Punto final

“Ni sentir sobre la piel la deliciosa brisa que anuncia el verano, ni acariciar otro cuerpo, ni beber whisky escocés en la bañera hasta que se enfríe el agua ni, en fin, cualquier otro placer que se le ocurriese, proporcionaba a Wells un bienestar mayor que el que sentía cada vez que ponía el punto y final a una novela”
No son mías estas palabras, sino de mi amigo Félix J. Palma en su espléndida novela, El mapa del tiempo, pero las suscribo de cabo a rabo. Esta mañana yo he puesto el punto final a una novela que me ha tenido ocupado el último año. Escribir una novela es parecido a una travesía: al principio empiezas a navegar con la ilusión de las nuevas experiencias, pero luego dejas de ver la costa y a veces hay tormenta, y otras no sopla el viento y piensas que a pesar de haber navegado antes tal vez ahora no seas capaz de llevar la nave a su destino, que quizá el barco se hunda en el camino porque te pille una ola de través o porque no hayas podido reparar esa vía de agua puñetera que tenías desde que emprendiste el viaje y que te ha dado la cara en el momento más inoportuno.
Yo esta mañana he atracado el barco, he echado el ancla y he cerrado los ojos un momento, feliz por haber llegado. Supongo que algunos escritores encenderán un puro o se tomarán una copa cuando terminan una novela, pero yo ni bebo ni fumo, conque no me queda otra que poner los pies en la mesa, cruzar los dedos detrás de la nuca y escuchar como un regalo el zumbido de la impresora al convertir en papel el texto que tengo en el ordenador después de haber sido un manuscrito fabricado con mi pluma favorita.

No sé a quienes escriben y se asoman por aquí qué les ocurre, pero a mí, cuando termino una novela -y más si, como ésta, ronda las 600 páginas-, siempre me asaltan a partes iguales la satisfacción, el cansancio, el vacío y la incertidumbre. Por un lado me siento un poco más solo puesto que ya sus personajes dejarán de hacerme compañía, pero también estoy contento por haberme librado de un trabajo que en la última fase suele empezar a resultar muy cansado y, como el reo el veredicto del tribunal, aguardo con toda la paciencia que puedo a que algunas personas muy queridas para mí a quienes acabo de imprimir unas copias de la novela me digan qué les parece, preocupado de que algunas partes de la historia les resulten un laberinto confuso del que sólo puedan salir abandonando su lectura o con la esperanza de que se emocionen en determinados pasajes. Pero la experiencia de cada lector es única, y ésta es quizá una de las cosas más misteriosas y más maravillosas también que tiene la Literatura. Y a partir de ahora, en cuanto que una de las personas a las que acabo de entregar el manuscrito empiece a leerla, dejará de pertenecerme por completo. Y me gusta que sea así.
No sé cuándo se publicará, ni cómo, ni con quién. Tiempo habrá para ello, para que sea rechazada incluso. Con los libros nunca se sabe.
Ahora voy a ponerme con las galeradas de El centro de la Tierra, mi libro de cuentos que saldrá en mayo en la editorial Paréntesis, y me gustaría asomarme un poco al mundo también, porque llevo mucho tiempo encerrado; sentir esa brisa fresca de la que habla el párrafo de la novela de Félix J. Palma, leer todos esos libros que tengo aparcados desde hace tanto tiempo, ver unas cuantas películas, estar con los míos, vivir. Y también dejar alguna reflexión en este blog de vez en cuando, que también lo tengo un poco abandonado.
El trabajo de escritor tiene mucho más de monacal que de glamuroso de lo que la gente piensa, y hay algo que también me ocurre, invariablemente, cuando termino una novela: me digo que estoy demasiado cansado, que ya no seré capaz de repetir la experiencia de nuevo, pero también sé que antes o después abriré el cuaderno donde guardo las historias que se me ocurren y enseguida me pondré a jugar a “imaginemos”. Y luego será lo mismo de siempre: sentarme a la mesa, diseñar una historia y ponerme a trabajar hasta que se active el piloto automático.
Y está bien que así sea.
PD: la novela que acabo de terminar sucede en tres tiempos: una ciudad ocupada por un ejército invasor durante la II Guerra Mundial, otra ciudad destruida después de la guerra y un campo de exterminio. El título, de momento, prefiero no decirlo. A mí me gusta, pero los editores no siempre opinan lo mismo. Ya iré avanzando cosas de la novela por aquí. Pero antes iré contando los avances de ese libro de cuentos que me hace tanta ilusión ver publicado: El centro de la Tierra.

