¿Dios no existe?, Auschwitz sí


Fue Primo Levi el que afirmó, con la rotundidad que sólo puede tener quien sabe bien de lo que habla, que, puesto que Auschwitz existía no podía existir Dios. El italiano Primo Levi sabía bien de lo que hablaba porque pasó por el infierno de Auschwitz y sobrevivió para contarlo, por lo que en sus labios esta reflexión adquiere, por mucho que nos cueste, la categoría de lógica irrefutable. El que quiera, que eche un vistazo a sus libros: Si esto es un hombre, Los hundidos y los salvados y La tregua. A mi juicio, uno de los testimonios más lúcidos sobre el Holocausto al que se pueda echar mano.

Con toda probabilidad, el obispo inglés Richard Williamson no será oyente de Protagonistas ni lector de este blog, pero si alguien de los que me escucha en la radio o se asoma por esta bitácora tiene su dirección, a ver si puede hacerme el favor de recomendar a este hombre la lectura de los libros de Primo Levi. O si no, que se dé una vuelta por cualquiera de los campos de exterminio que se pueden visitar todavía. Ya conocen el refrán: para saber, viajar y leer. Yo he visitado tres -a saber: Büchenwald, Auschwitz-Birkenau y Mauthausen- y al final siempre es la misma angustia, la misma sensación amarga que me sube desde el estómago y la misma pregunta que nunca soy capaz de responderme: ¿por qué?
No sé si el obispo Williamson ha visitado alguna vez cualquiera de los campos de concentración que digo, pero la negación del Holocausto, la sola sospecha de que no existió, lo convierte a uno enseguida en un perfecto gilipollas, así, con las diez letras. O quizá este señor es uno de estos ángeles justicieros que no tienen tiempo de averiguar si el Holocausto existió porque están muy ocupados en impedir que al que le dé la gana no pueda morirse dignamente sin tener que montar un circo en la tele, o tal vez es de los que se llevan las manos a la cabeza por esa publicidad de los autobuses de algunas ciudades que nos avisan de que Dios no existe y nos anima a disfrutar de la vida.

Yo no sé si Dios existe porque no puedo verlo. Puede que exista y puede que no. Y tampoco me preocupa que haya gente que piense lo mismo que yo o esté en desacuerdo conmigo. Creer en Dios es un acto de fe que debería ser voluntario. Sin embargo, los campos de concentración sí se pueden visitar, y negar el Holocausto es cosa de imbéciles. Yo he visitado la casa de Ana Frank en Amsterdam, he subido los ciento ochenta y seis escalones de la famosa cantera de Mauthausen, he visto los barracones de madera de Birkenau, las cámaras de gas de Auschwitz y los hornos crematorios de Büchenwald. Con mis propios ojos.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2009

Comentarios

  1. No voy a entrar en si Dios existe o no,pero lo que sí tengo claro es que al igual que debería no haber permitido (en caso de que Dios exista) la existencia de esos campos de concentración,debería no haber permitido que este señor vomitara tal exabrupto.....

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  2. A mí lo que me da que pensar es por qué alguien se pone a decir estas cosas. Qué busca una persona que niega lo innegable, que lo sabe él y lo sabemos todos. No encuentro las razones, que hay algún interés no me cabe duda. Y que jugar con esto a cambio de conseguir esos intereses es propio de tipos despreciables tampoco me hace dudar.

    Un abrazo, querido Andrés.

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  3. Portales, yo tampoco voy a entrar en si Dios existe o no. El que quiera creer, estupendo, y el que no, pues estupendo también. Una cosa si te digo, querido amigo: después de visitar un campo de concentración te lo planteas seriamente.
    Por cierto, Portales, hace un día espléndido hoy por aquí. Supongo que por tu tierra, que es casi la mía adoptiva, también. A ver si nos vemos pronto por allí.
    Un abrazo,
    Sí, Juanma, cuesta creer que un tipo formado sea tan gilipollas como para creer esa sandez que afirma, pero lo mismo se lo cree y todo. Ya sabes lo del Principio de Peter: en la vida uno llega a ocupar muchas veces un puesto que está varios peldaños por encima del que por su nivel o categoría le corresponde.
    ¿Qué tal esa nueva paternidad recién estrenada?
    Un abrazo,

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  4. Todo genial, Andrés. Mi niño lo lleva muy bien y la niña, por ahora, no hace más que dormir y comer. A pedir de boca, amigo.

    Un abrazo.

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  5. Pues me alegro mucho, hombre, de que todo vaya bien.
    Un abrazo,

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  6. Con demasiada frecuencia el Diablo se lamenta de que sus actos no le son atribuidos y todos claman a Dios por ellos. Se suelen confundir los nombres de los responsables con demasiada frecuencia. A Dios se le echa la culpa de lo que hace el diablo y al diablo se le atribuye lo que es de Dios. Diablos, no lo olvidemos, hay en todos lados, incluso dentro de las más altas esferas eclesiásticas y no eclesiásticas. Camuflarse tras muchos disfraces y creencias ha sido desde tiempos inmemoriales una facultad propia del diablo, al menos eso decían los tribunales de la Inquisición, a manos de los que murieron cientos de personas. Negar la existencia de la barbarie de los campos de concentración es más propio de un diablo que de un representante de Dios. Tal vez, Jesucristo, tendría que volver con el látigo a los soportales de las iglesias y echar a muchos de esos que se proclaman portavoces y practicantes de su doctrina, y no me refiero solo a algunos miembros del clero.

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  7. Muy bueno, Andrés, chulísima la entrevista. Esperamos las siguientes, algunas con más ganas, jeje
    Besazos,
    Antonia J Corrales

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  8. Pues nada, querida Antonia: un placer verte por aquí. Y sí, hay más de un diablo sin rabo por ahí suelto al que le deseo que tenga cuernos por lo menos...
    Un beso,

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  9. bueno puedo comentar de que este tipo de temáticas en centro america, no son trascendentales y es por que la sociedad y el sistema educativo y nuestro dogmatismo religioso nos impide cuestionar acerca de estos asuntos, lo que concierne acerca de los campos de concentración lo considero una banal idea creer de que por que fue un hecho que ocurrió hace mas de 70 años hoy por hoy las nuevas generaciones como por ejemplo ala que pertenezco, solo la persevimos de ese modo como un hecho histórico, y no profundizar en el hecho de que es de reflexión, tanto para el dogmático, el escéptico, el religioso y el titere.

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