Para manejarse por este blog y no perderse

Por aquí dejaré cualquier cosa que la vida me traiga y me parezca interesante compartir. Si alguien que se asome quiere información sobre mis libros, en la columna de la izquierda puede pinchar en las etiquetas de cada título. Si quiere acceder directamente a los vídeos (entrevistas en televisión, alguna curiosidad), o a las entrevistas en la radio, solo tiene que mirar en la columna de la derecha. Bienvenidos.

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martes 30 de junio de 2009

Espaldarazo editorial

Andrés Pérez Domínguez obtiene el Ateneo con El violinista de Mauthausen
El sevillano recibe un "espaldarazo" editorial gracias a una novela ambientada de nuevo en la Segunda Guerra Mundial y en la que se cruzan tramas sentimentales y de intriga sobre personas en "situaciones extremas"
Francisco Camero / Diario de SEVILLA
Una imagen desató en el interior de Andrés Pérez Domínguez una catarata de estampas evocadoras que acabaron finalmente dando forma a El violinista de Mauthausen, la obra que le valió ayer el Premio de Novela Ateneo de Sevilla y que será publicada por Algaida el próximo mes de septiembre. Esa imagen se produjo en una estación de metro, una mañana, muy temprano; una pareja de enamorados bailaba un vals en el andén, "ajenos al resto del mundo, silenciosamente, sin música", recuerda el escritor sevillano, nacido en 1969, ganador ya de varios galardones, entre ellos el Luis Berenguer y el Max Aub, y autor de El síndrome de Mowgli, El centro de la Tierra, y La clave Pinner, el título con el que dio en 2004 un salto de público que con mucha probabilidad reforzará el Ateneo. Pérez Domínguez imaginó esa manaña en el andén de metro qué tipo de pareja habría danzado así en el París ocupado por los nazis de los años 40; y habría sido, o al menos así lo cuenta en su novela, una pareja en trance de separarse trágicamente: él, Rubén, un español que acabaría dando con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen; ella, Anna, una francesa que se convertiría poco después en agente al servicio de los aliados. Y junto a ellos comparte protagonismo un tercer personaje, Franz Müller, un músico alemán que se verá obligado a colaborar con los demenciales propósitos del III Reich "a su pesar". "Sus vidas entrelazadas a lo largo del tiempo, y en otros escenarios, como el Berlín de 1945", explica el autor, tejen las tramas de una obra con la que el sevillano vuelve a la Segunda Guerra Mundial, una época que le seduce notablemente porque "de alguna manera en ella se formó el mundo como es ahora".
También le estimula ese periodo crucial y definitivo del siglo XX, continúa, porque lo ha investigado "mucho" y porque le interesa "el comportamiento de las personas en situaciones extremas". Para empaparse de la atmósfera que quería dar al libro, el escritor viajó a los lugares que aparecen en la novela. "Es un poco como localizar exteriores", añade el sevillano, al que le encantaría ver sus historias en el cine. "Pero no depende de mí, entre otros motivos porque, por la época en que suceden, serían producciones un poco caras. Ojalá. Y además atraería a más lectores", dice.
Pérez Domínguez recibió ayer el galardón, patrocinado por Cajasur y dotado con 36.000 euros, con "una ilusión especial", por el aspecto "sentimental" de recibir un premio que se otorga en su ciudad natal. "Es el más grande que he recibido hasta ahora, y aparte de ser un espaldarazo, también va a ser un acicate para seguir trabajando en la escritura con ilusión", dice el autor, cuyo "afán principal" pasa siempre por conseguir que "el entretenimiento y la calidad no sean términos antagónicos". Algo que para Enrique Barrero, Francisco Prior, Eugenia Rico, Félix J. Palma, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Carlos Muñiz, miembros del jurado, ha conseguido en El violinista de Mauthausen.

sábado 27 de junio de 2009

Triángulo amoroso en la II Guerra Mundial

Triángulo amoroso en plena II Guerra Mundial
Pérez Domínguez, premio Ateneo con una novela sobre Mauthausen

