Una novela muy grande

Eso es lo que dice Anika Lillo, Anika entre libros, en su web. Copio por aquí sus palabras, y le mando beso, muy grande también.

En el holocausto murieron alrededor de 7.500 españoles, republicanos que lucharon en la Guerra Civil y que sobrevivieron exiliados en Francia en campos de refugiados, y con la entrada de los alemanes estos hombres y mujeres terminaron encerrados en campos de concentración, exterminio y/o trabajos forzados, entre ellos Mauthausen. Estamos muy acostumbrados a oír hablar del holocausto judío, de vez en cuando tenemos noticias de esas otras víctimas del nazismo, o ambientan las novelas en otros países (en Austria, en Polonia, en Francia…) pero en esta ocasión Andrés Pérez Domínguez rescata a los grandes olvidados del holocausto y les da un espacio en la memoria, un espacio que merecen porque también fueron víctimas inocentes de la locura y barbarie nazi. Francia, Berlín, Austria, España y, directamente, Mauthausen, son los lugares por los que viajamos con Rubén Castro, su prometida, Anna Cavour, el espía Robert Bishop y el alemán Franz Müller.


El violinista de Mauthausen es una novela de amor, drama, pasiones, traiciones, tremendamente humana y sentimental, intimista, real y cruel, tristísima y GRANDE. Muy grande. Narrada de forma intimista, desvelándonos en ocasiones los pensamientos más profundos de sus cuatro protagonistas, entramos en un mundo de espionaje, chantajes, intereses norteamericanos y rusos sobre los científicos del régimen nazi, y la humillante, horrorosa y maltratada vida –si se le puede llamar vida a esa situación- de los presos en Mauthausen. Pero sobre todo nos adentramos en sus corazones y sufrimos con ellos. Escenas como la del vagón del tren hacen que salte un resorte en lo más interno de ti y vivas con profunda emoción lo que OCURRIÓ hace no tanto tiempo. Te remueve por dentro y por fuera, no sólo por lo que te cuenta, si no por cómo te lo cuenta.

¿Alguna vez has observado fotografías de las víctimas de Mauthausen? Cuando ves esas pieles pegadas a los esqueletos, no puedes creer que estuvieran vivos. Es imposible, los ojos lo ven pero el cerebro no puede creerlo. Pero ocurrió, y hubo gente como Rubén que fue perdiendo kilos y salud, pero también los hubo que perdieron la vida, o la necesaria sensación de saberse personas, o directamente dejaron de pensar porque eso significaba sufrir todavía más. Con cualquiera de esas escenas a mí, como ser humano, me saltan las lágrimas. Ves esos ojos vacíos, donde no cabe ya la esperanza ni la vida siquiera… Se te hace un nudo en la garganta. Pero ¿y El violinista de Mauthausen? ¿Lo consigue también? Sí, esta novela te llega al corazón, a lo más hondo, y habrá a quien se le salten las lágrimas en alguna ocasión (a mí desde luego me ha sucedido) porque cuando la lees no te alejas de ella, si no que entras de golpe y ya no sales hasta que termina. Y entras en la tristeza más absoluta, porque el autor es capaz de hacerte entrar y, algo que no consigue cualquiera, que te quedes. Y a mí que no me digan que el tema del holocausto está trillado.

El violinista de Mauthausen es una gran novela, una a recomendar, de las buenas, de las de “verdad”, de esas que homenajean, se viven, se sufren, se agradecen, en las que te implicas y en cambio no decides porque tú quieres saber cómo terminará a pesar de no tener muchas esperanzas en un final feliz, de esas que recordarás por escenas como las del vagón, o cuando Rubén escucha el violín desde la cantera, o bajo la visión del violinista ves a un republicano español con la foto de su prometida en las manos pero agachado, sin atreverse a ponerse en pie, o cuando ves a esa mujer abrazar a ese hombre y de pronto ella se da cuenta de que él también está llorando… son escenas para no olvidar jamás porque hubo otros Rubén Castro, otras Anna Cavour y otros Franz Müller que merecen nuestro respeto, nuestro recuerdo y nuestro homenaje.

Un premio, el Ateneo de Novela de Sevilla, bien merecido.

Anika Lillo

Comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con Anika. Que sigan esas ventas y esas buenas críticas. Un abrazo.

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