Entrevista en Anika entre libros

Os dejo esta entrevista que me hizo hace poco Anika, para su estupenda web literaria Anika entre libros.

Andrés, has escrito una historia donde el amor es muy importante, pero creo que tienes una curiosidad al respecto por ahí: tu pareja se compromete bailando en los jardines de Luxemburgo ¿de dónde sale esa “imagen”?

Andrés Pérez Domínguez:

Es verdad. Una vez, estaba en Viena, en una estación de metro, una mañana muy temprano, vi a una pareja muy joven bailando un vals, sin música, en el andén. Ellos estaban ajenos a todo, como si el mundo no existiera, como si no estuviesen en una estación de metro. Era una imagen hermosísima y, de algún modo, supe que había una historia detrás de ella. Me puse a tirar de hilo, y se me ocurrió que esta pareja podría estar en París, en la primavera de 1940, cuando los alemanes invaden Francia. Él es un republicano español exiliado, ella es francesa. Están a punto de casarse pero a él se lo van a llevar preso al campo de Mauthausen. Así surgió
El violinista de Mauthausen.



Rubén Castro, el republicano exiliado, es detenido por la Gestapo en Francia y conducido a Mauthausen ¿hubo muchos Rubén Castro o hubo también otros españoles detenidos en otros países y con el mismo o parecidos destinos?

Andrés Pérez Domínguez:

Testimonios, y vestigios, de presencia de españoles los hay en la mayoría de los campos de concentración. Muchos de ellos llegan a los campos de ser hechos prisioneros en el desastre de Dunkerque. Pero, para llegar a Dunkerque, hay que contar primero que los republicanos españoles empiezan a llegar masivamente a Francia desde enero de 1939, al final de la guerra civil. Allí son confinados en unos campos de refugiados en unas condiciones terribles. Luego,
cuando los alemanes invaden Francia, son obligados a alistarse en el ejército, y la mayoría de ellos son destinados a reforzar la célebre Línea Maginot. Pero cuando el ejército alemán invade Francia el ejército anglofrancés, además de los españoles, son arrinconados en la playa de Dunkerque.

Sin embargo, Rubén Castro, uno de los protagonistas de la novela, es hecho prisionero en París por sus ideas políticas. Es el otro motivo por el que los españoles llegan a los
campos de concentración, aunque, me atrevería a decir, que el único motivo acaba siendo político. Cuando a Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores y cuñado de Franco, le preguntan los alemanes sobre qué deben hacer con los españoles presos, éste se desentiende de ellos. Argumenta que quien no está en España no es español, los convierte en apátridas (en Mauthausen los españoles llevan el triángulo azul de los apátridas) y los condena a muerte.



¿Hubo también en la historia de la II Guerra Mundial muchos Anna Cavour y Robert Bishop?

Andrés Pérez Domínguez:

Lo primero, permíteme que cuente un poco, para quienes no hayan leído la novela, quiénes son Anna Cavour y Robert Bishop. Anna es una joven francesa que está a punto de casarse con Rubén Castro, el español exiliado en Francia, pero que va a convertirse en una espía con tal de salvar la vida de su prometido, al que se han llevado preso los nazis. Robert Bishop es un agente norteamericano de la OSS, la precursora de la CIA, y la va a reclutar para su causa a cambio de la vaga promesa de informarla sobre la situación de su prometido.

Hay que tener en cuenta que, durante aquella época tan complicada, hubo gente que se vio obligada a hacer cosas que jamás había imaginado, como la propia Anna, una mujer normal que acaba convirtiéndose en espía. O Robert Bishop, que es un tipo desencantado por la experiencia de la guerra, pero que tampoco le queda otro remedio que comportarse de una determinada manera para conseguir cumplir las órdenes de sus superiores.

Y no sólo ellos, sino también Rubén, preso en un campo de exterminio, que verá cosas que jamás habría imaginado. O Franz Müller, un alemán que no está de acuerdo con lo que está pasando en su país. Yo creo que cada uno de estos cuatro personajes es el símbolo de una época.



