Adicto a las series
No sé si las adicciones debe uno confesarlas públicamente, pero yo enseguida me engancho a una serie de televisión. Me basta con ver un capítulo, o tal vez dos, para que me pique la curiosidad sobre las vidas de los personajes, cómo se relacionan entre ellos, qué les va a pasar. Para quedar como un pedante puedo decir que lo que me pasa se llama deformación profesional, pero es que, hasta donde la memoria me alcanza, para mí siempre ha sido como si la realidad bailase agarrada con la ficción, inseparables, que lo que pasa en la pantalla me resulte tan cercano como lo sucede al otro lado de la ventana del salón. Con los libros es lo mismo, pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy. Cualquiera que me conozca un poco sabe que cuando hablo de una película que me ha gustado, enseguida se me iluminan los ojos, y que, si contengo mi entusiasmo, es para que no piensen que he perdido la razón y estoy tan confundido que siento que los personajes de los que hablo son tan de carne y hueso como...