Para manejarse por este blog y no perderse

Por aquí dejaré cualquier cosa que la vida me traiga y me parezca interesante compartir. Si alguien que se asome quiere información sobre mis libros, en la columna de la izquierda puede pinchar en las etiquetas de cada título. Si quiere acceder directamente a los vídeos (entrevistas en televisión, alguna curiosidad), o a las entrevistas en la radio, solo tiene que mirar en la columna de la derecha. Bienvenidos.

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viernes 30 de octubre de 2009

Presentación en Sevilla

Pues ya no hay vuelta atrás. El libro se está distribuyendo, y me espera una gira promocional que me va a llevar por unas cuantas ciudades españolas.
También nos vamos dentro de poco con una veintena de periodistas a Austria, para hacer algunos reportajes en el campo de exterminio de Mauthausen. Vienen diarios, suplementos dominicales, revistas, televisiones... Da un poco de vértigo pensarlo, pero bueno, no se me ocurre otra forma mejor de que los lectores se enteren de que El violinista de Mauthausen ya está aquí.
Pero todo eso vendrá después. Lo primero, y como no podía ser de otra forma, será la puesta de largo en Sevilla. El próximo miércoles, 4 de noviembre, a las 12,30 h estaremos en el Ateneo (c/ Orfila, 7, Sevilla), presentando El violinista de Mauthausen y Amerika, la novela de Lorenzo Luengo ganadora del Ateneo Joven. Luego habrá una copa. Es una rueda de prensa, pero puede asistir todo el que quiera.
Allí estaremos.

miércoles 28 de octubre de 2009

Óscar Oliveira (y el dossier)

Esta entrevista que dejo por aquí, es la que lleva el dossier que está recibiendo estos días la prensa junto a El violinista de Mauthausen. Me la hizo mi querido Óscar Oliveira, que además del jefe de prensa de Algaida, es una de esas grandes personas con las que he tenido la suerte de cruzarme en este oficio tan hermoso de contar historias, pero que suele estar plagado de claroscuros. Llevar el departamento de prensa de una editorial debe de ser uno de los trabajos más sacrificados y menos agradecidos que se me ocurren: si las cosas salen bien, rara vez los escritores reconocemos el trabajo que hacen, y, si salen mal, a menudo solemos echar la culpa a quienes se encargan de que los periodistas conozcan nuestros libros.
Tener a Óscar Oliveira entre bastidores es una garantía, además de un placer. No me he encontrado todavía a ningún escritor (y conozco a unos cuantos) que haya hecho alguna vez algún comentario malo sobre él. Conociendo a mi amigo Oliveira, no me extraña. Eso sí, yo tampoco lo hubiera permitido.

¿A qué se debe su interés por la Segunda Guerra Mundial?

La verdad es que me interesa ese periodo de la Historia, pero no más que otros, incluida la época actual. Es cierto que he escrito cuatronovelas, y tres de ellas (La clave Pinner, El factor Einstein y El violinista de Mauthausen) suceden en la Segunda Guerra Mundial o en los tiempos inmediatamente anteriores o posteriores al conflicto. Tal vez la publicación de La clave Pinner, en 2004, decidió la escritura de otras novelas sin que yo lo supiera. Yo diría que me he servido de la Segunda Guerra Mundial y sus alrededores para explorar ciertos temas que me interesan, como la traición, la culpa, el honor, la amistad o la redención. Pero ni siquiera me he planteado escribir estas novelas como una trilogía con puntos en común. Yo creo que un novelista debe escribir siempre sobre lo que le apetezca, sin ninguna clase de presión. Además, he escrito otros libros, como El síndrome de Mowgli, que no tienen nada que ver con la Segunda Guerra Mundial, y escribiré otros. Siempre he tratado de huir del encasillamiento. No resulta fácil porque parece que los lectores o los editores esperan que hagas siempre lo mismo, pero como escritor resulta mucho más interesante cambiar de registro, y a la larga es

mucho más saludable.

