Domingo por la tarde
Ayer el día se presentó desapacible. El aire estaba tan frío que parecía que la Navidad había llegado con un mes de adelanto, el hilillo del humo de las chimeneas escapándose por los tejados, las gotas de agua tan frías que encogías el cuello al caminar para que no te bajase una por la espalda y perdieses la compostura en plena calle. Sin embargo esta mañana parecía que lo de ayer había sido un espejismo, como si alguien hubiera soplado las nubes negras y despejado el cielo porque era domingo. Mañana es lunes y hay que seguir con el trabajo, pero el domingo por la mañana ya estoy estrujándome la cabeza para resolver algún pasaje que no termina de convencerme de la novela que estoy escribiendo , y no dejo de darle vueltas, con los ojos cerrados, sentado y disfrutando del sol agradable del final del otoño. Supongo que por eso me obligo a salir al campo esta mañana luminosa, para no pasarme hasta la hora de comer encerrado en mi despacho trabajando, para que los días del fin de semana n...