Conociendo a Anna da la impresión de que, en cierta forma, los
espías se convierten también en esclavos…

Andrés Pérez Domínguez:

En cierto modo, sí. Se empieza haciendo concesiones al principio y, casi sin darse uno cuenta, compromete el futuro, el resto de la vida. Es muy interesante esta cuestión desde el punto de vista narrativo.



Y también los hay que se convierten en esclavos del bourbon… ¿Era normal en el mundo del espionaje o más propio de un personaje atormentado?

Andrés Pérez Domínguez:

Yo creo que más bien de un personaje atormentado, que no tiene porque ser un espía, pero que, en el caso de uno de los personajes de la novela, sí es un espía. A mí me gustan los personajes con muchas aristas, los personajes con pasado. Por eso mis novelas son siempre muy introspectivas.



Franz Müller, representa al alemán que está en contra del régimen. No debió ser fácil ¿Cómo crees que lo vivieron ellos?

Andrés Pérez Domínguez:

Debió de ser muy complicado estar en contra de un régimen que parecía hipnotizar a sus seguidores, sustraerse a la fuerte conciencia nacionalista, a los desfiles, a los uniformes, a una corriente que arrastraba a muchos ciudadanos.

Es algo sobre lo que pienso mucho, y sobre lo que creo que se debería reflexionar: ¿qué habríamos hecho si nos hubiera tocado vivir esa época? ¿Nos habríamos opuesto abiertamente? ¿Habríamos mirado para otro lado? ¿Nos habríamos dejado arrastrar por la misma corriente que los demás? Supongo que para eso escribe uno novelas, para intentar dar una respuesta a estas preguntas, o, simplemente, para que los lectores reflexionen sobre ellas.



Schindler estaba en una posición en la que podía hacer algo más por las víctimas pero esto es literatura y ahí decides tú ¿cómo se rebela tu personaje, Franz?

Andrés Pérez Domínguez:

Franz se rebela, al principio, a tres años de que empiece la guerra. Se marcha de Berlín, abandona una prometedora carrera de ingeniero porque la ciencia se está militarizando y él no quiere participar. Como es un violinista notable, se convierte en un músico bohemio, se refugia en el arte. Luego habrá de claudicar, pero la música será lo que a la postre, igual que a Rubén, lo salvará.

Para mí era muy importante la música en la historia, el contraste entre la sensibilidad de las notas de un violín y la crueldad cotidiana de un campo de exterminio.



Has incluido el interés de los norteamericanos y los rusos por los científicos del régimen nazi. Esto me recuerda también a los médicos… ¿qué clase de gente acogieron estos países en vez de castigarles?

Andrés Pérez Domínguez:

Esta actitud por parte de los rusos, y sobre todo de los norteamericanos, podemos mirarla de dos formas: criticarla por su hipocresía o comprenderla por su pragmatismo.

Está claro, desde mucho antes de que la
Segunda Guerra Mundial termine, que en el futuro va a haber dos bloques enfrentados, dos bloques que ya se miran con desconfianza. Y en Alemania había gente con muchísimo talento (la Ciencia se había desarrollado de una forma espectacular en Alemania durante las primeras décadas del siglo XX), y aunque muchos científicos -la mayoría de origen judío- se habían marchado del país cuando tuvieron oportunidad (Einstein, Leo Szilard, Enrico Fermi, que se marchó de Italia porque su mujer era judía…), otros se quedaron en Alemania, como Werner Heisenberg (el director del programa atómico alemán), o Werner von Braun, el padre de las tristemente célebres bombas telediridas V1 y V2.

Werner von Braun se convertirá luego en uno de los artífices del programa Apolo, pero no hay que olvidar que durante la Segunda Guerra Mundial dirigió una fábrica en la que cientos de presos trabajaban en régimen de esclavitud, y que además pertenecía al partido nazi.

Durante los meses finales de la guerra, y al principio de la postguerra, se produce una carrera entre los rusos y los aliados occidentales, sobre todo los norteamericanos, para hacerse con los servicios de los científicos o ingenieros alemanes. Y la cuestión era conseguirlo antes de que los del otro bloque los captasen. Esto, podrá gustarnos o no, pero fue así.


Defines la vuelta a la normalidad tras el holocausto como “regresar del mundo de los muertos”. Hubo alegría con la liberación pero ¿qué más hubo?