Su prosa es muy visual, muy “cinematográfica”. ¿Alguna propuesta para llevar alguna de sus obras a la gran pantalla?

Es una pregunta que suele aparecer tarde o temprano cada vez que publico una novela. Los escritores de mi generación (y de generaciones anteriores y más jóvenes) hemos crecido viendo cine, y eso nos ha influido. Yo, para escribir un capítulo, primero tengo que verlo, como si fuera una película, y luego lo cuento. Es como llevar al límite el famoso dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”. A mí me gusta crear imágenes con palabras.

¿Propuestas para llevar alguna novela al cine?

Me gustaría responder que sí y presumir de ello, pero hasta ahora no he tenido ninguna. Eso no depende del escritor. Yo trato de entregar mis novelas al editor lo mejor que sé. El resto, depende, casi siempre, del azar.

Cuénteme qué se va a encontrar el lector en El violinista de Mauthausen.

Pues ojalá que una obra entretenida, bien escrita, que le ayude a pensar o que despierte su interés por cosas que quizá no conocía, como el hecho de que miles de españoles sufrieron también el Holocausto. A mí me gustan las novelas de las que pueden obtenerse varias lecturas, y espero que suceda eso con El violinista de Mauthausen. Por un lado, está la trama de espionaje durante y después de la Segunda Guerra Mundial, pero también hay una historia de amor muy hermosa, o el drama de unas personas queen una época muy dura se vieron obligadas a hacer cosas que jamás hubieran pensado, o la vida cotidiana, tan dura, en un campo de exterminio.

Yo creo que la mejor manera en la que puedo resumir El violinista de Mauthausen es contando cómo se me ocurrió: una vez, en una estación de metro, vi a una pareja muy joven bailando un vals en el andén, sin música, ajenos a todo, como si nadie los estuviese mirando. La imagen era tan poderosa que no dejó de perseguirme hasta que escribí una novela: esa pareja vivía en París, en la primavera de 1940. Están a punto de casarse, pero la Wehrmacht invade Francia y, como él es un republicano español exiliado, la Gestapo lo detiene y será enviado al campo de exterminio de Mauthausen. Ella va a colaborar con los servicios secretos aliados, dispuesta a cualquier cosa para intentar salvar la vida de su prometido.

Y entre ellos, un ingeniero alemán que ha renunciado a su trabajo en Berlín para no colaborar con los nazis y se ha dedicado a recorrer Europa con un violín bajo el brazo. Las vidas de los tres van a estar entrelazadas para siempre.

Eso es El violinista de Mauthausen.

¿Calidad o entretenimiento? ¿Con qué carta se queda?

¿Por qué no me puedo quedar con las dos? Siempre digo que las dos posturas son compatibles, que se pueden escribir novelas en las que convivan el entretenimiento y la calidad literaria. No sé si lo habré conseguido o no, pero mi afán es demostrarlo. En mi opinión, una novela no debería ser sólo entretenimiento, igual que tampoco debería ser sólo cientos de páginas de prosa exquisita pero aburrida, sin que pase

nada que interese al lector.

Su novela sucede entre París, Berlín y el campo de exterminio de Mauthausen, pasando también por lugares como Londres, Madrid, San Sebastián o Sevilla. ¿Suele visitar los lugares para documentarse antes de escribir una novela?

Sí, siempre lo hago. Yo escribo ficción, pero el mundo por el que se mueven los personajes es real, y por eso es muy importante conocer los

lugares donde se desarrolla la novela. He visitado todos los lugares que ha mencionado. Algunos de ellos varias veces, puesto que también

aparecen en mis novelas anteriores.

¿Qué ha supuesto para usted ganar el Premio Ateneo de Novela de Sevilla?