Eva Díaz Pérez (El Mundo)
Foto: EFE
El París ocupado por los nazis, el Berlín de la posguerra y uno de los campos más atroces del exterminio nazi son los tres escenarios en los que se desarrolla la novela El violinista de Mauthausen con la que el escritor Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) obtuvo ayer el Premio Ateneo de Sevilla.
Pérez Domínguez, que recibió el galardón en el transcurso de una cena literaria celebrada en los Alcázares, confesó que tenía una doble ilusión. «Primero por el prestigio de un premio como éste, y segundo por ser sevillano, ya que creo que desde que Antonio Burgos lo ganó en 1978 con Las cabañuelas de agosto, no lo había obtenido un autor de la ciudad que otorga el premio», explicó ayer emocionado.
El jurado del premio, que está dotado con 36.000 euros, estaba compuesto por Enrique Barrero, Francisco Prior, Eugenia Rico, Félix J. Palma -ganador de la edición del año pasado-, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Carlos Muñiz.
Por otro lado, el escritor madrileño Lorenzo Luengo (Madrid, 1974) obtuvo el Premio de Novela Ateneo Joven con la novela Amerika, una historia que se desarrolla en Nueva Yok y que plantea una historia sobre desapariciones y dobles a partir de una película de Jacques Tourneur nunca filmada. Luengo, traductor de los Diarios de Lord Byron, ha obtenido recientemente el premio Juan March Cencillo de novela corta por su obra El quinto peregrino.
No es la primera vez que Pérez Domínguez se interna en la Segunda Guerra Mundial como fondo histórico de sus novelas como demuestró en La clave Pinner (2004) o El factor Einstein (2008). «Los años treinta y cuarenta fueron una época fascinante donde los ideales estaban marcados. Quien era de izquierda lo era de verdad y lo mismo ocurría con la gente de derechas. Con la perspectiva del tiempo, quizás podamos pensar que existía aún cierta ingenuidad, pero todo esa autenticidad se ha perdido».
Premios literarios
Pérez Domínguez, que el año pasado publicó las novelas El factor Einstein y El síndrome de Mowgli (Premio Luis Berenguer 2008) y que acaba de editar el libro de relatos El centro de la Tierra con la recién estrenada editorial Paréntesis, ha obtenido numerosos premios a lo largo de su intensa trayectoria literaria.
Con El violinista de Mauthausen, que se presentó al concurso con el título provisional de Otoño en Berlín, indaga en una de las épocas en las que se siente más a gusto para escribir. En esta ocasión, reivindica además un asunto olvidado e injustamente poco asumido como parte de nuestra Historia oficial: el sufrimiento de los españoles en los campos de concentración, sobre todo en Mauthausen, que fue donde padecieron el horror y la muerte miles de exiliados republicanos.
«Son los grandes olvidados, porque allí murieron hasta 7.500 republicanos, los sin patria. Afortunadamente aún hay algunos que viven. En el imaginario colectivo tenemos la idea de que fueron los judíos, pero no fueron sólo ellos los que sufrieron. Allí estuvieron muchos españoles que además lucharon en la Segunda Guerra Mundial», apunta.
El violinista de Mauthausen, que publicará en el mes de octubre Algaida Editores, relata la historia de Anna, una joven francesa que está a punto de casarse con Rubén, un republicano exiliado en París. Pero los alemanes ocupan París y él es deportado a Mauthausen. Anna se convertirá en una agente al servicio de los Aliados para poder salvar la vida de su prometido. «Hay un tercer personaje, Franz Müller, un bohemio violinista alemán que al final terminará, a su pesar, colaborando con los nazis. La novela cuenta el triángulo amoroso entre estos personajes en París, Berlín y Mauthausen».
Como ocurre en sus anteriores novelas, Andrés Pérez Domínguez introduce una intriga de espionaje. «Me interesa el espionaje como elemento novelesco, pero al modo de Graham Greene, como introspección del personaje, para desvelar la condición humana: la traición, la lealtad, los sentimientos, en fin».

