Para manejarse por este blog y no perderse

Por aquí dejaré cualquier cosa que la vida me traiga y me parezca interesante compartir. Si alguien que se asome quiere información sobre mis libros, en la columna de la izquierda puede pinchar en las etiquetas de cada título. Si quiere acceder directamente a los vídeos (entrevistas en televisión, alguna curiosidad), o a las entrevistas en la radio, solo tiene que mirar en la columna de la derecha. Bienvenidos.

Seguidores

lunes 27 de julio de 2009

Un roto y un descosido

Como no sólo de El violinista de Mauthausen vive el hombre, por aquí dejo esta reseña que ha hecho José Cruz Cabrerizo de mi colección de cuentos El centro de la Tierra en la página La biblioteca imaginaria.

El centro de la Tierra (Andrés Pérez Domínguez, Paréntesis editorial)
No sé si será por vagancia, pero a uno le gustan las historias sencillas sobre gentes sencillas, y sencillas de leer. Es por vagancia, por no molestarme en buscar sinónimos, que repito tres veces “sencillas”, y dos veces “vagancia”. Me gustó leer “El centro de la tierra”, sencillamente. Pero no se confunda si digo esto, porque me considero un lector exigente, y porque este no es un libro para flojos mentales.
Es cierto que tal vez debería sentirme culpable por esa tendencia mía a disfrutar estas narraciones de corte clásico, confeccionadas con los recursos naturales del lenguaje accesible, claras, de este mundo, que no intimidan al lector con un despliegue de medios técnicos que van en detrimento de la materia de la historia contada. Pero bueno, prefiero disfrutar estos relatos que dejan buen sabor, y que el peso de la culpa se quede con algunos de los personajes de estos diez relatos. De todas formas no se la van a quitar de encima aunque para ello se dejen ganar (“Silencio”), o aunque la culpa no sea culpa de ellos, si no más bien del desorden nervioso (“Vainilla y chocolate”). Puedo ponerme bastante pesado con el tema de la culpabilidad, pero esa es la dirección en que me ha movido este libro que contiene algunas trampas para el lector, que no tendrá más remedio que decidir: ¿Es culpable la protagonista de “El centro de la tierra” por dudar ahora sin infringirle o no a Valdivia el castigo que se merece, en nombre de ella y de todos los demás a quienes ella misma tuvo que delatar? Y en relación al mismo relato: ¿Hasta qué punto alguien sometido a tortura es culpable de delación? (p. 157: “… me enseñaron que los valientes no existen más que en las novelas o en las películas, que incluso me hubiera convertido en uno de ellos, en una Valdivia, si me hubiesen obligado a ello.”, p. 161 “Simplemente me faltan las agallas o la determinación para vengarme de Valdivia”.) Aunque no son precisamente agallas lo que les falta a la mayoría de los personajes que transitan estas historias, que si se caracterizan por algo es por su capacidad, o al menos por su voluntad, de coger al toro por los cuernos.
Hay que reconocer la valía de muchos escritores que buscan formas novedosas de contar, la de otros que deslumbran por su inventiva, su capacidad para generar mundos narrativos sin referentes, totalmente “creacionistas”… Pero hay libros de este mundo con los pies en la tierra que se materializan en personajes que trabajan en un taller, prostitutas de nivel medio, empleados despedidos a los que adeudan sus sueldos, gentes enclaustradas en aldeas remotas y atrasadas, libros que al modo de los clásicos son capaces de colmarnos con su lectura, con esa finura sicológica capaz de mostrar el bloqueo que produce la ira (“Vainilla y chocolate” ya citado), la incomodidad del que está fuera de lugar (“Un mundo perfecto” del que también hemos hablado), la empatía, la corrección quirúrgica con que algunos “malos” se empeñan en no hacer más daño del necesario (“No me gusta la violencia: la sangre es demasiado escandalosa y cuesta mucho quitarla de la ropa. Si a otros no les importa ponerse violentos, allá cada cual con su conciencia”, p. 91 relato “En la penumbra”), la necesidad de la mentira piadosa (“Viejos”). Un ejemplo de esa precisión sicológica en este último relato, lo encontrará en la página 76: “Los dos ancianos se fundieron en un largo e intenso abrazo al despedirse: los gestos de las personas mayores suelen estar afectados de efusividad, porque cualquier abrazo o cualquier beso puede ser el último de todos ellos”. Hay unas cuántas frases de este tipo, lugares comunes emocionales (que no literarios), que valen por muchos párrafos de letra, que demuestran un dominio del oficio.
Son diez historias rotundas en lo literario y lo humano. Y creo que de lo humano ya hemos hablado bastante, de modo que vamos ahora con lo literario, pero evitando dar claves que chafen la lectura de estos relatos, que si bien no recurren al truculento recurso del final sorpresivo, sí requieren del secreto. Incluso la lectura de la contraportada del libro arroja datos que “estropean” un poco la sorpresa temática. “Sorpresa temática” (término que acabo de inventarme), es la revelación que el lector tiene a propósito de las claves del relato, del porqué de ese relato, pero teniendo en cuenta que el relato aún no ha terminado y por tanto no podemos hablar de “final sorpresivo”. Esa propuesta mía de no desvelar detalles me complica la explicación, pero basta con decir que el lector no deberá alarmarse cuando en un momento dado encuentre hasta tres situaciones o hechos incoherentes en “Sesión matinal”, y una especie de revelación que luego no es tal revelación como comprenderá el nieto de los sablazos, y el lector de “Viejos”, porque elementos que parecen absurdo por inverosímiles, más adelante va a encajar en el conjunto y van a cobrar todo su sentido.
Para mi gusto y literariamente hablando lo mejor de esta escritura maciza y sin fisuras, un verdadero viaje al centro de las emociones, está en “Vainilla y chocolate”, “Viejos” (al centro de las emociones o del sufrimiento por la falta de ellas como en los, pues hay dos orillas, la de la abuela y la del nieto que bien podría ser alexitímico), “Estado provisional”, “Un mundo perfecto”, y “El centro de la tierra”.
Aunque ninguna de las tramas de cualquiera de los otros relatos desmerece. Todas están ajustadas a la tensión exacta y por eso necesitan una lectura atenta que permite disfrutarlas. Ahora bien, si ya en el colmo de la rijosidad excesiva se me permite diseccionar algunos de los otros relatos, y admitimos que esto que digo es cogérsela con papel del fumar, o moverse en el pantanoso terreno de los gustos personales, puede saltarse los dos apartes que vienen a continuación en esta reseña:
-A “El último viaje” el único pero que puedo sacarle es que me han despistado un poco las frases tan largas y no he logrado situar bien la historia a partir de terminar lo que parece el flashback, quizá porque el autor juega con esa baza, con ese recurso de confusión mental/temporal para meternos en la mente del anciano.
-“La voz interior” me parece que peca del “buenismo” de una de esas soporíferas películas que nos pasan por Navidad con tal de ablandar el más duro de los corazones.
Los clásicos son siempre aconsejables para iniciarse en la lectura. Muchos lectores se quejan de la “dureza” del género relato breve. “El centro de la tierra” es un contemporáneo recién salido que vale lo mismo para un roto que para un descosido, o lo que es lo mismo (y otra vez vuelvo a repetir palabras): apto para el lector de relatos experimentado, al que no va a defraudar, y útil para quien desee adentrarse por primera vez en el territorio de lo breve, al que va a enganchar.