Este premio, para mí supone un gran reconocimiento. Sólo hay que ver la nómina de escritores que lo han ganado para sentirse muy honrado por haberlo obtenido. Y, más contento todavía, al haberlo ganado por unanimidad. Espero que El violinista de Mauthausen esté a la altura del

Premio Ateneo.

viernes 23 de octubre de 2009

El concierto está a punto de empezar

Aquí tenéis la cubierta de El violinista de Mauthausen. Supongo que los primeros días de noviembre la podréis encontrar en las librerías. No voy a negar que resulta un placer ver la portada de tu novela, por fin, aunque también se hace un poco raro. Esa historia en la que trabajaste durante tantos meses, por fin va a dejar de pertenecerte solo a ti.
Ya que estamos, pongo por aquí el texto de la contraportada, donde se cuenta un poco el argumento:

"En París, una pareja está a punto de casarse en la primavera de 1940, pero la Wehrmacht invade Francia y él, republicano español exiliado, es detenido por la Gestapo y enviado al campo de exterminio de Mauthausen. Ella colaborará con los servicios secretos aliados, dispuesta a cualquier cosa para salvar la vida de su prometido. Entre ellos, un ingeniero alemán que ha renunciado a su trabajo en Berlín para no colaborar con los nazis, se dedica a recorrer Europa con un violín bajo el brazo. Muy pronto, las vidas de los tres se entrelazarán para siempre. El violinista de Mauthausen es su historia.
El París ocupado por los alemanes, el Berlín en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial y el campo de exterminio de Mauthausen son los principales escenarios donde se desarrolla un relato que mezcla intriga, aventura, espionaje, Historia y romance, que atrapará al lector desde de la primera página.

"Un escritor capaz de imaginar historias que parecían ajenas
a la ficción española, sin abandonar ni los escenarios reconocibles
ni el empeño en conseguir una decidida palpitación literaria".
JOSÉ MARÍA MERINO

"Uno siente que ya no podrá vivir sin su fértil y delicada escritura.
Dios nos conserve a Andrés muchos años"
XURXO FERNÁNDEZ

A mí me gusta mucho cómo ha quedado la cubierta. Creo que refleja muy bien el espíritu de la novela: Franz Müller, el violinista; Rubén Castro, el republicano español que se llevan preso al campo de exterminio de Mauthausen; y Anna Cavour, su prometida, un enigma que se cierne sobre los demás personajes.
Y ahora es cuando el autor del libro debe callarse y dejar que sea su trabajo el que hable por él. Espero que disfrutéis con el libro.
Abrazos para todos,

sábado 17 de octubre de 2009

Una anécdota angustiosa

En el blog "De tinta en vena" acaba de aparecer esta reseña sobre El factor Einstein. El mercado de los libros, ya lo he dicho por aquí alguna vez, cada vez se parece más al de la ropa, y las novelas, por desgracia, parecen quedarse antiguas con el cambio de las estaciones. Por fortuna, cinco años después de que se publicase La clave Pinner, todavía hay lectores que me escriben para hablarme sobre ella, y, casi dos años después de que apareciese en las librerías El factor Einstein, hay lectores que todavía siguen comentándola. Es para alegrarse, desde luego. No puedo evitar una sonrisa, una sonrisa de complicidad, al enterarme de la angustia de esta lectora por haberse dejado olvidada mi novela en una zapatería. Desde aquí aprovecho para darle las gracias por la amabilidad de sus palabras sobre El factor Einstein.

"Sin duda una buena elección, cuando lo vi en aquella mesa con tantos libros apilados, su portada me llamaba a gritos, pero fue la contraportada la que decidio que pasara a mi bolsa entre los afortunados que se vendrian a casa despues de aquella excursión terapeutica.

Andrés Pérez Domínguez es un sevillano que ha ganado un centenar de premios literarios, y que ha demostrado su valia como escritor en al menos dos novelas anteriores a esta que me ocupa. Al más puro estilo John LeCarré nos envuelve en una trama de espias, que en España no contaba con ningún autor merecedor de reconocimiento.



