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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Domingo por la tarde

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Ayer el día se presentó desapacible. El aire estaba tan frío que parecía que la Navidad había llegado con un mes de adelanto, el hilillo del humo de las chimeneas escapándose por los tejados, las gotas de agua tan frías que encogías el cuello al caminar para que no te bajase una por la espalda y perdieses la compostura en plena calle. Sin embargo esta mañana parecía que lo de ayer había sido un espejismo, como si alguien hubiera soplado las nubes negras y despejado el cielo porque era domingo. Mañana es lunes y hay que seguir con el trabajo, pero el domingo por la mañana ya estoy estrujándome la cabeza para resolver algún pasaje que no termina de convencerme de la novela que estoy escribiendo , y no dejo de darle vueltas, con los ojos cerrados, sentado y disfrutando del sol agradable del final del otoño. Supongo que por eso me obligo a salir al campo esta mañana luminosa, para no pasarme hasta la hora de comer encerrado en mi despacho trabajando, para que los días del fin de semana no…

Resonancia magnética

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Yo soy de los cabezotas que no van al médico si no tienen más remedio, y me resisto a tomar una pastilla con la misma intransigencia que si profesara una religión extraña que me lo prohibiera; pero como además de ser tan bruto no soy Supermán, al final tengo que pedir cita y pasar por la consulta, como todo el mundo. Desde hace casi una década arrastro una lesión en un hombro de la que no me atrevo a operarme, y aunque el dolor se ha vuelto un compañero inseparable solo me salto los preceptos estúpidos de no visitar la consulta del médico cuando se vuelve insoportable. El otro día mi traumatólogo me soltó una reprimenda nada más verme porque hace un año y medio me dio un volante para una resonancia que nunca me hice. Si no me vas a hacer caso, me advirtió, mejor búscate otro médico.Así que he sido obediente y esta mañana la he pasado haciendo cola en la clínica. Sentado en un rincón, con los auriculares puestos para escuchar la radio, he terminado sacando mi libreta del bolsillo para …

Sábado

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Siempre me han llamado la atención los jubilados que cada mañana se siguen levantando tan temprano con la misma energía que si tuvieran que lidiar con el ajetreo de la vida laboral. Me pasa lo mismo con la gente que, cuando viaja, acostumbra a hacerlo por un motivo relacionado con su trabajo, como si así pudieran eludir alguna clase de sentimiento de culpabilidad inconfesable al alejarse de su rutina. Pero yo ahora de lunes a viernes me paso el día entre libros, entre los que escribo y los que leo, y muy pocas veces de las que he salido al extranjero durante los últimos años no ha sido para documentarme sobre alguna novela en la que esté trabajando o he podido resistirme a utilizar las ciudades que he visitado como escenario donde suceden las historias que me invento.
Always be closing, les sermonea Blake, el personaje que interpreta Alec Baldwin, a los arrinconados vendedores en Glengarry Glenn Ross. Always be closing. Siempre estar vendiendo. Todo es trabajo, parece. El sábado, desd…

Gregorio León

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Solo nos hemos visto tres o cuatro veces, pero Gregorio León es uno de los pocos amigos que tengo en la charca de pirañas que muchas veces se me antoja el gremio de los escritores. La primera vez que hablé con él fue hace casi tres años, cuando se acababa de publicar El factor Einstein y me llamó para hacerme una entrevista. Unos meses después coincidimos en Sevilla y se acercó a la mesa a saludarme, la noche que Félix J. Palma, otro de los viejos colegas de este oficio, ganó el Ateneo por El mapa del tiempo. Soy Gregorio León, me dijo. No sé si te acordarás de mí. Claro que me acordaba. Cuando uno escucha la voz de Gregorio León se imagina que un mago lo acarició con su varita, porque es de esos periodistas que fuera de un estudio de radio te dan envidia porque siempre son capaces de modular cada sílaba como si tuvieran el micrófono delante. Pero me acordaba también porque Gregorio, además de retransmitir partidos de fútbol, hace unas entrevistas estupendas a los escritores en Onda R…

Que levante la mano el que no pague impuestos

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El fin de semana termina, y el lunes por la mañana uno ha de reconocer, con un poco de vergüenza incluso, que ya tenía ganas. Por suerte, a veces pasa eso cuando escribes, que estás deseando volver a la tarea pendiente, porque es tu obligación y porque te gusta, pero también porque sumergirte en un mundo inventado tiene muchas ventajas, sobre todo, estar durante unas cuantas de horas cada día tan concentrado en tu trabajo que a veces es como si el universo entero, el de verdad, dejara de existir. El mundo real es más complicado. Anoche, precisamente, tuve una conversación muy interesante sobre este asunto. Escribir también sirve para eso, decía yo, para ordenar un poco el caos de la vida.Lo malo es que muy temprano, mientras desayuno, acostumbro a poner la radio, y hoy me entero de que Puigcercós, el político catalán, ha soltado la gracia de que en Andalucía no paga impuestos ni Dios. Ignoro el motivo por el que algunos políticos catalanes no pueden evitar hablar mal de Andalucía, y e…

