A Mauthausen con la prensa (IV, Yo he venido a hablar de mi libro)

A las siete de la mañana, ya estoy en la calle. No hemos quedado con Birgit hasta las nueve, pero ya lo he contado: en los hoteles no duermo bien. Busco un supermercado abierto y compro un par de botellas de leche para guardarlas en el minibar de la habitación del hotel. Me da vergüenza pedirla en los bares, pero es mi bebida favorita. Es uno de los préstamos que hice a mi amigo Rafael Montalbán, el protagonista de El síndrome de Mowgli. Los lectores de esa novela tal vez lo recuerden. Cruzo el puente de los Nibelungos, recorro la Hauptplatz de Linz, me cuelo en una callejuela donde un rótulo me indica cuál es la casa en la que vivió un tiempo Kepler y desando el camino. El tiempo justo para desayunar en el hotel y encontrarnos con Birgit. Con ella volvemos a la Hauptplatz, nos enseña el balcón donde Hitler se dio un baño de multitudes justo un día antes de anunciar en Viena la anexión de Austria, el Anschluss, en 1938. Pasamos la mañana recorriendo la ciudad, nos informan de una exposición sobre un proyecto megalómano que Hitler tenía para Linz. Comemos en un restaurante con unas vistas magníficas, y es imposible no pensar en lo que la ciudad en la que estamos podría haber sido si el proyecto del Führer hubiera salido adelante. Lo que son las cosas.

Luego visitamos un lugar interesante. El centro cultural Ars Electronica. Artilugios, inventos, proyecciones en tres dimensiones. Me gustó mucho.

Ya llevo un día con los periodistas, y no me acuerdo de que, como diría Umbral, he venido a hablar de mi libro. A las tres y media de la tarde echo de menos un par de pinzas que me sujeten los párpados, pero subo a la habitación y me echo agua en la cara para espabilarme. Hemos quedado que los periodistas me van a entrevistar en dos tandas. La primera, a las tres y media. La segunda, a las cuatro y cuarto. Se supone que terminamos a las cinco porque a las cinco y media (sí, a las cinco y media) tenemos que cenar antes de asistir a un concierto. Cuando bajo al bar del hotel están los periodistas sentados, con las libretas en la mano. Ricard, Paco Luis, Josep, María, Albert, Toni, Begoña, Zoe. Todos frente a al sofá donde yo me tengo que sentar. Miguel Ángel Matellanes, mi editor, siempre al quite en estos menesteres, se sienta a mi lado. Óscar Oliveira y Susana Picos están atentos, un poco más allá. Maribel nos hace fotos. Hasta hace un rato éramos unos colegas que nos lo estábamos pasando en grande en Linz. Ahora estamos trabajando. Y esto va en serio.

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