Pérez Dominguez se basa en un hecho histórico para fraguar su trama, y en un personaje archiconocido para darle sensación de proximidad. En los años de la Republica y con un Einstein recien desertado de Alemania donde los nazis empezaban a hacerse fuertes, el gobierno español le ofrecio la nacionalidad y una catedra en Madrid que jamás aceptaria el cientifico más famoso de la historia.

A partir de ese hecho real este autor sevillano construye una novela en la que los personajes y los lugares en los que se ambienta son descritos con minuciosidad, hasta el punto de llegar a conocer con precisión a sus dos personajes principales, un fisico español Alfonso Altamiria, y una agente del Abwehr nazi, Frida Von Kleinsberg , esta última convencida de la importancia de su misión desdobla su personalidad en Frida Klein, la otra mujer que lleva dentro, una fisica alemana capaz de ser tierna cuando su contrapartida es fría como un témpano de hielo y dura como el acero.


La acción se ambienta en el Berlin de la preguerra, en Cracovia, y en Nueva York lugar de exilio de muchos cientificos europeos, concretamente en Manhatan, con el mismo guante blanco y barroquismo con el que disecciona a los personajes, nos presenta los lugares en los que transcurre la acción, hasta el punto de llegar a visualizarlos. Esto hace que la novela sea en ocasiones incluso demasiado pausada y que se tenga impaciencia por saber que pasa.


La tensión es palpable en alguno de sus pasajes, tanto que se puede llegar a cortar con un cuchillo y hace participe al lector de la angustia del personaje inmerso en la acción. La novela esta distribuida en siete partes de unos cinco capitulos cada una, y sigue el esquema clásico de la novela enigma; planteamiento, nudo y desenlace, en cada una de estas partes la intriga va increscendo hasta llegar a un desenlace un tanto inesperado.

En mi paseo por la red estas son algunas de las opiniones que he podido recabar sobre esta novela:


Es, simplemente , una historia humana maravillosa, en vuelta en una tragedia de proporciones universales . Xurxo Fernández, El Correo Gallego

Pérez Domínguez domina muy bien los recursos del género, tanto la atmósfera de las ciudades, que ha descrito con mucho cuidado, como lo que podríamos llamar la urdidumbre narrativa del interés, que crea en el lector la necesidad de saber en qué va a quedar todo. Es decir, buena atmósfera y buena trama. Jose María Pozuelo Vivancos. ABC de las Artes y las Letras.


Se le dan bien a Pérez Domínguez la realidad subterránea de la Historia, la especulación verosímil de lo que pudo suceder y esos personajes secundarios que ayudan a completar la sicología de los protagonistas y aristas que suelen tener el amor, el engaño, la venganza o el patriotismo. Guillermo Busutil, La Opinion de Málaga.


Frente a la novela entretenida, pero mala de solemnidad, frente a la novela "literaria", "selecta", oero tediosa, Andrés Pérez Dominguez ofrece una alternativa. Edmundo Díaz Conde, El Correo de Andalucía.

Andrés Pérez Domínguez es otro de esos escritores con ganas de narrar, que demuestran que el entretenimiento y la literatura no son incompatibles. Félix J. Palma, Mercurio

La obra de Andrés Pérez Domínguez se distingue por ofrecer historias de una austeridad sorprendente y se alejan de todo tipo de efectismos porque, entre otras muchas de sus características, tanto en su temática como en su estructura, carece de ese tipo de elementos superfluos que pudieran relegar estos textos a un tipo de escritura de consumo: el denostado best-seller. Pedro Domene, Cuaderno del Sur.


