Viajar en el tiempo

De niño leí una novela con la que disfruté mucho: La máquina del tiempo, de H. G. Wells. De mayor he leído otra con la que también lo he pasado muy bien: El mapa del tiempo, de mi amigo Félix J. Palma, que me precedió en el Premio Ateneo de Novela de Sevilla. Ya he hablado alguna vez de ella en esta bitácora. Viene esto al caso porque, aunque hace mucho que dejé de ser un niño, al menos físicamente, de vez en cuando fantaseo con la idea de viajar en el tiempo. En si me gustaría viajar al pasado, como el yanqui de Mark Twain que se encontró de repente en la corte del rey Arturo (por cierto, ¿para cuándo una película de esta estupenda historia?), o al futuro del protagonista de la novela de Wells. Siempre resuelvo que a mí me gustaría viajar al pasado. Pero bueno, cada uno tiene sus destinos preferidos en cuanto a viajes temporales se refiere. Y, de todos ellos, es de mi preferido del que quiero hablaros.

A veces me gustaría que viniera a visitarme un Andrés Pérez Domínguez del futuro, un yo anciano que me diga si voy por el camino correcto, en lo personal y en lo profesional, en lugar de anticiparme detalladamente lo que me voy a encontrar en los años venideros. Porque, verán ustedes: en realidad, yo no tengo ningún interés en conocer el futuro. Desde que tengo memoria, solo alcanzo a darme cuenta de que siempre he preferido la incertidumbre, no saber qué me va a pasar al día siguiente, la felicidad de descubrir por mí mismo lo que la marea me ha traído a la orilla. Pero, como digo, me gusta, y también me ha gustado siempre, tener la tranquilidad de saber que estoy haciendo las cosas bien, que me estoy esforzando lo bastante para llegar a alguna meta que desconozco pero que sé que está ahí aunque no pueda verla. Y no hablo de cosas materiales, sino de conseguir estar en paz del todo con uno mismo y con los demás, si es que esto es posible alguna vez.

Hará unos quince años, cuando pergeñaba mis primeros borradores con la ilusión y la ingenuidad de quien afronta este oficio desde el mayor de los desconocimientos, pensaba que, si los viajes en el tiempo existían, a lo mejor venía un Andrés Pérez Domínguez ya maduro a decirme que no dejase de escribir si en realidad creía en lo que hacía, que no me rindiese jamás, que, por muy difícil que me pareciera entonces, algún día se publicarían mis libros y además habría gente que los leería. Solo me hablaba mi yo futuro de las cosas buenas. Nunca se entretenía en mencionar algunas contraprestaciones que este oficio lleva aparejadas y que ahora no vienen al caso. Tampoco me importa.

Ahora, que de repente me he hecho mayor, he descubierto que los viajes en el tiempo no son producto de la imaginación de nadie, sino que son tan reales que incluso me da un poco de vergüenza reconocerlo. De vez en cuando cierro los ojos, me concentro, y al cabo de un momento veo a un yo jovencito que se sienta por primera vez con la determinación inquebrantable de terminar un relato. Me acerco a él, muy despacio, para no molestarlo, y sin que pueda verme miro por encima de su hombro lo que está escribiendo. Luego me retiro, satisfecho, sin hacer ruido, y, antes de marcharme, sin darle tiempo a que pueda girar la cabeza y volverse para ver quién está ahí, le digo, con la voz queda, apenas un susurro que no sé si podrá escuchar: sigue adelante, chaval. Sigue adelante.

© Andrés Pérez Domínguez, abril de 2010

Comentarios

  1. ¡Felicidades, Andrés!!Muy hermosa esta reflexión sobre los viajes a través del tiempo.
    Recibe un gran saludo y que continúes logrando muchos éxitos como escritor.

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  2. Bonita reflexión, amigo. También yo prefiero no conocer el futuro (si acaso eso fuera posible). Somos pasado en su mayor parte, pues el presente -lo único tangible- es efímero, y es en el pasado donde está el germen de todo, también de lo que (con mayor o peor fortuna) ahora somos.
    Abrazos.

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  3. Preciosa reflexión Andrés. Me ha encantado eso de los viajes al pasado para decirle a tu yo jovencito que está escribiendo un relato que siga. Yo también sueño muchas veces en viajar, pero al futuro, para ver si, por fin, se han publicado mis novelas, para así, seguir escribiendo con la esperanza de publicar.
    Un abrazo.

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  4. Simplemente genial, maravilloso....es increibe esa capacidad que tienes para envolver con las palabras, para transportar a quién te lee al lugar donde quieres....es impresionante como hacia el final de este pensamiento la pantalla del portátil ha desaparecido de mi vista y te he visto llegar sigilosamente, tal y como has descrito...casi he podido tocar la imagen que estabas describiendo tan brevemente y ver hasta los detalles que no mencionas...Eres simplemente genial Andrés.

    Cary.

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  5. Simplemente tú, amigo: pura esencia de arte sensible. Reconozco a aquel chaval del que nunca dudé!

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  6. Gracias, Naty.

    Sí, Diego: el pasado es más interesante, creo.

    Paco, esto es una carrera de fondo, de verdad. Es cuestión de no rendirse. Cierra los ojos y concéntrate: lo mismo un Paco del futuro está intentando ponerse en contacto contigo...

    Cary, muchas gracias. Me alegro de que disfrutes.

    Yo también me acuerdo de ti en aquella época, Patricio. En fin.

    Isabel, muchas gracias.

    Abrazos para todos,

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