En la escalera de la muerte

En la revista Mercurio de febrero aparece esta reseña de El violinista de Mauthausen. La firma Ricard Ruiz Garzón, a quien aprovecho para darle las gracias por sus palabras y enviarle un fuerte abrazo.

EN LA ESCALERA DE LA MUERTE
Ricard Ruiz Garzón

El campo de concentración de Mauthausen es conocido como ‘el campo de los españoles’. Unos 7.300 perdieron la vida en él, y uno de los presos fue Francesc Boix, el fotógrafo que documentó tras arriesgadas peripecias las p ruebas que permitieron procesar a jerarcas nazis como Albert Speer. Hoy, los vestigios del campo son como los de Auschwitz o Dachau fúnebres monumentos en los que el recuerdo de la ignominia se mezcla con el horror ante el dolor de las víctimas. En Mauthausen había cámaras de gas, duchas en las que los prisioneros morían, barracones junto a los que se practicaban crueles experimentos; como en otro s campos, pero Mauthausen era además un campo de grado tres: en él se exterminaba, sobre todo, con trabajos forzados. De ahí que lo más terrible sea hoy la visita a su cantera, con esa escalera de 186 peldaños por la que los presos debían transportar piedras enormes, casi siempre hasta reventar. Seis décadas después, la cantera es un vergel, pero un simple descenso por la escalera, esa que en condiciones infrahumanas, con 40 y 50 kilos a la espalda, recorrían los prisioneros diez o doce veces diarias, remite al infierno vivido. De Montserrat Roig a Ricard Belis y Montse Armengou, varios libros imprescindibles han dado testimonio de lo vivido por aquellos españole s. No ha ocurrido igual en la ficción, ya que ninguna obra de lector amplio había empleado la narrativa para complementar el episodio. El violinista de Mauthausen, de Andrés Pérez Domínguez, acaba de llenar ese vacío obteniendo el XLI Premio Ateneo de Sevilla, y cabe decir que de forma notable. Sólo por eso, la cuarta novela del autor de El síndrome de Mowgli merecería un espacio propio en los resúmenes de la temporada.

La de El violinista de Mauthausen, con todo, es una historia que escapa a los límites del campo. Ambientada en él, pero también en París y el Berlín de postguerra, narra el triángulo que un superviviente de Mauthausen, Rubén, forma junto a su antigua prometida y al ingeniero que da título al libro. La trama, en la que se entrelazan con habilidad documentados episodios sobre el exterminio en el campo (escalera incluida), se enriquece como siempre en Pérez Domínguez con asuntos como la traición, el sacrificio o la amistad. Hay también ciencia, espionaje, historia, política, sentimientos y por supuesto música, un recurso que de La lista de Schlinder a El pianista ha permitido a los escritores tender ignotos puentes en la comprensión del Holocausto: unos, subrayando con Steiner cómo es posible que los mismos nazis que tocaban a Schubert por la noche pudieran torturar a mediodía; otros, como el nuevo Ateneo, abriendo desde el símbolo una compleja puerta a la esperanza. Con su final abierto a lo Casablanca, su meritorio trabajo de personajes, su elaborada estructura y su compromiso con los perdedores, El violinista de Mauthausen logra llevar a buen puerto una historia que no por azar arranca con citas de John Le Carré y Antonio Muñoz Molina. El primero, alejado como Pérez Domínguez del artificio estilístico, apunta a los designios de una novela que se pretende, con éxito, entretenimiento concienciado. El segundo, ya citado en otras obras del autor, subraya el bordón trascendente que permite afirmar, tributos al margen, que con El violinista de Mauthausen Pérez Domínguez ha firmado su mejor novela.

Comentarios

  1. Apreciado escritor:
    buena crítica la que ha hecho de El violinista Ricard Ruiz. Considérate afortunado porque no la firman gente como Alejandro Luque o Luis Manuel Ruiz. Por esta vez te has librado, pero te esperan, para que te comas el marrón a poco que bajes la guardia. Después de lo mal que se han portado contigo los sevillanos, lo excepcional es leer una crítica buena de tu libro en Mercurio. Cosas veredes.
    Vista, valor y al toro. Y más libros de esos que tus lectores esperan impacientes.
    A sus pies, maestro.

