Todos somos espías

Por aquí dejo esta estupenda reseña que Gregorio León, el autor de El pensamiento de los ahorcados, ha hecho en el blog literario La tormenta en un vaso. Desde aquí le mando un abrazo, y le digo que, aunque la comparación resulta halagadora, no lo niego, lo de Graham Greene y Primo Levi resulta exagerado, sin duda...

Uno de los más maravillosos misterios de la naturaleza es como, una simple e insignificante semilla es capaz de transformarse en un recio árbol, frondoso. Ha contado Andrés Pérez Domínguez que el germen de El violinista de Mauthausen fue una imagen que captó en el metro de Viena. Una pareja bailaba un vals, sin música. A partir de esa minúscula semilla el escritor sevillano ha construido una historia que emociona desde la primera página. No es una novela con ritmo trepidante, de esas que te dejan sin aliento, al borde de la asfixia, como si acabaras de correr una marathon y cuando llegas a la meta te sientes estúpido (aparte de muy cansado). Claro que ocurren cosas, hay acción, pero todo pasa dentro de los corazones de los personajes, impecablemente trazados. Sé que muchos lectores se quedarán con Rubén Castro y sus padecimientos en Mauthausen por culpa de las penalidades que impone el campo de concentración, y sobre todo, por la ausencia de Anna Cavour, con la que inició un romance abortado por culpa de la guerra. Otros preferirán a Franz Müller, ingeniero alemán que hace todo lo posible por alejarse de las doctrinas del nacionalsocialismo, violín en mano, y que acabará enamorándose de Anna mientras su prometido se consume en Mauthausen. Pero yo elijo la figura de Robert Bishop, ante de la OSS, que recluta a Anna para la causa aliada. Y es aquí donde Andrés Pérez Domínguez despliega la maestría en el viaje al mundo de los servicios secretos, del juego de la seducción y la mentira. Bishop es un espía americano, de la mejor estirpe, de la que solo podemos encontrar en autores como Graham Greene. Y leyendo El violinista de Mauthausen he sentido el mismo placer que cuando tuve en mis manos El factor humano o Nuestro hombre en La Habana. Andrés se mueve como pez en el agua en ese territorio, como si él, porque todos somos espías, le hubiera arrebatado a los grandes maestros el manual de claves para escribir una buena novela de espías. Pero El violinista de Mauthausen es mucho más. Nunca había sentido tanta angustia dentro de un campo de concentración desde que descubrí a Primo Levi. No hay tremendismos, no hay truculencias. Solo la rutina de la muerte, la lenta e inexorable extinción de las vidas que no merecen ser vividas. Por eso tenemos sed cuando viajamos con Rubén Castro en el convoy que le conducirá al campo, notamos en el pecho el hueco por la falta de Anna, y hasta estamos tentados también de saltar al vacío con un bloque de piedra a la espalda desde lo alto de la escalera de la cantera de Mauthausen.
Hay escenas que nos sobrecogen, incluso en su comicidad que esconde toda la brutalidad en la que se ejercitó el Tercer Reich: un niño celebra en el campo de exterminio su undécimo cumpleaños, y recibe como regalo una pistola, pero no de plástico, sino de verdad: una Luger. Y, automáticamente, como si acabaran de regalarle el derecho de decidir sobre la vida o la muerte, apunta con ella a un camarero preso que ha cometido el delito de resbalar y romper parte de la vajilla. O el momento en el que Rubén se lanza desesperadamente, como otros prisioneros, a beber agua en un charco, como si no fuera más que un perro, un animal despojado de dignidad. Como ese hay varios pasajes que justificarían por si solos la lectura de esta obra.
Contar una historia tan dolorosa, mostrar las dudas, contradicciones y sentimientos cruzados de los personajes, requería un lenguaje efectivo que no la ahogara. Aquí la prosa no estorba, sino que te lleva a caballo, página a página, hasta el final. Una prosa limpia, elegante, justa, que se acomoda como un guante a una estructura aparentemente sencilla. Y digo aparentemente porque no es fácil para un autor mover la cámara y enfocar capítulo a capítulo a cada personaje, para mostrarnos su punto de vista, de tal modo que al final las piezas encajen sin que tengamos la sensación de que durante toda la novela hemos estado completando un puzzle.
Desasosiego, incertidumbre, suspense, angustia. Todo eso está dentro de esta novela. Andrés Pérez Domínguez ha conseguido con su violinista ese objetivo que anhela todo escritor: contar bien una historia. Una historia que se quedará para siempre alojada en nuestros corazones, como esos amores que solo olvidamos cuando morimos.

Comentarios

  1. Pues sí que te han hecho una buena reseña, Andrés. Yo llevo viendo la novela por las librerías hace un tiempo. Y tiempo es lo que no tengo, porque tengo varias sin leer acumuladas y además el trabajo, y escribir, que también quita tiempo. Lo que me hizo fijarme en tu novela fue el título, muy sugerente. Y al ver que era tuya y habiendo leído "El factor Einstein", la apunté mentalmente para leerla en cuanto pueda. Un abrazo.

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  2. Creo que es la mejor reseña que he leído hasta ahora de "El violinista...". Estoy en todo con el autor, incluido (por supuesto) la elección de Bishop también como mi personaje dentro de la obra.

    Un abrazo.

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  3. Realmente es una descripción magnifica de la novela.
    Ha sintetizado correctamente los personajes y describe los pasajes mas duros y entrañables.
    Enhorabuena a Gregorio León Armero por su reseña.

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  4. precisamente iba a decir lo mismo que Juanma, que es la mejor y más descriptiva crítica del violinista que he leído hasta ahora. La suscribo punto por punto aunque no comparto su predilección por el espía y reconozco que Bishop está genialmente descrito, yo me quedo con Franz, creo que es el que da el equilibrio perfecto a la obra, con su ambigüedad hasta el final, es pieza clave en cada una de las fases de la obra, y creo que es el personaje en el que Andrés le ha dotado con matices de su propia personalidad.
    Felicidades a Gregorio, da gusto encontrar personas de verbo fácil derrochando talento.

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  5. No dice más que la verdad y yo desde luego sería incapaz de tomar parte por ninguno de los personajes, me quedo con todos.
    Espero que dedicaras muchos libros el miércoles. También me hubiese gustado hablar contigo pero voy siempre con patines puesto, corre que te corre.
    Un brazo

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  6. Pues, a leerla, Paco.

    Juanma, a mí también me parece una de las reseñas más acertadas sobre la novela. Demuestra que Gregorio León es un gran lector, sobre todo.

    Rafael, yo también felicito a Gregorio desde aquí, y, sobre todo, le doy las gracias.

    Patricio, ya sabes, todos los persojanes acaban teniendo algo del autor: también tienen cosas mías Rubén, y Bishop, y Anna, pero puede que Franz Müller un poco más.

    Ara, firmé bastantes libros, la verdad. A la gente le está gustando mucho la novela, y eso está muy bien.

    Abrazos a todos, y, si no hablamos antes, feliz Navidad.

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