Los pilares de la Tierra, veinte años después

Hace veinte años yo no tenía el colmillo retorcido. Literariamente hablando, quiero decir. Ahora, con el tiempo, por desgracia cada vez me cuesta más disfrutar de la ficción. Una de las desventajas del oficio de escribir es que, a poco que te descuides, enseguida empiezas a buscarle las costuras a los libros, el mecanismo que sostiene la trama y los personajes, preguntándote cómo lo habrías hecho tú. Pero no os preocupéis. Disfruto, entre otras cosas porque no dejo de leer novelas, y al final siempre hay alguna que consigue que me olvide, cuando la estoy leyendo, de que yo también las escribo.

No sé si hoy pensaría lo mismo si leyese por primera vez Los pilares de la Tierra, de Ken Follet, pero hace veinte años ese libro me dejó clavado en un sillón hasta que no lo pude terminar. Recuerdo haberlo visto en la mesa de novedades de alguna librería, pero no me decidía a comprarlo. De muy jovencito había leído a Ken Follet, y me lo había pasado muy bien con La isla de las Tormentas, y había visto la fantástica versión cinematográfica, El ojo de la aguja, protagonizada por Donald Sutherland; o La clave está en Rebeca, con David Soul, el Hutch de Starsky & Hutch, haciendo de malo. En 1990 Ken Follet era para mí un excelente autor de novelas de espías ambientadas durante la Segunda Guerra Mundial, y me parecía raro encontrarme una novela suya que sucedía en la Edad Media. Pero hubo dos razones por las que compré el libro. La primera, porque, igual que la curiosidad por la vida dentro de los muros de un monasterio me había llevado a zamparme casi de un tirón El nombre de la rosa a mis dieciséis primaveras con el resultado de descubrir mucho, muchísimo más de lo que esperaba encontrar, también me atraía con fuerza la aventura de la construcción de una catedral en la Edad Media; no podía olvidar esas diapositivas que me habían hecho soñar en las clases de Historia del Arte cuando estaba en el instituto. La segunda razón que me llevó a comprar el libro, y puede que la más importante, fue ver a Ken Follet en un programa de televisión en España, en una tertulia que presentaba Cristina García Ramos, en plan La clave, los invitados reunidos después de ver una película. Ken Follet dijo unas cuantas cosas, y la que más me llamó la atención fue que él siempre pensaba en el lector, y que todo su trabajo lo enfocaba para que quien leyese una novela suya no pudiera dejar de pasar las páginas. Y eso, como escritor, os aseguro que no resulta nada sencillo.

Es cierto que no todos los libros que he leído de Ken Follet me han gustado. Es más, Un mundo sin fin consiguió aburrirme y que me saltara capítulos enteros. Pero si tuviera que quedarme solo con una docena de libros de los miles que tengo, estoy convencido de que uno de ellos sería Los pilares de la Tierra. No sé si me habrá enseñado algo (ya entonces, hace veinte años, fantaseaba con ser escritor, pero lo veía tan difícil como si ahora mismo me propusiera ser el primer hombre en pisar el suelo de Marte), pero disfruté tanto con su lectura que recuerdo casi cada pasaje de sus más de mil páginas. Ya, ya sé que la prosa de Ken Follet no es la más idónea para que los suplementos culturales coronen las reseñas de sus libros con muchas estrellitas, pero también estoy convencido de que él no busca eso, y que tampoco le importa. Habrá quien al leer esta entrada y enterarse de mi admiración por Los pilares de la Tierra se llevará las manos a la cabeza. Quizá otros se sorprendan de que muestre sin pudor mi entusiasmo por este libro. Alguno dirá que es normal, dada la poca calidad que, según ellos, tienen mis propias novelas. Pero bueno, he aprendido hace tiempo que es imposible que un libro guste a todo el mundo. Seguramente hablaré de ello en la próxima entrada. También me consta que Los pilares de la Tierra es el libro favorito de mucha gente.

