abrazo,

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  3. Andrés, querido, una gran entrevista, pero aún mejor son las respuestas, igual de buenas que tu trabajo. Es un auténtico placer.

    Juanma gracias por tu deferencia, aunque creo que tú eres más que auto-suficiente. Lo único que sucede es que a veces necesitamos que nos digan lo que ya sabemos para darnos cuenta de que ya lo sabíamos :), que me líooo!!!
    Mil besos para los dos y que este 2009 sea tan moldeable como la plastelina, osease, que hagáis con él lo que os de la gana.
    Antonia J Corrales

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  4. Muchas gracias, querida amiga. El placer es mío. Lo mismo te digo: que el 2009 te traiga todo lo que deseas y mereces (que esto último es mucho). Mucha suerte y muchos besos,

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