jueves 25 de junio de 2009

De violines y cuentos

No es mi intención agobiar a los lectores de este humilde blog con las noticias sobre mis libros, pero como es lo más cómodo para poner lo que aparece en la prensa sobre mí, no me queda otro remedio. Así que aquí va esta estupenda entrevista que me hizo mi tocayo González Barba el otro día en ABC.
La belleza de la llanura de Mauthausen no te impide pensar en todo el horror que se vivió allí
POR ANDRÉS GONZÁLEZ-BARBA. ABC SEVILLA
Viernes, 19-06-09



A pesar de su juventud, Pérez Domínguez posee una carrera literaria muy reputada desde que ganó en 2000 el Premio Internacional de Cuentos Max Aub. Tras publicar «La clave Pinner» (2004), «El factor Einstein» (2008) o «El síndrome de Mowgli» (2008), Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) ganó anoche el XLI Premio de Novela Ateneo de Sevilla por su obra «El violinista de Mauthausen», dotado con 36.000 euros. A su vez, Lorenzo Luengo ganó el Ateneo Joven por su obra «Amerika». Ambas obras saldrán publicadas por la editorial Algaida en octubre.
-Antes que nada, ¿qué supone para usted este premio tan prestigioso?
-Es una alegría tremenda porque lo han ganado escritores tan prestigiosos como Juan Marsé o Eslava Galán. Además soy de Sevilla, y eso es un valor añadido.
-¿Cuáles son las claves de «El violinista de Mauthausen»?
-Es una novela que se desarrolla en tres escenarios distintos. El París ocupado por los nazis, el Berlín de la posguerra -año 1945- y el campo de concentración de Mauthausen. Anna es una francesa que se va a casar con un republicano español, Rubén, que vive exiliado en París y que se lo llevan a Mauthausen tras la invasión nazi. A partir de ahí ella se convertirá en una agente al servicio de los aliados para poder salvar la vida de su prometido. El tercer personaje protagonista es el violinista de Mauthausen, un alemán que muy a su pesar tendrá que colaborar con los nazis. La novela transcurre en un tiempo que va de 1940 a 1945.
-¿Por qué cree que esta época en concreto que usted describe fascina tanto en la literatura y en el cine?
-Hay muchas fotos y documentos de aquella época que están en el imaginario colectivo de las personas. Pero por ese mismo motivo también hay que documentarse muy bien porque hay mucha información. Cuando escribí «El factor Einstein» fui a Nueva York y estuve en la casa en donde residió Einstein y desde donde le mandó la carta a Roosevelt persuadiéndole para que se fabricara la bomba atómica. Con esta novela he hecho viajes a Berlín, a París y al campo de concentración de Mauthausen, en donde murieron más de 7.500 republicanos españoles, desentendiéndose de ellos completamente el entonces ministro Serrano Súñer.
-¿Qué sensaciones tuvo cuando visitó el campo de concentración de Mauthausen?
-Yo ya he visitado varios y reconozco que siempre he vivido sensaciones contradictorias. Cuando uno viaja a Auswitchz antes pasa por unos bosques muy hermosos, y Mauthausen está en una llanura preciosa de Austria, pero cuando uno está allí no puede dejar de pensar en todo el horror que hubo. Todo ese contraste lo ves cuando viajas por Centro Europa.
-¿La literatura española no había tratado antes este tema?
-En la ficción española este tema se ha tratado poco, pero pienso que la ficción es muy importante para contar la historia. Hay que contar las cosas de forma amena. Yo por mi parte he visto muchos documentales y he leído muchos libros sobre supervivientes de campos de concentración
-¿Cómo es el personaje del violinista?
-Mi novela trata también el tema de la música. En nuestro imaginario colectivo se asocia siempre el violín a aquellos años de la guerra. Este personaje no está de acuerdo con lo que hacen los nazis, pero se ve obligado a colaborar con ellos para salir adelante.
-¿Por qué le atrae el tema de la II Guerra Mundial?
-Es la tercera novela que ambiento en torno a esta época, pero no es que me interesa la guerra por algo concreto, lo que sí me atrae es que fue una época en donde se pudo explorar muy bien los sentimientos del ser humano -la traición, el honor, el deber-. Fueron personas normales que vivieron situaciones límites. Además un héroe puede ser cualquiera pero sin saberlo.
-Tanto en sus cuentos como es sus novelas siempre hay una mezcla de diversos sentimientos y estados de ánimos: la desesperación, la bondad, la soledad....
-Mis personajes están al borde del abismo y de la ética, y siempre acaban redimiéndose. En el cuento es muy importante la sugerencia, que sea algo abierto. Cuando escribo novelas me pasa igual, siempre sugiero cosas. Eso sí, el recurso de la sugerencia hay que saberlo manejar, no te puedes quedar corto ni pasarte. Eso lo agradece el lector inteligente.
-Usted acaba de publicar también una colección de diez cuentos, «El centro de la tierra» (Paréntesis). ¿Por qué le atrae tanto este género?
-Es un género con sus propios códigos, es un género de precisión en donde no sobra ni falta nada. La novela es muy distinta porque tiene caminos secundarios por donde se va desarrollando la trama, por eso se puede hablar de esfuerzos distintos. Hay escritores que son muy buenos en cuentos, otros en novelas, pero yo creo que soy un autor todoterreno al que le gustan los dos géneros.
-¿Por qué en nuestro país no triunfa el cuento como lo hace la novela?
-En España hay autores que cultivan y defienden este género. El lector de cuentos es más exquisito y exigente. Hay personas a las que no les gusta cambiar de una historia a otra, pero yo lo veo algo muy atractivo.
-¿Qué maestros ha seguido dentro del relato?
-En los relatos hay dos vertientes. Por un lado, está la de Julio Cortázar, por otro, la de Carver y Chéjov. Yo me baso más en Carver, y me gusta decantarme por los sentimientos y la emoción contenida.
-¿Qué opina del éxito de la saga «Millenium» de Stieg Larsson?
-Responde al gran auge de la novela negra porque explica muy bien la realidad. Nunca se sabe por qué hay libros que tienen éxito. Todo depende de cómo los acepte el público. «El niño con el pijama de rayas» no alcanzó el éxito inmediato, pero al final el boca a boca hizo mucho.

