La bendita maldición

El año se acaba, pero yo no pertenezco a esa clase de tipos que se ponen nostálgicos en Nochevieja. Lo cierto es que el de Nochevieja es uno de los días del año que menos me gustan: hay demasiado bullicio, las televisiones se dan codazos por emitir el programa más hortera, y nunca me han gustado las uvas, conque esta noche será para mí una como las demás, salvo que tendré que ponerme tapones en los oídos para dormir.

El 2009 ha sido un año intenso. Muy intenso. Me he mudado dos veces de casa, al final de la primavera gané un premio de novela que ha sido muy importante para mí y, justo antes de empezar la promoción de El violinista de Mauthausen, me llamaron para decirme que había ganado la primera edición del certamen de novela corta La Espiga Dorada con un texto que tenía aparcado desde finales del 2007, y también me anunciaron que la colección de cuentos que había publicado en primavera, El centro de la Tierra, había sido elegida como una de las diez finalistas del premio Setenil.

Cuando empezó el año no tenía ni idea de cuántas cosas iban a caber en estos doce meses. En enero estaba liado con el último borrador de El violinista de Mauthausen, sin saber que acabaría dándome tantas alegrías. Tengo la sensación de no haber parado de trabajar en los últimos cuatro años. He escrito tres novelas, una colección de cuentos y una novela corta, además de cientos de artículos para la radio. Aunque satisfecho del trabajo, más de una vez me he dicho que debo bajar el ritmo, que ahora, con El violinista de Mauthausen en los escaparates de las librerías, la ajetreada promoción que en cuanto pasen las Navidades me obligará de nuevo a hacer las maletas, y una novela corta en la recámara que se publicará en el 2010, supongo, puedo permitirme el lujo de relajarme un poco. Pero tengo cuatro o cinco historias en la cabeza que no me dejan en paz. Ya he escogido una de ellas, una novela que tengo esbozada desde el verano de 2007. Es la que más me apetece ahora. Tantas ganas tengo de ponerme con ella que a veces he de contenerme y decirme, para un poco, Andrés, para un poco, tío, y, si no puedes resistirte a escribir otra novela, no pasará nada si la empiezas y luego tienes que estar una semana o dos sin escribir porque los viajes del violinista no te dejan. Lo pienso, pero también sé que una vez que la empiece no seré capaz de parar, que si estoy de viaje entre semana luego los sentimientos de culpabilidad me obligarán a recuperar el tiempo perdido el sábado o el domingo. No sé hacer las cosas de otra forma. Qué le voy a hacer. Es lo que más me gusta: inventar un mundo, crear personajes, encontrar los sentimientos que los muevan, establecer las líneas argumentales de una historia, afrontar el reto agotador y fascinante de escribir una novela. Y ya estoy seguro los escritores siempre sabemos reconocer este momento cuando sucede de que no voy a detenerme hasta terminar de escribir la historia que he escogido, obstinado hasta el fin, como el capitán Ahab. Bien mirado, es como una maldición de la que no te puedes librar, una enfermedad de la que no quiero que me curen jamás.

Feliz 2010 a todos.

© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2009

Comentarios

  1. No se cure usted, ni haga el intento... Feliz 2010

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  2. Querido Andres, feliz Año 2010, para ti y toda tu gente.
    Espero que esa terrible enfermedad que padeces, se agrave y nos sigas deleitando con tus padecimientos.
    Te deseo que el nuevo año te traiga mucha felicidad, te de fuerzas para seguir en la brecha y que tu exito siga vigente durante al menos unos 30 años mas.
    Tampoco mereces menos.
    Un cordial abrazo.

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  3. Que tenga un buen año, Andrés. Tu violinista nos da alegrías a todos.
    Un fuerte abrazo y un brindis.

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  4. Pues nada, Andrés. A tu bola. A mí me pasa lo mismo. En cuanto tengo una historia en la cabeza no paro hasta que la plasmo en una novela. Eso sí, a veces descanso una semana, un mes, porque si no tengo la impresión de que voy a cagarla.
    Pero no pares. El otro día compré el violinista en una estación de tren y la estoy leyendo. Los primeros capítulos me encantan. Ya te contaré. Un abrazo y feliz año.