Unas opiniones que sin duda incitan a leer el libro en el que el amor, el engaño, el desamor, el mal entendido patriotismo y la lucha contra un régimen que asusta a los cientificos de la época son subtemas que ayudan a perfilar la trama. Einstein es presentado como un personaje simpático y su discrepancia con los fisicos cuanticos puesta de manifiesto. Es su famosa teoría de la relatividad y un mineral, el uranio, los que haran posible la creación de la arma más mortifera de la historia y con todos estos ingredientes se fragua una buena novela de espías que no tiene como escenario España si no como autor a un español.



Durante una semana el poco tiempo libre del que disponía estaba enganchada a este libro, que a pesar de sus más de seiscientas páginas me acompañaba incluso en mis desplazamientos, y protagonizó una de las anecdotas más angustiantes para mí, al dejarlo olvidado en una zapatería, lo cual me obligó a regresar a la capital y a recorrer varios lugares que había frecuentado antes de dar con él. La angustia atenazaba mi cuerpo durante su busqueda y un suspiro salió de mis labios cuando la dependienta con una sonrisa en la boca me pregunto si habia dejado olvidado un libro. Realmente absorbente y digno de ser tenido en cuenta"

viernes 16 de octubre de 2009

La fecundidad de Pérez Domínguez

José Luis Montoya escribía sobre mí ayer, en su muy leída sección "El patio", de ABC. Desde aquí le mando un abrazo y le doy la gracias. Sobre todo, porque me ha quitado diez años... Pero sigo siendo joven, que conste...




"Los perros" de Pérez Domínguez.

Y cambio de argumento aunque sigo con libros, porque dedico una parrafadita al joven -30 años de edad lo contemplan- y prolífico escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez, ganador del Premio Ateneo de Novela de 2009, de quien, para que vean su fecundidad creativa, les puedo decir que dentro de muy poco va a estar en las librerías otra novela suya, El violinista de Mauthausen, y que como en enero de 2008 se iba a publicar El factor Einstein, habida cuenta que según propia confesión le corroe estar sin hacer nada, entre octubre y diciembre de 2007 escribió Los perros siempre ladran al anochecer, aunque no sabiendo qué hacer con la obra, la envió al Premio de Novela Corta "La Espiga Dorada", convocado por primera vez por la Fundación Caja Rural del Sur; y miren por donde, con ela se ha alzado con el santo y la limosna, es decir, que ha sido la ganadora del certamen, aunque cuando se edite, y como el autor comenta, cualquiera sabe el título que la editorial le pondra.

jueves 15 de octubre de 2009

Un oficio terrenal

«Escribir es un oficio bastante terrenal», dice Andrés Pérez Domínguez

El novelista se acaba de hacer con el Premio La Espiga Dorada

María Carmona. El Mundo/Huelva

Los perros siempre ladran al anochecer. Con este título, Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) ha

conseguido hacerse un hueco en la historia del Premio de Novela Corta La Espiga Dorada –convocado en el marco del Salón del Libro Iberoamericano– convirtiéndose en el ganador de la primera edición del certamen, cuyo jurado no ha podido resistirse a la historia de «un matrimonio que se traslada a vivir a una zona residencial donde pronto comenzará a tener

problemas».

Así, en apenas 150 páginas este sevillano –colaborador habitual de varios medios de comunicación– demuestra todas sus dotes narrativas, esas que le han valido para cosechar, este mismo año, el Premio Ateneo de Sevilla gracias a El violinista de Mauthausen, en cuya promoción se encontraba inmerso cuando recibió la noticia del nuevo galardón. Por eso precisamente «ha sido toda una sorpresa, ya que tenía la convocatoria un poco olvidada y, de repente, he recibido la buena noticia».


Talento o suerte. Pues, según el propio autor, ninguna de las dos cosas. «Todo es cuestión de trabajo. Hay gente que cree que el oficio de escritor es algo místico cuando, realmente, es bastante terrenal. Se trata de ser constante, de no desanimarte ante las negativas, y de

confiar en lo que puedes llegar a hacer».


