Un triángulo de cuatro lados

Hay una frase recurrente que suelo repetir en las entrevistas en las que hablamos de El violinista de Mauthausen. Tarde o temprano alguien me pregunta sobre el triángulo amoroso que sustenta la novela, y yo, me quedo un momento pensativo, sonrío, y respondo que, como me dijo una vez un periodista, El violinista de Mauthausen es un triángulo amoroso de cuatro lados, una nueva figura geométrica. Este periodista del que hablo en las entrevistas, y cuyo nombre casi siempre menciono si me dejan tiempo, es Paco Robles. Ayer reseñaba El violinista en las páginas de ABC, y él mismo dejaba constancia de la extraña geometría que forma el cuarteto protagonista.
Un abrazo, Paco.

Un triángulo amoroso en medio del horror

Sábado , 30-01-10
ABC de Sevilla
En «El violinista de Mauthausen» hay personajes y diálogos que parecen salidos del café donde Humphrey Bogart se encontró con Ingrid Bergman, hay un eco de violín que nos lleva inevitablemente a la banda sonora que compuso John Williams para la obra maestra de Spielberg: es más que recomendable leer algunos pasajes de la novela mientras se escucha esta música envolvente que ahora mismo acompaña al cronista.
Andrés Pérez Domínguez consigue la cuadratura del círculo amoroso, que consiste en trazar un triángulo sentimental con más de tres lados. En el centro, Anna. Una mujer que debe arrastrase por el fango de la depravación para salvar lo más puro que lleva dentro: el amor. Al otro lado del muro, sumergido en el horror sin límites del campo de concentración que Europa debería recordar a cada momento como si fuera la cicatriz de una infamia, el superviviente Rubén. Tras un viaje en el tren del infierno, este exiliado que huyó de una España imposible se enfrenta con el gran dilema del ser humano: el suicidio. ¿Merece la pena vivir en esas condiciones?
Estos dos personajes se completan y se complementan con los que simbolizan a las dos naciones enfrentadas en el campo de batalla: el espía norteamericano y el violinista alemán. La acción va de ciudad en ciudad hasta llegar al Arenal de Sevilla, a una casa donde se echa en falta la presencia de Rubén, el hijo rebelde que cambió la confortable vida de una familia acomodada por una aventura ideológica que lo llevó al destierro y que lo sepultó en un campo de concentración del que sólo podrá salir si se produce ese milagro que alumbra la luz tenue de la esperanza. «El violinista de Mauthausen» interpreta los dos extremos de la condición humana. Tal vez ésa fuera la auténtica batalla que se libró en aquella Europa donde el amor era, a pesar de todo y como siempre, el único motivo por el que merecía la pena sobrevivir.

Comentarios

  1. Estoy de acuerdo con Paco Robles, Andrés. El triángulo es realmente un cuadrado con Bishop enamorado de Anna. Si es que la novela es una historia de amor flipante. Mea legro de que sigas cosechando éxitos. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Andrés, terminé el violinista. Hacía tiempo que no leía una novela tan buena, ha sido todo un placer. Gracias y enhorabuena.

    ResponderEliminar
  3. Sí, Paco: para mí, El violinista es, sobre todo, una historia de amor. Muchas gracias.

    Gracias, Carlos: es una satisfacción enorme para un escritor leer un comentario como el tuyo. El placer es mío.

    Un abrazo,

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

Un viejo cascarrabias