A Mauthausen con la prensa (V. Un nuevo parpadeo)

En la segunda tanda, Jose Oliva, de EFE, y Carlos Sala, de La Razón, me someten al tercer grado. Matellanes, Oliveira, Susana y Maribel se han ido. Total, el que tiene que contar la novela soy yo. Cuando terminamos las entrevistas apenas me queda tiempo para darme una ducha antes de irnos a cenar. Birgit ya está en la recepción cuando bajo. Hay que cruzar el puente de los Nibelungos otra vez para ir al concierto. No está lejos, pero me quedo rezagado charlando con Paco Luis del Pino sobre la película Münich, de Spielberg, que a los dos nos gusta mucho, y nos perdemos. Nos metemos en el sitio equivocado. Primero es la cena, luego el concierto. Abrimos una puerta y nos encontramos a los músicos ensayando. Buscamos un restaurante y está vacío. No es allí. Al final llegamos. Tarde, pero llegamos. Me disculpo en alemán con Herr Steiner, que también nos acompaña esa noche. Tut mir leid. Wir waren verloren, le digo. Se echa a reír. Supongo que me entiende. Llevo un rato diciendo que no voy a cenar, que a las cinco y media soy incapaz de comer nada, pero al final me animo y pico algo. Luego nos vamos todos al concierto. La música en Austria siempre resulta excepcional, pero estoy tan cansado que me cuesta tener los ojos abiertos durante la representación. Si no los cierro es porque me llama la atención ver a un hombre que canta con voz de mujer. No había escuchado en mi vida hablar de él, pero tampoco me da vergüenza reconocerlo públicamente: para determinadas cosas soy un cateto. No soy el único al que se le bajan los párpados. Son muchas horas, y llevamos levantados desde muy temprano. En el descanso la mayoría le dice a Birgit que mejor nos vamos. Algunos se quedan. Birgit se viene con nosotros a tomar algo.

Al salir del concierto, Matellanes se deja fotografiar con el gorro y el cigarro, supongo que, por si a cualquier escritor que lea este blog aún tiene ganas de mandarle un original se le disipen del todo…

Por el camino estoy hablando con Josep Borrell, el director de Clío, y recuerdo que, hace cinco años, en la consulta de un médico, vi una revista atrasada con Albert Einstein en la portada. Leí el reportaje sobre la oferta que el gobierno de la República hizo en 1933 al Premio Nobel para convertirse en ciudadano español. No le presté demasiada atención entonces, pero luego estuve dándole vueltas hasta que no tuve más remedio que volver a la consulta para pedir la revista. Dos años y tres meses después puse el punto final a El factor Einstein. Pero no estaba seguro de cuál era la revista aquella. Josep Borrel sonríe. Era Clío. Lo publicamos en febrero de 2004, me dice. Vuelvo a parpadear y me quedo pensativo, como ayer en el aeropuerto al saludar a David Solar. Es como si otra vez, sin saber por qué, algo empieza de nuevo a tener sentido.


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