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  5. Al igual que Rafael, también deseo que esa enfermedad vaya a peor, que ni se te ocurra ir al médico, que te aguantes y no tengas más remedio que ponerte a escribir. ¡¡Ea!!

    Un fuerte abrazo.

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  6. Bien, o mal mirado, depende, sin duda es un veneno esto de escribir para el que no hay antídoto. Me alegro de todo lo bueno que te está pasando, porque cuando un compañero de oficio abre una puerta es una esparanza para el resto.
    Saludos y hasta pronto.

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  7. no he leido ( todavia ) su libro, espero leerlo pronto ... es hora ya
    de que este pais sepa que parte de
    su memoria historica esta enterrada
    en distintos paises de europa. mi padre estuvo deportado en mauthausen( kl 5894 ), vive todavia, con regular salud, mi abuelo fallecio en gusen. el violinista ... quizas podria tener una segunda parte, la del regreso
    a la vida de todos los que sobrevivieron, regreso cargadados
    con su sufrimiento, con la memoria
    de los compañeros/as fallecidos y
    con el compromiso de hacer que perdurara el recuerdo ... pero esa
    segunda parte hay que escribirla pronto, quedan ya muy pocos testigos vivos, jose egea
    jose.egea.martinez@hotmail.com

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  8. 2009 fue un buen año de siembra, amigo. Ha llegado el momento de recoger los merecidos frutos.
    Espero que nos veamos pronto si haces parada y fonda por aquí.
    Un abrazo.

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  9. Querido Andrés,

    Hace apenas 2 semanas no te conocía de nada, pero una compañera del trabajo me regaló "El violinista..." A mi pesar llevaba demasiado tiempo sin leer un libro y me propuse remediarlo con este regalo, qué gran regalo. Has llenado mi interior de grandes emociones y he disfrutado intensamente cada párrafo viviendo precipitadamente las vidas de Anna, Rubén, Franz y Robert. Estas Navidades sin duda las recordaré gracias a ellos y gracias a tí, que has conseguido desdoblar en mí la vida en dos, la que tengo y la que he imaginado durante la guerra. Mi más sincera enhorabuena, gracias por lograr mantener esa tensión que hacía que no pudiera parar de leer y gracias también por ese don que tienes de viajar en el tiempo en tu relato, que mágicamente lo hacía todo más inquietante y me ha enganchado hasta el final. Gracias por escribir, volveremos a vernos pronto.

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  10. Aún no he leído nada suyo pero espero remediarlo pronto, pues -además de que me encanta leer- tengo un blog dedicado a la reseña de libros y lo que más me gusta es reseñar autores españoles y, sobre todo, andaluces, que los hay y muy buenos.

    Feliz año. Saludos.

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  11. Bueno, Rascaviejas: procuraré no curarme. Y usted tampoco... A ver si coincidimos, con mantel o con micrófono delante...

    Rafael: feliz Año para ti también. Lo mismo: procuraré no tomar medicamentos...

    Querido Rafael G. Organvidez: mi padre, hombre cabal donde los haya, me enseñó hace muchos años que los buenos negocios son aquellos en los que todas las partes ganan algo. Brindo contigo.

    Que la disfrutes, Paco.

    Pues eso, Juanma: que no, que no me curaré...

    Muchas gracias, Mercedes: a veces estas cosas pasan, cuando uno menos se lo espera. Lo importante es seguir trabajando siempre.

    Jose Egea: me llena de orgullo que el hijo de un superviviente de Mauthausen se asome por aquí. Dígale a su padre de mi parte que él y sus compañeros fueron unos héroes, y que hay mucha gente que por fin se está dando cuenta.

    En eso estamos, Diego.

    Eva, gracias a ti, sin duda. Sin los lectores, los escritores no podríamos vivir de nuestro trabajo.
    Me ha gustado mucho leer tus palabras.

    Rosalía, pues encantado de conocerla.

    Abrazos para todos,

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