José Cruz Cabrerizo

viernes 24 de julio de 2009

Entrevista en La biblioteca imaginaria

Andrés Pérez Domínguez, ganador de la última edición del Premio Ateneo de Sevilla por su obra “El violinista de Mauthausen” nos permite acercarnos a su escritura breve a través de esta entrevista que desde luego es breve aunque no sé si buena. A mal entrevistador, pocas palabras bastan.
Os dejo con él.
Mi hija, a pesar de haber superado este año primero de la ESO, confundió tu libro
con el de Verne al ver el título, acusándote de plagio (me consuela que al menos
supiera distinguir uno de otro). Claro, que elegir otros títulos tampoco hubiera sido la solución: “Silencio” podría confundirse con el libro de relatos de Clarice Lispector. “La voz interior” llegué a tenerlo por “La voz del silencio”, de H. P. Blavatsky. Y otra cosa: Una vez leí una reseña en que criticaban al autor por haber hecho una especie de agradecimientos “literaturizados”, en forma de relato breve al final de su libro de relatos, pero tú te atreves a hacer un “así se hizo” (making of) de este libro de relatos. Parece que contrariamente a la protagonista del relato “Estado provisional”, a ti plin. ¿Cómo pierde el escritor el miedo al “qué dirán”?

Llega un momento, supongo, en que debes aceptarte como eres. Y procurar vivir tu vida (y tu escritura) como mejor te plazca, sin preocuparte demasiado por lo que los demás puedan pensar. Procuro no preocuparme más que lo justo. Escribo. Vivo. Luego la gente puede leerme o no, desde luego. Escribir es cuestión, como casi todo, de ir ganando confianza en ti mismo, de creer en tu trabajo. Puede parecer un poco paradójico porque mis libros se publican y se supone que tengo lectores, pero yo, aunque no soy de los escritores que afirman que escriben para ellos mismos, no pienso que nadie me vaya a leer, no puedo dejar que eso me condicione. Escribo de lo que me apetece, y procuro dar lo mejor de mí mismo.
El título es rotundo y ambiguo al mismo tiempo.

Me gustaba. Y, si lees el cuento que da título a la colección, verás que hay una referencia bastante explícita a Viaje al centro de la Tierra, de Verne.

Para conseguir una voz narrativa propia también hay que dejar de lado el miedo a las habladurías, me figuro.

Es un poco lo de antes. No dejar que la idea de que te vayan a leer o reseñar te bloquee. Hay que ser uno mismo. La autenticidad es muy importante a la hora de afrontar este trabajo.

Ni una novela es un relato estirado, ni un relato una novela destilada, pero me figuro que el relatista/novelista por su condición dual, sufre en su trabajo una suerte de trastorno bipolar y Mr. Hyde y el Dr. Jekyll pugnan a cada momento por tomar el lugar que no les corresponde en ese momento. Lo digo porque “La voz interior” tiene algo de pachorra (en su sentido de tardanza o relajación) de novela.

Es que yo no soy nada purista. Yo creo que cada historia requiere una extensión determinada, y La voz interior necesitaba veintidós páginas para contar lo que yo quería y, sobre todo, como yo quería. En definitiva, se trata de sentarte a trabajar y hacerlo lo mejor que puedas. Poner el mismo empeño cuando escribes una novela que cuando escribes un cuento o un artículo. No, no creo en ese trastorno bipolar. Y tampoco pienso que La voz interior sea una novela destilada. Es una historia. Punto. El debate sobre la dualidad novelista / cuentista me parece estéril.

Ya que hemos citado un clásico: ¿qué clásicos se sentarían a la mesa de esta colección de relatos “El centro de la tierra”? ¿Podrían rastrearse algunas influencias aparte del propio Verne?

En realidad, lo de Verne supone un recuerdo para la protagonista de ese cuento. Pero no
hay influencia del autor de Viaje al centro de la Tierra en estos textos. ¿Otras influencias? Supongo que los escritores que uno admira o ha frecuentado siempre están ahí: Muñoz Molina, Carver, Graham Greene. Son muchos más, desde luego.

El volumen se abre con una cita de un libro de Stephen King (“Mientras escribo”,
título que recuerda al “Mientras agonizo”, de Faulkner, y es que, vaya, esto de la
coincidencias es un filón para rellenar una entrevista). Él dice que escribir “Es
levantarse, recuperarse y superar lo malo” (aunque él al lector lo invita a lo contrario con sus novelas, dado el efecto paralizante que le producen). Curiosamente muchos de tus personajes aplican a su vida esta receta de King, y muchos de estos relatos han ganado concursos literarios. ¿Es este un libro de finales felices hechos para agradar?

Lo primero que puedo decirte es que Stephen King es mucho mejor escritor de lo que muchos de quienes lo critican piensan. Pero su universo literario no tiene nada que ver con el mío. Lo segundo, que Mientras escribo es un libro estupendo para todo el que quiera profundizar en este oficio tan extraño y tan maravilloso.

