En paz con uno mismo

La llegada del otoño es uno de los momentos que me hacen más feliz de todo el año. A este de 2009 le ha costado arrancar, como si, a medida que me hago mayor, el otoño se volviera más perezoso, o es el verano el que se empeña en poner a prueba mi paciencia, haciéndose el remolón, como el invitado pesado que se levanta de tu sofá después de unas cuantas horas de visita sin terminar de marcharse nunca.

Pero esta tarde he salido a la calle y estaba oscuro aunque todavía era temprano, y he sentido un fresco agradable en la cara que ya creía haber olvidado, y al respirar me ha venido un olor familiar, y he sonreído al ver recortarse en la luna el humo que sale de la chimenea de un vecino, y ya estoy seguro de que, por fin, en el sur ya ha entrado el otoño. Ya era hora. Y da gusto ponerte un jersey y sentarte un domingo por la noche para ver un partido de fútbol ―aunque el fútbol te interese lo justo―, meterte en la cama y arrebujarte bajo una manta gruesa que tenías guardada en el armario, pasear por la ciudad y no fruncir el ceño al descubrir los adornos de Navidad en el escaparate de una tienda, incluso comerte prematuramente un mantecado.

No sé. En otoño es como si la vida volviese a recuperar el orden, la rutina, y yo soy un tipo que necesita cierta estabilidad para sentirse bien. No es el mejor momento para estar tranquilo cuando tu última novela acaba de llegar a las librerías y dentro de nada te vas a ir de viaje con un grupo de periodistas a Austria, pero ahora mismo estoy aquí, sentado en un sillón, el fútbol en la tele, muy bajito, escribiendo en un cuaderno que a lo mejor pasaré al blog, satisfecho después de haber dado todo lo que tenía durante el último año. En paz conmigo mismo, supongo. La mejor manera que se me ocurre de estar en este mundo.

© Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2009

Comentarios

  1. Con este texto se demuestra que en numerosas ocasiones las cosas más sencillas de la vida, son las que más felices nos hacen. Es una suerte que te sientas en paz contigo mismo (no todo el mundo lo consigue) y eso es por haber culminado con éxito un proyecto llevado a cabo con esfuerzo, pues pienso desde mi humilde opinión, que escribir un libro no es tarea fácil, y ya ves ahí están los frutos. Mi enhorabuena y a disfrutar todo lo que eso conlleva, pues el éxito es efímero, pero siempre te quedará un partido de fútbol, los amigos y el otoño...

    Alicia Carrasco Téllez.

    ResponderEliminar
  2. Hola Andrés.

    El texto me ha gustado, pero lo que me ha llevado a escribir es el título. ¡¡Joe con el "estar en paz con uno mismo"!! Yo no puedo estar más en desacuerdo. A mí lo que más me gusta es estar en conflicto conmigo mismo, estar siempre disconforme, nunca en paz, nunca conforme, jamás a gusto, pues sólo de ahí creo que podré sacar algo claro. Lo que sea. Aunque simplemente sea el interés por un tema en cuestión tras una reflexión, una idea acerca del amor.. igual da.
    Jamás podré estar en paz conmigo mismo, pues sólo podría significar que estoy parado.

    Saludos
    Alberto

    ResponderEliminar
  3. Hombre, Alberto, yo creo que también es bueno sentirte en paz, sobre todo cuando has tenido antes muchos meses agitados. Igual que cuando llevas mucho tiempo sin hacer nada te apetece moverte. Sin embargo, yo creo que sentirte en paz con uno mismo no es lo mismo que estar parado. Es más, creo que cuando uno puede dar lo mejor de sí es cuando está en paz con uno mismo.
    Un saludo,

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

El payaso Trump