Comentarios

  1. Demostrando que te gusta tanto mantener el suspense, y maestro que eres de la contención, introduces a tus seguidores fanáticos en un barracón de duchas, y les pides que miren las alcachofas, pero no les dices qué va a salir de ahí. Es una tortura infinita (de placer claro), un silicio que nos hace estar más unidos a tus obras, pues todos estamos sujetos a tus creaciones, soñamos con ellas y desesperadamente deseamos un éxito monumental en cualquiera de ellas para poder decir: "¡yo conozco a fondo la obra de APD!".

    Me hallo en ese estado de feliz impaciencia, esperando que al fin brote de la maldita alcachofa oxidada esos párrafos que en algunos casos rozan la divinidad, esos personajes dicótomos y maduros, con aristas enfrentadas y desordenadas, como la propia naturaleza es, y es que eres eso, natural y maduro.

    Desesperadamente le doy un punto más de presión a mi silicio... ahhh!

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  2. Qué alegría me ha dado leer esta entrada desde el principio hasta el fin. Enhorabuena, Andrés, me has transmitido felicidad y tranquilidad con estas palabras.
    Yo te deseo lo mejor. Seré de los primeros en comprar y leer esos cuentos y esa nueva novela.

    Un fuerte abrazo.

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  3. Enhorabuena amigo. En mi caso, al acabar un libro, siento a partes iguales la satisfación de haber hecho lo que pretendía y la ansiedad amarga de pensar cuánto tiempo va a estar en un cajón o rodando por ahí, hasta que alguien se decida a editarlo.
    Lo que tu has descrito, el acto de escribir y acabar, es la literatura. Lo demás, lo que viene ahora, una vez sales de ese cuarto de silencios y dudas, es oropel y celofanes. El glamour para el Planeta, sí.
    Le deseo a tu nueva obra lo mejor.

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  4. Enhorabuena por esa novela finalizada y por ese inminente libro de relatos, El centro de la Tierra, en el que tenemos puestas tantas esperanzas. Me alegró mucho coincidir contigo en la estupenda presentación de José María Merino. Un abrazo.

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  5. Celebro la conclusión. Escribir una novela de esas dimensiones siempre me parecerá una proeza. Con lo que poco que has avanzado ya me apetece leerla. Un abrazo

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  6. Por cierto, eres el culpable en el buen sentido de lo que te voy a contar: no sé si has leído en mi blog una casi despedida del mismo. Leyéndote estos días en los que nos has ido anticipando que tu trabajo finalizaba, se me despertaron las mariposas. Necesito ponerme con mi novela y concluirla. Espero que llegue el día en el cual pueda hacer una entrada similar a la tuya.

    Un abrazo.

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  7. Anónimo: bueno, pues espero que la novela se publique este año. Pero como tengo varias cosas en las recámara, no lo puedo asegurar. Hay una novela corta por ahí y bastantes cuentos también esperando turno. En cualquier caso, un placer que disfrutes, claro.
    Gracias, Juanma. Me pasaré por tu blog y lo leeré. Escribir es cuestión de echarle horas, no hay magia negra ni nada de eso. Es trabajar, trabajar y trabajar.
    Pues sí, Diego. Todo lo demás es ruido. Y el éxito o el fracaso (entendido como publicación o rechazo) debe ser ajeno al trabajo de uno. Ni siquiera habiendo publicado tres novelas se puede estar seguro de que la próxima va a interesar a nadie, y menos a un editor.
    Gracias, Antonio: yo también me lo pasé bien con Merino. Este domingo estaré en Madrid asistiendo a su discurso de ingreso en la RAE. Me llevaré la cámara y contaré algo por aquí. Es un honor muy grande que me haya invitado. Yo también tengo muchas ganas de ver esta colección de cuentos en las librerías. Esperemos que los lectores la disfruten.
    Hola, Juan Carlos, y bienvenido por aquí (supongo que eres el hermano de Félix, y por tanto mi amigo también): una novela de 600 páginas... No sé, no creo que sea más complicado que una de 150, sino que son esfuerzos diferentes.
    Abrazos a todos,

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  8. Me ha encantado esta entrada. No has podido expresarlo mejor, querido amigo. Me he sentido del todo identificada, no sabes cuánto.
    Te deseo lo mejor porque en esta profesión, ya sabes, no solo es cuestión de trabajo, de valía, también tiene mucho que ver la suerte. Eso de : “en el momento preciso a la hora justa, en el lugar adecuado…”
    Lo dicho amigo: que todo te vaya rodado. Ya me irás contando.
    Un beso,
    Antonia J Corrales

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  9. Pues sí, Antonia: es la suerte la que lo decide todo aquí. Y a nosotros sólo nos queda seguir trabajando.
    Un beso,

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