martes 23 de junio de 2009

Abrazos que no se rompen

El jueves pasado, cuando me bajé del estrado donde recogí el Premio Ateneo de Novela, hubo unos cuantos amigos que estaban ahí, esperando su turno para felicitarme. Yo ya tenía ganas de hablar de tres de ellos en este blog, los primeros que me dieron un abrazo. Mientras decía unas palabras de agradecimiento los intuía ahí, de pie, aplaudiendo. Sé que ellos se alegraron mucho porque este año el Ateneo fuese para mí.
El primer abrazo me lo dio mi gran amigo Cristóbal Cervantes, con quien hasta marzo he compartido siete temporadas de radio, en dos cadenas diferentes. Una de las voces más elegantes que se pueden escuchar al encender la radio. El mejor profesional con el que nunca he trabajado. Sin duda. No ha habido una sola vez que no le haya pedido algo y que él no haya hecho cuanto estaba en su mano por ayudarme.
El segundo abrazo fue de mi querido Óscar Gómez. Óscar fue quien me dio la oportunidad, este verano hará siete años, de ponerme por primera vez delante de un micrófono. Él sabe que la radio me cambió la vida, en muchas cosas que no se pueden contar aquí, y nunca se lo agradeceré lo suficiente. Juntos hicimos un programa mágico en el verano de 2003, La ínsula Barataria. Todavía se acuerda mucha gente de eso. Quienes hayan leído El síndrome de Mowgli habrán reconocido a Óscar Gómez en los primeros capítulos de la novela puesto que sale con su nombre y apellidos.
El tercero es del fenómeno Fernando García Haldón, que ahora es una estrella de la tele, pero hasta hace muy poco también era un compañero de la radio. Yo creo que Fernando es el tío con el que más me he reído en un estudio de radio, y fuera del estudio también.
Me hizo muy feliz verlos a los tres allí, compartir aquel momento con ellos. Sólo hay que ver el vídeo para darse cuenta de que digo la verdad. Ojalá podamos a compartir algún espacio de radio los cuatro en el futuro.
Luego está Juliana López, la presentadora del acto. Que me hizo una entrevista fantástica hace poco más de cuatro años por La clave Pinner en la Calle Betis. Ahora también es una estrella de la televisión. La única persona que, en la gala del Ateneo, firmó autógrafos. Con un par.
Y el último que aparece en el vídeo es mi amigo Félix G. Modroño. El autor de La sangre de los crucificados y Muerte dulce también estaba allí esperando para felicitarme. Fue uno de los primeros. Hubo muchos más abrazos que no se grabaron en vídeo, pero yo los conservaré siempre en la memoria.