Y, por último, es verdad que todos estos cuentos han resultado premiados en certámenes, pero aunque yo he tenido la suerte de ganar bastantes premios, nunca he escrito pensando en ningún concurso ni en que fuera a ser premiado. No quiero decir con esto que no haya querido ganarlos, pero sí que siempre he escrito de lo que he querido y como he querido, sin pensar si por hacerlo de una manera u otra tendría más posibilidades de ganar un concurso literario. ¿Finales felices? Para mí la mayoría no lo son. Si acaso, casi todos los cuentos tienen finales abiertos, y alguno bastante amargo, diría yo.


Si te dieran a elegir entre narrar la lata de sopa de tomate Campbell pintada por
Warhol, o “El grito” de Edvar Munch, elegirías…

Probablemente “El grito”. Me sugiere más.

¿Alguna razón de peso para leer el libro de relatos “El centro de la tierra” de Andrés Pérez Dominguez?

Pues porque es entretenido, supongo, que es la primera razón por la que uno debe abrir un libro. Si además te hace sentir bien al leerlo, te enseña algo o te lleva por un camino inesperado, mucho mejor, pero la primera razón es porque su lectura debe hacer que te lo pases bien.

Y para terminar, tú que en el “making of” del libro te defines sin decirlo como un
escritor de método (y también quizá del método), si has leído alguna noticia que te haya llamado la atención puedes proponerla para que escribamos un relato.
Abrir un periódico o ver el telediario pueden ser fuentes inagotables de temas para escribir.

Mejor se la propongo yo al lector de esta entrevista, como un desafío. Que alguien me cuente una noticia literaturizable. Yo creo que cualquier cosa puede convertirse en una buena historia si uno sabe cómo mirar.


José Cruz Cabrerizo

domingo 19 de julio de 2009

¿Un maestro?

El titular es exagerado, desde luego. Lo digo antes de que se me lancen al cuello. Por eso lo he puesto con interrogación. Pero es lo que escribe de mí en su blog Rubén Castillo después de haber leído mi colección de cuentos El centro de la Tierra. Por supuesto que no soy merecedor de este calificativo, pero también es verdad que en esta bitácora voy colgando las reseñas que salen de mis libros para que quienes estén interesados puedan encontrarlas sin marearse mucho. Conque, aquí va esta:

El centro de la Tierra
Es difícil sustraerse al hechizo que Andrés Pérez Domínguez imprime a su prosa, tanto novelística como cuentística. En esta ocasión, lo que nos ofrece es una magistral recopilación de relatos que, con el título de “El centro de la Tierra”, le publica el sello sevillano Paréntesis. En este tomo podemos encontrarnos con todo tipo de personajes y de historias: el hombre que, después de ser despedido, decide robar en la oficina donde trabajaba, ataviado de Papá Noel; el portero de fútbol que se dispone a detener un lanzamiento, en las horas últimas de su carrera deportiva; el ex-convicto que consigue que su ex-mujer le deje pasar la tarde con su hija; el joven que, en su despedida de soltero, encuentra en el puticlub a la chica que lo volvía loco en el instituto; el ladrón que tiene la mala suerte de entrar a desvalijar la casa de una ciega; la mujer que intenta escapar, agónicamente, de ese pueblecito de montaña donde comprende que su vida está agostándose; o aquella profesora de instituto que descubre, en el autobús donde viaja, al torturador que la golpeó y violó durante la dictadura militar que aquejó su país... Y, como elemento vertebrador de tan dispares propuestas, la prosa siempre galvánica, siempre pura y equilibrada de Andrés Pérez Domínguez, que tiene el poder seductor de los mejores estilistas. Con la fuerza de sus palabras y de sus frases, el sevillano consigue que el sudor nos empape el cuerpo mientras aguardamos el lanzamiento del penalti (en “El silencio”) o que nos congelemos de frío (mientras avanzamos en el tren que nos traslada desde Buchenwald hasta Mauthausen en “El último viaje”); que sintamos la emoción que se desprende de un pañuelo que fue entregado durante la guerra civil de 1936 (“Viejos”) o que nos irritemos con los maltratos físicos que sufre una mujer (“Sesión matinal”). En suma, Andrés Pérez Domínguez logra hacer que la literatura se transforme en vida, en vida imaginada y bien contada, en vida llena de luces y sombras, palpitante, enérgica, dulce y melancólica. Un maestro.
http://www.rubencastillo.blogspot.com/

jueves 16 de julio de 2009

Un autor todotorreno

Por aquí dejo esta entrevista que me hizo mi querido Gregorio León el otro día en Onda Regional de Murcia por mi libro de cuentos El centro de la Tierra. Aprovecho desde aquí para mandarle un abrazo muy grande.

