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Mostrando entradas de septiembre, 2010

Las opiniones de los demás

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Hay escritores que, igual que ciertos futbolistas famosos o algunas estrellas de cine, afirman, puede que no sin cierta presunción, que jamás leen las críticas de sus libros en los suplementos culturales, o en Internet, donde ahora cualquiera puede, democrática o malévolamente, escribir lo que piensa o lo que quiere, que no siempre es lo mismo, sobre un libro que ha leído o tal vez no. Pero ésa es otra historia.

Yo hace poco más de un par de años que inauguré esta bitácora, no mucho después de publicar El factor Einstein, para recopilar la información abundante que estaba apareciendo en los medios sobre la novela y también para colgar cada viernes el artículo que se emitía en la radio en mi sección La separata. De ahí viene el nombre de este blog. Y así he seguido haciéndolo: escribir mi opinión sobre lo que me parece oportuno, como antes hacía en la radio o en un periódico, y subir las noticias que aparecen sobre mis libros. Para los periodistas resulta muy útil, porque antes de entre…

Las caras de los lectores

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Uno nunca llega a saber el recorrido que pueden tener los libros que escribe y, salvo en las ferias del libro, resulta complicado poner cara a los lectores. Hace unos meses, mi amiga, la escritora Antonia J. Corrales, me envió esta foto que su marido había hecho con el móvil a un lector de El violinista de Mauthausen en el metro, a las siete de la mañana. Y esta que viene ahora me gusta mucho. Me la mandaron el otro día. Se publicó en La Razón.
El libro que lee este diputado de la Asamblea de Madrid no es otro que El violinista de Mauthausen.
Es cierto que a ninguno de estos lectores le puedo ver la cara, pero resulta curioso ver estas fotos, la verdad.

Los pilares de la Tierra, veinte años después

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Hace veinte años yo no tenía el colmillo retorcido. Literariamente hablando, quiero decir. Ahora, con el tiempo, por desgracia cada vez me cuesta más disfrutar de la ficción. Una de las desventajas del oficio de escribir es que, a poco que te descuides, enseguida empiezas a buscarle las costuras a los libros, el mecanismo que sostiene la trama y los personajes, preguntándote cómo lo habrías hecho tú. Pero no os preocupéis. Disfruto, entre otras cosas porque no dejo de leer novelas, y al final siempre hay alguna que consigue que me olvide, cuando la estoy leyendo, de que yo también las escribo. No sé si hoy pensaría lo mismo si leyese por primera vez Los pilares de la Tierra, de Ken Follet, pero hace veinte años ese libro me dejó clavado en un sillón hasta que no lo pude terminar. Recuerdo haberlo visto en la mesa de novedades de alguna librería, pero no me decidía a comprarlo. De muy jovencito había leído a Ken Follet, y me lo había pasado muy bien con La isla de las Tormentas, y habí…

Entretener, emocionar, aprender

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Dejo aquí esta entrevista que me hicieron en diciembre pasado en Valencia, y que ha aparecido ahora en el diario digital Siglo XXI

“En una novela han de suceder cosas que interesen al lector”
El escritor Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) conquistó la edición del prestigioso Premio Ateneo de Sevilla del año 2009 con su novela ‘El violinista de Mauthausen’, una historia de amor, de intriga, de aventura y espionaje, que arranca en la primavera de 1940 y discurre a lo largo de más de quinientas páginas por diversos escenarios: París, el Berlín de la posguerra, devastado y cautivo, y el campo de exterminio nazi de Mauthausen.






Herme Cerezo / SIGLO XXI

Ahora Andrés Pérez Domínguez es escritor de oficio, sólido y exitoso, con cinco novelas ya en las alforjas, pero ¿a qué se dedicaba antes de darle a la tecla?

Bueno, he hecho muchas cosas. Soy diplomado en Turismo y ejercí esta profesión durante un tiempo. También trabajé en un negocio familiar de muebles, simultaneando esta ocupa…

En invierno con el sol, con las nubes en verano

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El último día de agosto es como si hubieran dado un tirón con ganas al enchufe que mantenía encendido el verano. No es solo porque parezca que a las nubes las hayan pintado de gris de repente, o porque el aire tenga esa pesadez agradable y húmeda que prologa la tormenta. Agosto terminó el martes, pero desde el lunes la orilla se había ido despintando de sombrillas. Por la noche, te asomas a los bares y es como si hubieran instaurado el toque de queda: apenas hay algún turista irreductible. Sales a dar una larga caminata a última hora de la tarde, cuando el sol se desmaya en el horizonte, y de pronto parece que con el final de las vacaciones a la gente se le ha quitado las ganas de hacer deporte. Apenas quedan unos pocos veraneantes rezagados corriendo, montando en bicicleta o, simplemente, paseando.A mucha gente le da pena que se acabe el verano, pero yo soy de los que desde semanas antes de que termine agosto ya estoy contando los días. Me gusta la playa, y bañarme, y tomar el sol, …