Ese tesón es el que ha hecho que Andrés Pérez Domínguez haya logrado vivir de la literatura y que, hoy por hoy, sea un escritor consagrado –ya tiene 4 novelas publicadas– que ve en certámenes

como el de La Espiga Dorada «toda una oportunidad para los que empiezan, y para los que aún mantenemos la ilusión y queremos darnos a conocer en circuitos que no se ajustan estrictamente a lo comercial».


Entrega de premios

Aunque aún no se conoce la fecha exacta de la entrega de premios, la misma se hará en el marco del Otoño Cultural Iberoamericano y contará con la presencia del ganador, que no se quiere perder la oportunidad de «estrechar la mano de los que han elegido mi trabajo

de entre todos los que se han presentado al certamen».


Así, Andrés Pérez Domínguez tendrá que saludar a Salvador Compán y Manuel Abad por parte de la UNIA, Francisco Vélez Nieto, Uberto Stabile –director del Salón del Libro Iberoamericano– y Jaime de Vicente Núñez, director de la Fundación

Caja Rural del Sur.


Ellos han formado el jurado de este certamen, al que han concurrido un total de 104 obras de las cuales 5 han llegado a la final.


Entre estas, además del trabajo de Andrés Pérez Domínguez ha destacado el de Fernando Palazuelos (Bilbao, 1969), que ha conseguido ser finalista de esta primera edición con su novela corta Funambulistas ciegos.

I Premio de Novela Corta "La espiga dorada"

El sevillano Andrés Pérez Domínguez, premio La Espiga Dorada de Novela Corta

El escritor fue a su vez ganador del último Premio Ateneo de Sevilla

Diario de Sevilla

El escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez ha resultado ganador de la I edición del Premio Iberoamericano de Novela Corta La Espiga Dorada, dotado con 12.000 euros, por su obra Los perros siempre ladran al anochecer. Se trata de la primera vez que se falla este galardón, que fue creado durante la celebración del II Salón del Libro Iberoamericano de Huelva en el Otoño Cultural Iberoamericano en 2008 por la UNIA y la Fundación Caja Rural del Sur.

Pérez Domínguez cuenta con diversos galardones en su haber, entre los que destacan el 17º Premio Luis Berenger de Novela; el 14º Premio Internacional Max Aub o el 10º Premio Ciudad de Coria. Además, es ganador de otros dos certámenes de novela corta: el José Luis Castillo Puche en 2001 y el Tierras de León en 2002, y ha sido el vencedor en la última edición del Premio Ateneo de Sevilla en 2009.

Por su parte, el bilbaíno Fernando Palazuelos ha sido el finalista con su novela corta titulada Funambulistas Ciegos. Palazuelos se desenvuelve en diversas áreas del arte y el diseño (fotografía, pintura, escultura) y con su primera novela, La trastienda azul ganó los premios Torrente Ballester, Ciudad de la Laguna y el Premio Tigre Juan. Con Las manos del ángel ganó el Premio de Narrativa Vicente Blasco Ibáñez y precisamente una de sus obras, Ianua Coeli, fue editada por Baile de Sol, una de las editoriales participantes en el III Salón del Libro Iberoamericano de Huelva que hoy se inaugura.

Al I Premio de Novela Corta La Espiga Dorada se han presentado un total de 104 obras de las que cinco han llegado a la final, aunque, sobre todo, la organización ha destacado la gran calidad de los trabajos. El premio será entregado en el marco del calendario de actos del Otoño Cultural Iberoamericano, Ocib 09, iniciativa de la Fundación Caja Rural del Sur y que se celebra desde el pasado 1 de octubre hasta el próximo 12 de noviembre en Huelva y Sevilla.