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  2. A Jose M. no le falta razón. Mi tocayo Luque, al que nombra, en un post de su blog, arremete otra vez contra Andrés sin nombrarlo... Que listos son algunos. Y nosotros, los lectores incultos, no podremos ni entender a Jose M. cuando cita a Cervantes: http://alejoluque.blogspot.com/2010/02/hablando-en-oro.html
    Permíteme, querido Andrés, una pregunta. Te la formulo con todo el cariño y el respeto que me mereces. ¿Por qué tienes un enlace de su blog en el tuyo?
    Un abrazo.

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  3. "Ten cerca a tus amigos pero más cerca a tus enemigos" ¿Shakespeare? ¿Mario Puzo? ¿Será Cervantes?:))))))

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  4. Para Alejandro y Jose M.
    ¿no sabéis que el autor de esta crítica de Mercurio es amigo del novelista?
    Sin duda, la única crítica que ha revelado los defectos de la novela es la que hizo alguien que no tiene ninguna relación personal con Pérez Domínguez. Chapeau por los integrantes de Estado Crítico.
    Señor Pérez Domínguez: a mi tampoco me ha gustado su novela. Yo no me dejo guiar ni por premios ni por campañas de publicidad

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  5. Siempre inteligentes los comentarios de Ricard Ruiz Garzón.
    Respecto a los gustos, ya sabemos que son como los culos, y abrir de nuevo una polémica estéril me parece aburrido. No olvidemos que hay gente por ahí que aborrece "Cien años de soledad". Lo dicho, sobre gustos...
    Abrazos.

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  6. Jose M. y Alejandro: muchas gracias por vuestra visita y por vuestros comentarios sobre mi novela. Respecto a lo otro: os agradezco vuestra buena voluntad, pero estoy cansado de ese asunto. No tengo el menor interés en saber lo que en ese blog o sus integrantes escriben de mí.

    Anónimo: pues vaya usted a su blog favorito a dejar sus comentarios. No lea mis libros si no le gustan. Yo, ni pretendo gustar a todo el mundo (ni lectores ni críticos) ni me meto con nadie. Me gustaría que al menos quienes no son mis lectores ni les gusta mi trabajo me dejaran en paz.

    Diego, sí, Rircard Ruiz Garzón es un tipo bastante lúcido. Pero ya ves, hay gente que parece estar muy aburrida y no tiene nada mejor que hacer que venir a dar la lata aquí. En fin. (lo digo por Anónimo).

    Abrazos,

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  7. Anónimo,para leer EL VIOLENISTA DE MAUTHAUSEN hace falta un vector primordial para poder navegar en la novela que es Humanismo y tambien la capacidad de ponerse en la piel de una victima.
    Leo en cuatro idiomas universales,no soy devorador de libros,pero sé destinguir un estilo de otro,y el estilo de Andrés es muy bueno,me lo han confirmado amigos mios,a los que envié ejemplares de la novela,sin prejuicios ni intereses,uno de ellos es profesor universitario de lengüística aplicada del castellano en Tetúan.Como los conozco bién,ellos si tienen esa virtud Humana de poder ponerse en la piel de una victima.

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  8. Querido Youssef: muchas gracias por tus palabras. No hay que prestar atención a estos comentarios. Hay gente muy aburrida, como digo, que no tiene nada mejor que hacer que meterse conmigo o con mis libros. Yo escribo como me parece, y al que le guste, encantado, y al que no, pues lo siento mucho. Nadie está obligado a leer un libro mío, pero yo sí estoy obligado a aguantar el chaparrón. En fin.
    Nunca he escrito pensando en nadie, así que a estas alturas de la película no me voy a arrugar porque unos cuantos quieran venir a enmendarme la plana. Yo no me meto con nadie (ni críticos ni escritores) y respeto todas las opiniones que cada uno tenga sobre la forma de afrontar este oficio, pero algunos se empeñan en meterse conmigo. Qué le vamos a hacer.
    Un abrazo y gracias de nuevo

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