domingo 21 de junio de 2009

Un par de amigos

No son sólo un par, sino muchos más los amigos que me están dedicando estos días algún recuerdo cariñoso por haber ganado el Ateneo. Quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que me habéis llamado o me habéis escrito. Seguro que he olvidado responder a alguno. Disculpadme si es así. No ha sido mala intención, sino que me ha resultado imposible atender a todos.
Haber ganado el Premio Ateneo de Novela de Sevilla tiene muchas cosas buenas que aún no soy capaz de avizorar, pero hasta ahora lo mejor ha sido el cariño de la gente, por la calle, en mi teléfono, en mi correo, en este blog o en Facebook. Todos tienen el mismo valor, pero quiero reproducir aquí dos textos que ayer me emocionaron cuando los leí.
Uno es de mi querido Antonio García Barbeito, columnista de ABC, la voz más rotunda que se puede escuchar al encender la radio. Lleva años iluminando el magazine de Carlos Herrera con sus reflexiones. No hace muchos años, cuando yo era colaborador de Onda Cero y salía de viaje, era raro que la gente no me preguntase si conocía a Antonio García Barbeito. Mi querido Barbeito el viernes por la mañana despertó a los oyentes de Onda Cero con estas palabras que me permito reproducir aquí:
"Y me quedo, por amistad y por pasión lectora, con el nombre de Andrés Pérez Domínguez, que acaba de ganar en Sevilla el Premio Ateneo de novela con su obra El violinista de Mathausen. Un gran escritor que, a su manera, también deja lo mejor de él en los demás. Así que nada mejor que la memoria del santo Vicente y las páginas milagrosas de Andrés para que el fin de semana no me lo estropee la errata de un político."
Y el sábado lo volvió a hacer en su columna de ABC:
"... Decidió no vender puertas sino abrirlas, abrírnoslas. Sabía que tenía el duro en esa facilidad suya para inventar historias partiendo de la realidad o partiendo de su mágica fábrica de situaciones, personajes, sucesos. Andaba metido en El centro de la tierra que me había dejado su autor, Andrés Pérez Domínguez, y cuando le había cogido a Valdivia todo el asco que tú metiste en ese autobús, Andrés, cuando había admirado los redaños que le echó González a su jefe, me entero de que te han dado el Premio Ateneo de novela por El violinista de Mauthausen. Enhorabuena. Bendita sea tu mano derecha, Andrés. Con préstamo de Víctor, nada como tus novelas para esquivar la mediocridad y el aburrimiento. Gracias, amigos".


La otra alegría me la dio ayer mi colega y amigo Pedro de Paz, en su blog, que me consta que tiene una legión de seguidores. Pedro, además de autor superventas por su estupenda El documento Saldaña, es un tipo entrañable. Escribió una entrada en su blog que me permito copiar aquí:
"NO PUEDE SER DE OTRA MANERA
Lo conocí —supe de él, más bien— cuando, hace años, me birló el premio Max Aub de relatos con su excepcional cuento Ojos Tristes. Nos encontramos en persona en la pasada edición de Getafe Negro donde tuvimos ocasión de compartir mesa redonda, unas cervezas y una animada charla. Y confirmé lo que ya había intuido en la distancia a través de varios correos electrónicos entrecruzados: que es buena gente. Leí su Clave Pinner y su Síndrome de Mowgli y entendí por qué me había birlado el Max Aub: porque, además de buena gente, es un escritor brillante.
Ahora Andrés Pérez Dominguez se ha erigido en ganador del premio Ateneo de Sevilla con una —no me cabe la menor duda— excelente novela titulada El violinista de Mauthausen. Y yo me alegro muchísimo. Me alegro de que, poco a poco y a base de constancia y trabajo, se vayan reconociendo los méritos de un auténtico narrador, de alguien para el que la escritura es algo más que juntar una palabra tras otra, de alguien que pone el alma en cada texto que escribe.
Enhorabuena, Andrés. No me cabe la menor duda que éste será uno más a añadir a la larga lista de éxitos que te esperan. No puede ser de otra manera."
Este oficio de contador de historias es jodido muchas veces, pero te recompensa con creces encontrarte en tu camino con tipos como estos, tan generosos y tan buena gente. Yo no sé si merezco sus palabras, pero ellos sí merecen que les muestre públicamente mi agradecimiento y mi amistad.

