Los zapatos de Muntazer al Zaïdi


Cristóbal, qué quieres que te diga: a mí cae la mar de bien este periodista iraquí, Muntazer al Zaïdi, el que le ha tirado los zapatos, los dos, a Bush en una rueda de prensa el otro día. Si te digo la verdad, Muntazer al Zaïdi para mí ahora es un héroe por haber tenido las agallas de hacerlo. Y aunque parezca una tontería con la que no se va a conseguir nada más que llamar la atención de las televisiones, el zapatazo de este periodista iraquí a Bush para mí es un símbolo que resume los ocho años de oscuridad de una presidencia norteamericana que ha tenido como eje una guerra sin sentido que ha convertido a Iraq en una patata caliente con la que nadie sabe muy bien que hacer.

Nada de lo que se ha dicho o escrito en contra de Bush me parece más elocuente, simbólico, que lo del zapatazo del otro día. Pero también, y eso es lo triste, querido amigo, el zapatazo de Muntazer al Zaïdi es una metáfora desarmante de la impotencia de quienes llevan cinco años invadidos por un país extranjero con la excusa vaga de instaurar la democracia y derrocar a un tirano. Al cabo, los zapatos de Muntazer al Zaïdi volando en la rueda de prensa no tienen más fuerza que la de una mosca contra un elefante, un David desesperado contra un Goliath que incluso se permite sonreír después de que le tiren los zapatos a la cara y lo llamen perro.

Es lo que a mí gustaría, Cristóbal, que la realidad se pareciera a la ficción, que David pudiera vencer de verdad a Goliath, pero eso, querido amigo, forma parte más del territorio hermoso de la literatura que de la realidad antipática. Pero igual que aquel estudiante chino que se enfrentaba a un tanque en la plaza de Tiananmen, o la foto que vi el otro día en un periódico de un estudiante griego apuntando al escudo de un policía armado hasta los dientes con una pistola de agua, la imagen de los zapatos de Muntazer al Zaïdi volando en la rueda de prensa de Bush en Iraq la conservaré siempre en un rincón especial de mi memoria.

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2008

Comentarios

  1. Y los esquivó bien, el tío. Es lo que da, supongo, tener una cultura de western.

    Un abrazo, querido Andrés.

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  2. Pues sí, Juanma. Fíjate, esto daría para otro artículo: uno de los pocos méritos que no se le puede negar a Bush es sus reflejos para esquivar zapatazos.
    Un abrazo, Juanma

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  3. muy certera la apreciación de la metáfora del zapatazo, realmente es como se siente el mundo dominado con respecto al mundo dominante, o sea, los yanquis...

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  4. Yo creo que sí, Patricio, que es una metáfora que refleja muy bien el sentir de la gente. Y, puestos a hablar de zapatos, mejor los de este periodista iraquí que los de Aznar encima de la mesa fumándose un puro con Bush.
    Un abrazo,

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