Andrés Pérez Domínguez:

Indudablemente, lo primero que sucede es la lógica explosión de alegría por ser liberados. Pero luego, con el tiempo, empiezan a aflorar otras cuestiones, como el sentimiento de culpabilidad por haber sobrevivido.
La vida cotidiana en un campo de exterminio significaba convivir con el horror y, a veces, los que sobreviven son los más pícaros, los que han agachado la cabeza, los que no han compartido una patata con un compañero al que ya no le quedaban fuerzas. Todo esto plantea a muchos supervivientes una pregunta: ¿por qué he sobrevivido yo?

He escuchado historias de supervivientes españoles de Mauthausen que cuentan que durante su estancia en el campo jamás derramaron una lágrima, porque hacerlo suponía sucumbir, rendirte, entregarte a la muerte. Muchos cuentan que no han llorado hasta salir del campo, años después, cuando se han reunido con otros supervivientes.

La vuelta a la normalidad después de haber pasado por una experiencia como esa es muy difícil, imposible en muchos casos.



¿Es una historia de arrepentimientos?

Andrés Pérez Domínguez:

Es uno de los elementos que me gusta desarrollar en mis novelas, el arrepentimiento. Igual que la culpa, la lealtad o la traición. Forma parte de eso que los escritores llamamos de una manera un poco cursi quizá, mi universo literario.

Es cierto que los cuatro personajes principales de
El violinista de Mauthausen (Rubén, Anna, Franz y Bishop), piensan que no se han portado en el pasado todo lo bien que debieron. Y, bueno, en mis novelas me gusta brindar a mis personajes la oportunidad que la vida a veces no brinda a las personas.



Sólo las grandes personas son capaces de grandes acciones. Tu novela parece indicar esto.

Andrés Pérez Domínguez:

En realidad, yo diría que las personas normales que hacen cosas extraordinarias son las grandes personas. Es un poco lo que a los guionistas norteamericanos les gusta denominar “personajes más grandes que la vida”, gente que es capaz de hacer cosas que la mayoría no se atrevería.



Sin duda te has explicado mejor que yo :) Andrés, tu novela nos muestra una realidad que existió, pero los españoles no han sido siempre incluidos en el holocausto judío ¿es ésta una forma de recordarles u homenajearles?

Andrés Pérez Domínguez:

Todos conocemos el
sufrimiento de los judíos durante el Holocausto. Está lo suficientemente documentado, filmado, novelado y explicado como para que, a estas alturas de la película, solo cierta gente con la mente muy estrecha se atreva a negar el Holocausto, o a pensar siquiera que no fue tan duro o tan grave como nos han contado.

Dicho, esto, también hay que añadir que no solo los judíos sufren el Holocausto, sino también los gitanos, los eslavos,
los homosexuales, los que tenían ideas políticas contrarias a los nazis y, también, los republicanos españoles.

Yo creo que los españoles son los grandes olvidados del Holocausto. Después de ser considerados unos apátridas,
los que sobreviven no pueden volver a España. Y mucha gente no conoce su historia.

Cuando he visitado el campo de exterminio de Mauthausen, echo de menos una bandera española (hay alguna republicana), una representación contundente del gobierno español, una placa enorme que recuerde que fueron los héroes del campo, los que plantaron cara a sus verdugos, los que arriesgaron la vida para sacar del campo los negativos de Francisco Boix (gracias a sus fotos y a su testimonio pudo condenarse en Nüremberg a
Albert Speer y a Ernst Kaltenbruner).

Cualquier preso de otra nacionalidad recuerda hoy a los españoles como unos héroes.

La novela puede ser un homenaje, sí. La ficción puede llegar mucho más lejos de que lo que llega un documental, y el hecho de que
El violinista de Mauthausen esté teniendo tantos lectores es una prueba de ello.



Entre esas realidades ¿ocurrió de verdad lo del niño que hizo tiro al blanco con los judíos?

Andrés Pérez Domínguez:

El pasaje del crío al que le regalan una pistola el día de su cumpleaños está inspirado, efectivamente, en una anécdota real, que leí en algún libro de memorias de un superviviente. Contaba que un SS llevó a su hijo al campo el día de su cumpleaños y como regalo le dejó su pistola para que disparase sobre cuantos presos quisiera.