Cuento todo esto porque el martes pasado se estrenó en España la versión televisiva de Los pilares de la Tierra. En Internet se puede ver en versión original desde hace semanas. Yo ya la he hecho. Y me ha encantado verla. En algunos puntos es bastante diferente a la novela, pero mantiene el espíritu. No soy de los que opinan que los libros son mejores que las películas, o viceversa. Pienso que son dos medios diferentes, dos maneras distintas de contar una misma historia. Hace muchos años que tenía ganas de ver la cara de los personajes. Algunos actores no me terminan de convencer, pero Jack y Aliena son como los imaginaba. Sobre todo Aliena. La veo en la pantalla y es como si leyera la novela y me enamorase de ella otra vez.

¿Se le pueden poner pegas a la serie? Pues sí, bastantes. Pero eso que lo hagan otros. Ya lo he dicho alguna vez por aquí: cuando algo me hace disfrutar, ¿para qué ponerle peros?

© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2010

Comentarios

  1. Andrés a mi me encantó los Pilares de la Tierra y ahora que la dan por tv también la vi y aunque es algo diferente si has leido el libro la sigues muy bien y algunos personajes me pasa como a tí, más o menos me los figuraba así.
    Ahora estoy leyendo Un Mundo sin Fin y de momento también me gusta acabo de empezarla, ya veremos más adelante.

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  2. Hola Andres,como sabes yo no he leido el libro pero la serie si la sigo porque me gusto el primer capitulo.hllame a mi hermano para que la pudiera ver y tambien le gusta (tampoco a leido el libro)a fuy al cine vi;el americano .con george clooney. si la ves ya me diras me gusto un saludo

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  3. A mí me regalaron los Pilares y me pasó un poco lo que a ti, que no pude parar de leer. Siempre he sentido fascinación por la Edad Media, y por las novelas "gordas" si son buenas, jaja. Yo entonces no fantaseaba con ser escritor, para nada. Ahora sí, y lo veo igual de complicado que tú entonces. También he leído "Un mundo sin fin" y me gustó bastante.
    En cuanto a lo que dices, llevas toda la razón, es imposible que un libro guste a todo el mundo. Si alguna vez encuentras el secreto, me lo dices. Un abrazo.

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  4. Esa estatua está en mi ciudad, Vitoria, junto a la catedral "abierta por obras", que a más de un escritor ha inspirado. Saludos.

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  5. Hombre, desde luego Follet no es García Márquez, pongamos por caso. Pero entiendo lo que dices. Algo parecido me pasó con Zafón, al que tanto se ha criticado. Es que depende de con quién se compare. Zafón domina el oficio y el ritmo folletinesco y engncha. No va más allá ni creo que lo pretenda. No engaña a nadie. Es peor hacer creer que hay algo más, que estamos ante alta literatura. Algunos creen que Isabel Allende es literatura con mayúsculas, pero claro, no han leído a los grandes a los que intenta imitar con escasa suerte. Si uno no ha leído a Carpentier, Rulfo o Onetti, Allende le parece la hostia. Cada uno debe ser juzgado en su justa medida. De niño me gustaban las novelas de García Pavón y su Plinio. No era un mal escritor y me hizo pasar garndes ratos, pero hubiera sido ridículo compararlo con Delibes o Torrente Ballester.
    Un abrazo,

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  6. Yo no me avergüenzo al decir que siempre me ha encantado el escritor Stephen King, aún a sabiendas que su literatura es de uso comercial, pero me entretienen y me meto de lleno en sus historias.
    Se ha criticado mucho a Follet, pero ya se sabe que la envidia por cómo lo gana gracias a sus libros, hace que surjan muchas críticas a la cual más dura en contra del escritor.
    Por cierto, me han recomendado la lectura de su libro: "El violinista de Mauthausen" y no voy a dejar la oportunidad de leerla.
    Saludos.

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  7. Gracias a todos por vuestros comentarios.

    Carlos: Stephen King es un genio, y un escritor como la copa de un pino.
    Espero que disfrute con El violinista.

    Abrazos a todos,

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