Lugares comunes y situaciones análogas


Algún día de estos volveré a contar por aquí cosas que no tengan que ver -o, al menos, que no tengan solo que ver- con mis libros. Pero la publicación de El violinista de Mauthausen es lo que ahora dirige, y condiciona, mis días. Pero no puedo olvidar que en primavera publiqué un libro de cuentos, El centro de la Tierra, que ha sido finalista del Premio Setenil (desde aquí mis felicitaciones a Fernando Clemot, el ganador). Estos días han salido algunas reseñas de mis cuentos, en Cuadernos del Sur y en Mercurio. Las pongo aquí en el mismo orden en que las he recibido. Por eso hoy os dejo la de Pedro Domene en Cuadernos del Sur, a quien le mando un abrazo y le agradezco sus palabras tan elogiosas sobre mi trabajo.


Pedro M. Domene. Cuadernos del Sur

El cuento literario español está de moda, editores y autores ven como los lectores demandan un género calificado como cenicienta de la literatura, aunque nunca debemos olvidar que se trata de una tradición que arranca desde los albores del castellano y de las primeras traducciones del árabe, se ejemplificó durante el Siglo de Oro, y adquirió categoría de universal durante el XIX y XX, con notables cultivadores.

Andrés Pérez Domíguez (Sevilla, 1969) se suma a esa larga lista con El centro de la Tierra (2009), una colección de diez relatos, escritos como explica al final de su libro, entre los años 1999 y 2007, un tiempo dilatado que alternó con algunas de sus entregas tan variadas como interesantes, un libro de relatos, Estado provisional (2001), las novelas cortas, Los mejores años (2002) y Duarte (2002), o sus novelas extensas, La clave Pinner (2004), El factor Einstein (2008) y El síndrome de Mowgli (2008). El centro de la Tierra recoge, por consiguiente, algunas de las primeras incursiones literarias del joven Pérez Domínguez, sus cuentos premiados y publicados, Un mundo perfecto y Estado provisional, incluidos en su primer libro. El resto están escritos a lo largo de la última década, y ofrecen parte de esa buena literatura a que nos tiene acostumbrados el narrador sevillano. Sus textos surgen, indiscutiblemente, de ese minúsculo laboratorio de experimentación que supone el lenguaje o esa ambiciosa pretensión de encerrar en un espacio más breve una permanente visión trascendente del mundo. Los personajes de sus cuentos se encuentran al límite de sus posibilidades cuando se enfrentan a situaciones extremas como un despido laboral en “La voz interior“ y su posterior decisión de cometer un robo vestido de Papa Noel; la angustia que vive un portero ante el lanzamiento de un penalti, justo al final de su carrera deportiva; la emotiva tarde de domingo de un ex-alcohólico con su hija, uno de los cuentos más emotivos, Vainilla y chocolate, y para terminar, la visión sociopolítica de la tortura argentina en su cuento más reciente, El centro de la tierra.

Pérez Domínguez se desenvuelve muy bien en el marco histórico de la Segunda Guerra Mundial, como en El último viaje, la magnífica descripción de ese tren que circula desde Buchenwald hasta Mauthausen, germen quizá de un proyecto mayor: El violinista de Mauthausen; pero sobresale en describir lugares comunes, con situaciones análogas, cuyos personajes recorren parte de su vida y se enfrentan a un final no menos sorpresivo con que han vivido su existencia anterior, y demuestran así que esta vida surge de una revelación inverosímil que solo con la literatura encuentra cierto sentido.

Comentarios

  1. No hay por qué dar las gracias, Andrés. Sabes que trabajo desde la más absoluta libertad y escribo sobre lo que me gusta. Ahora tengo en las manos "El violinista..." que en estos días empiezo. Suerte como siempre, y un abrazo, también, para ti. Pedro M. Domene

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  2. Será, Pedro, que a mí enseñaron eso de que es de bien nacidos ser agradecido. Un abrazo,

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  3. Me quedan ciento veinte páginas para terminar "El violinista de Mauthausen". Estoy en el trabajo, saltándome a la torera la prohibición de leer (y por tanto permitiendo, yo que debería estar vigilante, que todo el quiera leer lo haga). Si no lo termino esta tarde, no pasará de mañana por la mañana.

    Estoy sobrecogido por el libro. Pero ya te contaré. Tiene momentos en los que uno siente un pellizco de verdad en el alma, o en las entrañas, o qué se yo. He sentido hambre real al leerlo. Ya lo dijo Paco Robles: no somos conscientes de todo aquello, no sabemos lo que supuso estar en un campo de concentración, lo que supuso la Guerra. Todos los personajes son muy literarios, irreprochables, tan luminosos como oscuros.
    En fin, voy a ver cómo concluye esto...

    Un abrazo y gracias.

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  4. Ay, las prisas al escribir: ya dijo Paco Robles que no somos conscientes, etc, etc...pero tu libro, sin duda, nos acerca hasta la mísmisima frontera de lo que no vivimos ni podemos recordar. Y no nos deja en esa frontera, nos introduce en el barro, en la mierda, en una cantera, en una plaza, en un par de ciudades, en el frío, en el miedo, en la crueldad de un niño (menudo pasaje, Andrés)...en fin, que voy a ver cómo termina esto. Lo dicho.

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  5. Pues muchas gracias, querido Juanma. Es una grandísima satisfacción enterarte de que los lectores disfrutan con tu trabajo. Es para eso para lo que escribe uno.
    Ya me contarás qué tal.
    Un abrazo,

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  6. Hace unos quince segundos que he concluido "El violinista de Mauthausen". Cuando uno va leyendo, apasionado, un libro de casi quinientas páginas, siempre teme el final. Por dos motivos: porque concluye un libro que ha disfrutado y, por otro lado, porque siempre queda la posibilidad de un final que pueda decepcionar.
    Pero no. El final está a la altura de todo el resto. Si acaso no lo supera, si acaso no es la que da un sentido último a todo el texto, lo engrandece y lo acerca a lo que seguro ha sido tu intención desde el momento en el cual el libro fue concebido.
    En fin, sigo en el trabajo (ya me queda poco para irme) y tengo que ponerme a hacer. Ya te diré en algún correo, o por aquí, todo lo que me pareció el libro. El que más me ha gustado de los tuyos. He sido cada uno de los cuatro personajes principales, he ido cambiando en cada capítulo. Ha sido una lectura fascinante. Y yo eso siempre lo agradezco por encima de tantas cosas...

    Gracias, Andrés, por este libro. Y un abrazo.

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  7. Lo dicho, Juanma: un auténtico placer leer estos comentarios tuyos, y muy contento que estoy porque hayas disfrutado de la novela. Al cabo, uno escribe para eso, como te he dicho alguna vez: para que los demás disfruten. Ojalá que a muchos lectores la novela les parezca lo mismo que a ti.
    Un abrazo,

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