Muchos de los pasajes del libro que parecen inventados, no proceden sino del proceso de documentación: la angustia de viajar en un tren de ganado sin saber adónde los llevaban, agacharse todos a beber agua de un charco... Es una frase manida, pero la realidad, supera la ficción.

Aprovecho esta pregunta para apuntar un par de cosas que siempre me gusta recalcar: a pesar de lo que pueda parecer,
El violinista de Mauthausen no es una novela truculenta, ni mucho menos. La novela tiene tres partes bien diferenciadas, y una de ellas, efectivamente, sucede en el campo de exterminio de Mauthausen, y hay que contar las cosas como fueron. Pero los otros dos tercios de la novela suceden en el París ocupado por los alemanes, y en el Berlín de la postguerra.

Y, además, lleva ímplicito un mensaje de esperanza. Tiene una trama dorsal, que es
la historia de espionaje, porque creo que, ante todo, un libro ha de ser entretenido, y que el lector tiene que pasárselo bien. Por ello, toda la documentación está al servicio de la historia que quiero contar, y no al revés. Dicho esto, si además de entretenerse o emocionarse, la novela tiene otras lecturas, si el lector siente que ha valido la pena el tiempo que ha invertido en leerla, o si ha aprendido cosas que no sabía, mucho mejor. Pero, en mi opinión, un libro tiene que hacerte disfrutar, y yo siempre intento que el lector disfrute con lo que escribo.



Los restos de Mauthausen permanecen, tú has estado allí y en otros campos ¿qué sensaciones has tenido en esos lugares?

Andrés Pérez Domínguez:

Es curioso, pero la mayoría de los campos que he visitado se encuentran en un paisaje idílico, casi de postal. Mauthausen, concretamente, está en lo alto de una colina, y podría decirse que el edificio, estéticamente, resulta agradable. Todo esto contrasta, sin duda, con lo que se vivió allí dentro, y eso te golpea en cuanto cruzas la puerta y ves los barracones, los instrumentos de tortura, las cámaras de gas, los hornos crematorios, o cuando bajas a la cantera, con esa famosa escalera de 186 peldaños, que es, desde luego, lo más representativo del campo de Mauthausen.

Algunos se quejan de que los campos de exterminio se hayan convertido en una atracción turística, pero yo creo que es importante que la gente pueda visitarlos, que nunca nos olvidemos de lo que sucedió allí.



Andrés, si nos remitimos a la acepción correcta de estas dos palabras, ¿cómo y para qué debería ser un campo de concentración?

Andrés Pérez Domínguez:

La verdad es que no debieron haber existido nunca, pero existieron. Los había de varios tipos. De primera, segunda y tercera categoría. Los de primera categoría eran para presos recuperables. Los de segunda, para presos recuperables y no recuperables. Y los de tercera, para presos no recuperables, aquellos en los que solo se podría salir por la chimenea del horno crematorio. Mauthausen era de los pocos campos de concentración que era de tercera categoría. Creo que con esto basta para hacerse una idea de su dureza.

Hay que tener en cuenta que los presos no sabían dónde los llevaban. Concretamente, los españoles que llegan, como sucede en
El violinista de Mauthausen, no saben si los van a devolver a España, si los van a llevar a Rusia o si los van a dejar morir de hambre y de frío en el tren.



¿Y qué encuentran, en cambio, en Mauthausen cuando son llevados como ganado?

Andrés Pérez Domínguez:

Pues un lugar terrible después de varios viajando en un tren como si fueran animales, encerrados, sin agua ni comida. Era frecuente que muchos presos muriesen durante el trayecto. Y lo que les espera es el infierno. Sin saber cuánto tiempo van a estar allí. Es terrible, desde luego.



Cuesta creer porque resulta ya inimaginable –y Rubén lo dice- que los judíos eran tratados aún peor que los españoles ¿has utilizado testimonios reales para poder darle verosimilitud a lo que cuentas?