sábado 20 de junio de 2009

El vídeo

Por aquí dejo el vídeo de la entrega del premio Ateneo. Pocas palabras hoy. Aún estoy cansado.
En la columna de la derecha, un poco más abajo, hay un enlace a Facebook donde están apareciendo bastantes fotos del acto.

viernes 19 de junio de 2009

Profeta en mi tierra

No me gusta escribir de madrugada, ni ponerne a navegar por Internet. Pero la ocasión merece quebrantar la costumbre. Esta noche he ganado el LXI Premio Ateneo de Novela de Sevilla. Nunca había ganado un premio en la ciudad donde he nacido, conque la alegría ha sido mucho mayor por eso. El título de la novela es El violinista de Mauthausen. A finales de octubre creo que estará en las librerías. Tiempo habrá de contar cosas de ella por aquí. Mañana intentaré poner aquí algunas fotos del acto. Ahora me voy a descansar. Ha sido una noche muy intensa, muy emotiva. Feliz.

sábado 13 de junio de 2009

El ciclista solitario

Odio el verano, y el calor. Y eso, en una ciudad como Sevilla supongo que debe de ser tan triste como ser esquimal y que tu mayor afición sea veranear en agosto en una playa bulliciosa.
Sin embargo, una de las cosas mejores que tiene el verano la descubrí -o la redescubrí- hace ahora un par de años: la bicicleta. Apenas había vuelto a pedalear desde niño, pero salir al campo en bici estas tardes lo hacen a uno reconciliarse con el verano, con la luz excesiva, con el calor, con esta tierra.
Me gusta salir a última hora de la tarde, cuando el sol se cae en el horizonte y tengo que apretar el pedaleo antes de que se esconda del todo tras los eucaliptos. O por la mañana, muy temprano, a veces entre dos luces, pendiente también del sol, que enseguida estará ahí arriba y no me dará tregua.
Para el que haya tenido la suerte de crecer en el campo, pedalear por un sendero una tarde de verano es como regresar a la infancia: el olor de la tierra, los conejos que se cruzan a toda prisa en el camino cuando te escuchan venir, una garza que levanta el vuelo o un pato que esconde la cabeza un instante en el río.
De vez en cuando me encuentro con algún grupo de ciclistas. Cada vez hay más aficionados a pedalear por el campo cuando llega el verano. Algunas veces yo también he salido en grupo, pero prefiero ser un ciclista solitario que establece su propio ritmo, cuando lo único que escuchas es tu propia respiración, las piedras que saltan bajo las ruedas. Me gusta perderme, sin rumbo fijo, subir a un cerro y mirar el horizonte, aguantar el aire dentro mientras compruebo que el único sonido posible, ahí, en mitad de ninguna parte, tan lejos de todo que nadie puede molestarme, es el de la brisa, tan suave, que anuncia el verano.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2009

viernes 12 de junio de 2009

Blogueando en la radio

Esta tarde, a las 19,30 h, os invito a todos a participar conmigo en el programa de Punto Radio, La radio de los blogueros. Durante un rato volveré a la que ha sido mi casa durante las últimas cuatro temporadas para hablar de mi último libro, la colección de cuentos El centro de la Tierra.
En Sevilla basta con sintonizar la 93.0 FM, pero la forma más sencilla para los blogueros es buscar el enlace que hay en la columna derecha de este blog (La radio de los blogueros) y una vez allí pinchar donde pone "escuchar Punto Radio en directo".
Se pueden dejar comentarios en el blog del programa que serán leídos en antena.
Pues eso, el que quiera, esta tarde, a las siete y media, por allí andaremos.
Como decían los lobos de Kipling, buena caza a todos.