De manuscritos y apocalipsis

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Asombra e inquieta al mismo tiempo que los demás sepan tantas cosas de ti. Por la mañana, cuando ya llevo un rato trabajando, suena el teléfono y alguien me pide si puedo entrar en directo en un programa de radio en el que van a hablar de la gente que aún escribe a mano, y por un momento me pregunto si no me estaré haciendo más viejo de lo que soy capaz de darme cuenta. Ayer, los chavales de un instituto al que fui a dar una charla me trataban respetuosamente de usted a pesar de que todos los días he de hacer un esfuerzo para recordarme que hace ya muchos años que dejé atrás la adolescencia, y hoy parece que soy uno de los pocos escritores que aún utilizan pluma y cuaderno para el primer borrador de sus novelas.Uno escribe libros y cuenta cosas sobre su vida en el blog, pero nunca es consciente de cuánta gente hay al otro lado: lectores que se llevan a la cama tus novelas y luego las dejan en la mesita de noche después de doblar el pico de una página cuando los vence el sueño, o perso…

Aracena

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Acostumbrado a sentarme delante de la mesa de mi despacho cada día, no dejo de sentirme un poco raro al salir de mi casa esta mañana y conducir más de cien kilómetros para hablar durante una hora a un grupo de estudiantes, porque, cuando he cogido velocidad de crucero en la escritura de una novela, me da mucha pereza abandonar mi trabajo para cumplir con algún compromiso, y a duras penas consigo dominar el sentimiento de culpabilidad cuando me alejo de mi despacho y de mis cuadernos. Pero el trabajo de un escritor no se reduce a inventar historias, sino a salir a contarlas a la prensa o a los lectores durante la promoción, o acudir a donde te llamen para hablar de libros. Cuando yo tenía quince o dieciséis años nunca vino un escritor a clase para hablarnos de su oficio, por eso me parece muy importante que los chavales se den cuenta de que los que firmamos novelas somos tipos normales, de carne y hueso. Por algún prejuicio estúpido, a veces uno va a un instituto convencido de que la t…

¿Holganza?

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No puedo evitar cuando llega el fin de semana acordarme de que durante muchos años he tenido que trabajar los sábados por la mañana, y a menudo los domingos, en otros menesteres que nada tienen que ver con la Literatura, de cuánto echaba de menos las tardes del viernes de mi infancia, el mejor momento de la semana, con la única perspectiva de no tener nada más que hacer hasta el lunes que montarme en la bicicleta, ver alguna película en la tele si no era de dos rombos o leer los tebeos que mi padre me traía puntualmente cada viernes. Ahora, que aunque hago otras muchas cosas mi principal ocupación es la Literatura, a no ser que tenga algún trabajo pendiente o un encargo ineludible, lo que sucede más veces de las que me gustaría, procuro no escribir los fines de semana, recobrar aquella sensación perdida de felicidad, hace tantos años, pensar en el viernes por la tarde, el sábado y el domingo como los momentos perfectos para dedicarlos a la holganza más absoluta. Creo que a bastantes l…

Los ojos de Belén Rueda

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Recuerda que ya tienesEl violinista de Mauthausen 
yEl síndrome de Mowgli 
EN BOLSILLO SÓLO POR 8 EUROS    (ALGAIDA ECO)

Llegamos pronto, porque una de las manías de las que no tengo intención de desprenderme cuando voy a cine es acomodarme en la última fila, cerca del pasillo, antes de que se apaguen las luces, ver los tráilers y los anuncios que, aunque a veces sean los mismos, no se disfrutan igual que en la tele. Cruzar la puerta del Cervantes, en Sevilla, siempre es un momento agradable. Con tanta multisala enlatada, procuro ver siempre las películas en este viejo teatro con palco, lámpara majestuosa en el techo, gruesas cortinas rojas y un leve olor a humedad, a cuarto que ha estado cerrado demasiado tiempo. Resulta demasiado desconsolador sentarse en una sala tan grande sólo junto a cinco o seis personas, pero el cine Cervantes se mantiene en el centro de Sevilla, irreductible, orgulloso, el útimo de una especie, como el Alameda multicines o el Avenida, que se ha ido extinguiendo s…

¿Truco o trato?

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Noviembre empieza con un sol maravilloso en el sur de España a pesar de que la noche del sábado el viento soplaba tan fuerte que por la mañana se veían algunas ramas rotas en las aceras. A mediodía de una fiesta de Todos los Santos en la que nunca visito los cementerios se podía uno sentar en la terraza y casi tomar el sol como si todavía fuera verano, pero la luz y el calor ahora no son tan agobiantes como hace dos meses, cuando ni siquiera podía pensar en salir a la terraza en las horas centrales del día si no era embadurnado de crema protectora y con un sombrero de paja. Veo en la televisión que la gente sigue acudiendo a los cementerios cada uno de noviembre. Me agrada ver que las tradiciones se mantienen, aunque yo sólo visite los cementerios cuando recalo en alguna ciudad extranjera con la misma curiosidad que cruzo la puerta de un museo o me cuelo en la quietud penumbrosa de una iglesia. Hoy es día de fiesta pero he estado toda la mañana y buena parte de la tarde trabajando. Si…