La bendita maldición
El año se acaba, pero yo no pertenezco a esa clase de tipos que se ponen nostálgicos en Nochevieja. Lo cierto es que el de Nochevieja es uno de los días del año que menos me gustan: hay demasiado bullicio, las televisiones se dan codazos por emitir el programa más hortera, y nunca me han gustado las uvas, conque esta noche será para mí una como las demás, salvo que tendré que ponerme tapones en los oídos para dormir. El 2009 ha sido un año intenso. Muy intenso. Me he mudado dos veces de casa, al final de la primavera gané un premio de novela que ha sido muy importante para mí y, justo antes de empezar la promoción de El violinista de Mauthausen, me llamaron para decirme que había ganado la primera edición del certamen de novela corta La Espiga Dorada con un texto que tenía aparcado desde finales del 2007, y también me anunciaron que la colección de cuentos que había publicado en primavera, El centro de la Tierra , había sido elegida como una de las diez finalistas del prem...