Andrés Pérez Domínguez:

Sí, es cierto. Por duro que pueda parecer, dentro de la precariedad del campo, las condiciones tanto de los judíos como de los presos soviéticos son peores que las de los demás presos, por dos razones: la primera, porque los nazis consideran inferiores, y los tratan como tal. Y, la segunda es que, gracias a que los españoles forman el “núcleo duro” del campo, los que mejor organizados están, y algunos han podido acceder a puestos clave dentro del organigrama administrativo del campo, pueden echar una mano, en la medida de sus escasas posibilidades, a sus compatriotas, intentando incluirlos en comandos de trabajo donde tuvieran más posibilidades de sobrevivir, por ejemplo.

En Mauthausen, según tengo entendido, no sobrevive ningún judío.



Cuando un escritor está trabajando en una obra como “
El violinista de Mauthausen” ¿no le cuesta volver a la normalidad y sonreír?

Andrés Pérez Domínguez:

Bueno, vamos a ver. Puede parecer que sí, y, de hecho, es fácil que suceda, pero una de las cosas que aprendes con el tiempo es a desvincular tu trabajo de tu vida. No siempre lo consigues, pero yo intento separarlo. Y aunque una novela como
El violinista de Mauthausen tiene momentos duros, escribirla también ha sido también muy interesante y muy enriquecedor.

Yo trato de desmitificar el trabajo de los escritores, que demasiades veces parece estar rodeado de misterio. Se trata de echarle horas, de trabajar cada día, y de hacerlo lo mejor posible. En definitiva, y para responder a tu pregunta: no, no pienso que me haya afectado. Hay que tener en cuenta que yo siempre sé el final de la historia que estoy escribiendo, y eso supongo que ayuda bastante…



Además de escritor eres lector ¿qué libros basados en el nazismo te han impactado más?

Andrés Pérez Domínguez:

Me gusta mucho
Primo Levi. Sobre todo, por la manera tan desapasionada de la que es capaz de hablar de algo que ha vivido en sus propias carnes.



Y después de esta ambientación de amor y tragedia, y quizás también esperanza ¿tienes otra en mente… algún proyecto en ciernes?

Andrés Pérez Domínguez:

En otoño se publicará una novela corta, Los perros siempre ladran al anochecer, que ganó un premio en octubre pasado. Una historia que había escrito antes de empezar
El violinista de Mauthausen. Aparte de eso, sí, estoy documentándome para un nuevo proyecto, esbozándolo ya, del que no puedo adelantarte nada, salvo que no tiene nada que ver con la Segunda Guerra Mundial. Supongo que me pondré trabajar en el primer borrador esta primavera. Y, no sé, tal vez vea la luz en 2011 o 2012.

No hay prisa.
El violinista de Mauthausen se publicó en noviembre pasado, y para mi sorpresa y mi alegría está teniendo un largo recorrido y muchos lectores. Así que no siento que deba darme mucha prisa en tener otra novela de quinientas o seiscientas páginas en las librerías.



Muchas gracias por tu novela, Andrés, y no te creas nunca que el tema del holocausto está trillado, siempre habrá gente que, como yo, les dé a estas novelas el valor que tienen por recordar la Historia.

Andrés Pérez Domínguez:

Gracias a ti por la entrevista. Te agradezco este comentario, porque a veces me preguntan si no se han escrito ya demasiadas novelas sobre el Holocausto. Yo pienso que no, que siempre habrá una historia nueva que contar, y, sobre todo, alguien que trate de poner el foco en un sitio donde no se había puesto antes. Es lo que yo he intentado hacer con los héroes españoles de Mauthausen.

Lorenzo Luengo y Andrés Pérez Domínguez, premiados en la XLI edición de Premios de novela Ateneo (y novela Ateneo Joven, caso de Luengo con "Amerika") de Sevilla.

Comentarios

  1. Muy completa la entrevista, como todas las de Anika entre libros.
    Un abrazo.

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  2. Inteligente entrevista, centrada cien por cien en el libro y no en el autor. Ahora, leído el libro, puedo decir que tu novela de algún modo quedará como un referente del género.
    Qué sigan los éxitos.
    Abrazos.

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  3. Una entrevista muy completa, sí, Paco.

    Bueno, Diego, eso son palabras mayores. Pero, ojalá...

    Abrazos,

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