Un libro que vale la pena leer

Con los libros sucede cada vez más como con la ropa, pasan de moda en cuanto cambian la temporada y parece que ya no se puedan encontrar. Por fortuna, de El factor Einstein, más de un año después de que se publicase, no dejo de recibir comentarios amables de lectores que han disfrutado con ella. Estos últimos días me han escrito un profesor venezolano que me cuenta que la va a recomendar en las librerías de su país, y un amable lector, Juan Pan, para decirme que había escrito una reseña en su blog. La dejo por aquí.
El factor Einstein
El nombre del autor no me decía nada, pero sí me llamó poderosamente la atención la portada del libro. Era mi tema preferido: el espionaje.
Llevaba bajo el brazo dos libros de autores famosos y los dejé en la estantería para cambiarlo por este: EL FACTOR EINSTEIN. Autor: Andrés Pérez Domínguez, un desconocido hasta ese momento; uno de mis preferidos a partir de ahora.
Luego, en la pestaña interior, descubrí que Andrés Pérez es sevillano, y que a sus cuarenta años ha ganado ya varios concursos literarios, entre ellos el de la XVIII edición del Premio de Novela Luis Berenguer, dotado con 24 000 euros, que convoca cada año la ciudad de San Fernando en homenaje al insigne militar y escritor que nos dejó, entre otras, la famosa novela " El mundo de Juan Lobón", que publicada en 1968 ganó el premio de la Crítica de ese año, y mereció una lujosa y triunfal serie de Televisión Española.

Andrés acumula distintos galardones en concursos de cuentos y novela corta, es autor de la novela La Clave Pinner, editada en 2004. Y colabora de forma habitual con la emisora radiofónica Punto Radio. Me sentía tenso mientras devoraba las 574 páginas del libro. Una historia impresionante, bien llevada, con los justos ingredientes de ternura, misterio y acción que mantienen en vilo a un lector que no desea detenerse hasta saber en qué acaba la trama, el mismo que en varias ocasiones, cuando cree adivinar lo que viene, se sorprende ante el giro que toman las cosas. Al final, el grueso volumen que al tenerlo en mis manos por primera vez me hacía dudar, se me ha hecho corto. Es buenísima. La novela del año, diría yo. Un grupo de eminentes científicos judíos, entre los que se encuentran algunos Premios Nobel de Física, exiliados en Estados Unidos adonde han huido en los comienzos de los años treinta ante la inminente victoria en las elecciones de los nazis, debaten en sus tertulias sobre los últimos avances de la Ciencia. Están preocupados por la proximidad de la guerra y del uso que puede hacer Hitler de sus descubrimientos. Un científico alemán que no ha podido huir a tiempo les envía información confidencial, y al ser descubierto el servicio secreto alemán envía a la bellísima Frida Von Klein a Nueva York con la misión de introducirse en el círculo de sabios judíos y descubrir lo que saben acerca de los avances alemanes en la construcción de la bomba atómica. La aristocrática y glacial Brida Von Klein, se disfraza de Frida Klein, una joven enamorada, Licenciada en Física, que huye de Alemania por sus discrepancias con el nazismo y por temor a verse encerrada en un fuerte militar—como le ha sucedido a todo el que no ha podido escapar a tiempo—, para trabajar para los nazis. Es tanta su sencillez y simpatía que enseguida cae bien entre los exiliados, quienes, además, no pueden resistir su belleza y algunos de entre ellos acaban enamorados. Nada puede impedir que la fría y calculadora espía cumpla sus órdenes: Frida Von Klein se impone ante la joven enamorada emigrante Frida Klein, un magnífico ejemplo de desdoblamiento de personalidad a lo largo de todo el libro, y va cayendo uno a uno todo aquel que se convierte en obstáculo. Su misión es matar a Albert Einstein, el jefe del grupo de exiliados. Y no sólo porque sea el único que puede impedir que Alemania se adelante a los americanos en construir la bomba, sino porque cuando estudiaba en la universidad descubrió algo sobre Einstein, un dato mucho más importante para ella, que le robaba el sueño y cambió su vida hasta el punto de vivir con la única obsesión de matarlo.
Un libro que vale la pena leer. Os lo recomiendo

Comentarios

  1. Y deseando ya el nuevo, Andrés.

    Un abrazo.

