Para manejarse por este blog y no perderse

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viernes 30 de enero de 2009

La chirigota de los políticos

(para escuchar este artículo emitido en Punto Radio pincha aquí: http://www.goear.com/listen.php?v=2ce2166)
Como cada año por estas fechas, ya están empezando a escucharse las chirigotas del carnaval de Cádiz. Yo pongo la radio y pego la oreja, y el tiempo que empleo al final siempre me parece la mar de bien invertido. Con algunas canciones me parto de risa, aunque otras son para reflexionar y poco aptas para la gente de lágrima fácil. Es lo que tiene esto de las letras de los carnavales, que con algunas te duele la barriga de reírte, y con otras también te duele la barriga, pero de otra manera, porque, a poco que escarbes te das cuenta de que, como alguien dijo una vez -la verdad es que no recuerdo bien, y lo mismo hasta he sido yo el que lo ha dicho por aquí-, la ironía no es más que amargura destilada.
Pero en esto de los carnavales también hay algo que aunque parezca que me da risa lo cierto es que me preocupa porque no es más que otro síntoma de que nos despeñamos, sí, nos despeñamos cuesta abajo y sin frenos. No sé a ustedes, pero a mí me da la sensación de que muchas veces en lugar de ser los carnavales los que reflejan lo que está pasando de una manera deliciosamente retorcida y guasona, es la gente la que se empeña en comportarse como si todo el año fuera carnaval, sobre todo cuando les ponen un micrófono delante. De los últimos tiempos me quedo con tres lumbreras de altura: Bibiana, Montse y Maleni -no hace falta que escriba sus apellidos, supongo: cualquiera que se pase por este blog habrá visto que no es la primera vez que hablo de ellas- que, no sé si se lo han llegado a plantear, pero como trío carnavalero no tendrían precio. Imagínense el cuadro, una comparsa formada por las tres tenoras de la política, la de los miembros y las miembras y azote de los machistas cromañones que nos empeñamos en seguir usando el castellano anticuado y sexista; otra, que necesita un intérprete para llamar a un hotel a Córdoba; y, la última, mi favorita, la que dice que habla más rápid
o que piensa -dado el resultado de su ministerio esto tampoco debe de ser ningún mérito-, la misma que el otro día al decir un refrán confundió las velas de los barcos con las de los candelabros y se quedó tan tranquila, como cuando se retrasan las obras del AVE, se colapsan las carreteras o no pueden despegar los aviones. Para hacer los coros también podríamos poner a Zapatero, disfrazado de Obama, soltando frases grandilocuentes de vez en cuando como un niño repelente, o a Rajoy, mirando al tendido con cara de esto no me puede estar pasando a mí.
No sé ustedes, pero yo, hasta que no los vea a todos juntos en una chirigota no me habrán convencido de que han llegado, por fin, a la cima de sus carreras.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009

viernes 23 de enero de 2009

Para ponerse a gritar

Cristóbal, sí, ya lo sé: hoy debería hablar del discurso de Barack Obama el otro día, del frío que hacía en Washington o de la oronda Areta Franklin que para el placer nuestros oídos le puso la nota musical al momento. Querido amigo, estamos tan obamizados que deberíamos -especialmente nuestros políticos- colocarnos una careta con la sonrisa de Barack Obama y salir todos a la calle a cantar el Viva la gente. ¿Que no estoy contento porque hayan elegido a Obama presidente? Pues claro que estoy contento, y me duele la boca de decirlo. Pero no nos engañemos, Cristóbal, que por mucho Obama y por mucho que los políticos de aquí se quieran convertir en clones del primer negro que se ha sentado en el Despacho Oval, las cuentas de la crisis no nos salen, querido amigo. Y si en Washington hacía frío el otro día, en España son los bolsillos los que se nos han quedado helados. El otro día estuve en un centro comercial de esos con cines y muchos bares, y pensé que de pronto me había convertido en un personaje de una película catastrofista, que había habido una guerra nuclear y que el mundo había cambiado para siempre. Salvo dos o tres locales que aún son capaces de aguantar el temporal, todos los demás estaban cerrados, con un letrero muy grande que decía “se alquila”, y en el que me entraron ganas de escribir a mano, en letra más grande todavía, “si es que alguien se atreve”. Y aquí, ya ves, Cristóbal, los políticos todo el rato mirando a Obama embobados, a ver si los ilumina. Y leo a un premio Nóbel diciendo que lo de España es como para preocuparse, y mucho. Este hombre, Paul Krugman dice que si hubiéramos sido tan listos como los ingleses y no nos hubiéramos subido tan rápidamente al carro del euro ahora podríamos devaluar la peseta -cuánto la echo de menos-, como los británicos están haciendo con la libra, y nos iría mucho mejor. ¿Pero es que nadie de los que manda se atreve a decir que esto del euro es un despropósito que nos está llevando a la quiebra? La respuesta, supongo, querido amigo, es que no podemos volver a tener pesetas porque los políticos no quieren que cunda el pánico, o que los linchen. Imaginemos en pesetas lo que vale un café, llenar el depósito del coche, pagar el alquiler o comprar una bolsa de palomitas en el cine. Es para ponerse a gritar. A que sí. Pues eso: el que quiera, que grite conmigo.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009

viernes 16 de enero de 2009

Monze, yo también zoy andalú

(Este artículo está escrito en versión "traducida" más abajo, por si alguien no lo entiende bien.
Monze, yo también zoy andalú