domingo 12 de julio de 2009

Donde pace el buey

Uno nunca sabe en realidad dónde está su casa hasta que se marcha lejos, o no acaba dándose cuenta de cuál es su sitio hasta que regresa a él después de estar dando tumbos por ahí. Yo era muy pequeño, cuatro años acababa de cumplir, cuando nos vinimos a vivir a Sanlúcar la Mayor. El pueblo era muy diferente a como es hoy. Ni siquiera existía la A49, que hoy, a determinadas horas, es lo más parecido a una escena apocalíptica de película de ciencia ficción de serie B. En 1973 no había urbanizaciones de casas adosadas, y a pesar de estar sólo a dieciocho kilómetros de Sevilla, Sanlúcar la Mayor se antojaba un lugar remoto al que sólo se podía llegar por la vieja carretera de Huelva.
Ya digo, yo no había nacido en Sanlúcar, y tal vez por vivir donde no nací siempre me sentí un poco como si no fuera de ninguna parte. Un poco como el protagonista de El síndrome de Mowgli, mi buen Rafael Montalbán. Pero qué curioso que, al cabo de los años, después de haber estado en tantos sitios, Sanlúcar sea el único que considero mi casa. Y es que el buey no es de donde nace, sino de donde pace, o, tal vez, de donde ha sido feliz.
El otro día, en mi pueblo, me dieron una placa, un reconocimiento que no estoy seguro de merecer. Por aquí os dejo ese momento. Lo mejor de todo es que, al cabo de los años, uno ha vuelto al lugar donde pertenece.

jueves 9 de julio de 2009

Convidados

Por aquí dejo un trozo de la estupenda entrevista que me hizo mi querido Cristóbal Cervantes el otro día en el programa Convidados, de Sevilla TV. En realidad no es una entrevista, sino una conversación entre dos amigos.

martes 7 de julio de 2009

Crónica radiofónica

Por aquí dejo esta crónica radiofónica, con entrevista incluida del escritor Gregorio León para Onda Regional de Murcia, del Premio Ateneo de Novela de Sevilla.

lunes 6 de julio de 2009

Un largo recorrido

En Mauthausen también se hablaba castellano
Andrés Pérez Domínguez da voz a los españoles del lager en su última novela, premio Ateneo

JUAN JOSÉ TÉLLEZ - PÚBLICO
Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) vio a la pareja al amanecer, en una estación del metro de Viena: "Bailaban un vals sin música, como si nada de lo que les rodeara existiera. Me puse a escarbar a partir de esa imagen y surgió una novela. Pensé que no era Viena ni comienzos del siglo XXI, que podía ser París, mayo de 194o, cuando los alemanes invadían la ciudad. Que él es un republicano español, que se llama Rubén; que ella es francesa, Anna; que a él se lo llevan a Mauthassen y la mujer va a colaborar con los servicios secretos aliados, y también imaginé a Franz Müller, un violinista alemán, un bohemio, con el que entablan un triángulo amoroso que nos llevará hasta el Berlín del 45, nada más concluir la Segunda Guerra Mundial".
Ese es el argumento de El violinista de Mauthassen, la novela que acaba de ser galardonada por absoluta unanimidad por el jurado del Premio Ateneo de Sevilla. Cuando Pérez Domínguez se pone a escribir, no sólo le interesa un argumento o un lenguaje, sino una atmósfera. Así que no extraña que antes de ponerse manos al ordenador, recorriese los campos de Auschwitz, Buchenwald y Mauthassen, donde subió y bajó la terrible y famosa escalera que supuso una tortura añadida para los prisioneros.
"Todos los campos me producen la misma sensación. Todos están en un lugar muy idílico; el de Mauthassen, por ejemplo, en una llanura preciosa de Austria explica. Pero nada más entrar, los contrastes son terribles por esa sensación tan tétrica que supone enterarte de los terribles sucesos que han ocurrido en un lugar de tanta belleza. En Mauthassen hubo 7.500 españoles que siguen olvidados. Cuando hablamos del holocausto, se nos vienen a la memoria los judíos, pero no nos damos cuenta de que los españoles también estuvieron ahí".

