El placer de trabajar descalzo

En el blog El club de la bibliotecaria emboscada me han hecho hace poco una entrevista que reproduzco aquí, por si algún lector tiene interés.


Hoy El Club de la Bibliotecaria Emboscada publica en esta entrada un extracto de la entrevista a Andrés Pérez Domínguez, autor de una novela que está dando mucho que hablar: El violinista de Mauthausen.

¿Cuándo se dio cuenta de que lo suyo era escribir?

Siempre he querido hacerlo. Supongo que es algo que se lleva dentro y que tiene que salir a la superficie de una manera u otra. Pero no recuerdo un día que se me encendiera una luz que me indicase el camino a seguir. Es un proceso lento, que solo acaba comprendiéndose con los años. Aunque supongo que esta es la siguiente pregunta...

¿Cómo fueron sus comienzos en esta profesión?

Un poco a ciegas. Yo no conocía a ningún escritor, y ni siquiera me planteaba que se pudiera vivir de las historias que te inventabas. Pero sentía la necesidad de contar historias, y entonces me dediqué en cuerpo y alma a ello. Durante bastantes años me levanté una hora antes cada mañana para ponerme a escribir antes de irme a trabajar, y a mediodía, justo después de comer, dedicaba otra hora a escribir antes de seguir con mi trabajo por la tarde. Recuerdo esa época con cariño, pero también fueron momentos de incertidumbre por no saber si lo que hacía podría algún día interesar a alguien, por no saber si estaba sacrificando mucho tiempo y mucho esfuerzo en busca de una quimera. Un día empecé a presentarme a certámenes literarios, y tuve la suerte de ganar bastantes, y, poco a poco, he llegado a ser, supongo, lo que se llama "escritor profesional". Aunque es una definición que no me acaba de gustar.

En relación con este tema de la profesión literaria, hoy por hoy, ¿se puede vivir de la escritura?

No es fácil, pero tampoco imposible. Además, la Literatura te abre también otras muchas puertas. Yo siempre digo que es posible vivir, si no de la Literatura, sí de la Literatura y alrededores.

Su trayectoria literaria está llena de premios, ¿hasta qué punto han sido determinantes dichos premios para labrar su carrera como escritor?

Para mí los premios han sido siempre muy importantes. Al principio, me permitieron ganar dinero, algo que nunca está de más, pero sobre todo me permitieron ir ganando confianza en mí mismo como escritor, pensar que lo que hacía podía gustar a los demás. En determinados círculos literarios se critica o se trata con cierto desdén a las fundaciones, ayuntamientos o instituciones que convocan certámenes literarios y a los escritores que participan o hemos participado en ellos, como si solo se pudiera encontrar en este ámbito Literatura de segunda división. Yo no puedo estar más en desacuerdo. La labor que realizan quienes convocan este tipo de premios es impagable. No me canso de decir que tal vez no sepan cuántas ilusiones han alimentado o cuantas carreras literarias han empujado solo por el hecho de estar ahí. Sin estos certámenes, yo no habría podido dedicarme a la escritura. No me cabe la menor duda.

Cuéntenos un secreto: ¿cuáles son sus fuentes de inspiración?

La verdad es que no creo en la inspiración. Puede haber momentos en los que tengas alguna idea más o menos brillante, pero de nada sirve si no la trabajas. Porque al final, lo que cuenta es el trabajo, no la inspiración.

Es evidente que la sola inspiración no es suficiente para construir una novela sólida y que guste tanto a público como a crítica, ¿cómo afronta la tarea creativa una vez que las Musas le han inspirado?

La única forma de poder escribir novelas es mediante una disciplina marcial. Al menos es así como yo afronto la escritura. Tengo que escribir tantos folios al día, y ese es mi trabajo. No me levanto de la mesa hasta que no lo he hecho. Y así durante muchos meses. Al final, insisto, se trata de trabajo.

Respecto a su ya rica producción literaria, en la que se encuentran títulos como El síndrome de Mowgli y La clave Pinner, ¿cuál de sus obras le ha reportado mayor satisfacción? ¿por qué?

Todas tienen algo especial para mí, y cada una por una cosa distinta. La clave Pinner fue mi primera novela publicada en una editorial comercial, y le tengo mucho cariño. Todavía hay mucha gente que me conoce por esa historia. El síndrome de Mowgli quizá sea la más personal de todas mis obras. Disfruté mucho durante la escritura de El factor Einstein. Me fui hasta Nueva York para localizar la casa donde Albert Einstein había firmado una carta para animar al presidente Roosevelt a construir la bomba atómica en el verano de 1939, me entrevisté con gente que había conocido al genio hace setenta años. Fue una grandísima experiencia. Y El violinista de Mauthausen me ha dado el Premio Ateneo de Novela de Sevilla, que ha significado un espaldarazo para mi carrera. Además, al ser yo sevillano, para mí este premio tiene un valor sentimental muy grande también.

Mantiene un blog personal llamado “La Separata”, por lo que su relación con las tecnologías no parece ser mala, pero ¿cómo cree que pervivirá la literatura en el nuevo contexto caracterizado por el uso intensivo de la tecnología y de Internet?; desde su punto de vista ¿están cambiando los papeles de escritores y lectores?; en su caso particular, ¿este nuevo contexto influye de algún modo en su forma habitual de trabajar y de interactuar con sus seguidores?