Hoy no te hablo a ti, Crihtoba, zino a Monzerrá Nebrera. Bueno, Monze, zupongo que pa lohamigo, porque azín ze llama en zu bló. Vamoh a veh, Monze, miarma, cómo te lohplico paquementiendah bien. Rezurta que yo también zoy andalú, y aunque no me guhta ni er rosío, ni la zemana zanta ni la feria hay una coza que rivindico con orgullo ca ve que voy Dehpeñaperro arriba, y eh mi asento, fíhate. A mí me guhta hablá en andalú, y aunque podría hablá zin asento zi me lo propuziera, pa mí zería una impohtura tan ehtúpida como zi hablaze en otridioma, como zi lisiera en inglé o en alemán, por sierto, Montze, que ezoh doh idiomah a pezá dabehme criao en Zevilla tambié loh hablo, y zobre tó el inglé zin ningún rahtro de asento andalú, quería mía. Ya te digo, Montze, que entre encorzertarme cuando hablo en cahtellano pa que tú mentienda o hablá er mihmo andalú que Felipe Gonsale o Javié Arena prefiero ehto úrtimo, fíhate, y que zi ni tú ni la gente como tú mentiende o no me quiere entendé eh zu poblema. Vuehtro poblema. Qué quiereh que te diga, guapa.
Que Mahdalena Arvare eh er paradihma -fíhate que palabrah zoy capá de utilisá si me ehfuerso a pezá de ze andalú- de linconpetensia naide te lo dihcute, que no ze zepa ehprezá bien ehtá tan claro como que tú hah metío la pata y no dejah de removehte en er fango ca vez que lo quiereh arreglá, que zi er pezoe ehtá aproveshando ehto pa meterze contigo, que zi eh un poblema político. Er contubernio judeomazónico ta fartao desí, miarma.
¿Que no tenterah de na cuando llamah a un hoté a Cordoba? Hiha mía, poh en un concurzo de torpeh entre Mahdalena Arvare y tú no zé yo mu bien cuar quearía la úrtima. Pero la Maleni ha tenío la dehgrasia de que la nombren minihtra y ya no pue evitá que ze mofen della. Y con rasón, que no vayah a penzá que me meto contigo porque ereh der pepé, que a la pihpireta minihtra Aído también le dao lo zuyo. Zinembargo tú toavía ehtá a tiempo de hasé lah maletah, guapetona, anteh de que argún día también tagan mihistra y to er mundo ze dé cuenta de lo tonta que ereh, mi arma. Ea.

© copirai, andré pere domingue, enero der dohmirnueve



Montse, yo también soy andaluz

Hoy no te hablo a ti Cristóbal, sino a Montserrat Nebrera. Bueno, Montse, supongo que para los amigos, porque así se llama en su blog. Vamos a ver, Montse, mi alma, cómo te lo explico para que me entiendas bien, resulta que yo también soy andaluz, y aunque no me gusta ni el rocío ni la semana santa ni la feria hay una cosa que reivindico con orgullo cada vez que voy Despeñaperros arriba, y es mi acento, fíjate. A mí me gusta hablar en andaluz, y, aunque podría hablar sin acento si me lo propusiera, para mí sería una impostura tan estúpida como si hablase en otro idioma, como si lo hiciera en inglés o en alemán, por cierto, Montse, que esos dos idiomas, a pesar de haberme criado en Sevilla también los hablo, y sobre todo el inglés sin ningún rastro de acento andaluz, querida mía. Ya te digo, Montse, que entre enconsertarme cuando hablo en castellano para que tú me entiendas o hablar el mismo andaluz que Felipe González o Javier Arenas prefiero esto último, fíjate, y que si ni tú ni la gente como tú me entiende o no me quiere entender es su problema. Vuestro problema. Qué quieres que te diga, guapa.
Que Magdalena Álvarez es el paradigma -fíjate qué palabras soy capaz de utilizar si me esfuerzo a pesar de ser andaluz- de la incompetencia nadie te lo discute. Que no se sepa expresar bien está tan claro como que tú has metido la pata y no dejas de removerte en el fango cada vez que lo quieres arreglar: que si el PSOE está aprovechando esto para meterse contigo, que si es un problema político. El contubernio judeomasónico te ha faltado decir, mi alma.
¿Que no te enteras de nada cuando llamas a un hotel a Córdoba? Hija mía, pues en un concurso de torpes entre Magdalena Álvarez y tú no sé yo muy bien quién quedaría la última. Pero Maleni ha tenido la desgracia de que la nombren ministra y ya no puede evitar que se mofen de ella. Y con razón, que no vayas a pensar que me meto contigo porque eres del PP, que a la pizpireta ministra Aído también le he dado lo suyo. Sin embargo tú todavía estás a tiempo de hacer las maletas, guapetona, antes de que algún día también te hagan ministra y todo el mundo se dé cuenta de lo tonta que eres.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009