Un largo recorrido
No es la primera vez que Pérez Domínguez se adentra en tales entresijos, como demuestran sus anteriores títulos, La Clave Pinner y El factor Einstein: "La Segunda Guerra, la guerra fría, supone un mundo muy novelesco. Pero con independencia de que sea una época muy interesante, a mí lo que me interesan son las pasiones que mueven a los personajes".
Y por eso los analiza meticulosamente: "El mundo de los años treinta y cuarenta, con todas sus convulsiones políticas, económicas y militares, pone a los personajes en una situación cuyos comportamientos me encanta explorar. Eran hombres y mujeres dados a la lealtad, al sacrificio, al honor, a una serie de conceptos que forman parte de mi universo literario", reflexiona Pérez Domínguez.
Su segunda novela aunque apareció impresa en tercer lugar se tituló El síndrome de Mowgli y su argumento escapa de dicha secuencia histórica: "Creo que voy a dejar la Segunda Guerra Mundial aparcada durante un tiempo. En el trabajo del escritor tiene que entrar el riesgo. Si no, no escribiría cuentos. Yo no quiero que la Segunda Guerra Mundial termine siendo un subgénero que decida mi carrera literaria o mi destino".

jueves 2 de julio de 2009

Los grandes olvidados

Andrés Pérez Domínguez gana el Ateneo de novela
Alejandro Luque, El Correo de Andalucía
Y el XLI premio Ateneo de novela se quedó en Sevilla. El escritor hispalense Andrés Pérez Domínguez se alzó con el galardón por su novela El violinista de Mauthausen, una obra ambientada en la convulsa Europa de la II Guerra Mundial. El madrileño Lorenzo Luengo resultó ganador del Ateneo Joven por Amérika. “Estoy muy contento por el reconocimiento a la novela, por el prestigio del premio, y doblemente contento porque además soy de aquí”. Así acogía Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) la noticia de que un jurado formado, entre otros, por Félix J. Palma, Eugenia Rico, Manuel Gahete, Antonio Barquero y Miguel Ángel Matellanes, había designado la suya como la mejor de entre las obras finalistas. Según él mismo explicó, El violinista de Mauthausen “sucede en tres lugares y tiempos diferentes: el París ocupado por los alemanes, el Berlín de la posguerra y el campo de concentración de Mauthausen”, explica. “También los protagonistas son tres: una es Anna, una francesa a punto de casarse con Rubén, republicano español del que tendrá que separarse. Los nazis se lo llevan a Mauthausen y ella colaborará con los aliados para intentar salvarle. Y el tercero es el violinista que da título al libro, un bohemio que terminará cooperando a su pesar con los alemanes”, agrega.Andrés Pérez Domínguez, autor de relatos como los recogidos recientemente en el volumen El centro de la tierra, y de novelas como La clave Pinner, El factor Einstein y El síndrome de Mowgli, repara en que esta nueva narración será la tercera de las suyas relacionada con la II Guerra Mundial, una época que ha tenido recientemente un notable auge en las librerías, aunque el sevillano asegura intentar ir por libre. “Será que de jovencito leí mucho a Graham Greene, y me influyó mucho su manera de dibujar personajes”, comentó. “La II Guerra Mundial es especialmente interesante porque entonces se dio mucho un sentimiento que me apetece mucho explorar, el de la traición. Por otra parte, también me atrae mucho de los años 30 el hecho de que todavía hubiera cierto idealismo, que algo de inocencia siguiera estando presente en la sociedad”, agrega Pérez Domínguez.
No obstante, en las páginas de El violinista de Mauthausen hay también una decidida voluntad por llamar la atención de algunas injusticias históricas. “Me interesaba sobre todo hablar de los republicanos españoles en el campo de Mauthausen, los grandes olvidados de aquel drama. Fue una historia muy triste, el gobierno español se desentendió completamente de ellos”, concluyó el autor.
Pérez Domínguez añade desde el Ateneo de Sevilla a una larga lista de premios como el Luis Berenguer de novela, el Max Aub, Elena Soriano, Ángel María de Lera, José Calderón Escalada y Gaceta de Salamanca de cuentos, o el José Luis Castillo-Puche y Tierras de León de Novela Corta, entre otros galardones.