martes 13 de octubre de 2009

Los perros siempre ladran al anochecer

No sé si el Diablo debe de andar con su mano puesta sobre mi hombro. Cualquiera sabe.
Aunque en el sur se nos está alargando el verano, tanto que a mediados de octubre me he bañado en el Atlántico en calma, con el agua a la misma temperatura que en julio, en una playa vacía, pronto llegará el otoño de verdad, y las nubes, y la lluvia o el frío. Lo que quiero decir es que hay que alegrarse cuando te pasan cosas buenas, porque las malas siempre están a la vuelta de la esquina.
Pero no me enrollo más. Decía en la primera línea que el Diablo debe de andar últimamente con su mano sobre mi hombro, porque esta tarde tenía el móvil en silencio, como casi siempre, estaba viendo un episodio de la tercera temporada de Perdidos (por cierto, me está gustando mucho) y cuando me da por mirar el teléfono me doy cuenta de que tengo varios mensajes. Un señor muy amable me había pedido hacía más de una hora que lo llamase porque tenía que darme una buena noticia. Y tan buena: resulta que había ganado el I Premio Iberaoamericano de Novela Corta "La espiga dorada". Después de colgar, me quedé sonriendo un instante. Lo que son las cosas. Ya, casi me había olvidado de que me había presentado a este premio. Creo que fue en mayo o en junio cuando mandé la novela, antes de que se fallase el Ateneo de Sevilla, y luego, con todo lo que ha pasado, en fin... Era una novela corta (unas 150 páginas), que había escrito entre octubre y diciembre de 2007. En enero de 2008 se iba a publicar El factor Einstein y, como los sentimientos de culpabilidad me comen cuando estoy sin hacer nada, me puse a escribir una novela que, desde que la terminé, ha estado dando tumbos por ahí, criando telarañas hasta que hoy ha terminado por encontrar su sitio. Estoy contento, para qué lo voy a negar. No sé cuando se publicará esta novela, ni con quién. Supongo que el año próximo, porque ahora he de concentrarme en la promoción de El violinista de Mauthausen, que estará en las librerías dentro de muy poco. De momento, os puedo avanzar su título: Los perros siempre ladran al anochecer. Al menos es el título que yo le puse cuando la escribí. No sé si al final se me ocurrirá otro mejor, o si quien la publique preferirá otro. En la mayoría de estas cuestiones, mucha gente no lo sabe, pero, es el autor el que propone y el editor el que dispone.
Abrazos a todos,

Octubre de 2009

viernes 9 de octubre de 2009

Obamanóbel

Ya lo he dicho hasta la saciedad. Soy un ignorante, porque, cada octubre, cuando se falla el Premio Nobel de Literatura, nunca antes en mi vida he escuchado hablar del escritor que lo gana (este año, escritora, por si la ministra Aído, cual Gran Hermano el de Orwell, que nadie se confunda, me vigila). Los amigos me suelen preguntar: oye, Andrés, seguro que tú has leído algo del autor premiado este año. Pero yo me encojo de hombros, como si no fuera conmigo. Hasta ayer no había escuchado nunca el nombre de Herta Müller (y eso que uno de los protagonistas de El violinista de Mauthausen se apellida igual que ella), lo confieso, y lo mismo me había pasado con Le Clézio, o con Naipaul. Y no sigo, porque tampoco quiero quedar por más ignorante de lo que soy.

Pero si los suecos han querido dar el triple salto mortal de la extravagancia lo han conseguido esta mañana con el Nobel de la Paz para Barack Obama. No digo yo que este hombre no llegue algún día a merecer el premio, y de verdad que lo deseo por el bien de todos, pero la sensación que me queda es que en Estocolmo se usa la misma vara de medir que en demasiados colegios, donde los alumnos pasan de curso sin haber aprobado las asignaturas. O es que a lo mejor en Suecia también piensan que en Afganistán no hay guerra. El problema de darle el Nobel de la Paz a un presidente que apenas lleva diez meses en el cargo no es que todavía no haya hecho méritos suficientes, sino que aún tiene mucho tiempo por delante para meter la pata. Tal vez los suecos hayan querido señalarle el camino al presidente de Estados Unidos, y la verdad es que no se lo han puesto fácil. Y a Barack Obama todavía le quedan más de tres años (u ocho, si las cosas le ruedan bien) para convencernos de que se merece el premio. Eso sí, hasta ahora, en su currículum hay dos hechos innegables que marcan su existencia, y no sé si alguna de las dos habrá inclinado la balanza a su favor en la lotería de Estocolmo: haber sido el primer hombre color café con leche que se sienta en el Despacho Oval, y ser capaz de aguantar la sonrisa cuando se fotografió con las hijas de Zapatero.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2009