lunes 12 de enero de 2009

El mapa del tiempo

Hace poco más de diez años escuché decir a James Cameron que una de las cosas que se planteó cuando estaba rodando Titanic era que durante mucho tiempo -y tal vez quiso decir para siempre- cuando alguien quisiera hacer una nueva película sobre el trasantlántico que se fue a pique después de chocar con aquel iceberg inoportuno en abril de 1912 le fuera muy difícil - imposible, supongo- superar la suya. Pero no es de cine de lo que quiero hablar, ni tampoco me voy a poner a polemizar sobre la calidad de aquella película con Di Caprio y Kate Winslet, sino de Félix J. Palma. Estoy seguro de que a muchos de los que leímos de muy niños La máquina del tiempo de H. G. Wells y luego hemos terminado dedicándonos a esta cosa tan rara de inventar historias, más de una vez hemos pensado en escribir una novela de viajes en el tiempo. Al menos a mí sí se me ha ocurrido alguna vez, y, ya digo, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No sé si Félix J. Palma cuando estaba escribiendo El mapa del tiempo se puso a pensar y llegó a la misma conclusión que James Cameron con su Titanic, pero después de haberla leído a uno le queda la sensación de que se lo ha puesto difícil a cualquiera que se atreva a recoger el testigo de los viajes temporales. No va a ser fácil, pero nada fácil, superar a una novela como ésta.
Para alguien como yo que, a fuerza de leer, ha terminado malacostumbrándose a dejar a un lado por lo menos las tres cuartas partes de los libros que empieza -porque le aburren o porque, como dice Wells en El mapa del tiempo, un escritor no es más que un embaucador que en cuanto escribe su primera historia jamás volverá a ser un lector inocente-, llegar con satisfacción al final de una novela de más de seiscientas páginas es tan gratificante como encontrar un tesoro, una de esas pepitas de oro que nos deslumbran muy de tarde en tarde y que hacen que haya merecido la pena estar tanto tiempo agachado agitando el cedazo en la orilla del río.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009

viernes 9 de enero de 2009

La crisis del Demonio


Cristóbal, este 2009 que acabamos de estrenar no va a ser un buen año. A partir de ahora es cuando nos vamos a enterar, pero enterarnos de verdad, de qué va esto de la crisis. Pero que no se preocupe nadie, querido amigo, que con esto del descalabro financiero, como en cualquier cosa, hay respuestas -o consuelo- para todos los gustos. El padre Gabriele Amorth, que por lo visto es el que más sabe de esto de los exorcismos, ha dicho hace poco que la culpa del desastre que estamos viviendo no es de las hipotecas subprime ni de los sinvergüenzas con gemelos de oro que han birlado el dinero de los inversores como si los billetes fueran conejos que se pierden para siempre en el interior de una chistera, sino del Demonio. Como te lo cuento, querido amigo. El mismísimo Satanás es quien tiene la culpa de que no se vendan las casas, ni los coches, y del paro que nos espera este año. Para los que no creían en el Diablo esto ha sido como un jarro de agua fría, Cristóbal. Satanás existe, y se está riendo de nosotros, pobres incrédulos, con esta crisis puñetera.
Yo, hasta que he escuchado el razonamiento del padre Amorth también era un descreído, la verdad. Pero ahora se me han abierto los ojos, y, por primera vez desde que dejé el colegio de curas he vuelto a ver la luz. Me he puesto a pensar y he resuelto que a estos tipos que vemos en el telediario desgañitándose en la bolsa, hablando por cuatro teléfonos al mismo tiempo, lo que les pasa es que están poseídos. Como te lo cuento. Fíjate la próxima vez que los veas en el telediario. Los ejecutivos de Wall Street echando espumarajos por la boca, si es que no hay más que verlos, pobrecillos, sin poderse sacar a Satanás del cuerpo. Con lo sencilla que era la solución y nosotros sin darnos cuenta. Llamar un exorcista para que el dinero vuelva a circular como antes. No sé cómo el ministro Solbes no se ha dado cuenta antes, Cristóbal, con lo fácil que hubiera sido echarle la culpa al Demonio de toda la mierda que no está cayendo encima.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2009