Con Franco esto no pasaba


Hay cosas que con Franco no pasaban. Y me duele tener que decirlo así, qué quieren que les diga, con todas las letras, negro sobre blanco. Y, quién me iba a decir a mí, a mis años, y toda la vida siendo de izquierdas, que iba a terminar soltando por la boca semejante sapo. En fin. A lo mejor es porque entonces no existía eso del Twenty, ni el Facebook ese ni el Youtube, pero no me imagino yo a los guardias civiles de entonces, esos que dicen que daban hostias, haciéndose fotos con jovencitas, montándolas en el coche patrulla, dejándolas que hagan sonar la sirena, engrilletándolas o prestándoles la porra para que se la lleven a la boca, como quien agarra un micrófono o tal vez quiere hacerle la competencia a Lorena Berdún, aquella sexóloga que tenía el desparpajo de gestualizar con naturalidad en la tele cómo se hace una felación como Dios manda.
(fotos: http://www.elmundo.es/albumes/2009/01/30/fotos_guardias/index.html )
Lo malo de estos picoletos tan enrollados es que en cuanto se les pasa el momento tonto con las chavalas enseguida se ponen serios y te piden la documentación sin darte las buenas noches primero y tuteándote, como si te conociesen de toda la vida o estuvieras deseando hacerte unas fotos con ellos, ya saben, igual que si fuésemos colegas de toda la vida, con las esposas puestas, o la porra, tan suculenta, bien cerquita de la boca.
Después de haber leído las novelas de Lorenzo Silva uno estaba convencido de que la leyenda negra de los guardias civiles ya era cosa del pasado, pero, visto lo visto, algunos guardias parece que se empeñan en modernizar el cuerpo, sí, pero a su manera. Por suerte sólo son unos pocos, habas contadas -ya, ya lo sé- que a lo mejor visten un uniforme que les viene grande, o que son tan graciosillos o es que faltaron a la academia el día que enseñaban ética, pero por culpa de ellos a veces yo echo de menos a los guardias civiles de antes, quién me lo iba a decir: puestos a elegir, prefiero un policía que me imponga respeto a otro que me haga sentir vergüenza ajena.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2009

Comentarios

  1. Debería usted disculparse con el cuerpo de la Guardia Civil por las mentiras que dice

    ResponderEliminar
  2. Creo que no hay que disculparse con el Cuerpo. SEguro que ellos también han sentido vergüenza de sus compañeros que han estado haciendo el tonto como niñatos con las chicas de Punta Umbría. Ellos sí que tendrían que disculparse con todo el país, hombre. Que cobran para realizar bien su trabajo y no para perder el tiempo prestando el material por ahí. Menos mal que no les dió por dejarles la pistola a las chicas antes de sonreir a la cámara.

    ResponderEliminar
  3. María, lo que pasa es que algunos no saben leer. Eso es todo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

François Cluzet