El sol del invierno

Sostengo siempre que me gustan mucho las ciudades del norte, tan sobrias, con esas fachadas solemnes de bloques de piedra oscura que, al menos a un servidor, lo invitan a la quietud antes que a la melancolía.

No quiero decir con esto que no me guste el sur, mi tierra, sino que aquí, en Andalucía, el verano es excesivo, intenso, insoportablemente largo cuando llega el final de octubre y todavía se resiste a marcharse. Antes que los veranos intensos y los inviernos templados prefiero las estaciones marcadas, la gradación suave de la temperatura en la primavera que antecede al verano, la belleza crepuscular del otoño, con el estallido multicolor de hojas que anticipa el invierno.

Este invierno que termina ha sido uno de los más lluviosos que recuerdo en el sur. Ha llovido tanto y el viento soplaba con una furia inusual por estas latitudes que a veces era como si la estación de las lluvias de los países tropicales se hubiera trasladado a Andalucía. Incluso nevó, una mañana de domingo, en la que se escuchaba a los críos gritar en la calle con el entusiasmo de lo que se descubre por primera vez.

Pero, ya digo, el invierno se acaba, y no imaginé nunca que llegaría a festejar con tanto entusiasmo el cielo despejado, los rayos de sol al atardecer colándose por mi ventana.

El otro día volví a coger la bici después de más de tres meses y me fui al campo. Un placer hacerlo cuando la primavera está a punto de explotar. El río, que algunos veranos desaparece, ahora lleva un torrente de agua clara. Te paras en mitad del recorrido en bicicleta y es igual que si escuchases el sonido de una fuente. Y ahora, te sientas al aire libre a leer, a documentarte para la novela que ya tienes ganas de empezar a escribir, y de cuando en cuando levantas la vista y miras el horizonte, y poco a poco consigues que desaparezca ese sentimiento de culpabilidad por hacer lo que más te gusta y no tener que darle cuentas a nadie. Coges tu cuaderno, y escribes a mano un texto que tal vez luego subirás al blog. O a lo mejor no. Porque lo que más te gustaría es que siempre fuera domingo, que no sonase nunca tu móvil, que jamás tuvieras prisa, ni más inquietud que escuchar el canto de los pájaros mientras se pone este sol tan agradable del final del invierno.

PD: Alguien ha colgado en Youtube estas imágenes del corredor verde del Guadiamar. Me he tomado la libertad de copiarlo aquí. Suelo montar en bicicleta por los lugares que aparecen en el vídeo. Mucha gente me pregunta que por qué no me voy a vivir a Madrid o a Barcelona. Creo que la respuesta está aquí.


Comentarios

  1. Muy hermosas las imágenes del Corredor Verde del Guadiamar. Se ve que es un lugar muy tranquilo que transmite paz.

    Muchas felicidades por tu blog, Andrés.
    Un saludo y muchos éxitos para tí.
    Naty

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  2. Genial!Razón convincente para no cambiar este esplendor y fiesta de la Naturaleza en su estado puro,inspirador y poético.Que lo disfrutes Andrés.Suerte con tu proximo libro.Un abrazo.

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  3. Inteligente decisión la tuya, no solo por nuestro entorno, carente de arbolado, pero maravilloso, diverso y espectacular.
    Aparte te perderias el cielo de aqui, que es muy distinto a los de otros sitios,(siendo el mismo), el azul de nuestro cielo en primavera es indescriptible, radiante, te da ganas de vivir. El caracter de nuestra gente va con ese cielo, ¿no has notado que en estos meses de tanta lluvia, la gente parecia mas apagada, mas mustia, con menos alegria y jovialidad?.
    Andres tu estas muy bien donde estás, eres un privilegiado, como yo, viviendo en el Aljarafe, viviendo en Sevilla, viviendo en Andalucia.
    Puede que en Madrid o Barcelona, tuvieras mas oferta cultural, no lo puedo negar, pero te faltaria nuestro cielo azul de una tonalidad inigualable, que nos tonifica y nos hace ser como somos.
    Yo que por razón de mi profesión, he estado durante mucho tiempo en diversos lugares de nuestro pais, te digo, que como aqui ,en ningun sitio.
    Y tu, que por razón de la tuya, creo que lo has podido comprobar igual.
    Un abrazo campeón, de todos modos, vas a triunfar siempre, allá donde vayas.

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  4. Andrés, todos los sitios tienen su punto. Y lo que sale en el vídeo es precioso. Yo viví 6 años en Algeciras. Y con casa y trabajo allí, al final retorné a Madrid, mi ciudad. El entorno del Campo de Gibraltar es precioso. El clima, mucho mejor. Pero yo echaba de menos mi Madrid.
    Un abrazo.

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  5. No sabes cómo te entiendo, hermano. Suelo pensar que dejar mi isla fue un error. La ciudad no me gusta nada, sólo la tolero un rato. Imagina, yo que vengo de un pedrusquillo olvidado en medio del mar (sobre todo en invierno). Si se puede elegir, nada como quedarse en la tierra donde uno fue feliz. Como decía Muñoz Rojas en su bello libro "Las cosas del campo": ay de aquellos que pierdan la tierra, que la agredan, que la olviden.
    Por cierto, que suerte tener esos parajes cerca de casa.

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  6. Hola Andrés,
    Preciosas palabras, como siempre salidas directas de tu corazón. Los que más te conocemos más sabemos leer entre líneas...

    ahora que el tiempo parece que empieza a acompañar, tenemos pendiente una escapada juntos por este paraje afortunadamente bien recuperado.
    Tendrás que ir muy despacito, jeje!
    un abrazo

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  7. Creo que una temporada en mi Asturias y escribirías una (otra) gran novela.

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  8. Sí, Naty. Es un lugar muy hermoso. Sobre todo en esta época del año.

    Gracias, Youssef. Procuro disfrutarlo cuando puedo, sí.

    Rafael, a mí me gusta mucho viajar, y he tenido la suerte estar en bastantes sitios, y aunque aquí hay cosas francamente mejorables, también tenemos cosas muy buenas, como este cielo, por ejemplo.

    Te entiendo, Paco. Es lo que esté acostumbrado cada uno.

    Sí, Diego. A mí me gusta mucho la tranquilidad. Soy más bien de campo...

    Sí, Patricio. Tú sabes bien lo que significan. Cuando quieras nos damos una vuelta. Prometo no dejarte atrás...

    Asturias es uno de mis lugares favoritos, Estupenda68. Me gusta muchísimo.

    Abrazos para todos,

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