Evidentemente, estamos viviendo una etapa de cambios. Pero no sabría decir cómo afectará a la relación entre autores y lectores. En mi caso, el blog significa un espacio en el que poder contar cosas que me apetece o informar a los lectores de las novedades sobre mis libros. En cualquier caso, siempre habrá gente con una pulsión interior que los llevará a contar historias, y también habrá otra gente dispuesta a leerlos. En definitiva, es como como cuando hace miles de años alguien contaba una historia junto a una hoguera mientras los demás escuchaban. El soporte ha ido cambiando o evolucionando, pero no es más que eso.

Un consejo para los aprendices de escritor.

Que este es un oficio vocacional al que no hay que dedicarse pensando en ganar dinero, premios o hacerse famoso. Todo eso puede ser el resultado de un trabajo, y casi nunca es tan glamuroso como parece. Por eso, mi consejo es escribir por el simple placer de hacerlo. Yo mismo, cuando me siento a escribir, no pienso que me van a publicar ni que voy a tener lectores. Lo hago porque disfruto con mi trabajo. Y creo que ese es el espíritu que uno nunca debe perder.

Un consejo para los aprendices de lector.

¿Aprendices de lector? No sé, me suena un poco raro eso. Pero bueno. Yo creo que la lectura debe ser como la dieta: lo más variada posible. Y que la principal razón por la que alguien coge un libro debería ser para disfrutar, aunque cada lector disfrutará por una cosa distinta. Si hay algo que me caracteriza como lector es que nunca termino un libro que no me guste. Les doy una oportunidad, sí, pero después de un número de páginas, si no consigue interesarme, paso a otro. La vida es muy corta y hay muchos libros que leer.

El éxito de su novela El violinista de Mauthausen está siendo sonoro, pero ¿trabaja ya en un nuevo proyecto?, ¿nos puede adelantar algo del mismo?

Ahora mismo ando metido en el torbellino de la promoción de El violinista de Mauthausen. Y eso ya supone bastante trabajo. La novela está funcionando mejor de lo que nadie esperaba, y eso hace que la promoción parezca que nunca vaya a terminar. Pero no me quejo. Sería estúpido por mi parte hacerlo. Tengo otro proyecto en la cabeza que me estimula bastante, y espero ponerme a ello en breve. Pero no puedo decir nada todavía. Aún es demasiado pronto.


TEST

El escritor, ¿nace o se hace?


Las dos cosas.


Lo que busca es su profesión es …


Llegar al lector. Conseguir que se lo pase bien con mis libros, que se emocione, que sienta que haya merecido la pena el tiempo que ha invertido en leer mis libros.


A su parecer, ¿cuál es el mayor hito en su carrera hasta el momento?


Si hablamos de premios, el Ateneo de Novela de Sevilla.


¿Cuál es el hito que le gustaría conseguir en el futuro?


Mi mayor ambición es un rincón tranquilo donde poder leer y escribir. Una vez que tienes eso claro, lo demás ya no importa mucho.


Lo mejor y lo peor de su profesión es…


Siempre digo que lo mejor de escribir es que puedes trabajar descalzo. No me gusta el misticismo con el que algunos hablan del oficio de escritor. No, en serio, aunque tampoco era broma: conseguir que parezcan verdad las historias que te inventas. ¿Lo peor? Que te das cuenta de que, en este oficio, todo lo que no es encerrarte en una habitación a imaginar historias, suele ser muy complicado.


Sus libros y autores favoritos son…


Son muchos, demasiados para una respuesta breve.


Sus librerías imprescindibles…


Son muchas, también. Además, cuando vas de promoción, te das cuenta de hay docenas de librerías fantásticas y de libreros que aman su trabajo.


Acude habitualmente a la biblioteca de…

Uf, aquí debo entonar el mea culpa. No suelo ir a bibliotecas. De niño iba mucho, pero es una costumbre que he perdido al hacerme mayor.

Comentarios

  1. Estupenda entrevista, Andrés, y de acuerdo con los consejos que das. Yo escribo porque no tengo más remedio que hacerlo, lo llevo dentro y lo tengo que sacar, y disfruto haciéndolo, aunque a veces, también se sufre. Me encanta lo que dices de trabajar descalzo. Si la Literatura llegara a ser algún día mi trabajo, ojalá, una de las cosas que más me atraen es trabajar en mi casa a mi bola.
    Un abrazo.

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  2. como a los grandes empiezan a hacerles entrevistas más personales de cómo empezaste, y sobre todo pidiendote consejos.
    Da vértigo! qué coño, da un gusto!!
    jaja

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  3. Muchas gracias, Paco. Yo creo que al oficio de escritor hay que quitarle misticismo: en gran medida, es cuestión de trabajar, de trabajar mucho. Y es un placer estar trabajando en tu casa a tu aire. Pero también puede llegar a ser un poco cansado a veces...
    Por cierto, enhorabuena por ese premio de poesía.

    Patricio, es normal que los lectores o la gente con interés en la escritura quiera hacer preguntas. Todos los escritores hemos pasado por eso, supongo.

    Abrazos,

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