Las viejas agendas

Yo soy de esos que todavía conservan los números de teléfono en la agenda de toda la vida además de en la del móvil. Pero quienes me conocen también saben que los primeros borradores de mis libros los escribo a mano, así que no se extrañarán. La ventaja de conservar esta práctica en desuso, que algunos me dicen que es una pérdida de tiempo, me quedó clara el otro día, cuando al estrenar un móvil nuevo le di al botón equivocado y me cepillé, de un plumazo, todos los números de la agenda que estaban guardados en la tarjeta de memoria. Ningún problema, me dije. Cogí la otra, mi vieja agenda, con los números anotados desde hace años, para cumplir con el pesado trámite de pasarlos todos a la aséptica agenda del móvil. Y mientras lo hacía me puse a repasar los nombres, uno por uno, y al cabo de un rato me dio por pensar que una agenda antigua es como la Espada de Damocles, un problema sin resolver que puede caer cualquier día sobre tu cabeza. El recuerdo de gente que hace mucho que ya no tratas y que al ver sus números te das cuenta de que ya no los llamas, o a lo mejor son ellos los que no te llaman a ti. Qué más da. Después de todo, esa sensación tan extraña significa que la vida cambia, queramos o no, que las cosas siguen adelante y que, en un momento dado, cado uno escogió su propio camino. Y está bien que así sea. No te pones triste. Te vas haciendo mayor, y hay cosas que ya no te preocupan tanto. Seguro que tú también te has quedado tirado en la página gastada de alguna agenda en la que antes fuiste un nombre importante, un número que se marcaba con cariño.

Tal vez sean las reglas, concluyes. Luego grabas en la agenda de tu nuevo teléfono muchos números nuevos, gente a la que antes ni siquiera conocías y que ahora forma parte de tu vida. Pero también guardas tu vieja agenda en un lugar seguro, por si alguna vez vuelves a necesitarla, y no solo porque se te hayan borrado los contactos en la tarjeta del móvil. Al cabo, esos números que ahora no marcas fueron una vez parte de tu vida. Y uno debe respetar su propia memoria.

© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2010



Comentarios

  1. Buena reflexión, Andrés. Yo he pensado en esto que dices muchas veces. Cuando era adolescente tenía un montón de amigos que ya no veo, salvo a uno, con el que, curiosamente sigo manteniendo una gran amistad.
    Y en ese momento ni imaginabas que ibas a conocer a gente cuyos teléfonos guardas ahora como un tesoro. En fin, como dices, así es la vida, nos guste o no nos guste.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Encontré una vieja agenda...sentí que tenía vida

    ResponderEliminar
  3. Es bonito poder conservar en una agenda los nombres y teléfonos de las amistades.
    Muchas gracias Andrés por compartir esta bonita reflexión.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Pero la vida continúa y si bien es bueno tener lindos recuerdos también hay que dar vuelta la hoja y empezar a escribirle recuerdos nuevos llenar los espacios en blanco que aún tiene tu agenda .Lo que fue y dejó de ser ya no vuelve, para que vivir de hojas amarillas? ... agéndame.(broma)

    ResponderEliminar
  5. Es verdad las agendas son muy emotivas si las ves después de un tiempo.
    LLegué aquí casualmente, y me quedé.

    Kuss

    ResponderEliminar
  6. Mi agenda es de 1992, con eso sobra todo comentario. Hay de todo, gente quepor desgracia ya no puede contestar tu llamada, gente que se perdió en los plieges del tiempo, viejos amores, números de téléfono inexistentes... Nunca me fío de la agenda del móvil. Y la verdad es que, desde que existen los emails, llamo poco. Me expreso mejor por escrito.

    ResponderEliminar
  7. Hola Andrés,me siento totalmente identificada contigo,al ser también de la vieja escuela del papel y la pluma.Enhorabuena por tu novela.Te deseo muchos éxitos.

    Irene Herrero Cuesta

    ResponderEliminar
  8. se me ha dibujado una sonrisa, porque me siento menos marciana: tengo una agenda, llena de papelitos amarillos porque al añadir números ya no caben, y me niego a borrar ninguno, también quiero recordar... Y me encanta escribir con lápiz en un cuaderno de los de toda la vida, aunque luego termine todo en libros virtuales... Creo que es fantástico mantener esa esencia.
    Me ha gustado mucho tu espacio y te deseo mucho éxito con tu libro.
    Gracias.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Sí, Paco. La vida cambia con los años. Y uno cambia también. Hay que aceptarlo sin mayores problemas.

    Ella, seguro que tenía vida.

    Gracias a ti, Naty.

    Te agendo, Sandra (en serio...)

    Mita, pues bienvenida. Y me encanta que te quedes (Ein Kuss für dich auch...)

    Celsa, somos muchos los que pensamos igual. Ya ves. Gracias por tu visita y tu comentario.

    Abrazos a todos,

    Yo también prefiero por escrito, Diego.

    Muchas gracias, Irene.

    ResponderEliminar
  10. Hola Andrés, acabo de pasar por Facebook porque recibí un aviso de cambio de perfil o algo por el estilo, no comprendí muy bien de qué va la cosa, lo únic cierto es que Facebook a mí en lo personal me resta tiempo para muchas cosas, así que te comprendo cuando dices que no tienes tiempo para todo el mundo.

    Sobre las agendas, te diré que conservo las viejas. No sé por qué. Me da cosa deshacerme de ellas, y pasando la mirada por nombres y números es como si recorriera mi propia vida.

    Buena reflexión y nunca mejor explicada.

    Besos!
    Blanca

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

François Cluzet