sábado 6 de junio de 2009

Lo que pudo haber sido

Yo no sé por qué nos escandalizamos tanto, porque aquí pudo haber sucedido lo mismo, y, lo que es peor, no creo que nadie pueda pensar que no vaya a pasar en el futuro. No sé lo que pensarán los italianos, pero aquí, en España, a mucha gente le choca eso de que el primer ministro sea el dueño de un equipo de fútbol además del propietario de un conglomerado de empresas con intereses en los medios de comunicación. Algo así como si Zapatero, además de presidente, también fuera el dueño del Barça y de alguna cadena de televisión. No quiero ni pensar lo que diría Leire Pajín si, además de la coincidencia cósmica de Obama y Zapatero dirigiendo el mundo, nuestro presidente además fuera el dueño de un equipo de fútbol. Ya saben, ni el mejor de los eclipses.
No conozco a Silvio Berlusconi, pero estoy seguro de que Il Cavaliere es un tipo simpático, un septuagenario coqueto que se ha injertado pelo y se ha estirado la piel para sentirse más joven. Y no sé por qué la gente se escandaliza al ver las fotos que le han birlado de su fiesta con jovencitas en su mansión de Cerdeña. Lo raro hubiera sido que no montase estos guateques, que, por cierto, cualquiera tiene la libertad de hacerlos y fotografiarse con muchachitas ligeras de ropa. Cualquiera que no sea primer ministro, claro.


Pero decía al principio que no sé por qué nos escandalizamos si aquí pudo haber sucedido lo mismo. No ha pasado tanto tiempo, pero parece que nadie se acuerda de Jesús Gil cuando arrasó en una elecciones municipales y salía en la tele metido en una bañera, con una cadena de oro que te deslumbraba con sólo mirarla, y te preguntabas si la sonrisa del alcalde de Marbella era por las burbujitas del jacuzzi o por las muchachitas que se bañaban con él. 
Yo no sé si el mal gusto y la tendencia megalomaníaca son intrínsecos al cargo de presidente de un club de fútbol. Supongo que no, porque algunos presidentes me parecen hombres cabales y discretos. Pero Berlusconi no es muy diferente al Jesús Gil populista que caía tan bien a mucha gente. Tal vez un poco más refinado. En su día, el presidente del Atlético de Madrid también amenazó con presentarse a las elecciones generales. Imagínense el cuadro si lo hubiera hecho y además hubiera ganado. Yo, la verdad, prefiero no pensarlo.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2009
 


jueves 4 de junio de 2009

Ya estamos salvados

La verdad es que sí. Yo no me había dado cuenta de la suerte que tengo ―de la suerte que tenemos todos― por estar viviendo en esta época, aquí, al final de la primera década del siglo XXI. Las empresas de rotulación que no dan abasto fabricando carteles donde se lea bien grande SE VENDE o SE ALQUILA, o se cambia, o lo que me den por la casa, todo se andará. Los coches criando telarañas en los concesionarios y la cuenta en el banco bajo mínimos, preguntándote si dentro de nada no serás uno de esos a los que no les ha quedado otra que hacer cola en la puerta de Cáritas.
Pero que no se preocupe nadie, por favor, porque la humanidad tendrá la suerte de que, dentro de nada, se va a producir una de esas carambolas cósmicas que sólo suceden una vez cada dos mil años: Obama en la Casa Blanca y Zapatero de correturnos en Bruselas. Desde la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos no había pasado nada igual. Respiro hondo y no me lo creo. Tan feliz estoy que no sé si seré capaz de esperar hasta enero para vivir este momento único que en los libros del futuro -si es que hay libros en el futuro- será una efeméride comparable a la llegada del hombre a la Luna.
Quiero dar las gracias desde esta bitácora a Leire Pajín no sólo por haberme abierto los ojos, sino por haber conseguido darle un punto guasón a la campaña electoral. Porque, ¿eso no irá en serio, Leire? ¿O sí?

 © Andrés Pérez Domínguez, junio de 2009