jueves 8 de octubre de 2009

La rutina feliz

Estoy seguro de que bastante gente piensa que el oficio de escritor tiene que ver mucho con la ensoñación, algo así como estar uno tumbado todo el día, rascándose la barriga mientras aguarda a que la inspiración venga a visitarlo. A algún ignorante he tenido que escuchar decir alguna vez que, como yo soy escritor, seguro que tengo un montón de tiempo para hacer lo que me dé la gana y cuando me dé la gana, o que, si dedico mis días a jugar a “imaginemos” es porque ando sobrado de tiempo. En fin. Tarde o temprano uno tiene que aprender a no escuchar ciertas sandeces.

Pienso en esto porque ando estos días un poco desocupado. La molicie no me va a durar demasiado, apenas una semana o dos, pero a veces me siento tan raro que me dan ganas de subirme por las paredes. Y es que, desde enero de 2008, cuando se publicó El factor Einstein, no he parado. En septiembre iba a estar en las librerías El síndrome de Mowgli, y me esperaba una promoción felizmente ajetreada. En junio empecé a escribir una novela sobre un superviviente de un campo de exterminio que, al ser liberado, viaja a París y a Berlín a buscar a una mujer de la que estuvo enamorado. Y, por si me quedaba algo de tiempo, en otoño me comprometí a publicar una colección de cuentos que debía estar en las librerías en la primavera de 2009. Los cuentos ya estaban escritos, sí, pero había que seleccionarlos y corregirlos mientras trabajaba de lunes a domingo en la novela que había empezado porque, aunque quedaban muchos meses por delante, quería presentarla al Premio Ateneo de Novela de Sevilla.

Al final, en la primavera de este año se publicó El centro de la Tierra, la colección de cuentos, y aquella novela que había empezado en junio de 2008 acabó ganando el Premio Ateneo justo un año después. Quienes frecuentan este blog ya saben lo ajetreado que he estado desde entonces. Después de ganar el Ateneo he pasado el verano corrigiendo El violinista de Mauthausen hasta dejarlo lo mejor posible para los lectores. Durante las últimas semanas he leído la novela hasta que ya no he sido capaz de corregir ni una coma. Tendrá erratas, claro. Siempre digo que un libro sin erratas es como un jardín sin flores. Y ya no puedo mejorarla más, por mucho que la lea. Creo que a finales de octubre o a primeros de noviembre estará en las librerías. Lo anunciaré por aquí cuando lo sepa, y pondré la portada, que, os adelanto ya, me ha gustado mucho. Ya digo: apenas me quedan un par de semanas de tranquilidad, y luego empezará, de nuevo, la marea de la promoción, de la que disfruto pero siempre acabo sintiéndome un poco extraño. Porque el oficio de escritor tiene mucho más de grisura que de glamuroso, y yo tengo varios proyectos de novela en la cabeza que ya me están quitando el sueño. Resulta que, al final, soy como uno de esos ejecutivos que no pueden ser felices cuando no hacen nada o están de vacaciones porque se sienten culpables, y lo único que quiero es eso, disfrutar de mi rutina: levantarme por la mañana, desayunar, sentarme en un rincón tranquilo y darle vida a los personajes que me invento. Y, qué coño: no es una mala manera de ganarse el pan, y me pasé muchos años de mi vida esperando poder dedicarme a esto.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2009