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  2. ¡Qué gratificante debe de ser recibir un comentario así, Andrés! Tus libros no pasan de moda, créeme.
    Un saludo

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  3. Pues acabándolo estoy, Juanma. Es curioso, pero cada vez que termino un libro tengo la misma sensación: estoy contento a medias: satisfecho de haber terminado el trabajo pero inquieto también porque pienso que no le va a gustar a nadie. Son miedos de escritor. Tal vez escriba una entrada sobre esto.
    Un abrazo,
    Querido Rafael: muchas gracias. Oye, he estado un par de veces por la librería y como habéis cambiado la planta baja no te veo. Preguntaré por ti la próxima vez. Por cierto, lo próximo que publique será una colección de cuentos en la editorial que dirige nuestro común amigo, Antonio Rivero. Está previsto que sea en mayo.
    Un abrazo,

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  4. Pues ¿sabes?, me encantaría una entrada sobre esos miedos, o esos sentimientos encontrados. ¿De qué depende que un libro guste? ¿Tiene algo más que hacer el autor (promoción aparte) cuando el libro está en la calle? ¿Es verdad que un libro en la calle ya es de los lectores o es eso un lugar común?

    Ojú, Andrés, que casi me sale una entrevista...

    Un abrazo.

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  5. Bueno, pues sí, Juanma, es un poco raro. Hay un momento para mí muy intenso que es cuando todavía tu libro no lo ha leído nadie, quiero decir el manuscrito. Yo no se lo doy a nadie hasta que está terminado. Hasta ese momento el único punto de referencia que tienes es el tuyo, y cuando los demás leen el libro, de alguna manera también lo escriben, porque cada uno ve cosas diferentes, cosas que incluso el autor no ha sido consciente. Yo creo que el libro sólo te pertenece del todo hasta que lo lee alguien.
    Pero bueno, hablaré de ello en alguna próxima entrada.
    Un abrazo,

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  6. Nada que los que te leemos no sepamos. Es triste e injusto lo que sucede con los libros, me refiero a publicidad y vida...
    Por lo menos hay personas que se detienen a comprobar las cosas por ellos mismos. Felicidades, ya sabes que pienso lo mismo: Nen tú vales mucho!!
    Antonia J Corrales

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  7. Pues sí, Antonia. Es triste. Una vez que entregas tu libro a la editorial también deja de pertenecerte. Pero de una manera mucho más fría, no como le contaba a Juanma un poco más arriba. Has estado trabajando en él durante meses, años, y ahora no puedes más que dejar que alguien que quizá no lo ha comprendido o valorado en la misma medida que tú se haga cargo de él. Pero siempre quedan los lectores. Al final, hay gente que está ahí.¿Tú cuándo crees que un libro deja de pertenecerte, Antonia?
    Un beso,

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  8. Creo que nunca, querido amigo. Es algo como los hijos... sí, ya sé... es un dicho un tanto manido, pero es el más cercano para explicarlo. Tus hijos no dejan de serlo nunca, aunque cambien o se “dejen hacer”. Con un piercing, un tatu, con el pelo a mil colores , con el aspecto de un chamán, da igual, siguen siendo tus hijos y tú ves en ellos la esencia real, no la aparente o la que otros ven.
    Tus obras son el contenido y no el continente. Siempre serán tuyas y en ellas se te verá. Y : “Quién tenga ojos para ver, que vea…” A fin de cuentas eso es lo más importante.
    Un súper besazo,
    Antonia J Corrales

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  9. Me gusta eso del contenido y el continente. Llevas razón, Antonia. Pero en cuanto se las dejas a la editorial, no sé, el control sí que lo pierdes.
    Un beso grande,

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