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Mostrando entradas de septiembre, 2009

Adicto a las series

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No sé si las adicciones debe uno confesarlas públicamente, pero yo enseguida me engancho a una serie de televisión. Me basta con ver un capítulo, o tal vez dos, para que me pique la curiosidad sobre las vidas de los personajes, cómo se relacionan entre ellos, qué les va a pasar. Para quedar como un pedante puedo decir que lo que me pasa se llama deformación profesional, pero es que, hasta donde la memoria me alcanza, para mí siempre ha sido como si la realidad bailase agarrada con la ficción, inseparables, que lo que pasa en la pantalla me resulte tan cercano como lo sucede al otro lado de la ventana del salón. Con los libros es lo mismo, pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy.
Cualquiera que me conozca un poco sabe que cuando hablo de una película que me ha gustado, enseguida se me iluminan los ojos, y que, si contengo mi entusiasmo, es para que no piensen que he perdido la razón y estoy tan confundido que siento que los personajes de los que hablo son tan de carne y hueso como…

Pa mear y no echar gota

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Yo, hasta ahora, me consideraba un tipo concienciado con esto del medio ambiente. Qué quieren que les diga. Soy capaz de caminar el tiempo que haga falta, con el palito de un helado todavía pegajoso en la mano, hasta que encuentro una papelera, cualquier día me quedo doblado de tanto agacharme cada vez que tiro algo al suelo y se sale de la papelera, que, maldita sea la Ley de Murphy, siempre está llena. En el sur de España, donde vivo, estamos muy concienciados con eso del ahorro del agua. Hace años tuvimos una sequía bíblica y sabemos lo que son las restricciones o abrir un grifo y que el líquido que sale sea cualquier cosa menos transparente. En fin, para no aburrir a quien recale por aquí: que cierro el grifo mientras me cepillo los dientes o me enjabono en la ducha, y procuro tirar de la cisterna solo cuando es estrictamente necesario. Ya me entienden.Pero resulta que no, que todavía tengo muchas cosas que aprender, que en esto de ahorrar agua y mirar por el planeta aún estoy en …

Cada vez más tontos

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Como últimamente tengo el blog un poco abandonado, de tanto corregirEl violinista de Mauthausen, a veces he pensado que, cuando quisiera volver a ponerme a opinar sobre los asuntos que me tocan ciertas partes que mi sentido del buen gusto no me permiten decir aquí, me iba a costar mucho, que, a lo mejor, la actualidad no me pondría por delante tantas noticias de las que enseguida se me van las manos al teclado para desahogarme, o que, aunque las hubiera (las noticias, quiero decir) de no ejercitarlo ya habría perdido el toque para decir lo que pienso.Comeduras de coco aparte, al final resulta que no, que aunque lleve una temporada aislado del mundo, basta con encender la tele o abrir un periódico para darte cuenta de que la estupidez sigue siendo la cuestión que manda en la actualidad. Ayer me entero de que se va a desarrollar una Ley de Cine con "un elemento claro de discriminación positiva en favor de la producción cinematográfica dirigida por mujeres", lo que viene a deci…

Despechugados

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Cualquiera que me conozca sabrá que no soy nada aficionado a los compromisos sociales y que, servidumbres del oficio de escritor aparte, es difícil verme en lugares multitudinarios, que las reuniones de más de dos o tres personas enseguida terminan cansándome. Salvo en contadas ocasiones, me repelen las bodas, las comuniones y los bautizos, y cada vez que en la tele anuncian un coche que se pierde por una carretera solitaria cuyo fin no podemos adivinar, me gustaría estar sentado al volante, con la radio puesta pero perdido en mis propios pensamientos, pergeñando historias que tal vez escriba algún día. Aún no he aprendido a hacerme el nudo de la corbata, por eso hace años que no me pongo ninguna y, cuando me imagino con una, enseguida veo a otro que tiene mi misma cara pero no soy yo, seguro que porque encorbatado me siento tan incómodo como si estuviera en el patíbulo con una soga al cuello mientras el verdugo me ajusta la capucha y un cura murmura unas palabras que lee de una bibli…

Que Dios reparta suerte

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Esta tarde me han dado las noticia algunos amigos del Facebook. Yo no tenía ni idea porque llevo unos días enclaustrado corrigiendo las galeradas de El violinista de Mauthausen que debe estar en la calle a finales de octubre. Resulta que mi libro de cuentos, El centro de la Tierra, ha sido seleccionado como finalista en el premio Setenil de cuentos.

Fernando Valls, en su blog, ha puesto la listade los otros finalistas para que los lectores que han leído los libros opinen sobre ellos.
Muchos de los que frecuentan este blog ya saben que en este libros hay cuentos que escribí entre 1999 y 2007. Resulta muy gratificante ver que, después de tantos años, esta colección ha sido elegida finalista en el premio Setenil. Pues eso, que Dios reparta suerte. El premio, y lo digo de verdad, es estar ahí.

Narrador del siglo XXI

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Hace cinco años, a primeros de septiembre, andaba yo esperando lo que me guardaba el futuro. A mediados de mes estaría en la calle mi primera novela. Ya había publicado otros libros, pero nunca había sido promocionado por una editorial, y aunque era un estímulo, también sentía una gran responsabilidad. Había escrito La clave Pinner tres años antes, y había estado dando tumbos por ahí en algunos premios con más o menos fortuna. Tuve alguna oportunidad de publicarla, pero no acabó de convencerme ninguna. Me llegó la oferta de Roca y no me pareció mal. Llega un momento en que los libros tienen que ver la luz. Siempre he pensado que un manuscrito guardado en el cajón de tu mesa no hace sino criar telarañas. Un lustro y otras tres novelas más tarde (a finales de octubre creo que estará en la calle El violinista de Mauthausen) aún me llegan comentarios de lectores que me hablan de Gordon Pinner y de Miguel Carmona. No saben cuánto me alegran (o sí, porque les contesto). La clave Pinner es mu…